calentamiento global

Al rescate del agua y territorio

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Nuestro país no tiene una historia económica con la que pueda presumir gran eficiencia en comparación con otras naciones; políticamente deja aún más que desear y la pobreza de 60 por ciento de la población no habla bien de un orden social que alguna vez haya sido ejemplar.

En lo que México puede tener ventajas es en la cosmovisión autóctona relacionada con el manejo del agua y del territorio. Ahí hay técnicas útiles para enfrentar lo ineludible: la emergencia climática que para muchos mexicanos pobres es también sanitaria y alimentaria.

Sucede que ayer 11 de marzo tuvo lugar el seminario “Hidrotecnologías ancestrales de América Latina y el Caribe como respuesta a la emergencia climática, sanitaria y alimentaria”, al que convocaron varias instituciones internacionales, entre ellas el Programa Hidrológico Intergubernamental de la UNESCO; México está representado en el evento por la asociación civil Alternativas y Procesos de Participación Social, que opera en la mixteca poblana y oaxaqueña desde Tehuacán.

La convocatoria de la UNESCO es para conocer experiencias de éxito en la exploración de tecnologías ancestrales basadas en la naturaleza, y su actualización a nuestra época, con la finalidad de encontrar soluciones de las que puedan apropiarse ciudades y poblaciones cuyo problema eje es la escasez de agua.

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Imagen: Studio Warburton.

La mitad de la República mexicana la constituyen condiciones áridas y semiáridas, en las que la escasez de agua es el mayor problema de sus habitantes, y origen de otros como la mala alimentación, la falta de ocupación e ingresos, y la pobreza.

Ante esos problemas, de por sí graves, que el cambio climático tiende a empeorar para millones de personas en el planeta, en México hay experiencias replicables de acciones organizadas de la población para regenerar cuencas, mejorar la fertilidad de las parcelas y combinar cultivos para enfrentar la crisis alimentaria.

Alternativas y Procesos de Participación Social fue seleccionada por la UNESCO para presentar su narración de experiencia de décadas, denominada “Agua para Siempre y Sistema Alimentario de Amaranto en Milpa del Grupo Cooperativo Quali en México”.

Esa asociación civil fue fundada hace 41 años en Tehuacán por Raúl Hernández Garciadiego y por su esposa, Gisela Herrerías Guerra, y juntos han promovido desde entonces dos grandes procesos que se complementan: Agua para Siempre, que recuperó la visión ancestral de manejo de escurrimientos de agua de lluvia dentro de la cuenca, consistente en hacer terrazas en las pendientes cerriles para tener estancamientos de tierra y agua, enriquecidos para el cultivo, así como canales para almacenamiento en represas, jagüeyes y ollas de agua que recargan los acuíferos.

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Imagen: Adara Sánchez Anguiano.

El otro proceso ha sido la recuperación del amaranto para incorporarlo a la milpa y enriquecer la dieta cotidiana con la combinación ancestral de maíz, frijol y amaranto, además, por supuesto, de otros alimentos nutritivos y sabrosos.

La combinación de ambos procesos, lograda con la visión de sostenibilidad social, ambiental, económica y cultural con la que trabajan 200 colaboradores de múltiples disciplinas en Alternativas, ha coadyuvado en sacar de la pobreza a casi 250 mil personas durante más de cuatro décadas. Por eso la FAO reconoció a Agua para Siempre y al Sistema Alimentario del Grupo Cooperativo Quali como la mejor Iniciativa Innovadora y Escalable de América Latina y el Caribe en 2018.

El seminario de ayer, auspiciado por la UNESCO, parte de la urgencia de entender y replicar las dinámicas autóctonas del manejo del agua, que sean capaces de generar fenómenos económicos y sociales favorables a la regeneración ambiental y a una mayor seguridad alimentaria en zonas áridas y semiáridas del país. México tiene mucho qué rescatar en cultura relacionada con la naturaleza, para desarrollar soluciones colectivas a la escasez de agua en el campo que será cada vez mayor.

