tecnología disruptiva

Ponerlos frente a una pantalla no es aprendizaje digital

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Educación a distancia, insisten en llamarle. Cual prueba de que en las transiciones los términos de mundos pasados se resisten a desaparecer.

A contracorriente de la aceptación entusiasta de Marx de que todo (lo sólido) se desvanece en el aire, las mentalidades que resisten se aferran a sus referentes pasados.

Ya se decía, y se decía bien, una cosa son las competencias, las habilidades, y otras muy diferente, es estar listo para dar el salto en el mundo de las representaciones.

Es decir, se pueden haber cursado talleres, diplomados o posgrados para operar herramientas digitales. Mas, al momento de determinar valores, categorías, planos del mundo afectivo se podrá seguir siendo (vergonzosamente) binario.

¿De qué distancia se habla cuando usa el concepto “educación a distancia”? ¿Cuál es la noción que se tiene de cerca, lejos, espacio, distancia cuando se acepta sin más un término así?

educacion a distancia
Ilustración: Magisnet.

Ésa es la discusión de fondo. El mundo de los cambios de mentalidad. De construcción de nuevos horizontes en los que nociones que comúnmente damos por buenas, se enfrentan al filtro de los nuevos tiempos.

La masificación en el uso de plataformas digitales aplicadas al proceso de enseñanza aprendizaje, es una oportunidad de incalculable valor para dar el paso definitivo que nos acerque al mundo de las realidades, mentales y físicas, del presente.

Estar en el mundo digital, entendido como la legendaria construcción heideggeriana de un-estar-en-el-mundo, pasa entonces, necesariamente, por el lenguaje como representación de nuestro orden mental.

Lo que hacen las tecnologías digitales aplicadas a la educación es exactamente lo contrario a lo que la palabra “distancia” implica.

Las herramientas tecnológicas han traído consigo, justamente, lo contrario a distanciar: acercan, comunican, sincronizan, superan las barreras del espacio físico, y vuelven contiguo lo que de otro modo estaría condenado a ser distante.

Lo digital es, por paradójico que pueda parecer, justo, la superación de la distancia. La oportunidad de construir una contigüidad en la que aparecen rostros, se oyen voces, se miran gestos, se comparten imágenes.

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Ilustración: R. Sermet Öner.

He tomado a manera de préstamo, casi textual, el encabezado que el diario El País, dio hace poco a una entrevista con el rector de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

La UOC tiene 25 años de estar trabajando un modelo digital, cuenta a la fecha con más de 75 mil estudiantes y más de 5,500 trabajadores.

A últimas fechas, el Ministro de Universidades del gobierno español, el legendario investigador Manuel Castells, ha colocado de manera reiterada a la Universitat Oberta de Catalunya como un paradigma a seguir por parte del sistema tradicional de enseñanza superior.

“Con la emergencia, cada profesor ha impartido la clase como considera que es online y al final, depende de la artesanía de cada profesor”, afirma Josep A. Planell, rector de la UOC.

Se trata empero, acota Planell, quien a pesar de todo aplaude el esfuerzo que ha hecho la educación tradicional, más de una respuesta ante una emergencia que de un sistema de educación en línea.

Es cierto, como el propio Planell manifiesta que la bendita combinación entre bienes y servicios de calidad es esencial para dar el paso definitivo hacia un verdadero sistema híbrido de educación presencial y en línea.

El que los estudiantes cuenten con equipos potentes y que a la vez haya un servicio de conectividad de calidad y costo razonable, son dos variables indispensables.

Aflora aquí, sin embargo, como piedra de toque lo que desde AlfabetizaDigital (AlfaBD) hemos venido sosteniendo a lo largo de un lustro: el centro de todo ese nuevo engranaje es el cambio de mentalidades.

Planell, el rector de la UOC, no habla de educación a distancia, es cierto, pero sigue llamando a su planteamiento enseñanza online.

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Josep A. Planell i Estany, Rector de la Universitat Oberta de Catalunya (Fotografía: Flickr).

De lo que se trata, sostenemos en AlfaBD, es más bien de dar el paso definitivo e insertarnos no en una lógica en la que el soporte determine el concepto, sino a la inversa.

Esto quiere decir pasar de nombrar al nuevo tipo de educación de los nuevos tiempos de acuerdo con sus características extrínsecas: que si no es el mismo lugar es a distancia, que si es por Internet es online, que si no hay una aula compartida es no presencial.

