Construyendo sueños

Inspiración sostenible

Lectura: 4 minutos

En algunas regiones de África, tener zapatos es un lujo. Ir a la escuela y comer tres veces
al día es sólo para unos cuantos. Los problemas nutricionales en los niños merman su
desarrollo físico y mental. Por ello, para aquellos que pese a todas las condiciones
infrahumanas en donde les ha tocado vivir, salen adelante por medio de sus propios
recursos es un logro que muy pocos logran.

En estos días donde el impacto social está más presente que nunca dentro de la esfera empresarial, quisiera contarles tres historias breves sobre cómo una iniciativa puede cambiar el rumbo de las cosas:

La primera historia es sobre William Kamkwamba, habitante de Malawi, uno de los países con menos esperanza de vida y altas tasas de mortalidad infantil. En 2001, con 14 años cumplidos, había terminado la primaria y empezaba la secundaria. Debido a su precaria situación, era complicado que fuera a la escuela, ya que la familia tenía que subsistir y vender lo poco que cosechaban.

William Kamkwamba-catracalivre.com.br
William Kamkwamba (Foto: catracalivre.com.br).

Ese año, tras una sequía atroz y una compleja situación política que complicaba más las deficiencias de la comunidad, William leyó en una biblioteca comunitaria el libro “Energy”, donde explicaban –en inglés‒ los diferentes tipos de energía existentes, incluyendo la eólica. Con estos conocimientos y la ayuda de algunos cuantos amigos que aún seguían en el pueblo, desafió todos los pronósticos, construyendo un molino capaz de generar energía para bombear agua y así, logró salvar a su familia, su comunidad, y se hizo tan famoso que hay libros y películas sobre sus hazañas.

La segunda historia es sobre un reto viral que ha logrado unir a la población mundial. El Trashtag Challenge se ha vuelto famoso en las últimas semanas, a pesar de que el reto inició hace un par de años. La hazaña consiste en publicar una selfie en un lugar lleno de basura, limpiarlo, y tomar una nueva foto, pero esta vez, al lado de las bolsas de basura recolectada. A la fecha, se han rescatado costas, playas, bosques y lugares turísticos, siendo los países más activos Filipinas, Australia, España, Argentina, India… y ¡México! Como dato curioso, en la playa Mahim (India), se han recolectado unas 700 toneladas de basura en sólo dos semanas. ¿No es increíble lo que podemos hacer unidos?

Trashtag Challenge.
Foto: Global News.

Finalmente, la tercera historia se centra en la propuesta de La hora del planeta; iniciativa dedicada a la concientización del cambio climático mundial, misma que desde el 2007 en Australia se ha replicado ya en 188 países. La idea es simple: apagar la luz una hora, en México se realizará el próximo domingo, a las 20:30 horas, y lo único que tenemos que hacer es apagar todas las luces de  casas, calles, empresas, monumentos, etc. Así, las  redes sociales se encienden para exigir a los gobiernos de todo el mundo cambios políticos para la lucha efectiva contra el cambio climático, que ya es una de las mayores amenazas a la biodiversidad y, por lo tanto, para la humanidad.

En México se han sumado, además a la propuesta, otras tres iniciativas, donde se invita a la población a unirse a alguna de ellas:

#RetoDíaSinCarne; donde se hace conciencia de la cantidad de litros de agua necesarios para preparar un kilo de carne (15,500, según WWF).

#RetoDíaSinPlástico; invitando a la población a no consumir plástico de un sólo uso, ya que anualmente se tiran más de 100 millones de toneladas de plástico a la naturaleza.

#RetoDíaSinEmisiones; Evitando el uso del automóvil, transporte o cualquier forma de emisión de CO2.

La hora del planeta.
Imagen: Matthias Kulka/zefa/Corbis (Fuente: Hands Holding Earth).

William no tenía nada que perder, porque ya lo había perdido casi todo. Su salvación tuvo dos características importantes: un libro y el apoyo de las personas que lo querían tanto como para sacrificar lo poco que les quedaba. En el Trashtag Challenge, la iniciativa de una persona une la fama de los challenges (que son seguidos por jóvenes, en su gran mayoría) y la necesidad de limpiar nuestro planeta. En la tercera historia, la importancia de crear conciencia sobre los temas del clima mundial, han sido seguidos por más países. Estas historias son reconocidas por todos y son punta de lanza para la creación de nuevas tecnologías que ayuden a limpiar el planeta, que ayuden a la protección del medio ambiente con nuevos métodos. Con estas tecnologías se generarían nuevos negocios, nuevos modelos de emprendimiento y así, se crearían empresas que ayuden a las comunidades y al mundo entero.

