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Educación digital: Mujeres que aprenden a empoderase a través de las TIC

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Estoy convencida de que una de las más nobles y enriquecedoras vocaciones está en la enseñanza. En lo personal, es una actividad que me apasiona realizar, porque me permite aprender más de lo que comparto y me llena de satisfacción la conexión que se logra con las personas, cuyas aportaciones están llenas de riqueza.

La educación es un proceso que nos transforma al adquirir conocimientos, habilidades, capacidades y valores, que inciden en la conformación de sociedades inclusivas, justas y sostenibles. En particular para las niñas y las mujeres, tener la oportunidad de prepararse les da la posibilidad de ser autónomas e independientes, de exigir sus derechos, de dedicarse a lo que les gusta, de tener mejores ingresos; y les permite combatir y separarse de entornos tóxicos, de discriminación, abuso o violencia.

Si bien en el ciclo escolar 2019-2020, del total de estudiantes matriculados en las instituciones de educación superior mexicanas (4 millones 93 mil 200) predominó la modalidad escolarizada (82.3%) sobre la mixta (10.3%) y a distancia (7.4%); a partir de la pandemia se ha modificado esta tendencia, pues el sector educativo ha continuado valiéndose de las tecnologías de la información y comunicación (TIC).

La educación digital contribuye a reducir la desigualdad en general, pero en específico, la brecha de género, entendida como la diferencia entre mujeres y hombres reflejada en los logros sociales, políticos, intelectuales, culturales o económicos.

educacion digital para mujeres
Imagen: NPR.

Si bien en México se ha avanzado en favor de la igualdad sustantiva, aún no es una realidad plena. De acuerdo con el Foro Económico Mundial en su “Informe de la Brecha Global de Género 2020”, en nuestro país, dicha separación se redujo del 72% al 75.4% de 2018 a 2020. No obstante, hemos cerrado nuestra brecha en participación económica de las mujeres sólo un 57.4%.

Al respecto, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de noviembre de 2020 del INEGI, muestra que la población económicamente activa y ocupada en México fue de 53 millones de personas, de los cuales, 32.5 millones (61.4%) fueron hombres y 20.5 millones (38.6%) mujeres.

El Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza del CONEVAL, al cuarto trimestre de 2020, señalaba que, en nuestra nación, en promedio, los hombres ocupados percibían un ingreso laboral de $4,633.59 y las mujeres de $3,777.07, marcando una diferencia de $856.52 que representa un 18.48%.

Según el estudio de McKinsey Global Institute “The power of parity: How advancing women’s equality can add $12 trillion to global growth” de 2015, en un escenario de potencialidad plena en el que las mujeres desempeñemos un papel idéntico que los hombres en el mercado de trabajo, para 2025 podrían agregarse 26% al PIB mundial.

mujeres en la educacion digital
Imagen: Folio Art.

De acuerdo con el INEGI, al 2018, había poco más de 752 mil las personas ocupadas relacionadas con las TIC en el país, de las cuales, 83% eran hombres y 17% mujeres. Según estimaciones del Instituto Federal de Telecomunicaciones, en el estudio de 2018, “Adopción de las TIC y usos de internet en México”, la probabilidad de que un hombre usara una computadora era mayor en 4 puntos porcentuales a la de una mujer.

Dado el auge que ha tenido la enseñanza virtual, en el marco del Día Internacional de la Mujer, desde el área de capacitación del INFO-CDMX, llevamos a cabo una mesa de diálogo sobre “Educación digital para combatir la brecha de género”, en la que participaron las Comisionadas del INAI, Blanca Lilia Ibarra Cadena –presidenta del Instituto–, Norma Julieta Del Río Venegas y Josefina Román Vergara; junto con el Dr. Eduardo Peñalosa Castro, Rector General de la Universidad Autónoma Metropolitana. En sus exposiciones hubo coincidencia en que la apropiación de las TIC por parte de las mujeres desde que son pequeñas, teniendo un manejo consciente y seguro de su empleo, puede potenciar su crecimiento.

Las plataformas educativas digitales nos brindan alternativas para desarrollar competencias y habilidades, formarnos en nuevos campos de estudio, crear recursos, y encontrar nuevas actividades profesionales, laborales y de emprendimiento. Asimismo, impulsan la generación de mujeres líderes y nos dan espacios para informarnos, expresarnos, intercambiar ideas, debatir y promover acciones colectivas.

Malala Yousafzay, Premio Nobel de la Paz 2014, afirmaba que para hacerse poderosa sólo necesitaba una cosa: educación. La educación digital puede ayudar a las niñas y a las mujeres a aprender a empoderarse, y con ello, a diseñar y dirigir su vida tal como anhelan construirla.


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La pandemia y los nuevos límites del consumo cultural

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¿A usted le parece que el consumo digital es democrático? Podemos conservar la pregunta sobre la mesa para plantear una serie de cuestiones. Recientemente se presentaron los resultados de la encuesta de consumo cultural que realizó la UNAM y que fue respondida por 8,780 personas. Si bien, el sesgo es claro (principalmente jóvenes, consumidores habituales de contenidos culturales), los resultados permiten reflexionar en las posibles orientaciones de los productos que los miembros del sector podrán tomar, de cara a una recuperación económica de la industria. Ahora bien, ¿cómo plantear la recuperación de un sector cuyos productos se consumen, en mayor medida, si son gratuitos?