El nuevo modelo de enseñanza-aprendizaje debe ser resultado de un gran salto cualitativo en el orden de nuestras representaciones.

La educación digital trasciende las pantallas, el tendido de redes o los aparatos sobre los cuales habrá de ocurrir una parte de ella.

Lo digital habrá de devenir en nuevas interacciones, nuevas sensibilidades, nuevas formas en la empatía humana y la construcción de lo común.

La educación digital no puede ser concebida como un supletorio por si lo tradicional falla, por si el estudiante no puede ir todos los días, por si el docente está en otro país.

De lo que hablamos aquí es del empeño por transitar de lleno y ocupar uno de los espacios simbólicos centrales de todo orden de época: ése donde ocurre la transmisión del saber, la información y la experiencia.

Lo digital no son las pantallas; sí, un nuevo pensar.

Pensarnos.


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Adaptación, asentamiento y virtualidad

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Era el 2016: con un premio de 18 millones de dólares en juego, el equipo sale a darlo todo. Las masas esperan ansiosas para ver la competencia, sus corazones laten. Los gritos se escuchan con porras en una tribuna de un estadio cuyo centro de pantallas gigantescas mostrará el descuartizarte y sangriento Coliseo Romano del siglo XXI: un ajedrez apocalíptico de avatares y monstruos luchando. El equipo, lleno de titanes de habilidades diversas, cómo no iba a reventar las gradas: Eternalenvy, Fata, Misery, Bone 7, y el futuro ídolo de las multitudes Big Daddy. Juntos tendrán que encontrar cómo destruir al contrincante. Alrededor del mundo más de 150 millones de personas siguen los deportes y competencias online; en el 2019 era un mercado que valía 139 mil millones de dólares. La historia de Big Daddy cuenta que a sus 21 años ya era una superestrella: alfombras rojas y cámaras esperándolo en cada lugar al que llegaba –simplemente era el mejor jugador de Cloud9, el año pasado ya con otro equipo, OG, ganó– pasó a ser el primer equipo en ganar varios campeonatos internacionales. Sus ganancias se calculan en once millones. Nada mal para un atleta de videojuegos. Ésa es una pequeña imagen de un mundo hasta entonces subterráneo y oculto que está emergiendo en la pandemia. Tal y como narra la magnífica miniserie de The Economist Films, E-Sports Superstars, el mundo digital esconde campeones millonarios. 

Un gran amigo, cronista y documentalista, Óscar Romero, me cuenta cómo en el encierro, lo que antes grababan en su empresa Kadenco como carreras de tractocamiones con pilotos reales e implicaba giras por las pistas nacionales, hoy se ha llevado a un programa virtual en la que esos pilotos manejan sus escuderías con controles: las empresas pagan publicidad en los espacios digitales, las pistas son distintas. A ese capítulo se le puede llamar: cuando la “realidad” descubre la virtualidad. Claramente esos pilotos reales no son puestos en la misma arena que sus pares virtuales, pues la desventaja sería abrupta.

pies pisando, competencia
Imagen: Matt Herring, Thinkstock.

El COVID-19, además de una desgracia, es un catalizador social: ha venido a detonar movimientos que ya se estaban gestando desde “las orillas” de la sociedad. Movimientos que como pequeños riachuelos subterráneos eran poco observados por la mayoría de los que navegamos en este caudaloso río de innovaciones del siglo XXI, pero no así para los expertos y gigs de la tecnología, para quienes se denotaban indicios claros de un mañana cercana; hoy esos riachuelos se develan ante todos como parte del electrificante cauce principal de un río caudaloso y furioso. El mundo digital y la virtualidad de la vida se han subido al escenario como nunca antes los habíamos visto. Su ritmo es inminente y su fuerza es abrumadora: no sabemos si nos conducen a un divertido rápido río abajo o a una cascada infinita de la que no podremos salir ni aguantar el golpe. Lo que la serie británica Black Mirror nos narra como futuro distópico se acerca tan de prisa, que ese aparente mañana ya está aquí.

En estos días el experto en antropología digital y espía de la interacción humana en el mundo digital, el director de la empresa Antropomedia, mi amigo Alejandro Servín, me develó un sitio de internet en donde los cyborgs y el sexo de realidad aumentada ya pueden ser creados. Sí: ya puedes en Hybri, construir humanos digitales; con una imagen de tu amado o amada favorita, recreas con vectores su figura y su rostro, sus movimientos y gestos, y con ese tejido invisible puedes meterte en el cuarto oscuro de tu fantasía para vivir, revivir o crear destellos de un placer imaginado o recordado, pero tangible, virtual y sensible.

gato, realidad virtual, aumentada
Imagen: Todo es ciencia.

