Lebaron

Los otros García Luna

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Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, afirmó que esta administración no tendrá un García Luna. “Podemos darle certeza, a ustedes y al País, de que entre el equipo de primera línea del Presidente de la República no se va a encontrar jamás a un García Luna”, afirmó en el marco de una reunión con el cuerpo diplomático mexicano. Es un compromiso tan singular como relevante. Casi al mismo tiempo, la familia LeBarón fue notificada de la existencia de cuarenta sospechosos involucrados en la masacre de esa familia en noviembre del año pasado. Resta investigar si, entre esos sospechosos, u otros que puedan surgir producto de investigaciones posteriores, hay o no funcionarios públicos locales. Concretamente importa saber si una o varias autoridades fueron responsables por acción y omisión de una atrocidad de este tamaño.

Las declaraciones de Durazo son interesantes a la luz del caso de los LeBarón. Por un lado, el Secretario se limita a hablar de la “primera línea del Presidente”. No expandir ese rango implica un reconocimiento implícito e indirecto de que, en la medida en que la dimensión es más local, más se escapa el control de confianza. Así, garantiza que no habrá un “García Luna” en ese espectro del gobierno federal y de alto nivel, pero le es imposible hacerlo para el nivel local. Por otro lado, la imagen de García Luna como eslabón que encadena el mundo legal con el criminal en un contexto como el de la guerra contra el narcotráfico, es en realidad la prueba de que ambos mundos se encuentran efectivamente vinculados. Si García Luna es la prueba más gráfica y notable de ello, los “pequeños” García Luna, funcionarios menores en las localidades concretas, son quienes habilitan esa concatenación un día sí y el otro también.

Genaro Garcia Luna tribunal de Nueva York
Imagen_ Línea Directa.

Los LeBarón fueron claros. Piden y han pedido que se investigue el porqué las autoridades tardaron tanto en reaccionar. Además, a pesar de que los “llenaron con poquita esperanza” con la información que recibieron, también reconocen desconfianza en las investigaciones oficiales. Cuántos García Luna tiene la administración pública mexicana es una pregunta tan relevante como incontestable en las actuales condiciones. Sin embargo, si sólo se puede transmitir confianza al nivel federal, esto refuerza la idea de un modelo de seguridad también a ese nivel. Olvidar el nivel local supone renunciar a un proyecto sustentable de construcción de paz. Si las localidades no cuentan con autoridades capaces de generar investigación criminal de calidad, y en general procuración efectiva de justicia y reparación de daños, entonces seguiremos apelando a guardias nacionales, gendarmerías, y en general cuerpos militares o militarizados con funciones de seguridad pública.

El tipo de violencia que afectó a los LeBarón y que ha afectado a tantas víctimas a lo largo del país la realizan redes criminales. Es un error pensar que estas redes no incluyen a funcionarios públicos. Esos son los “pequeños” García Luna que el Secretario promete no tendrán, pero sólo en la línea cercana al presidente. El día que esa promesa pueda hacerse en los tres niveles de gobierno, ese día se darán pasos sólidos hacia la procuración de justicia. Después tendrá que venir la atención permanente a víctimas, la restauración y construcción de una memoria, así como el asegurar que lo ganado no se pierda. En otras palabras, todavía son muchísimos pasos por delante. Nos viene bien que no haya otro García Luna en el círculo cercano del presidente, pero nos vendrá mucho mejor que así sea en todo el país.

La visita del Fiscal

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El fiscal general de Estados Unidos viajará a México para abordar el tema de seguridad en las fronteras y revisar la estrategia del gobierno de López Obrador.

Meses de tensión se vivieron en México cuando el presidente Donald Trump lanzara amenazas en contra de su vecino del sur, condicionando aranceles a toda mercancía mexicana si el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no lograba frenar el flujo migratorio en su frontera con Estados Unidos.

En reacción, el gobierno de López Obrador inició negociaciones con autoridades de Washington para lograr un acuerdo migratorio que no pusiera en riesgo la estrecha relación comercial entre México y Estados Unidos.

En seguimiento a los compromisos que el canciller Marcelo Ebrard obtuvo para frenar el flujo migratorio y asegurar la seguridad en las fronteras, el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, viajará a México en la tercera semana de enero de 2020.