Cambios obligados

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El cambio climático tiene la profundidad sobrada para convertirse en el referente de cambios obligados, desde la economía hasta la cultura. La emergencia ambiental puede y debería lograr que las condiciones climáticas fueran un propósito estratégico en cada país a fin de apurar soluciones, en primer lugar, a la sustitución de hidrocarburos como fuentes de energía, para lo cual son necesarias muchas más inversiones e innovaciones de las que se han hecho en el mundo.

Por lo pronto, John Kerry, el nuevo encargado de Estados Unidos para el cambio climático, declaró que la reunión de Glasgow (COP26) será “la última oportunidad para que el mundo se encamine a evitar los peores efectos del cambio climático”, y el 27 de enero, el presidente Biden se refirió al tema como “un elemento esencial de la política exterior y la seguridad nacional de Estados Unidos”.

No es exagerado considerar la situación ambiental como una amenaza para la seguridad de todos los países; el 2020 fue uno de los años más calientes de que se tenga registro (como lo ha sido cada año durante el último lustro).

calentamiento global, Siberia
Efectos del calentamiento global en Siberia (Fotografía: Sputnik Mundi).

El año pasado ocurrieron incendios extraordinarios en el oeste de Estados Unidos y en Australia; nunca, en Siberia, se había registrado temperaturas de 38 grados centígrados, ni se había visto en un mes de octubre que el hielo en el círculo polar Ártico –que abarca 16.5 millones de kilómetros cuadrados– alcanzara apenas 3.3 millones de kilómetros cuadrados, o que un huracán en el Atlántico causara tan severos daños en el sudeste asiático, que forzó a 12 millones de personas a dejar sus casas. El lunes pasado, la fractura de un glaciar del Himalaya hizo desparecer a cientos de personas y arrasó con una hidroeléctrica en la India.

Treinta y tres países ya han declarado emergencia ambiental. Refrenar el cambio climático es un elemento esencial de la seguridad del planeta. Así lo han entendido varios gobiernos europeos y ahora el de Estados Unidos.

Mientras el presidente López Obrador quiere que la electricidad generada por la CFE en termoeléctricas (con hidrocarburos), tenga preferencia en su distribución sobre la que ya generan algunas inversiones en energía limpia.

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Imagen: Hemisferios.

Es posible anticipar que el gobierno de Biden utilizará el T-MEC de “libre comercio” para convencer al gobierno de López Obrador, no de que desarrolle proyectos, sino de que se abra a inversiones estadounidenses en la instalación de energía limpia.

El desafío de frenar el calentamiento global es desarrollar fuentes de energía alternas al petróleo y carbón a precio accesible y rentabilidad atractiva para inversionistas. ¿Podría hacerlo la iniciativa privada mexicana?

Se trata de reducir y eliminar el uso de hidrocarburos en las industrias de energía (principalmente eléctrica), de las manufacturas, de otros procesos industriales y de la construcción que en conjunto son las actividades responsables del 50.9% de las emisiones de carbono y de CO₂ (datos de 2012).

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Imagen: Share America.

Hace décadas que se conoce el potencial de la energía eólica y solar, pero las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, desde el Protocolo de Kyoto (1992) hasta la COP25 reunida en Madrid en 2019, no han conseguido acelerar su desarrollo con la sola advertencia de que está en juego la sobrevivencia humana y la de gran parte de la biodiversidad.

El único lenguaje que puede motivar soluciones en el sistema económico prevaleciente, es el referido a inversiones privadas que sean lucrativas a largo plazo, y todo indica que lo serán las que provean de nuevas fuentes de energía a la planta industrial de todo el mundo.


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2020: Consecuencias de uno de los años más calientes

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El informe anual de Copernicus, reveló que el 2020 fue el año más cálido para Europa y a nivel mundial se equiparó al récord de 2016, con lo que los últimos 10 años han sido para la humanidad los que mayores temperaturas han registrado en la historia. El programa de la Agencia Europea de Medio Ambiente, que monitorea los eventos naturales del planeta, señaló que el 2020 cerró con un aumento de 0.4 grados centígrados más que en 2019.

El 2020, fue 0.6 grados centígrados más cálido que la media de entre 1981 y 2010 y hasta 1.25 grados más caliente que en tiempos preindustriales, entre 1850 y 1900. Esto es ejemplo de cómo el calentamiento global es uno de los males más urgentes por atender para la humanidad. A pesar del compromiso de muchos países con la Organización de las Naciones Unidas, la situación no parece mejorar. Algunos incluso culpan a los problemas ambientales de la pandemia de COVID-19, pero este no fue el único evento catastrófico que se vivió en el año que acaba de terminar. 

