El mundo es más que solo la esfera terrestre

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El mundo es la suma total de nuestras posibilidades vitales.
José Ortega y Gasset.

Desde el punto de vista etimológico, la palabra “mundo”, proviene del latín mundus; que significa: Orbis terrarum sphaera. “Esfera terrestre”. / Summa copia, quantitas. “Abundancia de una cosa”. / Cunctus orbis. “Todo el mundo”. Que, en mi opinión, se puede interpretar como todo lo que contiene la esfera terrestre.

Existen dos dimensiones fundamentales en las que se puede encerrar la expresión de mundo, que sería:

1) Lo que existe en el planeta tierra en cuanto a la naturaleza y lo que de ella emana, que es lo exógeno, o lo que está fuera del ser humano;

2) Lo que es propio a la existencia de los seres humanos en cuanto surge desde su interior en un vínculo con lo sobrenatural que es lo endógeno.

Al mundo, entonces, dentro de estas dos grandes distinciones en la que interactúa el ser humano, se le puede situar en otros dos relieves: el interés científico y el interés espiritual.

mundo y ser
Ilustración: Luis Demano.

El científico se refiere a lo que se observa, lo que se indaga, es decir: de dónde, cómo, desde cuándo, por qué y para qué existen los diferentes componentes; a partir de ello, es cuando el homo sapiens que es el “sabio” o “capaz de conocer”, logra conclusiones sobre su existencia, aunque aún sin ser acabadas desde esa dimensión científica; desde ahí observa la naturaleza en la búsqueda de la verdad, provocada en principio por la simple curiosidad y, luego, la curiosidad científica para poder explicar lo que no puede explicarse a simple vista. El científico busca un sentido objetivo a la existencia desde una cosmovisión racional.

En el segundo caso, lo espiritual, implica un encuentro del ser humano con su dimensión natural como, por ejemplo, la conexión particular que puede tener con el arcoíris. Todo está hecho para el crecimiento suyo en medio de retos constantes para el disfrute de cuanto existe. Se crea un vínculo estrecho con el que, la comprensión del mundo no radica en lo que se toca sino en lo que se siente que es diferente. Es decir, no en la evidencia material sino en el alma reconfortada en una casi perfecta tonificación.

Ambas dimensiones llevan al mismo camino, que es el ser humano aprovechando la naturaleza en su camino para la perfección en su doble dimensión. Sin embargo, un gran sector piensa que es para servirse de ella, mientras que para otros, es al revés, servirle a ella.

Esta diferencia y falta de comprensión ha formulado desigualdades, desencuentros y despropósitos. Porque si bien lo científico es para interpretar la existencia desde lo objetivo, para explicar el sentido de la vida del ser humano y su entorno, lo espiritual es para equilibrar al ser humano consigo mismo, con su ambiente, dentro o fuera de la esfera terrestre a la que el ser humano no sólo debe admirar, sino respetar, cuidar, amar; el mundo que no cuidamos lo estamos destruyendo a partir del pensamiento que lleva a la acción.

El mundo que es la creación, la tierra, el planeta, todo el globo terráqueo, encierra la humanidad, y el mundo que cada quien lleva dentro de sí es la sociedad.

meditacion social
Ilustración: Rachel Levit.

La humanidad no deja de descomponerse. Sin embargo, con todo y los desastres e inclemencias del mundo, no ha sido aún aniquilada ni con bombas ni con los rayos del cielo. Requerimos cambiar de ruta con un gran giro de timón por parte de cada uno de nosotros.

La naturaleza, la humanidad, la vamos a ir desapareciendo si, quienes en franca inhumanidad, la van aniquilando con agravios, guerras, políticas vacilantes, hasta con actos y discursos demagogos.

Los congresos mundiales, los diferentes encuentros como los que frecuentan en la Organización de la Naciones Unidas (ONU), por ejemplo, van quedando en propósitos para cumplir en plazos interminables y agotadores. El mundo sigue un rumbo acelerado donde paradójicamente se elevan protestas, se censuran conductas, se señalan faltas; las órdenes religiosas y filosofías humanistas apelan a que los humanos cambiemos nuestras formas de pensar, ser, actuar; pero nada ha sido suficiente.

Debemos no únicamente “ver”, también “mirar” lo que ocurre; requerimos desprogramarnos de la programación inconsciente para el exterminio al que hemos sido sometidos con el lavado de cerebros. La humanidad es mucho más de lo que existe y se manifiesta dentro de la esfera terráquea, su potencial requiere despertar del letargo de la sensibilidad.

Ésta que ya ha arrastrado a una conducta gélida, tanto de quienes con sus propias manos aniquilan el mundo como de aquellos que se cruzan de brazos tras discursos lisonjeros.  


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