La tensión por la familia LeBaron

A finales de 2019, Barr visitó México para reunirse con el presidente y otros altos funcionarios de su gobierno, días después de que Donald Trump aseguró que quería incluir a los cárteles mexicanos de la droga en una lista de grupos terroristas.

“Vamos a recibir la próxima semana el procurador de los Estados Unidos (Barr) porque convenimos en tener una reunión en estas fechas y para tener metas comunes”, dijo el martes el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard.

“El tema es qué va a poner Estados Unidos como esfuerzo correlativo a lo que México hace todos los días. Y ese va a ser el tema central: armas y dinero”, agregó sobre el combate contra el crimen organizado.

Las preocupaciones sobre la violencia de la delincuencia organizada crecieron a fines del año pasado, luego de que hombres armados asesinaron a tres mujeres y seis niños de una comunidad mormona México-estadounidense en el norte del país.

El episodio, que generó indignación dentro y fuera del país, siguió a un fallido operativo para capturar a un hijo del famoso narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán.

El gobierno de López Obrador culpa del espiral de violencia, en parte, al tráfico de armas desde su vecino del norte, donde se pueden obtener rifles de alto calibre, desde que el gobierno de George W. Bush eliminó en 2004 una prohibición para su libre comercialización.

Marcha opositora entra a Palacio Nacional

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Parte de los organizadores de la marcha del 1° de diciembre en contra del gobierno federal se reunieron con AMLO.

El pasado 1° de diciembre mientras la administración de Andrés Manuel López Obrador conmemoraba un año de su inició de gobierno la oposición a la denominada 4T marchaba sobre reforma, dicha protesta contó con la participación de las familias LeBarón y Langford quienes exigen justicia por el asesinato de nueve de sus familiares.

24 horas después de la marcha más de 30 integrantes de familia LeBarón tuvieron un encuentro con el presidente de México en donde de acuerdo con Notimex, Adrián LeBarón, anunció que le solicitaría al mandatario que tanto él como su hermano Julián sean nombrados embajadores cívicos por la paz.

Explicó que se trata de un proyecto que ya han madurado en la región de Sonora, donde viven, y se trata de sentar las bases para tener municipios en paz por todo el país, donde la infraestructura, la tecnología, la seguridad y el trabajo lleven a la comunidad a la prosperidad en armonía.

Al finalizar el encuentro el representante de la familia, cuyos integrantes cuentan son doble nacionalidad, (estadounidense y mexicana) y quienes fueron señalados como impulsores de la posibilidad de que Donald Trump califique como grupos terroristas a los carteles mexicanos de las drogas, aseguró que ni él ni su familia pidieron la intervención de Estados Unidos en suelo mexicano y acusó que la prensa “lo malinterpreto”

LeBarón se dijo contento porque no les dieron “atole con el dedo” sobre las investigaciones del asesinato.

“Sí hay avances, estamos contentos con los resultados de la investigación hasta hoy, pero no podemos decir más porque es peligroso, incluso para nosotros mismos”, declaró brevemente afuera del Palacio Nacional.

“Tenemos una reunión con él (López Obrador) en un mes. Yo sé que esto es con calma y estamos dispuestos a esperar”, expresó.

Adrián LeBarón dijo que sí vio compromiso del Gobierno Federal, aunque afirmó que el propio presidente reconoció la dificultad del caso durante la reunión a la que asistieron el fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, los titulares de las secretarías de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon y de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Por su parte Julián LeBarón calificó como positivo el encuentro con el titular del Ejecutivo Federal, en la que les presentaron los avances de las indagatorias del ataque ocurrido el pasado 4 de noviembre, en el municipio de Bavispe, Sonora, en los límites con Chihuahua.

Con información de Notimex.

Cooperación sin antagonismo contra el narco

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Marcelo Ebrard dijo que se reunirá con el fiscal de Estados Unidos para enfrentar la crisis causada por el caso Lebarón y el narco en la frontera norte de México.