La encuesta de consumo cultural durante la pandemia sugiere la posibilidad de diseñar nuevos estudios, más específicos, que arrojen resultados para orientar la toma de decisiones, tanto por parte de los productores que ofrecen contenidos gratuitos, como la propia UNAM o los museos públicos, como por parte de quienes viven de esa producción (artistas en general). El desarrollo de la plataforma Contigo en la distancia permitió la captación de varios usuarios, quienes se buscaron el tiempo para participar en conferencias o cursos en línea, cuando normalmente no lo hubieran podido hacer si se hubieran tenido que desplazar hasta una sede. Algo que debe llamar la atención de los desarrolladores de contenidos es, por un lado, lo que ya sabemos todos: que el Zoom llegó para quedarse y que la producción de videos, recorridos o podcasts que se pueden ver en forma asincrónica permite ampliar el rango de consumidores; por otro lado, que el dispositivo favorito para el consumo cultural en la pandemia es el smartphone. Esto implica desafíos de diseño (engagement, formato, atención) que eventualmente, todos los que nos dedicamos a la producción de contenidos vamos a tener que afrontar.

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Imagen: Ana Galvañ.

Los retos no son menores: vivimos en un país que ha recortado en grado extremo el presupuesto para el sector cultura. Los recintos públicos se encuentran cada vez más limitados para llevar a cabo producciones ciertamente costosas, como exposiciones internacionales, si no tienen un patronato o asociación civil que los respalde. Estas asociaciones normalmente no acometen con sus donativos los gastos operativos de los recintos, ni tampoco el pago, en forma consuetudinaria, de los colaboradores especializados.

La encuesta de consumo cultural arroja que la mayoría de los participantes no se muestra tan entusiasmada por los recorridos virtuales a museos o a exposiciones en específico, pero sí espera la apertura de actividades para volver a los recintos. La experiencia de visitar una muestra o un sitio arqueológico es insustituible y, pese a que los museos mexicanos no desarrollaron esfuerzos de particular monta para no perder la fidelidad de sus públicos durante la pandemia (los esfuerzos se concentraron en charlas y cursos en línea, como ya dije), el público que habitualmente visitaba museos está ansioso de volver a hacerlo. Hay recintos privados en peligro de desaparición, como Papalote Museo del Niño, quien tuvo que lanzar una campaña desde su sitio web para recaudar 50 millones de pesos, suma que destinará al pago a colaboradores y a los gastos derivados del mantenimiento del museo. No obstante, la producción de contenidos digitales es mucho menos costosa que la de una exposición internacional, por ejemplo, el presupuesto siempre es requerido y resulta muy incómodo operar con los mínimos.

Aunque los recintos permanezcan cerrados, a causa de la crisis de salud que ha dejado la pandemia, los gastos no se interrumpen, como en el caso de las oficinas: las colecciones y los inmuebles siguen ahí y requieren de mantenimiento, limpieza, rotación, procedimientos de conservación preventiva, restauración. Esto quiere decir que hay que seguir operando a pesar del cierre y de la distancia de los públicos, y que el salario de los empleados especializados que se ocupan de las colecciones y recintos sigue y seguirá siendo necesario.

consumo digital
Imagen: The Objective.

Ahora, retomemos la pregunta de inicio: ¿es más democrático el consumo cultural digital? Si bien, sabemos que la oferta asincrónica en diversas plataformas permite un mayor número de visitas, también sabemos que un gran porcentaje de la población no cuenta con internet estable o plan de datos que le permita tener acceso a actividades culturales. También sabemos que hay quienes tienen un smartphone pero no por ello consumirán contenidos culturales, sino comerciales. Ahora bien, hay otro factor a considerar: la oferta gratuita ciertamente es un beneficio para muchos, pero no por eso se debe generalizar la idea de que la cultura “no cuesta”. La producción de lo que se ofrece, la preparación de los conferencistas, los derechos de reproducción de las imágenes, requieren dinero. La única manera de reactivar las industrias culturales es generando derrama económica y haciéndole entender al gobierno federal que, sin impulso presupuestal a la creación, a los espectáculos y a los recintos museísticos, este país está en riesgo de demeritar -hasta perder- sus instituciones culturales.

Más allá de la pregunta por la democratización, lo cierto es que los resultados de la encuesta de consumo cultural permiten detenerse a pensar en cómo será la oferta que preparemos en el futuro. Partiendo de la premisa de que hay experiencias presenciales insustituibles, los museos, por ejemplo, tendrán que comenzar a problematizar sus vocaciones y a abrir el panorama para incluir contenidos para comunidades remotas. Si se le da la vuelta mediante distintos discursos a las mismas piezas, lo más seguro es que la oferta presencial termine por gastarse, ante la imposibilidad de contar con obras u objetos procedentes de otras colecciones que despierten de nuevo el interés. Y aquellos recintos que no poseen piezas en custodia la tienen todavía más difícil.