El mundo develado de lo digital es sin duda la consecuencia más clara y vívida de esta pandemia, pues nos sacude cada mañana al despertar: ¿quién no mira su celular esperando un resplandor distinto de mensajes y noticias?, ¿quién no espera un nuevo like y un comentario alegre en sus redes? Nos estamos convirtiendo en la imagen que queremos mostrar en la pantalla. Vamos de afuera hacia adentro. La sociedad implosiona. Es como una persona que comienza a conocerse a través de sus sueños. Las otras realidades –que como esos riachuelos escondidos se cobijan en el subsuelo quebradizo de esta modernidad líquida–esperan poco a poco entrar en escena y mostrar la erosión de la vida: una superficie de grietas profundas y ocultas de una humanidad aparentemente desdibujada. Aquellos individuos que no tenemos un sonar de detección del futuro, unidos a otros muchos que nos contamos en millones apartados e insensibles  (embebidos por la salvia digital de este mundo caracterizado por el fundamento somero de las noticias del gossip, de artistas, influencers y memes), estamos todos a la deriva metiéndonos a un mundo que, aunque aparentemente nuevo, lleva abduciéndonos décadas como un hoyo negro abduce las estrellas. La fuerza digital nos suprime el alma y nos convierte en nuevos entes. Mundo de falsa hipocresía: propia de un suelo vertisol de arcillas movedizas y pegajosas, que llamamos revolución digital. Pero es en esa red aparentemente superflua que se gestan ideas, se viven orgasmos, se producen sueños, se enamoran parejas, se viven adulterios, suceden suicidios, se crean monedas y se amasan fortunas: la condición humana se juega entre circuitos e infrarrojos, entre algoritmos y fibra óptica.

Decía Edmund Carpenter, cuando se le preguntaba por la vida esquimal en los iglús, que las imágenes que nos enseñó Robert Flaherty en Nanook eran una ficción, pues la construcción de esas casas de  hielo se veían como un cálido refugio rodeado de calidez humana: tapetes de oso e idílica perfección. Carpenter decía: “no era nada de eso, el techo goteaba y te despertaba, estabas amontonado, la pestilencia de todos se vivía a profundidad, un pedo era una infusión colectiva y acumulada: todos esperaban salir, era un espacio de hibernación, contábamos el tiempo para salir.” Así son muchos de los espacios habitados de nuestro micro hábitat moderno, hoy hibernamos forzados por un microbio. Las constructoras de interés social diseñaron palomares y la gente hacinada quiere salir de esta hibernación hirviente de un marzo interminable. Nos puede pasar eso que sucedió con Nanook hace cien años. En la modernidad: las imágenes de nuestro Instagram y nuestro Facebook no son lo que somos sino lo que deseamos representar. Todas nuestras vidas ahí son espectaculares.

esquimales, inuits
Ilustración: Puente Romano.

En estos días he vuelto a releer un par de libros que para muchos deberían de estar en la cabecera de su cama o en el wish list de su kindle, ya que aunque lejana su publicación (1999 y 1972), sus profundos argumentos develan muchas de esas posibles grietas de esta modernidad.

En el primero de ellos es el más reciente, de Jared Diamond, Armas, Gérmenes y Acero. En élse describe cómo nuestra relación con los virus y las bacterias dibuja dos cosas: un cambio de asentamiento y con éste una transformación de la armonía del ser humano con su entorno. Todo esto lo esboza en medio de las grandes migraciones, de los descubrimientos y encuentros de nuevos mundos, de las grandes conquistas y las grandes matanzas. La suya es una epopeya de cómo nos convertimos en civilización y de qué papel jugaron los elementos no intencionales; esos actores nunca invitados pero que forjaron el guion de la historia humana. Uno de sus capítulos, narra cómo los microorganismos que nos han sacudido desde que comenzamos el trayecto de sedentarización tienen su inteligencia y vida propia. Desde que hace cerca de 10,000 años comenzamos a dejar de lado el modo de vida basado en la caza y la recolección, y nos asentamos para domesticar las plantas y los animales, los microorganismos nos han utilizado como medio de transporte y de reproducción. Sus mecanismos adaptativos son fascinantes: nuestro vómito, nuestra tos, nuestros desechos y fluidos, todos ellos, son vehículos último modelo en los que esos microbios viajan para sobrevivir. Ellos aprendieron a adaptarse y a pasar de transporte: del perro al hombre, del mono al hombre, del pollo al hombre; del mosquito al hombre.  Hemos tenido que sufrir las consecuencias de una relación estrecha con estos gérmenes, casi siempre de origen animal, pues nuestro amor hacia los animales domésticos es tan profundo como nuestra capacidad de extinguir a los silvestres.