Después de que el presidente Donald Trump anunciara que designará al narco como terrorismo, la tensión diplomática entre México y Estados Unidos volvió a agudizarse, representado un nevo reto para el canciller mexicano Marcelo Ebrard y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

El llamado de México en voz de Marcelo Ebrard fue a favor de una mayor cooperación con Estados Unidos en materia de combate al tráfico de armas y de dinero de origen ilícito, por lo que se promueve una reunión con altos funcionarios del gobierno de Donald Trump para dar pasos firmes en el combate a la delincuencia organizada.

“Lo que necesitamos ante las organizaciones es más cooperación mutua, no elementos de diferenciación o antagonismo entre los dos países, porque eso no nos va a llevar a nada, no nos va a servir”, apuntó el canciller en la conferencia matutina del viernes 29 de noviembre.

la posible designación de los cárteles mexicanos como terrorismo se da después de la masacre de nueve miembros de la familia LeBarón el 4 de noviembre, en Bavispe, Sonora. Las tres mujeres y los seis niños que murieron en un ataque armado tenían nacionalidad mexicana y estadounidense.

Veinte días después, miembros de esa familia publicaron una petición en el portal ‘We The People’, una plataforma de la Casa Blanca, en la que solicitaron al Gobierno estadounidense la designación para los cárteles mexicanos como grupos terroristas.

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México puede hacer justicia en caso Lebarón

“México convencerá al gobierno de Estados Unidos de que el país puede hacer justicia en el caso de la masacre a la familia Lebarón”, dijo el presidente López Obrador al ser cuestionado el viernes sobre el tema.

“Y pensamos que, con la información, cooperación, diplomacia, la persuasión, vamos a llegar a un acuerdo en este tema. Nosotros no queremos intervencionismo de ningún gobierno del mundo, somos respetuosos de la vida interna de los países y eso queremos hacerlo valer”, señaló.

El primer mandatario mexicano ha asegurado que su homólogo estadounidense, con quién presume tener buena relación, ha sido respetuoso de la soberanía de México y sólo ha ofrecido su apoyo y cooperación en la estrategia interna de su gobierno.

“En las conversaciones que hemos tenido él (Trump) ha hecho propuestas de cooperación y al mismo tiempo ha sido respetuoso de la decisión que nosotros tomamos como país libre, independiente, soberano”, comentó.

“Piénsenlo y, si se necesita ayuda, llámenme”, fue lo que Donald Trump ofreció a López Obrador en llamada telefónica. “Entonces no le he llamado”, dijo AMLO.

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Abominación de conmoción global

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A principios de esta semana, concretamente el 4 de noviembre, la humanidad ha padecido una sacudida a las conciencias –de una u otra manera– con el atentado criminal que dejó como resultado el asesinato de nueve integrantes de la familia LeBarón, en el norte mexicano, en el tránsito de Chihuahua a Sonora. Autoridades que investigan el caso dejan entrever, como principal hipótesis, que hubo una confusión en el atentado a la familia mexicana-estadounidense con filiación mormona, pues afirma que esta actividad delictiva había sido planeada como una emboscada entre bandas rivales relacionadas al narcotráfico, algo que niegan los parientes.

En un principio, esta noticia es un reflejo de cómo muchas veces en nuestra región latinoamericana, la autoridad es rebasada, por ejemplo, en estrategias de grupos al margen de la ley que atentan contra la seguridad ciudadana, pero también en la pérdida progresiva de territorios (lo que obviamente se traduce en una regresión hacia la “ley de la selva”, producto de la falta de intervención preventiva y reactiva de los estados como los nuestros en la afirmación de una verdadera soberanía, y es aquella que busque asegurar que la ciudadanía y los habitantes de una u otra demarcación tengan la garantía de desarrollar sus diversas actividades cotidianas sin temor de ninguna naturaleza).

Desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo,se quiere desmarcar de los señalamientos ante cierta indefensión de amplias capas poblacionales, al dejar entrever que el armamento “es de fabricación y procedencia norteamericana”, poniendo de nueva cuenta en el debate público una solución integral ante el tráfico de armas. Ya observamos la retórica “menos migración” desde el sur mexicano (exigencia estadounidense) y, menos armas desde el norte estadounidense (exigencia azteca) a finales de la reciente primavera, en el contexto de una crisis migratoria que crece y decrece, producto de la mayor o menor amplitud o volatilidad desesperanza en estos grupos humanos.