Aquí te presentamos otros desastres naturales que se vieron en 2020, consecuencia del calentamiento global.

Incendios en el Ártico

Aunque parezca extraño, la actividad de incendios forestales en el Ártico, fue muy alta. Los primeros incendios se detectaron en mayo y siguieron durante el verano y el otoño. Un récord de 244 millones de toneladas de dióxido de carbono, fueron liberadas en la atmósfera, como consecuencia.

Incendios en Australia y Estados Unidos

Además del Ártico, otras regiones del mundo sufrieron los embates del fuego. Australia comenzó a registrar incendios desde junio de 2019, hasta mayo de 2020, consecuencia de una prolongada sequía. Se dice que más de 10 millones de hectáreas fueron destruidas. En septiembre, aunque a menor escala, el estado de California y otras partes de Estados Unidos, también registraron incendios graves.

Deshielo

Una de las principales consecuencias del aumento de temperatura, es el deshielo de los polos, que también resulta en un aumento del nivel del mar y otros cambios en el comportamiento de la naturaleza. Debido a las altas temperaturas de 2020, el hielo del Ártico fue menor que la media durante la segunda mitad del año. En julio y octubre, se registró la menor extensión de hielo marino de la historia.

Huracanes

El calentamiento global produce comportamientos muy erráticos en el clima. Los fenómenos naturales se vuelven más graves y difíciles de predecir, por lo que no es ninguna casualidad que México haya visto el paso de varios huracanes en 2020. Hannah, Delta y Zeta, lograron tocar tierra en el país, causando tormentas, inundaciones y daños a muchas costas, sobre todo en la península de Yucatán.

Gobierno de México muestra desinterés por el cambio climático

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A pesar de ser una de las situaciones más urgentes a nivel mundial, el gobierno de México no tiene un nuevo plan para combatir el cambio climático, denunció el Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC) y otras organizaciones ambientalistas.

La asociación, informó que la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (CICC), aprobó esta semana la nueva Contribución Nacionalmente Determinada y el Programa Especial de Cambio Climático (PECC). En este sentido, no mostró nuevas metas, sino las mismas que se han mantenido por cinco años.

Desde hace un lustro, explicaron, el plan de México sigue siendo el mismo: reducir en 22% los gases de efecto invernadero y en 51% las de carbono negro. Además, el PECC se aprueba con un año de retraso.

El GFLAC, dijo que México está incumpliendo el marco legal en materia de la Ley General de Cambio Climático y se encuentra lejos de poder ayudar a estabilizar la temperatura global ni en 2 ni en 1.5 grados centígrados, como lo marca la ley con base en el Acuerdo de París.

Su falta de nuevas metas, “viola el principio de progresividad estipulado en el Acuerdo de París”, razón por la cual se revisan las Contribuciones Nacionalmente Determinadas cada cinco años, con el fin de mostrar avances.

Países latinoamericanos como Argentina o Colombia, mostraron sus nuevos planes en materia climática, como parte del quinto aniversario del Acuerdo de París, celebración por la cual la presidencia de la COP26, pidió a los países que mostraran sus nuevos objetivos. México, por su parte, no presentó ninguna novedad.

Entre otras acciones negativas del gobierno, está la desaparición del Fondo para el Cambio Climático y la reducción del presupuesto para el Anexo Transversal para reducir el cambio climático, el cual será sólo de un 1.1% del presupuesto total del país en 2021. En contraste, un 75.3% del presupuesto se usará para el transporte de gas natural, cuyo impacto en el medio ambiente es muy negativo, además de apoyar el desarrollo de energía por combustibles fósiles.

“México deja de estar en la línea frontal de combate al cambio climático y se convierte en uno de los países con NULA ambición, poniendo en riesgo el cumplimiento de derechos humanos de su población presente y futura”, señaló el GFLAC. “Aunado a ello, nuestro país no ha presentado una propuesta para dar cumplimiento a los laxos compromisos que actualmente tiene, poniendo todo su esfuerzo y recursos en acciones y políticas contrarias a ellos”.