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Ilustración: Otto Dettmer (The Economist).

Los nuevos perrijos y el alce del cazador, que está empotrado en el muro lujoso de su casa, se hermanan en una misma conquista. La lista de enfermedades y  pandemias provocadas por esa relación de domesticación o conquista es larga: a Diamond lo llevó a hacer un recuento de varios capítulos que no te ahorraré hacer, pues deberías consultarlo, ya que nunca podría describirlos mejor que él. Lo que sí te puedo decir es que esas enfermedades abarcan: sarampión (ganado), paperas (ganado), gripe (puercos y aves), salmonella (ganado), HIV (monos), malaria (aves), tuberculosis (ganado) y la tifoidea (ratas). La lista sigue y seguirá creciendo. Todas estas enfermedades se produjeron a partir de cambios de asentamiento; el hacinamiento las disparó y se multiplicaron con la movilidad.

En el otro libro, Oh What a Blow that phantom gave me, Edmund Carpenter resume con su narrativa sucinta y de profundo estruendo, el impacto de los nuevos medios en las tribus preliterarias de Nueva Guinea. Con un título tomado de cuando el Quijote pelea con los molinos de viento, Carpenter ilustra lo que los medios digitales (en aquella época cámaras de video, de grabación y de fotografía) transforman al instante la percepción de un grupo que aún no había sido convertido a la secuencialidad de la imprenta, ni a la lógica racional, ni al principio del individuo como centro. En cuanto tocan los nuevos medios se convierten. La consecuencia es que su aparato sensorial se modifica y se envuelve en un nuevo ambiente del que no se pueden ya salir. Los nuevos medios marcan un rumbo sin retorno. Ya en aquel entonces Edmund pondría a prueba lo que en sus investigaciones junto a McLuhan y otros tantos de la escuela de Toronto habían esbozado veinte años antes: los medios reconfiguran nuestra percepción y codifican la realidad. Su experimento social fue criticado por la academia de antropología, siempre tan reacia al cambio y tan romántica por querer preservar, y acusó a Carpenter de un culturicidio, si se me permite la expresión, pues una tribu virgen estaba siendo contaminada cuando se le daban estos nuevos medios para jugar.

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Imagen: Matt Herring, Thinkstock.

Pero él sabía que no era una cuestión de ética: la ola electrificante llegaría y estaban ante una paradoja, ¿o grabar las consecuencias y documentarlas para comprenderlas, o quedarse parados y  perderse en las interpretaciones y suposiciones de una escuela de pensamiento anquilosada y atada a la interpretación de un fenómeno que no se repetiría nunca más en la humanidad? Si hubiera habido un Pulitzer antropológico, él se lo debió haber llevado, al igual que Diamond se lo llevó veinte años después. Pero la mirada de Carpenter estaba adelantada a su tiempo. Sus conclusiones son alarmantes y brillantes: la realidad es codificada por los medios (y llámense a éstos, cualquier artefacto humano: todos son lenguajes), nuestra percepción es moldeada. No hay marcha atrás. La imprenta y el video conllevan una lateralidad y una secuencialidad: separan los sentidos. La idea de una universalidad perceptual de la actualidad, advierte Carpenter, se da porque todos estamos inmersos en un mismo ambiente del que no podemos salir. Los lenguajes privilegian un sentido: la escritura y el video privilegiaron la vista sobre los otros. Con el hombre preliterario los sentidos vivían un equilibrio, aunque el oído y vista si acaso se suplantaron al tacto. Edmund pudo presenciar, y nos hizo a todos partícipes, del momento en el que la modernidad se devoró la sensibilidad de esas sociedades hoy inexistentes y las envolvió con la supremacía de la vista.