A mi parecer, el deleznable acto criminal contra seres humanos amerita repensar los territorios (tanto físicos como del pensamiento), pues observamos que las rutinas periodísticas han sido –en mayor o menor medida– “remecidas” por información como ésta, que pone en tela de duda la legitimidad y el fiel cumplimiento, como una obligación constitucional, del servicio público de las fuerzas del orden a favor de la seguridad e integridad ciudadanas.

Tolerancia.
Ilustración: Tolerance.org.

Por otra parte, el siempre polémico Donald Trump ha endurecido su discurso y ha ofrecido apoyo militar a su contraparte mexicana Andrés Manuel López Obrador, para atajar la situación de violencia desprendida desde ese escenario e incluso ayudar a “desaparecer de la faz de la tierra” a los traficantes de drogas, pero parece no importarle el autocuestionamiento que debe hacerse en relación al trasiego clandestino de armas que muchas veces han cuestionado las autoridades mexicanas y son remarcadas ante esta situación. De acuerdo con datos del mes de agosto de la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA), cada año ingresan a la República mexicana (de manera oculta) más de 200,000 armas de todo tipo.

El dignatario estadounidense ha demostrado, por ejemplo, ya sea por acción u omisión, ser simpatizante “a toda costa” de instancias defensoras del derecho a portar armas como la Asociación Nacional del Rifle. En algún momento, en el contexto de macro-eventos de violencia perpetrados en tierra anglosajona, los principales defensores de armar a la ciudadanía, han sugerido en reiteradas ocasiones: “contra un tipo malo armado, un tipo bueno armado”. Lo cual denota una irracionalidad motivada, antepuesta a todo principio lógico de paz, pues como se ha dicho de antaño, “la violencia engendra violencia”, y contra esta sólo se puede avanzar en base al trabajo contra la desigualdad y marginalidad y a través de la integración. Es decir, romper fronteras, no construirlas.

En conclusión, lo que ha pasado en México concierne al mundo en tanto se ha permitido visibilizar la falta de acciones a ciertos eventos violentos como este, pero también posibilita la observancia de que (distraídos en nuestros entornos laborales-sociales como nos encontramos), no nos permitimos muchas veces reflexionar en torno a la necesidad de potenciar y canalizar una mayor exigencia ciudadana en torno a la solución de estos asuntos.     

P.D.: La dinastía LeBarón se establece en corredor fronterizo del lado mexicano a finales del siglo XIX, después de ser perseguidos en Estados Unidos debido a sus tradiciones religiosas mormonas, en particular la vida poligámica.

División de opiniones

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Hasta hace no mucho tiempo, todos los periódicos tenían una página en que hacían una crónica taurina, especialmente los lunes, casi siempre tenía una extensión de una página, algunos diarios la tenían en la sección deportiva y otros en la cultural. La mayoría de la prensa escrita prescinde de la sección actualmente. Se usaba un lenguaje muy particular especialmente para los comentarios de los festejos sucedidos en otras plazas de la República, que tenían que ser breves, concisos y descriptivos, por ejemplo, “faena preciosa”, “estocada en lo alto”, “oreja”; o “buenos derechazos”, “pinchazo en lo alto”, “estocada”, “vuelta al ruedo con fuerza”. Pero se utilizaban dos que, además de muy breves, eran muy descriptivos, uno era silencio, que quería decir que no había interesado a nadie en la plaza, y el otro división de opiniones que significaba que una parte de los aficionados habían aplaudido la faena del torero y la otra lo había silbado, no se sabía si era 50 y 50, o 60 y 40, o 70 y 30. El caso es que una parte lo había ovacionado y la otra lo había abucheado.

         Creo que en este momento desde el punto de vista social y político transcurrimos por un estado de División de Opiniones. Estoy convencido de ello por algunos comentarios surgidos a partir del terrible asesinato ocurrido en los límites de Sonora y Chihuahua, en el que fueron masacrados tres mujeres y seis niños, varios de ellos recién nacidos; sobrevivieron varios pequeños, alguno herido de gravedad, y fueron rescatados después de un terrible periplo de uno de los sobrevivientes. Toda la prensa trató el caso como una verdadera aberración inútil y exagerada, el gobierno ha dado diversas explicaciones y ya detuvo a un sospechoso. Creo que la mayoría estamos de acuerdo que matar, y en particular de la forma que lo hicieron, a tres mujeres y a seis de sus hijos, es un hecho execrable, y que independientemente de los motivos que los asesinos pudieran esgrimir es el colmo de la violencia inane.

lebarón.
Fotografía: El Universal.