¿Por qué íbamos al museo o a un espectáculo de danza o teatro? No era solamente para matar el tiempo: estábamos dispuestos a pagar por una experiencia transformadora, trascendente. Quizá el confinamiento le puso a muchos la alternativa de vincularse con la cultura como una manera de pasar los días, pero quizá también les hizo ver que puede ser una experiencia que salva. ¿Tiene el formato digital esa posibilidad de apelar a lo más profundo de la emoción y de la psique de un espectador? El reto está interesante, sobre todo, si se piensa que la vuelta a las actividades presenciales no está a la vuelta de la esquina ni será como antes de los confinamientos.


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La nueva normalidad digital que llegó para quedarse

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Hace algunos días la revista The Economist, en su publicación “Hacia una nueva normalidad 2021–2030”, destacó 20 puntos que imperarán este año y que seguirán desarrollándose en todo el mundo, que tienen que ver con los cambios en las dinámicas personales, políticas, económicas, sociales, culturales y tecnológicas como resultado de la pandemia.

Entre estos aspectos, destacan que varios campos como el trabajo, la educación o la salud continuarán a distancia, que será estratégico invertir en nuevas tecnologías, que aumentará el comercio en línea, que habrá nuevas formas de brindar noticias, y que el manejo de los datos personales será más delicado.

El uso de tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) para interactuar, participar y llevar a cabo actividades cotidianas no es algo nuevo para los llamados “nativos digitales”, generaciones que han nacido o crecido en una sociedad de la información en donde estas herramientas facilitan su vida.

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Imagen: Yorokobu.

En particular llama la atención como las TIC han impactado en las personas más jóvenes. En el Informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2017, la UNICEF señalaba que uno de cada tres cibernautas era menor de 18 años, siendo el grupo que rondaba entre los 15 y los 24 años el más conectado.

En México, la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019 del INEGI, reportaba que el 70.1% de la población de seis años o más usaba Internet, el 75.1% teléfono celular y el 43.0% computadora.

La BBC News publicó una lista de los 10 youtubers con más ingresos en 2019. Quedé sorprendida al ver que estaba encabezada por un niño de tan soóo 8 años, que facturó 26 millones de dólares haciendo reseñas de juguetes en su canal “Ryan’s World”.

De acuerdo con el estudio Personalidades Influyentes 2016, realizado en México por la agencia Provokers para Google y la revista Expansión, los internautas más jóvenes confían más en los creadores de contenido en YouTube que en anuncios tradicionales. Las marcas de ropa que usan, la música que escuchan, las películas que ven, las páginas de Internet que visitan, o los lugares a los que viajan son algunos de los temas en los que influyen en los consumidores.

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Imagen: Luis Maram.

Lo digital llegó para quedarse en esta nueva normalidad. Si bien, nos ofrece grandes ventajas al acercarnos en tiempo y espacio, también nos invita a ser conscientes sobre los contenidos que compartimos y que consultamos.

Nos corresponde a todos los actores sociales, a las instituciones, a las empresas; y con especial mención, a los órganos de transparencia y de protección de datos personales, a los de telecomunicaciones y de competencia económica —como el INAI, el INFOCDMX, el IFT o la COFECE—, asegurar que las tecnologías potencien y, por ningún motivo, limiten derechos de las personas. La autonomía de estas autoridades es clave para cumplir esta misión.

Nos toca garantizar que los entornos virtuales sean seguros, para proteger la confidencialidad, integridad y disponibilidad de los datos que se tratan y de la información que en ellos circula.

Este 9 de febrero, en el Día Internacional por una Internet Segura, sensibilicemos la importancia de aprovechar las TIC con responsabilidad y respeto a los demás; para utilizarlas de manera creativa en favor del desarrollo, la igualdad e inclusión; con un enfoque que fomente los puntos de encuentro, la empatía y tolerancia en la diversidad; para que podamos construir resiliencia y paz que tanto necesitamos.


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Pensar en lo digital, pensar digital

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La inmersión en lo digital, luego de un año de pandemia, parece ser algo natural. A las primeras dificultades y extrañamientos frente a la pantalla les ha sucedido una especie de “cotidianidad de internauta”. En las primeras semanas del trabajo en casa, de las clases a distancia y de las reuniones familiares a través de la computadora o del celular una extrañeza incómoda se había apoderado de nosotros: ante el no saber cómo abrir una cuenta en las plataformas o las dificultades para activar el micrófono o la cámara de nuestro equipo, tuvimos que experimentar un aprendizaje a contracorriente, azuzado por el cronograma y la necesidad de remontar la emergencia.