Todas estas historias, además, son un llamado para todos los jóvenes y los adultos, es una buena forma de que los niños nos recuerden, como la generación que comenzó a cambiar las cosas en el mundo. La determinación, como siempre, depende de cada quien y lo que cree; por ello quise enfatizar que tres historias como éstas pueden motivarnos a cambiar nuestra comunidad, o el mundo entero.

El reto del día lo hacemos nosotros. La pregunta es… ¿te unes?

Verdades imperfectas

Lectura: 3 minutos

Theodor Ludwig Wilhelm Bischoff fue uno de los anatomistas de mayor prestigio en Europa en 1870. Una de sus ocupaciones era analizar y pesar cerebros humanos, y tras años de acumular datos observó que el peso promedio del cerebro de un hombre era 1,350 gramos, mientras que el promedio para las mujeres era de 1,250 gramos. Durante toda su vida utilizó este hecho para defender ardientemente una supuesta superioridad mental de los hombres sobre las mujeres. Siendo un científico modelo, a su muerte donó su propio cerebro para su colección. El correspondiente análisis indicó que pesaba 1,245 gramos.

En México y el mundo, la información se ha visto comprometida en situaciones o eventos de trascendencia universal; en Estados Unidos, por ejemplo, en vísperas de las elecciones presidenciales, una agencia de comunicación creó un portal de noticias falsas, donde incluyeron una nota en la cual hablaban de un agente del FBI, quien supuestamente apareció muerto al interior de su oficina, después de enviar información confidencial sobre Hillary Clinton. Dicha nota fue colgada en los foros y en los portales donde se apoyaba a Donald Trump. La noticia fue viralizada a velocidades increíbles, pero nadie se ocupó de buscar el nombre del agente, o siquiera, de verificar si en realidad existía.

Fake News.
Fuente: El Confidencial.

Algo parecido ocurrió  en los sismos del 2017, o durante el desabasto de gasolina en el país. Las redes sociales contribuyeron a hacer efectivos los mensajes, pero también a crear pánico en la población con información falsa. Leemos, creemos y opinamos en redes antes de verificar. La tormenta perfecta para aquellos que se aprovechan del pánico de la gente. Ocurre lo mismo con toda la información que actualmente se filtra sobre cualquier personaje público. Incluso el área de comunicación del Palacio de Buckingham ha tenido que hacer comunicados referentes a las publicaciones –sin fundamento‒ que salen diariamente sobre la familia real. La comunicación está pasando de ser el cuarto poder, a una especie de veleta, que se mueve conforme más followers se tengan en la red; no importa que sean bots, o personas reales. Si de ese tamaño es el mundo, ¿qué nos espera en nuestras empresas conforme el paso del tiempo? Hemos visto cómo se caen campañas  de publicidad por malos manejos de las redes, cómo la opinión o un tweet “sin malas intenciones” han detonado despidos, cancelaciones de contratos de grandes sumas de dinero y algo que sin ser un bien material nos importa tanto o más que un activo fijo: nuestra reputación ante los clientes.

Falsedad de noticias.
Imagen: Shutterstock.

¿Qué dicen de ti y/o de tu marca?

Para preservarse dentro del mercado, las empresas tienen que escuchar lo que dicen a su alrededor. Las buenas o malas reputaciones pueden significar el declive de una organización del tamaño que sea. Por ello, es preciso conocer lo que dicen, ya que según la empresa  Reputation Management Consultants (RMC), “cuando un producto o servicio es mal evaluado en redes sociales o internet, se estima que las organizaciones detrás de él tienen pérdidas económicas de entre 6 y 15 por ciento sobre sus ganancias”.

¿Cómo actuar frente a un comentario mal intencionado en redes?

  1. Toma en cuenta la fuente. Normalmente son clientes insatisfechos, por lo cual invítale a comunicarse directamente contigo y así, llegar al fondo de la acusación.
  2. Evita enfrascarte en una pelea en redes. Evita el enfrentamiento y compórtate a la altura de las circunstancias.
  3. Cuida que el personal que esté a cargo de las cuentas en redes sea ecuánime y capacitado para atender cualquier mal entendido.
  4. Planea acciones de contingencia para reaccionar “by the book” en el momento que suceda.

La comunicación entre clientes y empresas tiene tanto que ver como en la realidad de la vida misma. Si hablan bien, nos irá bien… y si no, lo mejor es buscar cómo cambiar la percepción ante sus ojos o despedirnos del negocio que tenemos.  Ya que la cultura laboral en México y el mundo está cambiando a pasos agigantados, es preciso entenderlos con dos acciones simples: escuchándolos y diciendo SIEMPRE la verdad; sin sesgos de información, sin matices y en beneficio de todos. Recuerda que como dice Warren Buffet: “Toma 20 años crear una reputación y cinco minutos el arruinarla, si piensas de esta manera, harás las cosas diferente”.

Ubicuidad en el 2019

Lectura: 3 minutos

Cualquier forma de arte es una forma de poder; causa impacto, puede
influir en los cambios: no sólo puede cambiarnos, sino que nos hace cambiar.

