metacognición

Anatomía de la reflexión sobre uno mismo y los demás

Lectura: 6 minutos

He venido repasando que la investigación cerebral proporciona información relevante para el mejor entendimiento de la conciencia de uno mismo y de los otros. En esta ocasión bordaré sobre este tema a partir de un artículo publicado en 2013 por Joseph Moran, William Kelley y Todd Heatherton sobre los fundamentos cerebrales de la autorreflexión y la reflexión sobre los prójimos cercanos. Estos investigadores argumentan que la investigación actual proporciona conocimientos necesarios para saber cómo el cerebro implementa los procesos psicológicos de la autorreflexión y para elaborar nuevas formas de analizar esta fascinante función.

Los autores destacan inicialmente dos hallazgos; el primero se refiere a una red cerebral conocida en inglés como default mode network, que traduzco como red basal, y el segundo a un grupo de estructuras de esa red que se activan cuando las personas se encuentran reflexionando sobre sí mismas y sus características de personalidad, pero no cuando piensan de manera general e inespecífica sobre el yo o la autoestima. Las áreas del cerebro que se activan sólo durante la autorreflexión son la corteza prefrontal medial y la corteza parietal medial, dos zonas que se encuentran frente a frente en la cara interna de los dos hemisferios cerebrales y se conocen en conjunto como estructuras corticales mediales.

He relatado anteriormente que la red basal del cerebro se descubrió cuando los voluntarios sometidos a estudios de imágenes cerebrales obtenidas por resonancia magnética o tomografía de positrones se encontraban sin realizar ninguna tarea, relajados y con los ojos cerrados. Es decir, la red basal se activa cuando el sujeto se desengancha del mundo externo y se encuentra ensimismado en sus pensamientos, que muchas veces versan sobre sí mismo o sus allegados. Varios meta-análisis que tomaron en cuenta muchos experimentos similares y comparables han confirmado que las zonas de la red basal se enlazan cuando el sujeto pone atención al propio flujo de conciencia.

cognicion social
Portada del libro “Cognición social. De las neuronas a la cultura” de Susan Fiske y Shelley Taylor (imagen tomada de: Cairn).

La anatomía de estas zonas es muy interesante. La corteza prefrontal medial es la región más grande de la corteza prefrontal humana y está más profusamente conectada con otras zonas que la equivalente en los primates superiores. Tiene además la mayor densidad de espinas dendríticas, los puntos de contacto sináptico ubicadas en las ramas de las neuronas que reciben la información de otras neuronas. Esta profusa conectividad indica que la región y sus concurrentes procesan una compleja información asociativa. En conjunto estas regiones forman parte del “cerebro social,” una red de módulos involucrados en la representación de las personas que forman parte del entorno y sus relaciones con el sujeto. Se supone que estas zonas constituyen el fundamento de una representación social que sería decisiva en la selección de los humanos modernos. Este sustrato común entre los fundamentos anatómicos y fisiológicos de la autorreflexión y la reflexión social viene a empatar con la interdependencia entre la identidad personal y la identidad de los otros, o en términos de Lévinas o Ricoeur entre la ipsiedad (la noción de ser uno mismo en el tiempo) y la otredad o alteridad (la noción del otro).

corteza prefrontal
Localización anatómica de la corteza prefrontal medial y la corteza anterior del cíngulo en la superficie interna del lóbulo derecho del cerebro. La corteza posterior del cíngulo se encuentra inmediatamente atrás de la anterior. Estas regiones y sus homólogas del hemisferio izquierdo son cruciales para los procesos de la conciencia propia y la conciencia sobre los otros (imagen tomada de: Science Magazine).

Por su parte, la corteza posterior del cíngulo, que también forma parte de la red basal, está muy interconectada con la corteza prefrontal medial, dentro de cada uno de los dos hemisferios cerebrales y también entre ellos. Esta zona también es mucho mayor en los humanos en relación a otras especies de primates y se supone que esta ventaja permite integrar la información exterior e interior que constituye una parte de la actividad mental del ser humano. Es así que las neuronas de la corteza del cíngulo posterior reciben una extensa información de las zonas visuales, participan en el procesamiento de memorias autobiográficas, en la formulación de planes a futuro y la navegación en el medio, cuatro tareas propias de la autoconciencia, pero de diferentes contenidos y objetivos.

Las características anatómicas y fisiológicas de estas dos zonas parecen idóneas para realizar actos de introspección, en especial cuando el sujeto se desentiende de la información proveniente del medio ambiente. Los autores justifican esta propuesta con varios resultados de imágenes cerebrales en el sentido que las estructuras mencionadas entran en actividad precisamente cuando el sujeto reflexiona sobre sí mismo. Argumentan además que el conjunto de estas zonas reúne condiciones para retener y actualizar información sobre uno mismo de manera flexible y confiable, así como determinar lo que es propio y ajeno.

neurociencia
En la portada del Manual Oxford de Neurociencia Cognitiva aparece una figura que sugiere el intercambio de mecanismos cognoscitivos entre sujetos (imagen tomada de: Global).