Luego de muchos meses de lidiar con la tecnología hemos encontrado un espacio, si no óptimo, sí que se acerca un tanto a lo confortable, pues ya tenemos mayor soltura en las reuniones de trabajo, sentimos más confianza a la hora de expresar nuestras emociones ante la pantalla, incluso nos parece que los lazos se han fortalecido de alguna manera. Todo parece indicar que nos hemos digitalizado. Que hemos aprendido a estar con la tecnología. Y sí. Es cierto. Los desarrollos tecnológicos que aterrizan en los hogares, las oficinas, las escuelas están diseñados para que funcionen así, para que la adaptación a la herramienta sea cada vez más fácil y breve para cualquier persona. Se dice que los gadgets tienen un funcionamiento intuitivo o que tal o cual página web tiene una navegación intuitiva, lo que no significa más que su diseño está en línea con cómo funciona el cerebro humano y cómo aprendemos las personas. Hasta ahí, todo claro y fácil.

pensar de forma digital
Imagen: Shutterstock.

Hay, sin embargo, un nivel de conocimiento, de aprendizaje y de experiencia un tanto más profundo con el que tenemos contacto en nuestra relación con los objetos digitales y que tiene impacto decidido en nuestra concepción del mundo. Le llamo a ello Pensamiento digital. Este Pensamiento digital tiene qué ver con la manera en cómo estructuramos el tiempo y el espacio y cómo establecemos relaciones entre sujetos, objetos, símbolos, hechos.

La experiencia de lo digital deviene Pensamiento digital merced a algunos elementos fundamentales. En un rápido examen anotaría los siguientes:

El crecimiento exponencial. La viralización de un contenido en la Red nos pone frente a la multiplicación del efecto dominó. No se trata de un aumento uno a uno, los fenómenos tienen una tasa de crecimiento a la que no podemos seguir en su simultaneidad. La inconmensurable disponibilidad de datos en tiempo real dibuja realidades nuevas.
Es no binario. Las oposiciones absolutas han desaparecido para dar lugar a una diversidad que va más allá de la tolerancia políticamente correcta. Desde la identidad genérica hasta la pureza disciplinar, se abre paso la transversalidad, la migración, la desterritorialización.

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Imagen: Medium.

La red suple a la línea. En el trabajo, en la acción comunitaria, en el conocimiento, en la integración de información, en el trabajo colaborativo, en lo que antes fueron relaciones jerárquicas, se entretejen redes.
La hiperconectividad modela la vida cotidiana, configura perfiles on line y off line. Transitamos por la supercarretera de la información todo el tiempo.
No acumula datos, establece conexiones. Tener información ya no es el problema. El asunto tiene que ver con su calidad, pertinencia y fuente, con el impulso que genera para construir mapas de significado

Comparto apenas un bosquejo de estos aspectos del Pensar digital, vale la pena detenerse en cada uno de ellos. En próximas entregas continuaré con el ejercicio. Por lo pronto, la reflexión es deseable. Lo digital no reside en las funcionalidades de un objeto, sino en las experiencias humanas que redimensionan el mundo y su significado.


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La Generación COVID

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2020 fue un parteaguas para la humanidad. Para Ortega y Gasset –tristemente cada vez menos citado– son los grandes eventos el punto de inflexión que señala el surgimiento de una nueva generación. Hay una generación COVID y están incluidos en ella todos aquellos que tuvieron entre 11 y 25 años en 2020.

¿Que significa ser joven en pandemia? Sin saberlo expresar de otra forma que a través de vivencias, los jóvenes se asumen en esa realidad para la que parecen haberse preparado desde el momento de su nacimiento. La generación COVID nació sapiente digital, es su lenguaje, su forma de comunicar, su referente, lo digital es su base, su periscopio para observar desde lo profundo, el océano de lo social.

Son los pertenecientes a esta generación, quienes prescindieron primero de los espacios de oficina y convirtieron miles de espacios, lofts, almacenes, viejos locales de las grandes administraciones, en conversatorios, salones de co-creación y cafeterías. Los jóvenes conocen todos los atajos y algoritmos de simplificación y logran en fracciones de segundo lo que otros cincuentones o sesentones como yo tardamos mucho en materializar. 

Desde hace años los jóvenes participan en grupos de apoyo para resolver problemas en línea. La innovación es parte de su vida, saben naturalmente que la innovación es un auxiliar para alcanzar metas. Quieren lograrlo rápido y están dispuestos a sacrificar la sagrada escolaridad por el conocimiento puro y directo.

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Imagen: Blogs.

Hace más de medio siglo, Abraham Moles predijo que las formas de aprehensión del conocimiento ya no eran las de la ortodoxia legada por la educación convencional, el quadrivium, el trivium, las enseñanzas aristotélica, tomista, cartesiana, o de las decenas de reformas del sistema escolarizado, sino las de un universo mosaico (aleatorio) aparentemente desorganizado y proveído en la comunicósfera, ese ambiente en que se encuentran y atropellan, luchan por la existencia y la prevalencia, los mensajes, los contenidos tanto de los medios tradicionales reconvertidos por la transmedia y las redes sociales.  

Una nueva cultura mosáica, parece instalarse en la conciencia de la nueva generación COVID. Una, en la que el conocimiento es mas autodidáctico, menos sometido al flagelo del programa. El individuo construye cada vez más, formas de asociación entre las ideas provenientes de los más diversos espacios de la comunicósfera y sus infinitas redes sociales ya sea cableadas o irrigadas a través de los sistemas de antenas y los satélites para constituir moléculas de conocimiento, células activas, órganos y algoritmos, sistemas y funciones, verdaderos cursus vitæ.