Ossie Davis (actor, director, poeta,
escritor y activista estadounidense). ​​​

El arte es una de las representaciones más hermosas de la historia de la humanidad.  Dentro de “esta actividad donde el hombre recrea con una finalidad estética un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas, valiéndose de la materia, la imagen y el sonido”[1] destacan entre muchas formas, las pinturas de artistas famosos que siguen en el gusto del público por la capacidad de hacernos sentir emociones inimaginables. Hay personas que sienten más o menos por cierta obra, pero en realidad, de acuerdo a una gran mayoría, los cuadros donde hay personas viendo fijamente al espectador son los que nos hacen sentir, incluso, que nos siguen por todo el cuarto. ¿Lo han notado?

Este efecto ha sido una de las principales características de pintores europeos de todos los tiempos, por mencionar algunos, tenemos a Leonardo da Vinci con La Gioconda, o a Caravaggio en cualquier obra donde existan personajes viendo al frente. Esos ojos plasmados con tal realismo que parece que nos siguen en la dirección que vayamos, recibe el nombre de “efecto ubicuo” o también es conocido como “mirada fija ubicua”; la cual es una ilusión óptica, capaz de hacernos sentir que desde el punto que miremos el cuadro, cambian las expresiones faciales del personaje retratado. También, hace un par de años se compartió un video en donde se muestra un billete de $20 pesos con algunos dobleces, con los cuales parece que Benito Juárez está triste o sonriente.

Los expertos en arte afirman que es relativamente sencillo desarrollar una mirada ubicua, sólo es preciso detallar un poco de profundidad en los ojos y en algunas partes de la pintura. De esta manera, el cerebro las registra como imágenes en tercera dimensión, pero en realidad, los ojos y las expresiones no se mueven hacia ninguna dirección.

Ubicuidad.
‘La Gioconda’, 1503, Leonardo da Vinci.

Somos nosotros quienes interpretamos de dicha manera las pinturas; de hecho, la Universidad de Ohio realizó una investigación sobre el tema y, en resumidas cuentas, afirmaron que “no importa desde qué ángulo mires una pintura, la pintura en sí misma no cambia, porque en sí, estás mirando una superficie plana, llena de color, profundidad y sombras”.

Así llegamos al 2019, llenos de ilusiones que nuestras mentes se van encargando de alimentar o de llevar a la realidad y funciona tanto para lo bueno como para lo malo. ¿Cuántas veces hemos puesto nuestras esperanzas en un proyecto que al final no se realiza, o cuyo resultado es mejor al que esperábamos en un inicio?; ¿Cuántas veces nos hemos dejado llevar por el imaginario colectivo en donde nos dicen “todo está mal” y lo creemos?

Señoras y señores: este país es de todos y por eso tenemos que aprender a reconocer como en las pinturas, esa mirada ubicua, ese efecto o ilusión. Porque sólo así podemos trabajar más con lo que tenemos, darle el valor que merece y sacar las mejores versiones que tenemos de nosotros mismos. Es necesario aprender a ver que en el plano donde estamos todo puede ser una pintura que, con tonos oscuros o claros, hacen o forman una realidad, posiblemente maravillosa o no, todo dependerá de tres variables:

  1. a) El tono de la pintura.
  2. b) El pintor o pintora.
  3. c) Uno mismo como espectador.

Referencia:

[1] Definición de Google.

Parálisis por análisis

Lectura: 3 minutos

Cuentan que en el año 1892 había un par de jóvenes universitarios de Stanford que buscaban la manera de pagar sus estudios en dicha institución. En uno de esos intentos, organizaron un concierto y se acercaron a uno de los pianistas más reconocidos de ese entonces, el polaco Ignacy Jan Paderewski. Su manager les solicitó 2,000 dólares para su contratación. Días antes del concierto, la venta de los boletos no fue del todo exitosa. Sólo lograron reunir 1,600 dólares, extendiendo un cheque a cuenta, el cual juraron que pagarían con las ganancias que se obtuvieran el día del concierto. El afamado pianista, se negó a aceptarlos y les pidió que con el dinero pagaran sus colegiaturas y que le dieran el resto de las ganancias; si es que había.

Pasó el tiempo, se desató la Primera Guerra Mundial dejando destrucción y pobreza en los países europeos. En ese entonces, Paderewski había dejado el piano, forjándose una carrera política como primer ministro de uno de los países más devastados por la guerra: Polonia. Paderewski se acercó a la United States Food Administration para solicitar alimentos, ya que sólo en su país había más de un millón y medio de personas con hambre. La organización acudió rápido a su llamado y les ofreció alimentos, logrando abastecerlos al menos hasta que pudieran costearse su propia comida. Al cabo de unos meses, el primer ministro quiso agradecer personalmente a la institución, por lo que se reunió con su director, Herbert Hoover, agradeciendo lo que había hecho por su amada Polonia. Él le contestó “No es nada, señor Paderewski, puede que no lo recuerde, pero hace unos años, usted ayudó a dos jóvenes a costearse sus estudios. Yo era uno de ellos”.