Un llamado desesperado

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La pandemia por el COVID-19 provocó a nivel mundial que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) descendieran aproximadamente un 7% durante este año, debido a la reducción económica, de la actividad industrial, en movilidad y viajes, así como en la generación de electricidad, según reportó recientemente el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Pese a la grave crisis sanitaria, esto es un signo alentador para intensificar de manera sostenida la lucha para disminuir las emisiones de los gases efecto invernadero que provocan el calentamiento global.

Sin duda, esta reducción del 7% en 2020 será de poca efectividad, en los siguientes años, si no se aplican medidas urgentes para reducir las emisiones hasta un 25% como se tienen previstas en el Acuerdo de París (en la que participaron 195 países, en 2015).

El PNUMA, en su Informe sobre la Brecha de Emisiones 2020, advierte que a pesar de este descenso en las emisiones de dióxido de carbono (por la quema de combustibles fósiles), aún el planeta se encamina peligrosamente a un aumento de temperatura de 3 grados Celsius en este siglo, pues la reducción del 7% que ha dejado la pandemia representa –según expertos–, el 0,01 grados Celsius del calentamiento global para el 2050.

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Imagen: Lynn Scurfield.

Recordemos que el Acuerdo de París (conocido como COP21) trazó como objetivo central acotar el calentamiento global entre 1.5 y 2 grados Celsius en el 2030, y esto sólo se podrá lograr si la reducción de los gases de efecto invernadero alcanza el 25%.

Los últimos dos años se han registrado temperaturas altas récord a nivel mundial con resultados altamente dañinos para la humanidad y la naturaleza: sequías extremas, huracanes más potentes y sucesivos, tormentas (pese a que la tendencia mundial es de menos lluvias), los glaciares se derriten y los incendios forestales son más frecuentes y prolongados. Todo lo anterior aunado a que en varios países la destrucción de bosques y selvas sigue fuera de control, y con ello las migraciones son más intensas en los llamados corredores secos donde la tierra ya no produce.

La lucha contra el calentamiento global merece la misma respuesta que las naciones han puesto con la reciente pandemia. Cada año los fenómenos meteorológicos extremos envían señales de que urge desacelerar las emisiones de gases efecto invernadero, pero los gobiernos no responden con una estrategia rápida, efectiva y enérgica.

El pasado 12 de diciembre, el secretario general de la ONU, António Guterres, lanzó un llamado a los jefes de Estado para que declaren un “estado de emergencia climática”, en el que advirtió que los compromisos no son suficientes para contener el incremento de la temperatura media de la Tierra a un máximo de 1,5 grados Celsius.

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Imagen: Behance.

El llamado de Guterres es histórico, tanto porque se hace en un año crítico por la pandemia del COVID-19 y porque la acción colectiva de la humanidad demostró que, en unidad, sí se puede disminuir la concentración de carbono en la atmósfera del planeta.

Los científicos han sido claros y contundentes: si no se cambian las políticas para neutralizar el carbono, un aumento de temperatura del planeta de 3 grados Celsius provocará cambios irreversibles en la Tierra. “Un país no debe emitir más gases de efecto invernadero de los que puede absorber”, han advertido. 

A nivel mundial China es el principal emisor de estos gases, y también es el que mantiene un compromiso menor para combatir el cambio climático. Ya veremos qué compromisos se tendrán en la próxima cumbre climática que será en noviembre de 2021 en Glasgow, Escocia.

Esperemos que el llamado de Guterres no se quede sólo en eso…


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El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, y el cambio climático

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El mundo vive una situación de extremo peligro por el cambio climático y el muy acelerado proceso de destrucción de la naturaleza en todos sus ámbitos, a pesar de los esfuerzos reflejados en el Acuerdo de París de 2015 y de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Este año que termina, esta crisis se vio severamente complicada por la pandemia del COVID-19.

Frente a este panorama, António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, declaró la semana pasada que parece que estamos en guerra con la naturaleza y que es necesario hacer las paces, así como detener este suicidio colectivo. También urgió a la comunidad internacional a detener el cambio climático y señaló que en 2021 se debe articular una coalición global para lograr la neutralidad de carbono en 2050. Es necesario retomar el Acuerdo de París en el sentido de que la temperatura media del planeta no supere 1.5ºC respecto de los niveles pre-industriales.