Ethernet, la red en el aire, es un buen aforismo para hablar de ese espacio que desde Teilhard de Chardin y su idea de “noosfera” (esfera de las cosas espirituales) hasta Bachelard y su noción de obstáculos epistemológicos (que inhiben por atavismos y nomenclaturas el acceso al conocimiento puro), o Harold Rosen y su concepción de la geoestacionariedad para los satélites llamados de comunicación (que permitió la comunicación instantánea en todo el planeta), son todos ellos elementos, premisas, que lejos de inspirar son en las que estriba la nueva generación para expresarse, construir y vivir en la realidad.

Las grandes empresas y no sólo las tecnológicas, están contratando independientemente del perfil y el récord académico, a personas que sepan resolver, pensadores directos que puedan trabajar en un ambiente de convivencia con la Inteligencia Artificial y el big data. Personas que intuyan nuevas formas de reducir la complejidad a parámetros manejables.

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Imagen: La Voz de Galicia.

Todos sabemos hoy que el teletrabajo permanecerá, que no nos desplazaremos más de manera inútil, ni nos someteremos al caos de los trasportes en horarios pico. Para ser productivos no necesitamos estar en un sitio específico, telepresencia y teleacción lo sustituyen.

Estamos acondicionando nuestros espacios cotidianos para hacerlos más cómodos y amigables, los videojuegos han contribuido a desarrollar nuevas ergonomías para operar interfaces donde la experiencia es más holística, audio, video, nuevos paradigmas sensoriales, impresoras e imágenes en tercera dimensión. Los asistentes y las formas de realidad virtual aparecen todos los días. Muchos jóvenes están contribuyendo a desarrollarlas. La domótica (la telemática en casa) está reemplazando a la burótica (la telemática de oficina). Esta ciencia inspirada por las experiencias de realidad encuentra en la Generación COVID a su principal promotora.

El espacio exterior se revalúa, los jóvenes quieren contribuir a materializar estos ideales, a  través de formas sencillas como el veganismo que crece exponencialmente. Una nueva conciencia de sostenibilidad aparece menos como un mandato de los organismos internacionales que como una forma natural de vida. La protección del ambiente comienza a partir de cambios sustantivos en la cotidianidad, en las formas de alimentación, en los modos de vestirse, en la utilización de fibras eco-friendly y desde luego en los modos de la comunicación.

La experiencia de asociación física está cambiando, el gusto por la alteridad, por la otredad se expresa de modo distinto. Los jóvenes se ven para tocarse, para sentirse, para intercambiar formas de libertad hasta hoy insospechadas. Toman nuevos riesgos y ponen en juego neurotransmisores poco utilizados antes, usando rincones del cerebro para conexiones neuronales distintas. La espiritualidad nueva esta allí, reconociendo la perfección del origen y la imperfección humana.

El trabajo en equipo no es sólo un trabajo humano sino un ejercicio auxiliado por instrumentos de inteligencia artificial y realidad virtual. Lo verdadero ya no está en el objeto sino en el sujeto que percibe. Las cosas son porque se experimentan aunque sean efímeras.

teletrabajo, pandemia
Imagen: Rotary International.

En la historia de la humanidad son pocos las epistemes (los momentos de ruptura que provocan nuevas formas de pensar). Grecia al inventar la filosofía concibió uno, Rousseau habla claramente de esto en su Emilio que señala que comenzamos a construirnos cuando comenzamos a vivir de manera distinta.

La era COVID nos ha hecho comenzar a percibir la vida dese la fragilidad de la existencia, para la generación que lleva este nombre, la fragilidad es consustancial al espacio de realidad. La generación COVID es en este sentido una generación de carácter existencialista como lo fue la generación de la postguerra en Europa.

La educación no es para esta generación, otra cosa que la aprehensión de la realidad de una forma nueva y específica: doméstica y domótica, de naturaleza virtual. Los colegios que Rousseau llamaba risibles establecimientos lo son hoy en mayor grado. Este pensador que muere 10 años antes del inicio de la Revolución francesa es, sin embargo, el más grande inspirador intelectual de ésta. 

Hoy, pensar la educación es asunto de procuración de plataformas, de apoyos para la autoformación, quizá en una mixtura de contactos presenciales y de algoritmos didácticos que permitan el registro, la traza, la huella y la memoria de trabajo, y sobre todo su proyección para la adquisición de conocimiento significantes y venidos libremente de la totalidad, de esa enciclopedia abierta que es la comunicósfera.

solucion problemas pandemia
Imagen: Freepik.

Todos somos educandos y cada quien construye su propio vector de educación, el individuo es la carrera, no el programa, porque el individuo se resuelve en libertades y la escuela es atávica.