La historia de Herbert Hoover tocaría el corazón de muchas personas, y aunque no se sabe a ciencia cierta si el dinero era para conseguir fondos para su colegiatura o para la Universidad que en ese entonces recién abría sus puertas, lo importante es la acción y la reacción  que tuvieron dos personajes históricos en momentos de crisis.

Hoover y Paderewski

Se dice que Hoover era huérfano, pero que sus ganas de salir adelante lo impulsaron para estudiar una carrera y al verse sobrepasado por las cuotas, ideó la manera de cubrir sus deudas de manera creativa. Por su parte, se dice que Paderewski fungió como líder de un país que lo quería mucho, gracias a su cercanía con la gente y su vocación por ayudarles en momentos como los que vivieron después de una guerra. Así nos dieron una lección donde, nuevamente, la grandeza de las personas no se mide por lo que tienen, sino por lo que están decididos a dar.

A pesar de lo bella que pudiera resultar esta historia, algunos historiadores desmienten su veracidad, indicando que no era posible que se diera tal situación; sin embargo, aceptan que ambos tuvieron una amistad durante más de cincuenta años. Otros aseguran que efectivamente ocurrió e incluso puede afirmarse dentro de uno de los boletines de la Universidad; y pese a que no hay un documento certero que avale la historia, muchos seguiremos creyendo en esta versión y otros no.

Así es la vida misma, hay veces en donde nos detenemos con tal de analizar fríamente las cosas; buscamos bases y fundamentaciones sobre un tema que quizás es trascendente, o quizás no, pero aun así nos detenemos porque pensamos mucho en lo que tenemos en nuestras manos. Ésa es la parálisis ante el análisis de los factores y el rebusque de lo que está bien y lo que puede salir mal. Pero ¿saben?, hay ocasiones donde tenemos que lanzarnos al vacío, dejando esa maravilla llamada zona de confort. Estamos en el momento preciso para aventurarnos con esa idea de negocio, pues aunque le demos vueltas y creamos que nos falta algo por analizar, siempre va a ser así. Siempre habrá algo que nos detenga, algo que nos frene; e inclusive así, tenemos que lanzarnos.

No podemos quedarnos siempre como espectadores, no podemos creer que la vida sólo es increíble del lado del que estamos. Es momento de dejar de sentir esa comodidad para empezar un nuevo camino. Terminamos 2018 como originalmente somos; ahora es momento de lanzar una nueva versión de nosotros mismos, una mejorada, llena de ideas positivas y de ganas de intentar algo nuevo. Alguien que no se detenga y que no se paralice ante las adversidades, que luche por sus sueños, porque como dicen por ahí La zona de confort es un hermoso lugar… pero nada crece ahí.

La suerte de creer que tenemos suerte

Lectura: 3 minutos

Leer antes del 1 de diciembre

Conozco dos tipos de personas: los que dicen que creen en la suerte y los que no. Los primeros, afirman que tener suerte tiene o tendría que ver con el desarrollo de ciertas acciones o actividades que de una u otra manera “atraen” la buena fortuna, creando rituales que permiten obtener extraordinarios resultados. Así, he escuchado de empresarios que sólo firman con cierta pluma, o los que se visten con un color específico para cerrar un nuevo negocio. Todo esto tiene su razón de ser, porque a ellos les da suerte y creen que funciona. Hay otros que aceptan que la suerte se presenta para quienes trabajan por la belleza de sus sueños, los que juntan ingenio con trabajo y astucia; los que mientras más trabajan, más tienen suerte y los que buscan hacer cosas distintas para obtener resultados diferentes; ¿a cuál grupo le irías tú?

Aunque no está comprobado aún, no existe en el genoma humano nada que desarrolle buena suerte, no hay un brebaje, ni un artilugio que nos ayude, pero entonces ¿por qué seguimos creyendo en ella? Simple: porque en algún momento de nuestra vida va a funcionar y, de hecho, no estamos del todo equivocados. Según Richard Wiseman, un psicólogo inglés sumamente reconocido afirma que la suerte no existe, “pero la podemos invitar a quedarse con nosotros por un tiempo determinado.” ¿Quieres saber cómo?