         Desafortunadamente en el transcurso de los días he escuchado algunos comentarios, unos públicos y otros privados, que sin justificar menosprecian los hechos. Hace poco un paciente en mi consultorio me hizo comentarios que me dejaron sorprendido y quizá abatido. En mis entrevistas con mis enfermos no acostumbro tener conversaciones de índole política, sin embargo, en esta ocasión el paciente sacó el tema de la seguridad y el desperdicio de tiempo, recursos y el prestigio que este crimen le ocasionaba al gobierno de la 4T. Me dijo de manera clara que en tal incidente, siendo las víctimas miembros del grupo de los LeBarón, seguramente estaba justificado por sus antecedentes; me quedé atónito y evité hacer comentarios.

Uno o dos días después, en el elevador de un hospital al que asistía a pasar visita subió un cirujano muy capaz, exitoso de edad media, acompañado por dos de sus alumnos o ayudantes, y a voz en cuello, les comentaba algo parecido, que el Secretario de Seguridad y menos el Presidente de la República, debían desgastarse por un crimen en que las víctimas eran miembros de un grupo como los LeBarón. Además, para colmo, me he enterado que Pilar Montes de Oca, la ex directora de Algarabía, expresó en sus redes sociales que no sentía ninguna pena por las muertes de las mujeres y los niños y que incluso podrían haber llegado a tener un final peor.

En ninguno de los tres casos tengo una explicación para que se justifique o subvalué un crimen de la magnitud de lo sucedido. Mi paciente es un hombre serio, trabajador responsable, al que conozco desde hace muchos años y me parece que es incapaz de violencia alguna; el cirujano es un profesional trabajador, dedicado, exitoso y muy dedicado a la enseñanza de las generaciones jóvenes. Y Pilar Montes de Oca es una lingüista destacada que ha emprendido, con muy buenos resultados, el proyecto editorial de Algarabía, una revista con publicaciones diferentes, originales, incluso provocativa, y emergente, pues así como aborda aspectos del lenguaje, incluye muchos otros temas de interés para el público. Es diferente incluso en su formato. Yo tuve la oportunidad de escucharle en una sesión de la Academia de Escritores Médicos, ya que ella es hija de un destacado médico que trabajó muchos años en el IMSS; la plática resultó muy entretenida, es una conferencista extraordinaria, muy divertida y enriquecedora, por eso no concibo ¿por qué y cómo se atreve a poner en sus redes sociales comentarios de esa índole? Simplemente no tengo explicación.

Pilar Montes de Oca.
Pilar Montes de Oca, ex directora de Algarabía.

Al parecer los comentarios surgen por los orígenes de la comunidad de La Mora (Sonora) y la familia LeBarón, que viene de una escisión de una comunidad mormona del sur de Estados Unidos –por cierto, acontecida a finales del siglo XIX y principios del XX–, y que hizo que los pobladores se establecieran en Sonora, Chihuahua y Ensenada. Es un hecho que los fundadores tuvieron inicialmente problemas y que estos fueron resueltos de manera violenta, pero se han convertido en comunidades muy trabajadoras y exitosas. Si a todos nos juzgaran por la violencia que nuestras comunidades religiosas han tenido, no habría quién lanzara la primera piedra. Si a los católicos nos condenaran por la pederastia de los curas irlandeses o de Cotija, nadie alcanzaría el perdón de nadie.

Creo que la División de Opiniones se debe a la fuerza y al éxito de las conferencias matutinas del presidente de gobierno, en ellas con su muy particular lenguaje, marca líneas, crea programas y establece verdades que sus seguidores acatan sin analizar, valorar, es decir, sin chistar. La otra causa es parecida, que la izquierda en todo el mundo acepta teorías, juicios e incluso toma actitudes sin examinar, con una disciplina partidaria que les impide pensar mejor. Para enterarse de estas formas de disciplina y las consecuencias de desobedecerlas, les recomiendo leer Autobiografía de Federico Sánchez de Jorge Semprún.