En relación con el COVID-19 y la crisis económica y social que ha provocado, señaló muy puntualmente que es lamentable que el G-20 esté auspiciando más inversión en combustibles fósiles que en energías renovables, en los planes de recuperación de la situación económica generada por la pandemia. Es absurdo, agrega Guterres, que las futuras generaciones tengan que pagar una enorme deuda que se habrá utilizado para continuar destruyendo el planeta.

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Imagen: Loop Barbados.

Ante esta situación y frente a un año perdido por la pandemia, se plantea que el 2021 puede ser determinante para afrontar los daños derivados del calentamiento global y por la destrucción de la naturaleza. Por eso, se propone una coalición global para lograr la neutralidad de carbono en 2050.

Este llamado de Guterres se da en el contexto de un profundo cambio del panorama político internacional. El triunfo de Joe Biden y Kamala Harris en la reciente elección presidencial en Estados Unidos reorientará en muchos aspectos las políticas de ese país. Uno de los ámbitos en los que se tienen más expectativas es en materia de combate al cambio climático. Biden anunció que se creará una oficina en la Casa Blanca para tal efecto, la cual estará a cargo de John Kerry, experimentado político. Asimismo, anunció el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París. Esto le dará viabilidad al mismo. De esta forma se pone fin a las irresponsables y torpes políticas de Trump en la materia. De igual forma, la Unión Europea ha articulado sus políticas de recuperación de la crisis generada por la pandemia, a través de un conjunto de políticas, que tiene entre sus ejes rectores el Pacto Verde y la Agenda Digital.

El triunfo de Biden ha motivado que incluso políticos populistas como Boris Johnson se comprometan a colaborar en el combate al cambio climático y a tomar medidas como las de prohibir el uso de automóviles de combustión interna en 2030, decisión ya anunciada por otros países europeos como Alemania y Francia. Asimismo, otras naciones de Europa ya han establecido esta prohibición en plazos más cortos. También China se ha comprometido a lograr la neutralidad en materia de carbono a más tardar en 2060.

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Imagen: Osservatorio Balcani.

Varios organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y la CEPAL han asumido actitudes proactivas para combatir y mitigar el cambio climático. Lo mismo sucede con muchos agentes económicos del sector privado, que van desde el fondo de inversión Blackrock, hasta bancos, aseguradoras y empresas petroleras. En el primer caso, Larry Fink, CEO de Blackrock, anunció desde hace ya casi un año, la intención de esa empresa de dejar de hacer inversiones en energías fósiles. Asimismo, varias de las grandes petroleras privadas globales han perdido severamente su valor accionario y algunas de ellas han anunciado desinversiones en proyectos de hidrocarburos, así como el inicio de proyectos de energías limpias. Pero, como lo señaló António Guterres, el panorama no es lineal, ya que ante la urgencia de salir de la crisis económica y social provocada por la pandemia, se están canalizando recursos a energía fósiles, con las consecuencias antes apuntadas.

Sin embargo, es importante señalar que el problema del cambio climático es de solución urgente. Recientemente, Jørgen Randers, Profesor Emérito de la Universidad de Oslo, Noruega, publicó un estudio en el que señala que aun si se suspendiera de inmediato el uso de combustibles fósiles, los efectos del calentamiento global, como el derretimiento de los polos, el permafrost, Groenlandia, entre otras áreas, son ya imparables, con todas las consecuencias que esto conlleva. Por eso es necesario no sólo detener la emisión de gases de efecto invernadero sino de su captura.

Basta recordar que tres de los últimos cinco años son los más calurosos a nivel mundial, desde que se lleva registro. Además, la concentración de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera son los más altos, no sólo en la historia de la humanidad sino en buena parte de la vida del planeta. De igual forma, recordemos que la acelerada destrucción de los ecosistemas está directamente vinculada a las crecientes epidemias y pandemias.

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Imagen: New Atlas.