Sin lugar a dudas, las pandemias virales han aquejado a la sociedad entre más hacinados estamos. La pandemia de los medios, de esos nuevos lenguajes, sin embargo, debe de ser analizada desde una veta distinta, pues el hombre siempre ha estado inmerso en sus creaciones. Ya Carpenter y McLuhantodo el grupo de Toronto– anunciaban que la imprenta causó  la individualidad y desdibujó la colectividad de la tribu: advertían cómo una nueva aldea, una nueva colectividad se daba en nuestros días, no como un regreso al pasado, sino como una asimilación extraña en la que el presente se mezclaba con lenguajes previos, en una especie de ciclo espacio temporal que no es ni lineal ni circular sino que avanza como en una trayectoria helicoidal. El pasado se revive y se interpreta en cada nuevo momento para crear un futuro distinto. Las innovaciones del mañana retoman elementos del pasado. En la pandemia regresa el autocinema y veremos revividos otros viejos inventos. A esa madeja, a ese palimpsesto de lenguajes, es en la que nos estamos metiendo y debemos escudriñar. La pregunta con la era digital es si estamos reviviendo un mundo táctil. Desde que apareció el concepto de la generación millennial se habla de que las generaciones nativas digitales no pueden concentrarse, no aceptan jerarquías, no les gusta seguir reglas; buscan propósitos colectivos y pueden hacer varias tareas a la vez. Pero su capacidad de atención se ha perdido. La vista ya es insuficiente: el control vibra, la realidad virtual tiene sensores. El iphone es táctil. La era digital nos implosiona al sentimiento y al movimiento. Se construye un nuevo ser. Se habla de la era de la experiencia.

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Imagen: Filmaffinity.

El crecimiento industrial y el avance tecnológico nos han llevado a crear grandes centros de convivencia: escuelas, corporativos, edificios habitacionales que resguardan a miles de vidas. A ese hacinamiento se le suma la nueva movilidad: cruzamos el mundo con la facilidad que antes se llegaba a una casa de campo en una carreta. Hoy hay nuevos nómadas. Con nosotros, nuestros animales y los microorganismos viajan contentos, sea en avión, o en barco, en scooter o en elevador. Hace poco la verticalización de la ciudades principales en el mundo tuvo un nuevo boom. En  México,  la gentrificación de los centros históricos comenzó a vivirse como no se había visto desde mediados del siglo pasado. Sus ciudadanos cosmopolitas cuentan la historia de un boom de nueva urbanidad. La babel moderna titila con luces inteligentes y climas automatizados, comida global y sabores locales.

La Ciudad de México hoy alberga en Avenida Reforma a La Torre Mayor, a  La torre Bancomer y un concurso de gigantes de acero que compiten por ver quién gana en altura y en capacidad de contención; esas colmenas laborales que llamamos oficinas corporativas, se levantan a la vez que reducen a sus habitantes al tamaño de pixeles en un mapa. El mundo está tapizado de esos patrones. A la vez que sucede esto, la era digital diluye el espacio y nos hace omnipresentes. “Podemos llevar nuestras concepciones más allá de los espacios imaginables y damos a luz sólo átomos, al precio de la realidad de las cosas. Es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna” (Borges).

colmena, panel, pandemida
Imagen: Málaga Hoy.

La concentración era el signo del desarrollo. La misión urbana aseguraba que el crecimiento tenía que ser vertical y colectivo: gimnasio compartido, cine compartido, alberca de todos, muchos cajones de estacionamiento, salón de fiestas, supermercados: áreas comunes. La vida colmena. Hoy, con ojos de pandemia, ese escenario se ve tan insalubre como en otro momento se vio lujoso y práctico. Es probable que regresemos a una apoteosis del suburbio y de la descentralización. ¿Pero de qué manera esto traza una nueva convivencia con nuestros compañeros microscópicos? La pandemia del coronavirus es una de las tantas olas de microorganismos nocivos que vendrán. La conquista del mundo por parte de China traerá más sorpresas. El COVID es la crónica de una pandemia anunciada y lo peor: no sabemos si es ésta la que se viene esperando con una fuerza abrumadora desde hace tanto. Así, es probable que haya otras más. Esto nos lleva a pensar en dos vías alternas: la virtualidad de la vida y la suburbanización o valoración de la vida fuera de la mancha urbana. La combinación de las dos: ¿nos llevará esa fuerza a crear el idilio de una vida en el campo que goce de todos los bienes de la tecnología digital? ¿Seremos una tribu digital metida en una esfera con un centro unido a la distancia? ¿Estaremos habitando unas nuevas babilonias con jardines de huertos colgantes y trenes interconectados que nos llevarán a los suburbios para habitar un campo semisilvestre y talado o resembrado con especies exógenas?


