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A propósito del Día Internacional de la Mujer

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Noticieros, prensa escrita, redes sociales, no dejan de hablar de esta conmemoración que año tras año se viene celebrando en el mundo entero. Debates, manifestaciones, reivindicaciones y hasta grupos violentos hacen de este día un tiempo para reflexionar y entrarle a un tema que muy poco se ha hecho para buscar la tan “cacarea igualdad” de la que nos gusta alardear.

Se critica a las Instituciones que en su mayoría están regidas por varones y concretamente a la Iglesia católica porque siempre ha relegado a la mujer a un papel secundario en las funciones fundamentales que la Institución lleva a cabo. Es cierto y parece olvidarse que Jesús siempre le concedió la misma dignidad al hombre que a la mujer, pero no nos hemos atrevido a dar el paso definitivo para que esto suceda.

Me viene a la mente un texto bíblico del Evangelio de Juan donde Jesús con suma delicadeza le da un espaldarazo a la mujer que era condenada por adulterio en una sociedad “machista” –como la nuestra– y de paso “condena” al hombre por su falta de sensibilidad y prepotencia. El relato aludido menciona que una mujer fue sorprendida en adulterio, humillada públicamente, condenada por los varones respetables y sin defensa posible ante la sociedad y la religión. Jesús, sin embargo, desenmascara la hipocresía de aquella sociedad, defiende a la mujer del acoso injusto de los varones y le ayuda a iniciar una vida más digna.

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Imagen: James Clark.

La actitud de Jesús ante la mujer fue tan “revolucionaria” que, después de veinte siglos, seguimos en buena parte sin querer entenderla ni asumirla. ¿Qué podemos hacer en nuestra sociedad y en la Iglesia? Mencionaré algunos aspectos que considero de gran importancia para mí, como creyente y sacerdote católico.

En primer lugar y haciendo una referencia a la Iglesia católica, necesitamos actuar con voluntad de transformarla. El papa Francisco lo viene haciendo, aunque no con la rapidez que muchos quisieran. Sin embargo, los hechos hablan por sí solos. El cambio es posible. No debemos de dejar de soñar con una Iglesia diferente, comprometida como nadie en promover una vida más digna, justa e igualitaria entre varones y mujeres.

Debemos ser conscientes de que nuestra manera de entender, vivir e imaginar las relaciones entre varón y mujer no proviene siempre del evangelio. Somos prisioneros de costumbres, esquemas y tradiciones que no tienen su origen en Jesús, pues conducen al domino del varón y la subordinación de la mujer.

En la enseñanza religiosa estábamos acostumbrados a escuchar expresiones como ésta: “ocasión de pecado”, “origen del mal” o “tentadora del varón”. Hemos de eliminar estas visiones negativas de la mujer y desenmascarar teologías, predicaciones y actitudes que favorecen la discriminación o descalificación de la mujer. Sinceramente, esta manera de pensar no es evangélica.

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Imagen: De Agostini.

Llama también la atención dentro de las comunidades cristianas el silencio absoluto que hay ante la violencia doméstica que hiere los cuerpos y la dignidad de tantas mujeres. Como creyentes no podemos vivir de espaldas ante una realidad tan dolorosa y frecuente, que se da muchas latitudes de nuestro país y del mundo entero. Feminicidios, violaciones, acoso… ¿Qué gritaría Jesús hoy ante esta realidad?

¡Basta ya! Tenemos que reaccionar contra la “ceguera” generalizada de los varones, incapaces de captar el sufrimiento injusto al que se ve sometida la mujer sólo por el hecho de serlo. En muchos ámbitos es un sufrimiento “invisible” que no se sabe o no se quiere reconocer. En el Evangelio de Jesús hay un mensaje especial, dirigido a los varones, que todavía no hemos escuchado ni anunciado con fidelidad.

La mujer, no necesita de planes y normas, sino una mano amiga que la comprenda y le ayude a levantarse de tanta postración. Jesús lo hizo con la mujer adúltera y con muchas otras que se acercaron a él.


