juicio oral

Fracasos de los juicios orales

Lectura: 5 minutos

De manera caprichosa, “sobre las rodillas”, se nos “ocurrió” implantar juicios orales en nuestro país. La idea era alentadora, pareció una gran solución al drama de la corrupción que impera en los juzgados y agencias del Ministerio Público, centros llenos de inmoralidad que imposibilitan la justa aplicación de la ley.

En este drama, además de encontrarse implícitos los antiguos Ministerios Públicos, ahora denominados Fiscalías, también lo están los juzgados federales y locales de todas las especialidades. La venta descarada de sentencias, el castigar a inocentes y liberar a culpables se volvió una costumbre sin moderación.

Así, sin más ni menos, de pronto en lugar de los Ministerios Públicos, acudiendo a la “vil imitación”, se trajo del sistema norteamericano a las llamadas Fiscalías, que al final no fueron sino “la misma gata, pero revolcada”; el cambio de nombre no ayudó en nada, porque los mismos sujetos pícaros que atendían las agencias del Ministerio Público ahora eran encargados de las Fiscalías. Es imprescindible el cambio de personal; buscar otros que no estén corrompidos y que la imagen que transmitan a la población sea de confianza y seguridad.

fracaso juicios orales
Imagen: Periódico AM.

En el anterior renglón, en los juzgados se consideró que la presencia del Ministerio Público era perniciosa, llegó a convertirse en juez y parte, sin duda mucha razón hubo en ese planteamiento y ante ello se consideró adecuado restarle facultades, sobre todo para promover la acción penal, siendo el caso que se buscó a un juez instructor en un mecanismo al que se ha denominado juicios orales, donde el que salió ganando generosamente, fue el presunto responsable de la comisión de delitos; de esta manera, se dieron tantas facilidades para obtener la libertad, que auténticamente los jueces orales se convirtieron en defensores de la delincuencia y sin más, liberan a sujetos quienes inclusive han sido sorprendidos infraganti, pero esto poco importaba a los hombres de toga y birrete, quienes sin mayor profundidad en el análisis de las pruebas les era más fácil no iniciar el proceso; así bien se ha dicho que los juzgados se convirtieron en auténticas puertas giratorias; a perversos delincuentes se les soltaba sin mayor cuidado y al final la víctima, quien había sufrido los efectos negativos del delito, sus derechos quedaban al “garete” sin ningún beneficio.

En efecto, el sistema de los juicios orales se olvidó del sujeto pasivo que padece la violencia; jamás se consideró la opción de reparar el daño. Veamos un ejemplo clásico de los juzgados orales, un individuo infraganti que sube al transporte público, asalta y mata a pasajeros, robando sus pertenencias que ascienden a 10 mil pesos; lo detienen y llevan a un juzgado oral y en lugar de castigarlo con prisión, a cambio de una módica cantidad, en muchos casos, de apenas 500 pesos, se le deja en libertad al torvo criminal. Lo gracioso es que se le dice al presunto delincuente que tiene que regresar en determinado tiempo para continuar con su proceso; evidentemente jamás vuelven y el obrero que había sido despojado de su salario; el ama de casa que llevaba el dinero para la despensa de su hogar; el empleado que le arrebataron el reloj y su celular, se tenían que conformar y lo único que ganaban era perder su tiempo en declaraciones,  y lo robado jamás les era devuelto.

Nótese la infamia y perversidad de los juicios orales; es urgente un cambio, modificaciones de fondo, donde lo relevante sea precisamente la REPARACIÓN DEL DAÑO. Una persona que ha sido defraudada por 100 mil pesos, sólo por decir algo, antes de que el presunto goce del beneficio de la libertad y de que realice su proceso fuera de las rejas, se le debe exigir que garantice la reparación del daño. Sólo de esta manera se estará siendo justo, algo que por desgracia no acontece en nuestro cada vez más desprestigiado sistema judicial.

Los jueces de todos los niveles carecen de credibilidad, gozan de mala fama, la sociedad no les tiene confianza. Esto es desalentador; en una población donde la justicia no exista, se da pauta a la anarquía, a la nada recomendable “justicia de propia mano”. Con frecuencia escuchamos que diversos grupos actúan por su cuenta y linchan a los delincuentes, porque están seguros que de entregarlos a la policía ésta será cómplice de los sinvergüenzas, con quienes en infinidad de ocasiones actúan de común acuerdo. Aquí otro ámbito que sin duda es indispensable revisar.

fiscalia
Imagen: Nexos.

Recientemente hubo cambios en el Poder Judicial Federal, pero como en todos los casos, superficiales, nada de fondo; la lentitud, la ausencia de confianza y la falta de efectividad se seguirán dando intensamente.

Nuestro país reclama un nuevo sistema para actuar contra los enemigos, los mismos a los que en un momento dado se refirió el penalista alemán Günther Jakobs y que no son otra cosa si no los delincuentes; los que violan la ley y los que hacen del robo y el asesinato su modus vivendi.

México reclama una policía preparada, capacitada en centros serios y profesionales como corresponde; Fiscalías comprometidas en mantener el principio de ser representantes de la sociedad. Los jueces necesitan mostrar otra actitud, una comprometida conducta bajo el lineamiento de “darle a cada quien lo suyo o lo que les corresponde”. Este aforisma es la clave de la justicia, el de que verdaderamente se sea enérgico con el delincuente y generoso con la víctima que hoy por hoy se encuentra abandonada.

El sistema judicial debe fincarse en una prontitud y rapidez ejemplar; justicia que llega tarde simplemente no es justicia, pero además debe ser para que la víctima recupere con amplitud y precisión lo que ha perdido; aquí un particular aspecto es el relacionado con el homicidio y sus manifestaciones colaterales. En este aspecto la reparación del daño no es de ninguna manera fácil, en efecto, no se contempla la manera de cubrir el valor de una vida, pero sí de otorgarles a los deudos beneficios económicos que puedan hacerles menos dolorosa la pérdida del ser querido; tal es el caso de un obrero, donde se debe obligar a su homicida a cubrir a favor de los hijos y familiares de dicho trabajador, importantes cantidades mensuales. En este camino se tendrá además de la justicia, una manera inteligente de disuadir la comisión de ilícitos; si matas tendrás que responsabilizarte de mantener a la familia de la víctima y como este, en otros ámbitos también la reparación del daño podrá mostrarse en todo su esplendor. Debemos reconocer errores y después de ello enmendarlos.


También te puede interesar: El gran Rector.