2021: Lo que nos toca a nosotros

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Hablando sobre la deseabilidad del momento democrático que según él, ineludiblemente se advenía en el mundo del siglo XIX, decía el filósofo francés Alexis de Tocqueville que para que las democracias funcionaran correctamente, debía tenerse muy en cuenta cuáles eran los elementos que las hacían trabajar de manera adecuada. Por un lado, definitivamente estaba el orden institucional y el Estado de derecho; pero por otro, todavía más importante, estaba el papel que la sociedad debía jugar en la preservación de un equilibrio muy frágil.

En su extraordinaria obra, La Democracia en América, Tocqueville explica por qué los estadounidenses –al menos en un primer momento– estuvieron mejor parados que, por ejemplo, sus compatriotas franceses, para lograr que su constitución democrática fuera la más conducente a la forma de vida buena que él visualizaba. El complejo estado social que permitió el arraigo profundo de la Constitución y las leyes democráticas –formado, por ejemplo, por los valores que compartía la incipiente sociedad norteamericana–, fomentaba entre los ciudadanos el aprendizaje que él denominaba “el arte de ser libre”: un arte que, entre otras cosas, moderaba el individualismo exacerbado en el que los sujetos democráticos podían caer; y un arte que suponía la participación activa en la cosa pública local, de tal suerte que dichos individuos fueran capaces de comprender que la mejor forma de satisfacer su interés personal, era a través del interés que pusieran en contribuir activamente al bien colectivo (él le llamaba “el interés personal propiamente entendido”). 

El contexto en el que nos encontramos es muy distinto a aquél con el que Tocqueville convivió en torno a 1830 en Estados Unidos. Sin embargo, las lecciones que nos ofrece a partir de su minucioso “estudio de caso”, son por demás relevantes en un momento en que no podemos dar por hecho nuestra joven democracia mexicana: concretamente es pertinente darle vueltas a aquello que se refiere al aprendizaje del “arte de ser libre”, un arte que en definitiva nos sería muy útil aprender en estos momentos de incertidumbre y cambios.

Alexis de Tocqueville
Alexis de Tocqueville (1805-1859) (Imagen: Jot Down).

En junio de este año tendremos las que serán las elecciones más grandes de la historia de nuestro país. Si bien el número de cargos que se disputan es enorme (21 mil de acuerdo a información del INE), la magnitud de este proceso radica, más bien, en la trascendencia que deriva de la coyuntura histórica en que nos encontramos.

En medio de una pandemia que nos ha cimbrado hasta lo más profundo, de una crisis económica sin precedentes en la historia moderna y bajo el liderazgo de un gobierno cuyo compromiso con las instituciones es –por decir lo menos– dudoso, tenemos la posibilidad de empezar a cambiar la dirección, de tal manera que los próximos años, los prospectos de éxito, nos favorezcan un poco más.

Para Tocqueville, el involucramiento en lo público tenía que ver principalmente con la participación activa en las pequeñas localidades donde uno se encontraba. En una situación en donde lo más recomendable es la “sana distancia”, al menos varios meses más, dicho involucramiento podría darse de maneras alternativas, que en sí mismas me parece que abonan de manera importante al aprendizaje del arte que ya hemos mencionado. Una manifestación muy clara del ejercicio de nuestra responsabilidad ciudadana es más que obvia: el 6 de junio todos debemos asistir a votar. Pero la preparación para ese día es lo que todos tenemos también que asumir como un deber propio. Ante la abrumadora cantidad de datos (y de “datos alternativos”), será de fundamental importancia saber discernir éstos de aquellos; y no sólo es aprender a detectar la veracidad de las noticias y la información que se nos presenta, sino saber qué importancia tiene aquello que vemos o leemos en el panorama más amplio de lo que buscamos entender.

constitución, democracia, justicia
Imagen: Revista El Mundo del Abogado.

Lo anterior sólo se puede dar a través del diálogo; y el diálogo, a su vez, requiere de pensamiento crítico y apertura a las demás opiniones. En los siguientes meses, en esta columna buscaremos ir dando elementos que permitan asimilar lo que ocurre, contribuyendo a tener una conversación que nos ayude a ver lo que realmente importa, y así, poder tomar decisiones bien pensadas.

Lo que nos jugamos en 2021 no es poca cosa. Pero somos afortunados de que realmente el destino de lo que pueda venir después está (todavía) en nuestras manos. Dependerá de cómo participemos: de que veamos en nuestro involucramiento, como decía Tocqueville, el “interés personal propiamente entendido” para que las generaciones que vienen puedan seguir teniendo la posibilidad de escoger quién las gobierna.


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Eduardo Fernández

Qué importante resulta la participación ciudadana para el desarrollo de una verdadera democracia y qué importante puede ser para México demostrar esa madurez democrática en las próximas elecciones. Felicito toda iniciativa que vaya dirigida a despertar e incentivar la mayor participación en la vida democrática de nuestro país y espero que ese artículo y los que le sigan, sirvan aumentar el porcentaje de votantes en las próximas elecciones.

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