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SCJN evaluará si existe responsabilidad de Estado en denuncia de una mujer

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La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia decidió que debe conocer de un recurso de revisión que tiene por objeto determinar si existe responsabilidad del Estado que genere algún tipo de indemnización para una mujer y su pareja que acusan una irregularidad en la aplicación de un método anticonceptivo definitivo.

La presidenta y única mujer de esta Sala de la Suprema Corte, la ministra Yasmín Esquivel Mossa expuso que, con la resolución de este caso, se podrán fijar parámetros que permitirán evaluar si la actividad estatal médica afectó de algún modo la integridad física y psicológica de la mujer o su derecho a la planeación familiar.

La Sala, durante la reunión remota, determinó que la Suprema Corte de Justicia de la Nación debe impartir justicia con perspectiva de género, al igual que lo deben de hacer otros encargados de la justicia en el país

La Sala resaltó la importancia de juzgar con perspectiva de género, para que así los órganos jurisdiccionales valoren el contexto social, cultural y económico de las personas para hacer realidad el derecho a la igualdad que se establece en la Constitución Federal.

El caso en concreto que se abordó en esta reunión fue el relatado por una mujer que acudió a un Hospital del ISSSTE para realizarse una cesárea por su segundo embarazo.

La mujer cuenta que, después de practicarle la cesárea, se le aplicó un método anticonceptivo permanente pero no fue informada adecuadamente sobre este y aceptó aplicárselo bajo una gran presión emocional en el momento

Finalmente, la Sala decidió conocer del recurso de revisión a efecto de garantizar los derechos de la mujer a tener acceso a la justicia en condiciones de igualdad y a una vida libre de violencia y discriminación.

El pensamiento católico sobre la dignidad y la vocación de la mujer

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La interpretación de la Iglesia de algunos textos bíblicos y de su tradición milenaria (el aggiornamento), reconoce la aportación insustituible y la influencia de la mujer en el mundo contemporáneo, a tal grado, que la hace representante y arquetipo de todo el género humano, descubre en Dios cualidades femeninas, reconoce la igualdad esencial entre hombre y mujer en el matrimonio, así como los derechos de la mujer, incluyendo el de su desarrollo profesional, sin oponerlo y sin menospreciar su primordial trabajo en el hogar familiar y en la educación de la prole, derivado de su rol exclusivo en la maternidad.

Se sea o no creyente de la trascendencia de la vida, y se sea o no practicante de alguna religión, puede interesar al lector conocer o profundizar en la visión que la Iglesia Católica tiene sobre la dignidad y la vocación de la mujer, especialmente en estos momentos en que todos nos inquietamos ante la magnitud de los feminicidios que ocurren en el mundo entero y en nuestro país en particular.

mujer torturada
“El martirio de Santa Águeda”, Sebastiano del Piombo (1520).

Aunque la Iglesia ha producido una enorme cantidad de documentos sobre el tema, el documento principal de la época moderna es la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem de Juan Pablo II, precisamente sobre la dignidad y la vocación de la mujer, publicada en 1988. Se trata de la continuación de los documentos del Concilio Vaticano II que reconocían ya la influencia, el peso y el poder alcanzados por la mujer en el mundo y la ayuda que pueden dar a que la humanidad no decaiga.

El principio bíblico en el que se funda esa visión es el que señala que “creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, varón y mujer los creó” –el humanum integrum conforme al cual los dos sexos constituyen lo humano–.  El texto reconoce la igualdad esencial entre el hombre y la mujer desde el punto de vista de su humanidad. Se trata de la compañera de la vida con la que el hombre se puede unir como esposa, llegando a ser una sola carne y abandonando por esto a su padre y a su madre. El hecho de que el ser humano, creado como hombre y mujer sea imagen de Dios, significa que hombre y mujer son creados como unidad de los dos en su común humanidad, existen recíprocamente el uno para el otro, para la ayuda recíproca y complementaria, desde las diferencias que existen entre ellos.