Pero ¿quién guía?, ¿qué referentes motivan?, ¿qué remplaza al maestro? Los nuevos marcadores de tendencia están en muchos casos desvirtuados, son estridentes y no tienen rumbo, quizá la mayor lección y el legado de la generación COVID sea la propuesta de reconocimiento de nuevos referentes axiológicos como los que parecen aparecer en la conciencia de naturaleza, la espiritualidad ecuménica, el servicio humanitario, la ingeniería de la inclusión y la conciencia de la fragilidad.

En México, la falta de identidad común, la ausencia de un contrato social respetado por todos, es probablemente responsable de la falla sistémica del sistema educativo, cuya “modelización” ha fallado. Las escuelas coloniales fueron divisorias, las del periodo independentista fallaron por su clasismo, la reforma trajo el modelo positivista cotidiano pero no pudo aplicarse de manera generalizada, los colegios extraídos de la revolución se probaron deficientes, los del periodo neoliberal mediocres en su mayoría y las de la cuarta transformación adolecen aun de una marcada falta de fuerza negociadora para restarle poder a los clusters mediáticos y desarrollar una verdadera política de inclusión digital. 

Ponerse a la escucha de la nueva generación y establecer paradigmas incluyentes no es fácil, pero no hay de otra.


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Pensamiento creativo y ciencia de los datos en la Era digital

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Leonardo da Vinci. No hay, quizá, mayor personaje que encarne la idea que durante siglos se tuvo del hombre dotado de un pensamiento creativo sin límites, que la del genio renacentista.

Recreado en la imaginería durante más de cinco siglos, Leonardo representa la figura del pensamiento genial.

O, para decirlo de una manera más precisa, de una genialidad que además de serlo, lo es de manera solitaria.

Un cerebro portentoso, una sensibilidad única, son concebidos como aquellos que, en lo individual, representan los puntos más altos de lo que entendemos por pensamiento creativo.

A costa de las tradiciones colectivistas, acusadas a tabula rasa como “primitivas”, el proceso de institucionalización de la ciencia y la cultura, a finales del siglo XIX, consolidado en el XX, implantan la noción de los individuos sobresalientes, únicos y geniales.

datos y tecnología
Imagen: Bratislav Milenkovic.

El arribo de las computadoras, sin embargo, y la manera cómo en pocas décadas se ha expandido su rol en todos los ámbitos, ha supuesto una amplia modificación de esta concepción.

Con gran rapidez las computadoras complejizaron sus funciones, trastocando así aquello que se entendió durante siglos como ejemplo de una forma de pensar original, asertiva, innovadora ligada esencialmente a la tarea individual.

En esta dirección, años antes de que el enigma rodeara su desaparición a bordo de un velero, en las aguas del Pacífico, cerca de las islas Farallón, Jim Gray, ya había propuesto la idea del cuarto paradigma en la historia de la ciencia.

Gray imaginó un periplo histórico de la ciencia signado por tres estadios: lo empírico, lo teórico y lo computacional.  

A estas tres fases, también concebidas como paradigmas, Gray aportó la idea de un cuarto paradigma: la ciencia de datos.

El impacto de la tecnología, pensaba Gray, modificará todo el entorno científico, de manera sustancial. Ello y, claro, eso que no dudaba en nombrar como “el diluvio de los datos”.

Si en el siglo XX y en al menos sus tres antecesores la cuestión sobre quién tenía acceso a la información constituía la palanca primordial de muchas realizaciones, el siglo actual tiene que lidiar con su contraparte: una abundancia que raya en el ahogo.

ahogo de datos
Imagen: Matt Chinworth.

El problema no estriba más en hacerse de tal o cual información, sino de un desafío que en buena medida resulta más complejo: cómo seleccionar (curar, gústese de decir ahora) es información, cómo ordenarla, cómo relacionarla y cómo interpretarla.

Sistemas y procesos se han visto alterados de manera esencial el modo de construir problemas, tanto, por supuesto, como la forma de resolverlos.

El lugar que hoy ocupan, en ese sentido, los modelos o la capacidad para evaluar resultados, es tan distintiva de este nuevo paradigma centrado en los datos, como el carácter interdisciplinario que conlleva.

El efecto de este modo de proceder es, digámoslo así, de ida y vuelta. El carácter metodológicamente interdisciplinario y dinámico, se torna en un acicate para lo propios procesos de innovación que se suceden en el objeto de estudio de la ciencia de datos: la sociedad.

Para ponerlo en otras palabras, la expansión y transversalización de esta disciplina propia de la Era digital, acarrea consigo procesos de polinización del pensamiento creativo.

Hace unas semanas, la Universidad de Ámsterdam (UvA) anunció la puesta en marcha de su nuevo Centro de Ciencia de Datos, dirigido a promover la innovación, desde luego.

Pero no menos importante, según lo que se ha declarado al respecto, será la difusión y propagación hacia todas las facultades del enfoque que implica la Ciencia de Datos.

De tal suerte que, la Universidad de Ámsterdam, además de los fines esperados que tiene todo centro similar, ha decidido dotar a su Centro de Ciencia de Datos, de una presencia que se extenderá a todas las carreras.