Wiseman, en su libro “El factor de la suerte”[1], ha demostrado que en realidad no nacemos con suerte o sin ella. En dicho título afirma que la suerte no es una especie de magia, más bien tiene que ver con un factor desarrollado por nosotros mismos: la actitud. “Las personas afortunadas tienden a ser más abiertas de mente, sonrientes y tranquilas, mientras que los desvalidos o las personas tímidas viven en lo profundo de su ansiedad, se muestran tensos y se sienten infelices. Todo afecta las decisiones que toman los dos grupos, las oportunidades que aprovechan y la suerte que obtienen”. De esta manera, lo primero que tenemos que cambiar es NUESTRA ACTITUD y mantenernos atentos a las señales del universo, el azar y las causalidades. Según el libro, hay cinco actividades básicas para “atraer” la suerte, las cuales son:

  1. Escuchar nuestras “corazonadas”. Estos pre-sentimientos son una especie de bolsa que tenemos en nuestro subconsciente, donde guardamos experiencias, recuerdos, reacciones y en sí, todo el conocimiento que nos puede ayudar a tomar decisiones. Entendiendo dichas señales, podemos escucharnos y conocer de antemano el resultado. ¿No te “late” ese prospecto a socio? ¿No crees que sea buena opción ese negocio? ¿No hay química con ese colaborador? Haz caso a tu interior. Seguro tomarás mejores decisiones si te escuchas.
  2. Pensar positivo. Está comprobado que la energía de los seres humanos disminuye al pensar negativamente, y si la mente sólo vibra de forma positiva, se incrementa dicha energía; dando como resultado que una persona con mayor vibración positiva tenga “suerte” y gane la lotería, obtenga un nuevo trabajo o mejore su sueldo.
  3. Dejar de ser negativ@. En épocas de cambio abunda el pesimismo, pero en realidad lo que ocurre es que hay expectativas que no se cumplieron. ¿Votaste por el candidato que perdió? Asume la realidad. De nada sirve quejarse por todos los rincones y ver con malos ojos cualquier iniciativa.
  4. Maximizar las posibilidades. Nuestro contexto está formado por vivencias particulares, las cuales también son las encargadas de limitarnos causando el miedo y la ansiedad de vivir algo nuevo. Por ese re-aprendizaje se han perdido ideas, soluciones y posibilidades. La pregunta aquí sería ¿qué tanto puedes perder? ¡Hay que animarnos a ampliar el panorama!
  5. Esperar la buena suerte. Los expertos en probabilidad calculan que cada persona en el universo tiene posibilidades buenas y malas para encontrarse frente a frente con la suerte. Si unimos la actitud positiva, con nuestra capacidad de reponernos ante lo malo y encima trabajamos todos los días para alcanzar el éxito. ¿Quién lo impediría?

Debemos dejar a un lado la visión negativa del país y enfocarnos en lo que debemos hacer por NUESTRO entorno, nuestra propia realidad. Si vamos a definir nuestra historia, hagámoslo bien. No hay que temer a lo desconocido, ¡al contrario! Hay que aventarnos y trabajar arduo para que la suerte nos encuentre enfocad@s en CREER que tenemos suerte. Seguro la tenemos. Seguro todo cambiará a partir del 1 de diciembre, pero para bien.

Recuerda que hemos crecido como nación a base de retos, discriminación, pesimismo y aún con lo malo, salimos adelante. Guillermo del Toro lo hizo cuando le dijeron que a nadie le importaba una historia como la de un monstruo enamorado de una sordomuda… ¿Crees que tuvo suerte? ¡No! Trabajó muy duro en crear la mejor película del año y el reconocimiento por fin llegó. Así, todos los días debemos ser extraordinarios para lograr todos nuestros sueños y la suerte estará de nuestro lado.  Ray Kroc, el padre de las franquicias modernas, decía al respecto que La suerte es un dividendo del sudor. Cuanto más sudas, más suerte tienes, y seguro no estaba equivocado.

[1] “The luck factor”, Wiseman Richard. Talks Books, 2003.

El extraño caso de las empresas que murieron de éxito

Lectura: 4 minutos

Era mejor cuando era peor…
 Valeria Ciminari.

Había una vez un joven experto en un tema de tecnología. Su experiencia le había dado la posibilidad de trabajar para una empresa bien posicionada. Luego de ahorrar varios años, y después de estudiar en otro país, decide aventurarse en el negocio de su vida. Su idea es simple: Al inicio se rodea de gente experta en negocios, mentores profesionales y de colaboradores con dos cualidades indispensables: aptitud y actitud. Como si fuera un manual escrito con letras de oro, conoce a diversos empresarios que le aconsejan y le advierten sobre el mercado y las mejores prácticas útiles para el negocio. La operación inicia de manera modesta, con un par de productos que logran cautivar una buena parte del mercado nacional e internacional. Las ventas explotan y los resultados son inmejorables. Como nuestro protagonista ha estudiado sobre el tema y ha escuchado a sus mentores, invierte las ganancias una y otra vez, logrando en poco tiempo una curva ascendente de capital reinvertido en nuevos colaboradores, nuevas instalaciones e insumos de última generación. Sin avisar, un día la empresa cierra sus puertas y avisa a todos los colaboradores que el costo de las operaciones es insostenible… Pero, si todo iba bien, ¿no?