Un tema difícil que evocan estas investigaciones es si el Self, en tanto representación central y estable de uno mismo, requiere un mecanismo neurológico especial dada su propiedad especular o recursiva. Si esta propiedad es realmente especular, debería tener un fundamento nervioso extraordinario o al menos muy peculiar por medio del cual la representación pueda ser a su vez representada. La alternativa a este mecanismo sería una función neural potente pero ordinaria en el sentido de que las estructuras funcionen dentro de los parámetros usuales para llegar a ser recursivas, como lo es cualquier mecanismo nervioso de retroalimentación. A favor de la primera posibilidad se ha propuesto que la corteza medial prefrontal constituye un nodo (hub en inglés) que congrega información altamente procesada en otras áreas cerebrales.

Diríase que funciona como un panóptico, un punto desde el cual pueden monitorearse un conjunto de módulos o de procesos separados. A favor de la segunda opción se afirma que estas zonas cruciales de la corteza cerebral pueden actuar en conjunto de manera metacognitiva para guiar y decidir ciertos procesos de pensamiento de acuerdo con un conjunto de reglas, como lo postula Joëlle Proust y he analizado antes en la sección sobre metacognición. Moran, Kelley y Heatherton favorecen esta misma posibilidad consistente en una operación neuropsicológica recurrente muy avanzada. De esta forma, las estructuras corticales mediales pueden representar información social sea en forma general, pero también de manera selectiva cuando procesan datos, hechos o asuntos referentes al propio yo.

reflexion sobre uno mismo
El filósofo y fenomenólogo danés Dan Zahavi en 2014 (fotografía tomada de Wikipedia). Portada de su libro “Autoconciencia y alteridad. Una investigación fenomenológica” (1999).

Es muy revelador anotar que la reflexión sobre familiares cercanos activa la corteza prefrontal medial igual que cuando el sujeto reflexiona sobre sí mismo. La variable más importante para activar esta área y a la red neural que la tiene como núcleo, es la cercanía afectiva, el grado de cariño que siente el sujeto por estos individuos. Por lo demás, las investigaciones sobre la autoreflexión han mostrado que la zona ventral de la corteza prefrontal medial se activa en individuos de diferentes culturas cuando el sujeto reflexiona sobre sí mismo y sobre familiares próximos, y esto no sucede en igual magnitud en las culturas occidentales, donde el individuo tiene un sitio más independiente. En suma, los autores defienden que las cortezas mediales constituyen la región más central y decisiva del cerebro para la autorreflexión y la reflexión sobre las personas queridas, porque su anatomía, función y conectividad se asocia a un procesamiento de información social. Como podemos constatar, la representación de uno mismo se liga con la de los demás tanto desde el punto de vista neuroanatómico como cognitivo.


También te puede interesar: Yo-Tú: el Sí mismo, el Otro y la intersubjetividad.

Metacognición: pensar sobre el pensar o aprender a pensar

Lectura: 5 minutos

Metacognición es un término propuesto a finales de los años 70 para indicar el conocimiento que un sujeto tiene de sus propios procesos mentales, idea a veces simplificada como el pensar sobre el pensar. Esta noción involucra una representación mental de la propia representación mental, de allí la aplicación del prefijo meta. Los propugnadores originarios consideraron a esta capacidad una forma de atribución que el sujeto hace sobre sus propias operaciones mentales, pues consistiría en leer y evaluar la propia mente, en especial los procesos psíquicos involucrados en el conocimiento; de tener conocimiento sobre el propio conocimiento.

metacognicion
Figura sobre la metacognición tomada de la página Neuroclass.

Con el tiempo la metacognición se consideró más concretamente una forma de auto-observación y auto-evaluación que opera en especial durante el aprendizaje, el desempeño de tareas y el uso de estrategias. Las operaciones metacognitivas implicarían el monitoreo de la planeación, la comprensión del aprendizaje y el uso de conocimientos prácticos. En este sentido, la metacognición consiste en un tipo de auto-evaluación que posibilita al agente para predecir acertadamente sus tareas cognitivas, por ejemplo, cómo resolver un problema o cómo recordar los datos que almacena en la memoria para emplearlos en una situación particular. Estas tareas implican capacidades para evaluar la validez de lo que el sujeto recuerda, razona, discierne o define, lo cual no sólo involucra razonamientos lógicos y prácticos, sino creencias, sentimientos y otras facultades mentales. El tema ha cobrado mucha actualidad en diversas aproximaciones pedagógicas y de aprendizaje.

pedagogia y metacognicion
La metacognición constituye un tema relevante en la pedagogía porque se aplica en estrategias de aprendizaje; en aprender y enseñar a aprender.

Esta forma de metacognición se logró estimar mediante pruebas psicológicas que miden la precisión en el rendimiento de ciertas tareas y el grado en el que el sujeto está consciente de su éxito o fracaso. De esta manera fue posible estudiar algunos de sus fundamentos cerebrales y se encontró que la corteza prefrontal lateral es crítica en la precisión de juicios de retrospectiva del desempeño, y la corteza prefrontal medial está involucrada en juicios prospectivos. Estas regiones interactúan con el cíngulo y la corteza de la ínsula para organizar juicios del desempeño. Vemos así que el mecanismo central de la metacognición parece ser la evaluación de los propios mecanismos mentales, en especial de los procesos cognitivos que involucran al conocimiento y al conocer. En este caso es importante establecer si la autoevaluación requiere que el sujeto tenga una representación de los procesos que evalúa o bien, se trate de una operación más directa sobre algún tipo de información.