Nada extraño debiera resultar, en este marco, que como ubicación del nuevo Centro se haya elegido la Biblioteca de la Universidad, pensada ya no como almacén de conocimiento inerte, sino como pivote de nuevas formas del pensar colectivo.

ciencia de los datos
Imagen: Motion Story.

El Centro estará dirigido por Paul Groth, profesor de Ciencia de Datos Algorítmicos en el Instituto de Informática de la UvA, quien señala: “la universidad está en una posición única para realizar investigaciones pioneras que aprovechen la riqueza de datos que se están creando”.

Groth abunda: “Como una universidad de investigación integral arraigada en un ecosistema de ciencia de datos de vanguardia… este centro proporcionará una plataforma potente para ayudar a mis colegas a acelerar su investigación basada en datos”.

 La misma universidad está persuadida de que “la investigación está siendo impulsada cada vez más por la tecnología digital”.

Los usos son múltiples, cada vez más amplios, cada vez entreverando a mayores campos del saber y el hacer humanos.

El análisis de texto para entender los debates parlamentarios, el seguimiento GPS para medir la biodiversidad o las simulaciones para predecir la eficacia de las intervenciones de salud”, dice la UvA, son algunas de las formas en que la ciencia de datos está cambiando la forma en que se está investigando.

Investigando, viendo el mundo, actuando en él; transformándolo, también. Pensamiento y acción, transdisciplinario, horizontal, colectivo.

También.


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Un decálogo para los derechos fundamentales en la Era Digital

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La vigilancia biométrica, la alteración o supresión de rostros o voces, el uso de asistentes de voz al servicio de intereses poco claros, son tres elementos presentes y actuantes ya en la sociedad contemporánea.

Ingenuo es pensar, frente a ello, que el diseño político y social del nuevo tiempo podrá darse en relación con los parámetros del pasado.

Hoy, están en juego valores públicos, como la privacidad, la autonomía, la veracidad y la salud, advierte el más reciente informe del Instituto Rathenau.

La posibilidad de mirar, por ejemplo, los alérgenos que pudiera tener una manzana en el supermercado, mediante Realidad Aumentada; o la captura e intercambio de trazos faciales, por medio de Rayos infrarrojos.

La Realidad háptica en la que, por suponer un uso, en una llamada se podrá tocar al interlocutor, y la Realidad disminuida, en la que se “se corta” un objeto real para dejar solo la parte que quiere mirarse.

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Imagen: Inverse.

O bien, la consabida tecnología de los Hologramas que se suman a la Realidad virtual y a la Realidad inmersiva, la primera ligada a los videojuegos, la segunda, a la recreación de espacios reales con los que se puede interactuar.

Todas ellas, parte de un conjunto en tecnologías de carácter inmersivo, en franca expansión y capacidad de influencia.

De cara a esta circunstancia, el Instituto Rathenau, una de las instituciones más serias en la evaluación social del mundo digital, ha propuesto un decálogo esencial para esta nueva cartografía.

Con un llamado al debate amplio sobre el diseño político y social que en materia digital regirá las próximas décadas, y aun el presente, el Rathenau formula diez demandas básicas en relación con los derechos fundamentales de los individuos y de la democracia misma.

Plantadas a manera de Manifiesto, la entidad europea expresa su decálogo para los derechos fundamentales en un amplio QUEREMOS:

1. Estar a cargo de nuestros cuerpos digitales. Los Estados deben proteger mejor los datos de voz, cara, huellas dactilares, “para que los ciudadanos tengan más control sobre su cuerpo y sus datos de comportamiento”.
2. Poder permanecer en el anonimato. Hay un creciente uso de identificación remota de ciudadanos a través de aplicaciones de reconocimiento de voz o rostro. “Esta es una invasión inaceptable de la privacidad de las personas y su seguridad. Por lo tanto, deben prohibirse las aplicaciones en las que los ciudadanos puedan ser identificados de forma remota en espacios públicos”.

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Imagen: Michal Bednarski.

3. Controlar nuestra identidad virtual. El uso de aplicaciones que intervienen en imágenes simulando que despoja de la ropa a personas para hacerles ver como si estuvieran desnudas, plantea una situación que claramente lesiona los derechos individuales a la intimidad.
4. Tener claridad sobre las nuevas cuestiones de propiedad digital. “La tecnología inmersiva también plantea nuevas preguntas sobre nuestro derecho de propiedad, con respecto a nuestra propiedad tanto en el mundo virtual como en el físico. ¿De quién son los datos de las redes sociales exactamente? ¿Y quiénes son los perfiles que puedes basar en ellos? ¿De quién es la grabación de voz, una imagen o información sobre nuestra mirada en realidad virtual?”
5. Vivir en un mundo digital inclusivo. No sólo se trata del acceso a la conectividad, gobiernos, empresas, desarrolladores y la sociedad en su conjunto deben poner la inclusión en el centro del desarrollo y el uso de sus aplicaciones.
6. Saber que algo es falso. El tema rebasa la cuestión de las fake news y se inserta en el uso de aplicaciones en las que los sentidos son engañados, se requieren, pues, legislaciones que obliguen a advertir sobre esa “falsificación”.
7. Protección contra la manipulación y la influencia (abusiva). “Con la tecnología inmersiva, la propaganda adquiere nuevas formas. Puedes hacer que otras personas crean conscientemente en otra realidad. Es por eso que se necesita un compromiso social, con contribuciones del periodismo independiente, inversión en las habilidades de los medios de comunicación de los ciudadanos y acuerdos claros sobre cómo influir”.

mundo digital
Imagen: Kat Bielobrova.