¿Cuántas veces hemos visto esta historia? Una donde la empresa da pasos agigantados hacia el éxito, pero, de un día para otro, tropieza y cae. Les voy a responder sinceramente: casi siempre.

Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía del año pasado, dos de cada tres empresas mueren en sus primeros cinco años de operación. Esto por factores que van más allá de conocer, o no, un plan de negocios.  Muchas de ellas sucumben ante la misma posibilidad de éxito, al no tener manera de conseguir salir a flote en cuanto a gastos de operación. La fórmula fracasa cuando no hay manera de cubrir estos gastos; recordemos que, en México, el 99.8% de las empresas son consideradas pymes y generan el 75% de los empleos del país (INEGI, 2017). De acuerdo con el Reporte de Crédito de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas en México[1], las empresas de este rango carecen de velocidad para comercializar sus productos, así como de escalabilidad. Este reporte indica que las ventas se estancan junto con las propuestas para acceder a un crédito que impulse el potencial de la empresa, lo que termina por hundirla.

Esta falta de soluciones crediticias tiene un peculiar desenlace: al no ser capaces de generar mayor producción, las empresas pueden llegar a vender sus productos o servicios en condiciones de cobranza inalcanzables para su punto de equilibrio; vendiendo a crédito de cuarenta y cinco, sesenta, noventa e, incluso, ciento veinte días después de la venta, lo que empieza a tambalear la operación y desencadena quejas con los clientes. Así es como la gran mayoría de las empresas declinan su crecimiento y frenan la velocidad de sus ventas; por ello, y ante la imposibilidad de acceder a créditos que ayuden a solventar los gastos operativos más comunes (nómina, impuestos, servicios de luz, agua, gas, etc.), los empresarios optan por cerrar lo que un día se vislumbraba como el negocio más prometedor.

Fracaso de empresas.
Imagen: Pinterest.

En otro escenario internacional, hay ocasiones en las cuales las empresas crecen a ritmos tan acelerados que terminan por extinguirse con la misma rapidez con la que fueron creadas. Una joven con sueños increíbles diseña una solución que revolucionará todos los procesos médicos para obtener diagnósticos precisos, en poco tiempo. En este caso, la apuesta por el financiamiento comunitario es la opción más viable para generar una empresa de investigación millonaria en poco tiempo. La empresa nace con una suerte inmejorable, adquiere fama por brindar soluciones fuera de lo establecido (disruptoras) y es fondeada por inversionistas de talla mundial. Esta empresa levanta capital millonario para presentar sus productos finales a los inversionistas y, de pronto, todo cae abruptamente, por falta de veracidad. El resultado es que un grupo de inversionistas exige de vuelta sus millones de dólares al no obtener el resultado prometido.

En ambos casos, nos enfrentamos con empresas que mueren de éxito por la velocidad del mundo actual. La falta de recursos y veracidad son dos de las funciones críticas de cualquier empresa innovadora y por ello suelen ser historias dignas de contarse. En el primer caso, la falta de opciones para un crédito y, en el segundo, el no contar la verdad a los inversionistas terminaron con la vida de dos empresas prometedoras.

¿Qué aprendimos de estos casos?

  • Si el empresario no se pregunta: ¿qué pasaría si mi empresa crece al doble en los primeros seis meses?, está destinado a fracasar.
  • Debemos pensar fuera de la caja e imaginarnos escenarios óptimos, pero también hay que crear un plan por si la empresa crece a ritmos extraordinarios.
  • Mentir a los inversionistas jamás traerá algo bueno a las empresas. Por muy “piadosa” que sea la mentira, ésta saldrá a la luz en algún momento determinado.

Emprender siempre llevará un riesgo, pero si nos preparamos ante los diversos escenarios, puede ser que soportemos mejor la caída. La idea es levantarnos lo más rápido posible y reivindicar el rumbo para empezar otra vez, tal vez desde cero, pero con conocimiento de causa. Lo ideal sería no caer, pero si es así, tenemos que estar preparados, limpiarnos el polvo de las rodillas y emprender de nuevo, ahora sí, con pleno conocimiento de lo que implica acelerar desde cero a cien kilómetros por hora. Mario Andretti solía decir que “Si todo parece bajo control, es que no llevas bastante velocidad”.

Referencias:

[1] Estudio realizado por Konfío, agencia de crédito especializada en pymes.