Aunque Dios es espíritu y no posee en sí mismo cualidades masculinas ni femeninas, en el lenguaje bíblico se encuentran comparaciones que atribuyen a Dios cualidades masculinas y también femeninas. En efecto, al referirse al supuesto abandono de Yahveh, se utiliza las siguientes analogías femeninas “¿acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?”, y “como uno a quien su madre lo consuela, así yo os consolaré”, se trata del amor femenino de la madre como característica de Dios. 

primera mujer y primer hombre
“Adán y Eva”, grabado de Durero (1504).

La descripción bíblica del pecado original en el Génesis, independientemente de la distribución de papeles entre Adán y Eva, es pecado del hombre, creado por Dios varón y mujer, esto es de nuestros progenitores. Con claridad meridiana en la Carta Apostólica se sustenta la igualdad entre hombre y mujer en el matrimonio y que “la mujer no puede convertirse en objeto de dominio y de posesión masculina”, como algunos textos antiguos señalan. Se reconoce que en nuestro tiempo la cuestión de los “derechos de la mujer” ha adquirido un nuevo significado y se acepta la justa oposición de la mujer frente a lo que expresan las palabras bíblicas en torno al matrimonio de “él te dominará”, pero se señala que esto no puede conducir a la masculinización de las mujeres, pues perderían su riqueza esencial, ya que los recursos personales de la feminidad no son menores que los recursos de la masculinidad, son sólo diferentes.  

Cristo fue ante sus contemporáneos el promotor de la dignidad de la mujer, pues era cercano a ellas, a grado tal que los fariseos lo acusaban por recibir a pecadoras y permitirles ungir sus pies con aceite perfumado. En el Evangelio aparecen gran número de mujeres de diversa edad y condición, incluso pecadoras públicas y adúlteras. Ante la mujer sorprendida en adulterio, Jesús parece cuestionar a los acusadores: “¿no es quizás también y, sobre todo, la confirmación de vuestras transgresiones, de vuestra injusticia masculina, de vuestros abusos?”, Jesús también protege la dignidad de la mujer al decir al hombre, en el Sermón de la Montaña, “todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”.

En cuanto a las mujeres cercanas a Jesús, se recuerda a aquellas que estaban a sus pies en la cruz, su madre, la hermana de su madre y María Magdalena, quienes mostraron una fidelidad más fuerte que los apóstoles. También fueron mujeres las primeras en llegar al sepulcro a constatar la resurrección, todo lo cual pone de manifiesto la importancia que la tradición dio a la mujer desde los primeros tiempos.

mujer con manto de jesus
“Santa Verónica”, Hans Memling (1475).

Con su potencial maternidad, la mujer es la que paga directamente por ese común engendrar, que absorbe las energías de su cuerpo y alma, por lo que el hombre contrae una deuda con ella. El hombre se encuentra siempre fuera del proceso de gestación y nacimiento del niño y debe conocer su propia paternidad a través de la madre. La mujer como madre y como primera educadora del hombre tiene precedencia específica sobre el hombre. El paradigma bíblico de la mujer culmina en la maternidad de la Madre de Dios y se materializa en la Carta a los Efesios al decir “maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”, “el que ama a su mujer se ama a sí mismo”.

En la Conclusión de la Carta Apostólica, la Iglesia da gracias por todas las mujeres, al genio femenino de todos los tiempos, tanto por las que velan por el ser humano en la familia y por las consagradas a Dios en su virginidad, como por las que trabajan profesionalmente, cargadas de gran responsabilidad social.

Como se podrá apreciar, no coincide con el pensamiento católico, aquél que use, abuse, se aproveche, denigre o maltrate a una mujer. Ahora todos tenemos la oportunidad de construir juntos una cultura renovada de la igual dignidad de la mujer y del hombre, aplicada en todos aquellos aspectos familiares, religiosos y sociales. Ojalá no la desaprovechemos.