El mundo vive un conjunto de riesgos de carácter global sin precedentes, derivados tanto del acelerado proceso de destrucción de la naturaleza, el cambio climático, el crecimiento demográfico, la sobre-explotación de los recursos naturales, entre otros problemas. Estos no son, desde luego, los únicos riesgos globales, que comprenden muchos otros, como las armas nucleares, diversos fenómenos naturales o los graves problemas de la economía global, capturada por la especulación financiera.

Vivimos en la época de mayor progreso científico y tecnológico de la historia humana, el cual se ve potenciado por la digitalización y la Inteligencia Artificial. Estamos en la Cuarta Revolución Tecnológica-Industrial. Nunca antes tanta gente había salido de la pobreza, como en China y otros países del Asia Pacífico. Pero la pobreza y la desigualdad persisten para una parte muy elevada de la población mundial.

Frente a la falta de solución de problemas ancestrales, han surgido en el mundo una serie de líderes populistas, que han propuesto soluciones simples, siempre alejados del conocimiento científico. Esperemos que esta ola llegue a su fin. La derrota de Trump es un buen augurio para retomar una agenda global urgente. Una coalición en 2021 contra el carbono es un buen comienzo.


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Calentamiento global es inminente

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“Ya lo estamos viendo, ya está ocurriendo, como la ola de calor de California del mes pasado, o las elevadas temperaturas en Europa, Siberia y algunas partes del hemisferio sur”, señala Paulina Ordóñez Pérez.

La investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM, advierte que en los próximos años se romperán récords de temperatura en el mundo, ya que algunos de los gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global tienen una vida media muy elevada en la atmósfera.

Como consecuencia, aumentará la cantidad de eventos extremos: más olas de calor, sequía en unos sitios e inundaciones en otros, incendios forestales, y los ciclones y huracanes que toman su energía del calor del océano –que también es cada vez más elevada–, asimismo esos fenómenos serán cada vez más intensos con el paso de los años.

La especialista expuso esa situación tiene que ver con el calentamiento global de la Tierra; no hay duda. Aunado a ello también influyen las oscilaciones o variabilidad natural del sistema climático.

Además de mencionar la anomalía presente de tener una tendencia creciente cada año, lo natural sería, prosiguió, la existencia de fluctuaciones, años más cálidos o fríos, por encima o debajo de la media, “pero en este caso se van superando récords y en las últimas décadas las temperaturas son cada vez más elevadas”.

Uno pensaría que este año sería menos caluroso que el 2019, ya que por la pandemia se redujo la emisión de contaminantes, Se estima que en primavera, cuando la mayoría de los países estaban confinados, se emitió 20% menos de CO2 a escala global, y se calcula que al final del año será de aproximadamente 7% menos, en total.

Sin embargo, Paulina Ordóñez puntualiza que ésta es solo una “interrupción puntual” de las emisiones y el confinamiento no es solución para el combate al cambio climático, la salida para este problema global es que la economía no se base en la quema de combustibles fósiles.

“Aunque dejáramos de emitir drásticamente contaminantes a la atmósfera, ahí siguen los que hemos arrojado durante décadas; tendríamos que esperar a que se eliminen. La mala noticia es que tampoco se espera que disminuyan las emisiones de gases de efecto invernadero en los próximos años”, agregó.

Respecto al avance de las energías renovables, señaló que está distribuido de manera desigual en el mundo.

Mientras la Unión Europea es líder en su uso y en contribuir a la lucha contra el cambio climático, –aun cuando dentro de esa región hay diferencias entre países–, México está muy lejos de potenciar el uso de energías limpias.

“Si tenemos tan clara la causa de lo que ocurre, es decir, nuestro estilo de vida y el uso excesivo de energía, lo podemos solucionar. Aún habría tiempo, pero hay que actuar ya y rápido. No obstante, no estamos haciendo lo que se debe”, concluyó.

Una era de catástrofes

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En la era del cambio climático afloran escenarios adversos para la humidad y los ecosistemas en general.

La Organización Meteorológica Mundial –OMM, agencia de la ONU especializada en el tiempo, clima y agua– que le ha estado tomando el pulso al planeta a través de los modelos climáticos, prevé un aumento de la temperatura media en la mayoría de las regiones terrestres –regionales, nacionales y mundiales–, y oceánicas, con lluvias intensas, pero también en algunas regiones con serios déficits de precipitaciones.