Los tibios y el tercer sector 

Lectura: 4 minutos

En la prefectura de Kanagawa (Japón) existe un parque natural llamado Kodomo no kuni, dedicado a los niños. En uno de sus rincones existe un monumento a un scout desconocido, quien, durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió al ejército de su país. En una de las batallas decisivas, se enfrentó a un soldado estadounidense herido. Éste hizo un saludo particular y se desmayó al ver que se acercaba su muerte pero, al despertar, sus heridas estaban curadas. Observó a un lado un pequeño trozo de papel con un mensaje extraño. Fue atendido en un hospital, donde le tradujeron el contenido que decía más o menos así: Yo soy el soldado japonés que intentó batirte con la bayoneta, te vi saludar como lo hacen los scouts y me has recordado que yo era también uno de ellos. Los boy scouts son hermanos, y es imperdonable matar a un soldado herido, por lo cual te he dado primeros auxilios, buena suerte.  

Este cuento o historia habla de la bondad de la gente, en cualquier parte del mundo, y como ésta, hay miles de anécdotas parecidas, algunas más conocidas que otras, pero siempre hay una que nos ejemplifica que, en realidad, hay más personas buenas que malas en el mundo. Lo que creo es que hay muchas personas tibias y ésas son las que terminan por arruinarlo todo… Pero, déjenme explicarlo de una manera más profesional, de manera empresarial.

En la economía actual, hay tres sectores industriales reconocidos por la mayoría de las escuelas en el mundo: el sector privado, representado por las empresas, cuya finalidad es, precisamente, que sean lucrativas; el sector público, refiriéndose a todas las actividades que tienen que regularse por administraciones, como las organizaciones gubernamentales; y, finalmente, el tercer sector, el cual está formado por organizaciones no lucrativas o no gubernamentales. Es decir, aquellas fundaciones, organismos internacionales y cualquier tipo de empresa dedicada a apoyar alguna causa social, que ayude o impacte para mejorar la calidad de vida de una persona o más.

causas sociales
Imagen: Nextews.

Estas empresas y ONGs tienen que presentar ciertas características para que sean consideradas como parte del Tercer Sector[1]:

a) Deben estar organizadas formalmente.

b) Sus fundadores pueden ser parte de la esfera pública o privada.

c) Los fundadores no deben repartir ganancias, es decir, debe ser NO LUCRATIVA, pero, en caso de obtener dinero, debe ser reinvertido en la organización.

d) Deben ser capaces de autogobernarse, autocontrolarse y autosustentarse.

e) Las organizaciones deben ser de participación voluntaria.

Entonces, si tomamos en cuenta la última característica, nos daremos cuenta que la clave está, precisamente, en la capacidad que tenemos como VOLUNTARIOS.

En México, se estima que alrededor del 0.4% de la población ha formado parte de una organización voluntaria o ha participado en acciones altruistas, es decir, sin ánimo de lucro. Aun cuando el Centro Mexicano para la Filantropía realiza cada siete años un estudio que mide la participación ciudadana, y ha arrojado, entre otros datos de interés que, en el año 2005, el 66% de los mexicanos se mostraba interesado por realizar acciones o participar como voluntarios, mientras que, en el año 2012, ese índice creció 9%, es decir, tres cuartas partes del total de los encuestados.  ¿Por qué si la mayoría de la gente está decidida a ayudar, no lo hace?  La respuesta es simple: porque es tibia de corazón[2].

filantropía

Son tibios de corazón aquellos que no se deciden. Los que “dejan para mañana lo que pueden hacer hoy”, los que quieren tener resultados excelentes, haciendo lo mismo.  Los que planean mucho y no llevan nada a cabo. Esos soñadores que tienen muchas ideas en la cabeza, pero cuando se disponen a hacerlas realidad, no se animan.

Si tomamos en cuenta nuestro primer párrafo donde hablábamos del soldado que salvó a su enemigo, y lo trasladamos a las cifras actuales de México de interesados en realizar labores voluntarias, podemos afirmar que SOMOS MÁS LOS BUENOS y que es preciso sacudir esa tibieza de corazón que nos detiene a irnos por el camino “fácil” o el ya recorrido, esa tibieza que nos impide tomar decisiones concretas, certeras y tajantes. “Dejamos a la cajera, porque nos roba… pero poquito”; o, “no lo corro, porque no me sirve mucho, pero tampoco me estorba tanto.” O, la clásica, “nos da problemas, pero a veces nos ayuda”. No debemos permitir que la tibieza nos alcance. Tenemos que formar empresas y organizaciones con personas interesadas en servir a la sociedad, que sepan qué hacer en momentos clave, como el del soldado que reconoció a su compañero, pese a las diferencias culturales. Necesitamos ser más los buenos y no rendirnos, porque sólo los verdaderos apasionados son los locos y los valientes que logran cambiar el mundo. El ministro bautista estadounidense Billy Graham decía al respecto: “La valentía es contagiosa. Cuando un hombre adopta una posición firme, las columnas vertebrales de los demás se enderezan también.”