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Eva Votavová: la mujer cosificada por las tecnologías

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En mi entrega pasada hablé de las virtudes de las tecnologías, específicamente me referí al caso de Eva Votavová, una mujer checa de 27 años que fue mantenida con vida artificialmente por más de 30 semanas a fin de que su hija Eliska pudiera nacer.

Reitero mi postura en el sentido de lo fascinante que puede ser la tecnología, misma que nos permite que sucedan cosas como la anterior. Gracias a estos avances biotecnológicos es que Eliska finalmente está en este mundo.

Sin embargo, un buen amigo mío el Dr. Patricio Santillán, me escribió para plantearme una diferente lectura de tal acontecimiento, la que me parece interesante como para compartir con ustedes.

Me preguntó el Dr. Santillán que, sin restar el valor del nacimiento de la bebé Eliska, lo interesante de la historia en términos de tecnologías de soporte vital, la pregunta fundamental era: ¿qué pasaba con la mamá mientras Eliska se encontraba en su vientre? Me preguntó si existía certeza de que Eva –la madre– realmente se encontraba en un estado de muerte por criterios encefálicos, o bien (planteando una duda razonable), si no sería el caso de un mal diagnóstico.

Embarazo vegetal
Ilusrtación: Lyli.

Para el Dr. Santillán, con los datos que aportaba mi artículo anterior, parecía más un diagnóstico incorrecto de la situación neurológica (de Eva). En opinión del Dr. Santillán, el estado neurológico de la madre parecía “corresponder a un estado vegetativo” y no a una muerte cerebral, lo que explicaría la posibilidad de mantener con vida a la paciente por un tiempo prolongado.

El Dr. Santillán me explicó que la mal llamada “muerte cerebral” –pues debería denominarse como “pérdida de la vida” por criterios encefálicos–, es una situación que sólo dura algunos días, y que en todo caso se aprovecha para explorar la posibilidad de obtener órganos en donación para trasplante. En su opinión, una situación de daño encefálico irreversible no puede mantenerse por 30 semanas seguidas.

El Dr. Santillán se cuestionaba que si bien festejamos “la felicidad de obtener un bebé sano, uno tendría que preguntarse ¿qué pasó con la madre?”, y concluía con una reflexión contundente: “Que la llegada de un bebé no debe distraernos de consideraciones igualmente importantes que atañen a la vida de cualquier persona, aun y cuando sea el final de la misma, y a pesar de la ganancia que sin duda hubo.”

Embarazo vegetal.
Ilustración: The New York Times.

Al Dr. Patricio no le quedaba claro “qué tanto se respetaron los derechos de la madre”. Destacando que bajo ciertas visiones Eva Votavová podría haber sido considerada como un vehículo para un milagro de dios, santificándose así a la bebé, pero cosificando indebidamente a la mujer.

Los cuestionamientos del Dr. Santillán son profundos y nos hacen pensar en los intereses ideológicos con los que puede ser usada la tecnología. No olvidemos que actualmente todavía, el único medio para gestar a un ser humano es mediante el embarazo de una mujer. El útero femenino no ha podido (hasta el momento) ser reemplazado por nuestras tecnologías.

Debo decir que aparentemente las dudas razonables planteadas por el Dr. Santillán parecen tener sustento, después de sus comentarios me di a la tarea de buscar más información sobre el caso de la bebé Eliska, y no encontré ninguna nota que hablara de la madre, en todos los casos el centro de la noticia era el nacimiento de la bebé. No queda claro qué ocurrió después de la cesárea de Eva, nada se dice respecto a si se continuó dándole (parece que no) soporte vital, o si simplemente una vez nacida la bebé, ella fue “desconectada”.

Por último, destaco que estos temas bioéticos son apasionantes precisamente por las múltiples aristas implicadas. Aristas que trascienden a la sola reflexión bioética, pues situaciones como las de Eva Votavová tienen una incidencia jurídica, social y en muchos casos familiar.