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Reinventarse, ahora o nunca: saldos de la emergencia

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Disrupción. La palabra no es nueva, desde luego. Sucede así con los conceptos. No significan la invención de un término sino su resignificación. Recolocarlo al servicio de comprender.

Quien los toma, comprende y actúa. Quien no lo toma, no comprende y sigue actuando, de acuerdo con el modelo mental anterior; ése que refleja el mundo que le es propio y desde el cual resiste el cambio.

Disrupción proviene del latín disruptus. Es decir, lo que rompe, lo que separa. Lo que de forma ruda aparta en varias partes aquello que antes, al menos en apariencia, semejaba una sola cosa.

Por supuesto que en su raíz se adivina el elemento de ruptura, ruptus. Añadiéndole el prefijo dis, la condición de las varias vías, de la multiplicidad.   

A fuerza de exagerar, bien podría decirse en la historia que cuenta el modo en que ciertas palabras han sido comprendidas y aplicadas, se halla comprimida la propia historia del cambio de mentalidades y con ésta la historia misma del mundo.

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Ilustración: Jun Cen.

Durante años, siglos, ha de insistirse, lo disruptivo, los disruptivos, fueron mirados como conductas, que merecían tanto más que sus portadores, la reprimenda y la abierta exclusión.

A la par del advenimiento de la Tercera Revolución Industrial a finales de los años noventa, sin embargo, esta noción en torno a lo disruptivo como negatividad, a la que había que cercenar, dio un vuelco.

Entonces, lo disruptivo pasó de ser una manera de nombrar a las niñas y los niños problema de clase, a convertirse en el adjetivo idóneo para describir la nueva tecnología y su llamado a la innovación ininterrumpida.

Pronto, la idea de generar disrupciones en lo que antes fue visto como procesos graduales de consolidación, se fue extendiendo hacia las áreas de investigación y desarrollo de proyectos de muchas compañías.

 El resultado de esta expansión fue una creciente propuesta de productos y prácticas que implicaban, claro, una ruptura para la que no había vuelta atrás en relación con lo anterior.

Como se sabe, debemos a Clayton M. Christensen y su artículo de 1995, Disruptive Technologies: Catching the Wave, el haber acuñado y popularizado el término de tecnología disruptiva.

Dos años después, en 1997, el propio Christensen ahondaría en su idea inicial en el libro The Innovator’s Dilemma, instalándola en un horizonte más amplio, el del desafío que implica innovar de forma continua.

Christensen se percata de lo que está por delante y describe lo que será un largo ciclo económico de prosperidad para algunos modelos de negocio en los años posteriores.

tecnologias disruptivas.
Ilustración: Cristöbal Schmal.

Dirigidas a los consumidores de una gama media y media baja, las tecnologías disruptivas, se sostiene, se probarán, por así decirlo, en un mercado que no se caracteriza precisamente por su alta exigencia.

Poco a poco, los beneficios que produce el alto consumo de estas tecnologías posibilita extender sus beneficios, mejorados, a productos que puedan cumplir con estándares de mayor exigencia.

El ejemplo que suele ponerse para explicar este proceso es de la fotografía digital. Hoy, dueña de todo el mercado, y responsable del cambio más dramático en materia de prácticas y usos, es decir, mentalidades, desde la invención misma de la cámara fotográfica.

Al comienzo, las fotografías digitales eran notablemente más malas que las fotografías convencionales. Al contar con pocos pixeles, su resolución era más bien pobre.

Esta tecnología tenía, sin embargo, un as bajo la manga: el costo. Valiéndose del sentido de novedad y siendo radicalmente más barata, a la corta y a la larga, que el modo antiguo de tomar fotografías, paulatinamente fue ampliando su mercado, al tiempo que su resolución mejoró a pasos agigantados.

El resultado lo conocemos todos. Kodak, ese formidable y gigantesco animal, tan fuerte como lento, fue incapaz de mirar la dimensión de la ola que se le venía encima.

Las transformaciones de los conceptos, cual si fueran polen que viajara en el viento, son irrefrenables y acaba por polinizar todos los ámbitos de la vida social.

Durante la última década, quizá década y media, la época ha visto cabalgar con éxito líderes políticos que han tenido en la disrupción su principal capacidad.

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Ilustración: Behance.