Referencias:

[1] Estudio  comparativo  internacional  liderado  por  el  equipo  de  la  Universidad  “Johns  Hopkins”, de  Baltimore.
[2] “Tercer sector y desarrollo en México”, Jacqueline Butcher, Colección de libros Problemas del desarrollo, UNAM, 2015.

Agustín de Iturbide y el emprendimiento

Lectura: 4 minutos

Cuando las cosas no son como deberían ser

«¡Mexicanos!, en el acto mismo de mi muerte, os recomiendo el amor a la patria y observancia de nuestra santa religión; ella es quien os ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros, y muero gustoso, porque muero entre vosotros: muero con honor, no como traidor: no quedará a mis hijos y su posteridad esta mancha: no soy traidor, no» (Agustín de Iturbide, antes de ser fusilado el 19 de Julio de 1824).

En 1821, recién consumada la Independencia de México, Agustín de Iturbide se proclamó Emperador del país, acción que miles de seguidores vieron como una traición a sus ideales y principios. Pero vayamos más atrás, mucho más atrás, desde el nacimiento de este hombre a quien historiadores y expertos en historia de México consideran el otro “padre de la patria”.

emperador de México
Coronación de Agustín I (Imagen: https://independenciademexico.com.mx).

Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburu, el nombre completo del primer emperador mexicano, nació en 1783, en la ciudad de Valladolid, lo que hoy se conoce como Michoacán. Su familia era una de las más acaudaladas en la Nueva España, al poseer diversas haciendas y comercios, de manera que se les conocía como parte de la nobleza de la época. Aunque desde joven participó del otro lado de la historia, formó parte del Ejército Realista (españoles) persiguiendo a los insurgentes en diversas batallas. Aunque al final, se unió a la causa del cura, estaba en contra de las órdenes que en ocasiones dejaba en manos de los ejércitos de campesinos y gente que desconocía en gran parte las estrategias y el orden militar, por lo cual saqueaban todo a su paso y eliminaban de igual forma a soldados, como a la población civil.

Él no estaba de acuerdo en que se tornara tan sangrienta la lucha, de hecho, se negó a aceptar el cargo de teniente general que Hidalgo le había ofrecido después de una de las batallas, argumentando que “la independencia no se puede conseguir con masacres, ni con baños de sangre”.

independencia de México
Imagen: www.dias-festivos-mexico.com.mx

Tal vez por su conocimiento en el ámbito militar o por su experiencia en el campo de la administración, dentro de las propiedades comerciales de sus padres, creía que la violencia generaría más violencia y que podía modificar este rumbo de la historia si se creaba un plan en el que todos los estratos de la sociedad fueran incluidos para tomar las decisiones de un país que apenas nacía. El Plan, originalmente creado en Iguala, fue el documento que definía la formación de un imperio, e invitaría a los Reyes de España a formar parte de ello. Esta capacidad de mediador fue de gran ayuda para lograr ese sueño de independencia y entrar a la Ciudad de México con el Ejército Trigarante.

Pero conforme pasó el tiempo y ante hechos adversos, la historia de Iturbide pasó de ser el héroe de la independencia al villano con un acto de “traición a la patria”, al proclamarse emperador de México. La realidad histórica va un poco más allá, ya que diversas causas apuntan a que las condiciones del país naciente no eran óptimas para declararse como una República Democrática, más bien, él creía que una monarquía sería menos compleja a la hora de organizarse como nación y así como hay personas que no apoyan nuestras decisiones a la hora de emprender; él se topó con una parte de la sociedad que estaba en contra de la formación de un imperio en México e incluso, a sabiendas de esto, fue nombrado Emperador, el primero y el único de la historia mexicana.

emperador
Agustín de Iturbide (Imagen: https://independenciademexico.com.mx).

Poco tiempo después de nombrarse emperador,  Agustín I tuvo que abdicar y exiliarse en Italia junto a su familia. Al año siguiente, vuelve con la intención de avisar al gobierno sobre una posible conspiración española para reconquistar México, pero al llegar es encarcelado y fusilado, ya que durante su ausencia se le nombró enemigo público y se prohibió su entrada al país.

El panorama histórico que vivió Iturbide y su historia son similares a los de cualquier emprendedor que se enfrenta a la adversidad. De hecho, Iturbide podría considerarse uno de los primeros emprendedores en la lucha de Independencia, porque recordemos que la definición precisa de emprendimiento es el “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro.”[1] Su empresa fue precisamente forjar las bases para lo que hoy es nuestro país y de la misma manera que a muchos de nosotros nos han negado la oportunidad de llevar a cabo nuestros sueños, Iturbide nos demuestra que a pesar de que estés haciendo las cosas bien, siempre habrá detractores que te juzguen por tus ideas.

Al final, sean buenas o malas empresas, tenemos que lanzarnos a emprender con conocimiento de causa y con un equipo, un ejército o un país completo. La intención es llegar lejos siempre.

Referencias:

[1] Real Academia Española.