Lo cierto es que independientemente de las causas, motivos, o explicaciones que se vayan descubriendo en los crímenes, estos son barbáricos, injustificables y, además, inútiles.

Lecturas recomendadas:

https://bit.ly/2CF5EkV

Jorge Semprún. Autobiografía de Federico Sánchez. Planeta. Barcelona. 1977.

La barbarie de Bavispe

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El duelo no concluye. Antes y después de los jocosos y rituales festejos del inicio de noviembre, precedidos por el escandaloso y aún vigente culiacanazo,  la realidad nos estruja, una vez más, dolorosamente y con mayor potencia. Pero hoy, la realidad indigna y sobrecoge de una manera sensiblemente especial.

En México, todos los días, son días de muertos.

Lo ocurrido con la familia LeBarón en Sonora remite, obligadamente, a otros niveles de criminalidad.  Nos confronta con una circunstancia que establece una frontera con el tratamiento que se ha venido dando a la violencia que se padece en el país, en la que, al parecer, cómodamente se ha apoltronado la sociedad mexicana, habituándose a las continuas y recurrentes noticias en los abundantísimos programas de radio, televisión y redes, que saturan la nota hasta el hartazgo y luego prescinden de ella para pasar a otra cosa.

El asesinato artero, masivo y desde cualquier ángulo que se vea, de gran cobardía e inhumanidad, refleja el nivel de degradación moral y humana que sólo es concebible en la irracionalidad bestial de los seres más elementales. El hombre, sin control y sin freno, se convierte en un depredador majestuoso e irracional de su propia especie.

Muertos.
Ilustración: Yucatan Times.

No existe excusa ni razón de un acto de esta naturaleza, vidas de mujeres y niños fueron cegadas y las de los sobrevivientes serán atormentadas por las secuelas de este cruel acto de ferocidad salvaje. Cualquiera que sea la explicación, cualquiera el resultado de las investigaciones, el hecho mismo (confusión o acto deliberado), merece una acción contundente y expedita por parte del Estado.

Pero el asunto no para aquí, existen factores relevantes que deben tomarse en cuenta. Lo sucedido en Culiacán queda chico, para efectos prácticos, frente a lo que significa el asesinato en Bavispe que trasciende las fronteras e indigna a otros actores con peso específico y capacidad de presión.

Las sutiles y amabilísimas sugerencias de apoyo expresadas por el presidente de los Estados Unidos en sus mensajes, seguidas de comunicaciones telefónicas y declaraciones vertidas por personajes relevantes en el senado de aquella nación, no tan amables y con mayor contundencia que la cordial oferta de apoyo, reflejan la relevancia que la situación en México tiene para el vecino del norte, al considerarse ya un tema para su agenda de seguridad nacional norteamericana.

Debe subrayarse que quienes fueron cruelmente sacrificados por bandidos o sicarios, tenían la nacionalidad estadounidense, fueron atacados en la zona fronteriza estando indefensos e inermes y fueron, además, brutalmente calcinados.

Por las condiciones en que se dan los hechos, los medios internacionales se inundan con noticias e imágenes, las interpretaciones vuelan y la cara de la calavera vuelve a ser un referente patético y macabro de México.

Armas.
Ilustración: Nexos.

 El miedo, el temor cotidiano no nos abandona, más bien nos sorprende que no nos sorprenda, día a día, en cualquier rincón, en cualquier esquina, en todo momento, un acto cruel y violento, sin medida, sin límite y, penosamente, sin sanción.

Cualquier arista de este complicado poliedro nacional es compleja, difusa y paradójica, pero el mosaico impresionante de nuestra realidad no tiene por qué estar marcado por la fatalidad.

La sugerencia de intervención en apoyo de México para combatir a los cárteles de la delincuencia, tiene una trascendencia histórica, que puede marcar, como en tiempos pasados, remotos o contemporáneos, el futuro inmediato de la relación bilateral.