Petteri Taalas, secretario general de la OMM, lo sintetiza: “Si bien la pandemia del COVID-19 ha generado una profunda crisis sanitaria y económica a escala internacional de la que la tardaremos años en recuperarnos, es fundamental recordar que el cambio climático seguirá representando una amenaza constante y creciente para la vida humana, los ecosistemas, las economías y las sociedades durante los siglos venideros. La recuperación de la pandemia de COVID-19 es una oportunidad para tomar un camino más sostenible hacia la resiliencia y la adaptación frente al cambio climático antropógeno”.

De acuerdo con este organismo los extremos climáticos, en los últimos 50 años, han originado más de 11,000 desastres, han provocado 2 millones de víctimas mortales y en el terreno de pérdidas económicas se estiman en 3.6 billones de dólares. 

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Imagen: The Issue.

La información científica de la OMM revela que la energía que emite el Sol no ha aumentado en los últimos 30 años, sino que los cambios que hoy se registran con altas temperaturas se debe al calentamiento global generado por los gases de efecto invernadero, como son el bióxido de carbono y el metano, entre otros.

La intensa y constante quema de combustibles fósiles –petróleo, carbón, gas natural y gas licuado de petróleo–, que son hasta ahora la principal fuente de energía en el planeta, han provocado el ascenso sistemático de las temperaturas en el mundo, y con ello los peligros vinculados al clima son más impactantes.

A estas proyecciones se suman investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, quienes prevén que debido a esa constante quema de combustibles fósiles en el mundo, las temperaturas podrán alcanzar un aumento global promedio de entre 3 y 5 grados Celsius en los próximos 50 años, lo cual sería catastrófico para la biodiversidad. Por ahora, los reportes científicos indican un aumento promedio de 1 grado y con claras tendencias a alcanzar a mediano plazo 1.5 grados °C.

La velocidad con la que sube la temperatura a nivel global está imponiendo cada vez mayores retos a la humanidad como lo es en la forma de adaptación a las consecuencias del calentamiento global.

Para la OMM, nuevos récords de calor afloran como el ocurrido en el hemisferio norte (donde se han registrado las temperaturas récord más bajas con -89 grados °C), cuando el 20 de junio pasado se monitoreó una temperatura de 38 grados °C, cuya ola de calor también impactó a Siberia. Aún los expertos siguen las investigaciones para verificar si se trató de la temperatura más elevada en el círculo polar ártico.

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Imagen: Behance.

Y otros datos sorprendentes del mismo organismo indican que en 2018, aproximadamente 108 millones de personas en el mundo solicitaron ayuda del sistema humanitario internacional debido a los daños generados por tormentas, crecidas de mares y ríos, sequías e incendios forestales. Y, además, estiman que hacia el 2030 la cifra de afectados podría aumentar en casi 50%, y el costo asociado alcanzaría los 20,000 millones de dólares anuales.

Otros investigadores desarrollan la hipótesis de que el deshielo en los casquetes polares podrían liberar algunos virus letales, que desconoce la humanidad, y que han estado atrapados por miles de años en el hielo. Además, ese capas de suelo congelado (permafrost que ocupa un 25% de la superficie de la Tierra) concentran gases de efecto invernadero como el metano y el dióxido de carbono.

Lo lamentable, en el caso mexicano, es que con toda esta evidencia científica las autoridades del gobierno federal decidan aún seguir apostando al uso del carbón, combustóleo y gas natural para producir energía eléctrica, y han congelado el uso de las energías limpias como la eólica y solar. Se han cerrado a las inversiones privadas, nacionales y extranjeras, con el argumento de privilegiar a las empresas públicas, pero al caer en esta política no hacen más que elevar la contaminación atmosférica, atentar contra el ambiente y seguir coadyuvando con el calentamiento global.

México es altamente vulnerable al cambio climático, principalmente con el tema del agua. En nuestra última columna reseñé que 26 estados del país han padecido extremas sequías, y en seis estados en los que históricamente llovía mucho, ahora alcanzan el 50% de su patrón de lluvias.

Es hora de rectificar las políticas ambientales, los errores de un gobierno de 6 años impactarán por décadas a los ecosistemas.

El retroceso ambiental en el país es grave. Que la humanidad tome nota.


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