Joëlle Proust, profesora de la Escuela Normal Superior de París, es una autoridad sobre la metacognición y la autoconciencia como propiedades fundamentales de las personas en tanto constituyen agentes cognitivos. En efecto, la doctrina evaluativa que defiende requiere que la metacognición se origine como una función ejecutiva, es decir, que implique una decisión activa por parte del agente para evaluar sus procesos mentales. En este sentido, propone específicamentre que un agente cognitivo debe ser capaz de realizar dos operaciones metacognitivas: (1) el agente evalúa prospectivamente o de antemano si la tarea que enfrenta es o no soluble de acuerdo a sus conocimientos, a las herramientas con las que cuenta y a las circunstancias de espacio y tiempo en las que se encuentra, y (2) el agente evalúa retrospectivamente el éxito o fracaso de las acciones que emprendió y aplicó, lo cual le permite moldear con mayor eficiencia las que requiera utilizar en el futuro.

Joelle Proust
Portada del libro La filosofía de la metacognición. Agencia mental y autoconciencia, de la filósofa francesa Joëlle Proust (2014). A la derecha, la autora.

Con base en evidencias sobre conducta y cognición en animales, sobre el desarrollo de la cognición en infantes humanos y sobre datos de las neurociencias, Proust asienta que los agentes cognitivos pueden perseguir objetivos de conocimiento e información y monitorearlos sin tener una representación de ellos de alto orden, y define a esta forma de actividad mental como procedural metacognition, una metacognición basada en procedimientos. Podemos traducir esta idea como metacognición procesal porque dependería de una actividad o de un proceso en marcha y no del desdoblamiento de una representación. Esto quiere decir que el sujeto juzga si las posibilidades con las que cuenta para atacar un problema y resolver una tarea son verdaderas y eficaces. La identificación de las posibilidades y condiciones necesarias para obtener una meta implica el reconocer los mecanismos para controlar las acciones tanto mentales como motoras. De esta manera Joëlle Proust considera que existen normas epistémicas de alto orden para guiar las decisiones para aplicar el conocimiento y así justifica la metacognición de procedimientos o procesal.

Las personas toman decisiones sobre cómo tener certeza sobre sus propios juicios. Es una forma de calibración metacognitiva que implica tanto operaciones internas del agente como evaluaciones de la situación y circunstancias externas. Tales certezas se convierten en estrategias y son éstas las que disparan ciertas acciones. El sujeto puede decidir si usar la certeza y la estrategia o no de acuerdo a las circunstancias, lo cual involucra el ejercicio de facultades tanto operativas como morales. Comento un ejemplo que ofrece la propia autora. Supongamos que una persona no encuentra la lista de compras al llegar al mercado e intenta aplicar los medios cognitivos necesarios para recordarla en el tiempo presente, pues quiere satisfacer ciertas necesidades hogareñas. La persona emplea normas de precisión, verosimilitud y coherencia que ya están incorporadas en su forma de pensar y de resolver problemas, normas que son metacognitivas pues ya están figuradas en el procedimiento que emplea. En último término, este tipo de cognición depende de un sistema cognitivo fluido destinado a detectar posibilidades epistémicas y cuyo objetivo es constituir guías y normas para la acción eficiente, es una propiedad de la inteligencia dinámica sometida al aprendizaje.

maria ranaten
Esta fotografía de María Rantanen, tomada en 2011, se titula “Metacognition” posiblemente para sugerir la capacidad de la cognición humana para desdoblarse sobre sí misma.

El sujeto adquiere certezas y juicios sobre sus propios procesos mentales y los establece como verdaderos o eficientes en diversos grados, muchas veces de maneras que no son conceptuales, es decir, que no se basan en razonamientos verbales. Los agentes cognitivos pueden equivocarse tanto en la construcción de estas normas como en su aplicación, y este reconocimiento forma parte de la capacidad para resolver múltiples requisitos de la vida diaria y también para tomar decisiones trascendentales. El tener conciencia de haber actuado mentalmente, de haber realizado tales o cuales operaciones cognitivas, posibilita al agente para juzgar sus estrategias y con ello para llegar a tener creencias válidas sobre su agencia mental, lo cual es parte esencial de la metacognición.

Es verosímil plantear que estas estrategias y creencias formen parte de la identidad del sujeto porque las valora como posesiones o caracterísitcas propias y así la metacognición procesal constituye una herramienta de la autoconciencia y un rasgo de individualidad. La metacognición es uno de los sistemas o capacidades propias de la autoconciencia en el sentido de que la autoevaluación es un proceso recursivo o reflexivo. Es posible que el aparato mental humano tenga tanto la capacidad para representar los propios procesos mentales, para pensar sobre el pensar, como también la capacidad de desarrollar esquemas para la aplicación del conocimiento, para aprender a pensar como una destreza de la inteligencia fluida.