Discursos políticamente incorrectos, conductas aparentemente irracionales, reacciones sorpresivas frente a ciertas coyunturas han colocado a personajes como Putin, Bolsonaro, Trump o Johnson en el poder.

La disrupción como estrategia política, como discurso y como forma de acción pública en la que la respuesta de los adversarios acaba pareciendo demasiado a la vieja usanza, explica buena parte de la aceptación de políticos que a primera vista parecían fuera de lugar.

El gran reto, sin embargo, y así lo plantaba ya Christensen antes del cambio de siglo, no es si seguirán rompiendo patrones, tal cosa se da por descontado, sino si tal capacidad de ruptura, de provocación, de desviar la atención o sorprender, será suficiente frente a la complejidad de un tiempo marcado por una emergencia sanitaria a nivel global.

Es decir, de si serán capaces de reinventarse, aun a costa de lo que ha construido como personajes.

O bien, si no al romper antes han llegado al límite de su capacidad de disrupción.

Ellos mismos.


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La Inteligencia Artificial en los negocios

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La Inteligencia Artificial (IA) nace como un sueño de ciencia ficción del hombre, el cual poco a poco se ha vuelto una realidad; misma que tiene su fundamento en las matemáticas, y contrario a lo que muchos creen sobre que ésta nace en 1936 con el británico Alan Turing, su verdadero origen data de 1854 con el matemático George Boole, quien es el primero en creer que el razonamiento lógico podía sistematizarse.

Pero más allá de la historia, ¿qué es la Inteligencia Artificial?, simplemente diría que es la capacidad que tiene una máquina para aprender y razonar como los seres humanos. Dicha capacidad se apoya en otras tecnologías que permiten el almacenamiento intangible de información (nube), acceso a enormes cantidades de datos (big data), aprendizaje profundo (deep learning), procesamiento de enormes cantidades de datos (cómputo cuántico), entre otras.

Es normal que creamos que la IA sólo es empleada en los robots o laboratorios científicos, pero lo cierto es que diariamente la ocupamos y no nos damos cuenta, por ejemplo, nuestro celular lo desbloqueamos mediante reconocimiento facial, le hablamos a una aplicación para que busque una dirección a la que queremos llegar, interactuamos mediante mensajería instantánea con un comercio para contratar un servicio o producto sin saber que nos está respondiendo un algoritmo de aprendizaje (ChatBot). También hacemos uso de un servicio bajo demanda de video o música que nos pone en pantalla el contenido de nuestro interés con base a nuestras preferencias; pero lo cierto es que la IA va mucho más allá que estos “simples” usos.

ia en la mano

Por ejemplo, la empresa china Ping An se transformó de una compañía de servicios financieros y de seguros tradicionales, en un negocio de tecnología en la nube que proporciona servicios para los sectores de finanzas tecnológicas y médico, utilizando la Inteligencia Artificial, sus ingresos anuales están por encima de los 9,600 millones de dólares anuales, lo cual representó casi un 34% de incremento de 2013 a 2018.

Lo anterior no es de extrañar ya que según el estudio “Global AI Survey” publicado por la firma McKinsey & Company, el 63% de las empresas que adoptaron IA en sus áreas, han conseguido un aumento del 10% de sus ingresos y el 44% en reducción de costos.

De acuerdo con el artículo Inteligencia artificial en el gobierno de los Estados Unidos  (Nikolas Sicilia), Estados Unidos es el país líder en IA por cuatro fundamentos:

1. Para la innovación estadounidense: usan tecnologías transformadoras que están mejorando vidas e industrias en crecimiento, y puedan empoderar a los trabajadores.
2. IA para la industria estadounidense: tiene el objetivo de crear un clima nacional donde los científicos y tecnólogos desarrollan con éxito sus inventos.
3. IA para el trabajador estadounidense: está permitiendo que las empresas estadounidenses concentren recursos y en trabajos de mayor valor.
4. IA con valores estadounidenses: las tecnologías de IA que desarrollan también deben reflejar los valores fundamentales estadounidenses y su devoción por ayudar a las personas.

En este sentido, Rusia es otro país que también ha invertido en IA en los últimos años y se posiciona como un líder en el ramo. A diferencia de Estados Unidos, Rusia ha sabido explotar la IA en ámbitos más específicos como los negocios y la telefonía. Uno de los proyectos en Rusia es usar IA para la conducción de vehículos en las calles de Moscú, el proyecto es pionero y se encuentra en pruebas, pero su principal objetivo es disminuir muertes en carreteras porque el software respetaría las señales de tránsito y no se distraería.