 Por naturales razones, con mayor o menor sofisticación de los mecanismos que se empleen, nuestro vecino siempre estará preocupado y atento, así lo dicta su naturaleza histórica, de lo que ocurra al sur de sus fronteras y mucho más cuando los asuntos involucran de manera directa a sus connacionales.

Tragedia que no cesa

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Una tragedia que involucra rápidamente a dos países, a sus estrategias de seguridad y a sus esfuerzos por detener a un crimen organizado que los afecta por igual, aunque en distintas circunstancias y magnitud.

En el terrible contexto de la masacre ocurrida el lunes en contra de la familia LeBarón, los gobiernos de México y de Estados Unidos entraron en una inusitada fase de su relación: la de atender crímenes del fuero común, presuntamente cometidos por la delincuencia que aterroriza la zona limítrofe entre la sierra de Chihuahua y Sonora, que se convierten en una asoladora muestra del problema de inseguridad aquí, con repercusiones allá.

Creo que los familiares han explicado mucho mejor lo sucedido y la opinión del resto sale sobrando ante su dolor, pero es importante no perder la indignación que ha causado este cobarde atentado, porque será determinante en los esfuerzos sociales que intentemos para recuperar la paz y la tranquilidad en el país.

Familia LeBarón.
Fotografía: BBC.

Lograr este cometido demanda que analicemos las causas y nos pongamos, como sociedad, a trabajar en remediarlas, una principal es la presencia de armas de alto calibre en manos, no sólo de criminales, sino de la población en general; con ello, dejo claro que no debemos tolerar ni una sola arma en casas, negocios, automóviles o en nosotros mismos, simplemente porque no es ninguna solución.

Armarnos o vivir armados es uno de los factores de la violencia diaria que padecemos, hablemos de un ciudadano que busca protección o de un criminal que usa una ametralladora en contra de las fuerzas del Estado. En ambos casos es imposible anticipar las consecuencias y en la mayoría de las ocasiones todo termina en una catástrofe.

Si queremos reducir el impacto de la delincuencia es indispensable atacar el tráfico de armas y llamar a la población civil a nivel nacional para que entregue las que tenga en su poder, este no es un llamado al criminal que las usa como una herramienta, sino a ese casi cincuenta por ciento de personas que cada año detona una pistola en contra de otro civil por riñas, venganzas personales o motivos pasionales.

Un segundo elemento de esta crisis es la falta de coordinación entre las corporaciones de seguridad. La idea de la Guardia Nacional era precisamente contar con un nuevo cuerpo que arrancara con la confianza y la legitimidad de la que carecen las policías municipales y estatales por años de descuido, corrupción y simulación de las administraciones estatales que perdieron una década en la formación de fuerzas profesionales y que el crimen sí aprovechó para adiestrarse y comprar las armas que necesitaba.

Violencia.
Ilustración: Tim Robinson.

Hoy, esa ausencia de grupos de primera respuesta bien preparados y equipados provoca que el peso completo de la estrategia de seguridad nacional recaiga en un cuerpo que no cuenta ni siquiera con el año de creación, no está desplegado en la mayoría del territorio y se encuentra desconectado de zonas con una alta incidencia delictiva.

Y luego viene el problema de la confianza, mientras tengamos esta división política casi instantánea metiéndose en las políticas de seguridad pública lo único que lograremos es empoderar todavía más a criminales como los que atacaron a una familia indefensa en Chihuahua. Si no existe una condena social tajante a las actividades criminales, y para tal efecto a todas las actividades ilícitas que nos perjudican como nación, seguiremos presenciando hechos desgarradores como éste.

Si la pregunta es, de nuevo, qué puedo hacer yo en esta situación, la respuesta es muy sencilla: no tengas armas en casa, no te prestes a ningún acto ilegal, respeta las reglas que nos hemos dado como sociedad y cumple con denunciar cualquier evento que afecte tu bien y buen vivir.

Pensar que esta violencia no llegará a nuestra puerta, sólo por el hecho de que vivimos una existencia modesta o llevamos buena relación con los delincuentes del barrio, y cuando es necesario solapamos sus actividades criminales, es una fórmula que se está agotando rápidamente. Este lunes fue una familia inocente, cuyos únicos pecados han sido prosperar y defenderse, mañana puede ser cualquiera. Nos estamos tardando mucho en evitarlo.