Asimismo, Vladimir Putin ha pedido que los bancos también participen en innovación tecnológica, principalmente en IA aplicada en algoritmos para predicción de clientes y cartera. Otros ejemplos de uso de IA en Rusia son: robots, mascotas robóticas, máquinas que fungen como mineros para poder llegar a zonas de riesgo para las personas y robots que utilizan para transportar objetos.

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Vladímir Vladímirovich Putin, abogado y el actual presidente de la Federación Rusa (Fotografía: News 24/7).

Otro de los países que también avanza aceleradamente en el uso de la IA es China. El país asiático ha sido pionero de IA en temas de comunicaciones y salud, específicamente en reconocimiento facial y uso de robots. El gobierno de China es enfático en la necesidad de invertir grandes cantidades de dinero a la innovación tecnológica y telecomunicaciones.

Una de las críticas al gobierno chino en el uso de la IA es que lo utilizan para controlar a sus ciudadanos. En 2019 se publicó la noticia de que el gobierno chino desarrollaba uniformes escolares inteligentes con el objetivo de controlar la asistencia y paradero de los estudiantes, usando reconocimiento facial y un sistema que permita detectar cuando el alumno se encuentra fuera de la escuela sin permiso o si tratan de quitarse el uniforme, lo anterior con una alarma de voz que se activa automáticamente.

Otro aspecto del porqué China también lidera el mercado de la IA es que más del 85% de sus empresas utilizan IA en temas: económicos, de salud y de seguridad (nacional y pública). Tanto la IA como el análisis de información, son dos elementos fundamentales para el gobierno chino en su avance tecnológico. Casi todo el país cuenta con cámaras avanzadas de reconocimiento facial que el gobierno ha defendido argumentando que eso disminuye la incidencia delictiva por la capacidad de reconocer a alguien y detectar su ubicación exacta en tan sólo minutos. Además, la Inteligencia Artificial la han aplicado para reducir el tráfico en varias ciudades catalogadas como caóticas, debido a la ubicación de cámaras y un sistema eficiente de semáforos y señales.

Estados Unidos, Rusia y China son los tres países más desarrollados en el uso de la IA por la cantidad de dinero que invierten en innovación tecnológica y telecomunicaciones. Muchos de los países de Europa quieren seguir los pasos de estos tres grandes ejemplos y, recientemente, Francia y Alemania han elaborado estrategias de IA para sus gobiernos.

reconocimiento facial
Imagen: Criptotendencia.

Por otro lado, en América Latina hay expectativas altas en el uso de la IA y uno de los países que promete ser líder en la región es México. Se ha mencionado que el país podría explotar el uso de la IA en temas económicos y de salud si se decide invertir una cantidad considerable de dinero en innovación tecnológica, ya que a la fecha aún se encuentra rezagado en usos de tecnologías disruptivas.

Hoy en día medianas y grandes empresas han dirigido su mirada a la IA y al análisis de información, algunos ejemplos de su aplicación en el país son Banco Azteca, que mediante WhatsApp logró que cerca de 5 millones de clientes aperturaran nuevas cuentas, o Aeroméxico que por medio de su chatbots ha logrado atender a sus clientes e incrementar sus ventas.

En cuanto al gobierno, es en el sector salud en donde el uso de la IA puede ser más promisorio, ya que si éste es aplicado en la predicción de padecimientos, se pueden prevenir enfermedades crónico-degenerativas como son el cáncer, la diabetes, la hipertensión, etc., las cuales son las causantes del mayor gasto en salud del Estado mexicano.

Recientemente, el gobierno de México anunció la inversión de Microsoft de más de 1,000 millones de dólares a la transformación tecnológica del país, con lo que se espera que parte de dicho monto sea invertido en innovación tecnológica en IA, Big Data y Cloud, las cuales esperemos que sirvan para que el uso de la IA sea viable y redituable.


Referencias:
~ McKinsey & Company, “Global AI Survey: AI proves its worth, but few scale impact”, (2019).
~ The White House, “Artificial Intelligence for American People”.
~ Liu Caiyu, “Chinese schools monitor students activities, targeting truancy with ‘intelligent uniforms’”, Global Times (2018/12/20).
~ “Rusia lidera la implementación de la inteligencia artificial en los negocios”, RT (2019/10/07).


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