8. Garantías de que nuestra salud no se dañará. “Aplicaciones de realidad virtual y realidad aumentada son conocidos por conducir a la adicción en casos extremos. Y las aplicaciones AR en particular también parecen conllevar riesgos en términos de seguridad física”, es vital discutir y legislar al respecto.
9. Un mercado digital con un justo equilibrio de poderes. ¿Debemos resignarnos a que un grupo cada vez más pequeño de empresas manejen de acuerdo a sus intereses particulares el mercado digital?
10. Que los espacios públicos sigan siendo públicos. “Las expresiones digitales en los espacios públicos deben estar sujetas a reglas claras para preservar la similitud. Esto requiere desarrollar una nueva etiqueta social: ¿cómo nos enfrentamos adecuadamente en este nuevo mundo?”

Los riesgos están ahí. ¿Debemos, sin embargo, por ello renunciar al inminente futuro digital, expresado ya en tantas formas en el presente? Desde luego que no, concluye el Instituto Rathenau.

El llamado es claro: “No deberíamos renunciar a nuestro destino digital. Como ciudadanos democráticos, debemos ser capaces decidir por nosotros mismos nuestro futuro digital”.

Esto es sólo el principio. Así es, sólo el principio.


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Del antropocentrismo al algoricentrismo

Lectura: 5 minutos

Sobre cómo la humanidad se entume por sus creaciones

En días recientes he leído el flamante ensayo Ciberleviatán de José María Lassalle y además como si no fuera suficiente, la paranoia de su Homo Digitalis fue aderezada por la serie de Jeff Orlowski, El dilema de las redes sociales. Si no has tenido la oportunidad de ver y leer estas obras, simplemente te diré que lo hagas, sobre todo si quieres aumentar al encierro covidiano una pizca de paranoia y duda existencial sobre el escape aparente de nuestra modernidad virtual. El impacto de ambas obras es querer desconectarse, bajar el switch del wifi, poner en modo avión la vida digital: apagar la compu, dejar tu Apple Watch, esconder sin señal tu iphone. O en un acto menos extremo te imaginarás cómo hacer un acto de rebeldía y poner “me gusta” a lo que aborreces de Facebook o llenar de pistas falsas tu Instagram para así engañar al algoritmo. Aunque ambas equivalgan al ruido del árbol que cae en un bosque deshabitado, pues nadie las tomará en cuenta. Y si sí, seguro la superinteligencia ya detectará de qué se trata e inhibirá con más mensajes tus gritos y artegios de hacker novato. “Se puede luchar contra la ignorancia e incluso contra la estupidez orgánica, pero contra intereses tan poderosos, las posibilidades de un solitario serán, en extremo, mediocres” (E. Pound).

Y no, no pretendo alarmarte. Lo que dicen ambas obras es algo ya sabido: los algoritmos se apoderan de nuestras decisiones, estamos siendo manipulados. Cada scroll down, cada swift, cada like es una acción calculada que probablemente no decidiste, fuiste orillada a hacerlo. La escafandra digital es una burbuja que nos puede asfixiar en una ilusión de libertad que se refleja en una pantalla en la que nuestra selfie y nuestra mejor pose se convertirán en nuestra propia cárcel.

Jose Maria Lassalle, Ciberleviatan

Para Lassalle el debate está en que la revolución digital elimina los valores de dos Revoluciones que formaron la modernidad: la francesa y la industrial, sobre todo de ésta última el liberalismo de J. Locke, tan centrado en la experiencia y el individuo, en la capacidad de elección. Y de la Revolución francesa se destruyen los principios centrados en los derechos del individuo, de la democracia, de la libertad. En pensar que la sociedad organiza sus dirigentes a partir del voto. En pocas palabras, lo que perdemos es la libertad de elección: el libre albedrío está siendo capturado por una superinteligencia capaz de encapsular, o teledirigir,  nuestras decisiones y acciones. La propia frase cartesiana, epítome, del liberalismo: “Pienso, luego existo” se pone en duda, pues el algoritmo te dicta qué pensar.  Tal y como fueron encerradas las acciones de ratas en laboratorios en manos de científicos, los laboratoristas de Silicon Valley están jugando con todos nosotros. El centro del mundo hasta la Revolución industrial fue el hombre, el pensar que éramos la cúspide de la evolución y el progreso; el algoritmo, ese ser despiadado, es un controlador enviado para generar ganancias a unos cuantos. La desigualdad del mundo será centralizada. Somos una perra humanidad amarrada a la correa de unos pocos dueños, esa correa se entrelaza de eslabones de algoritmos que nos dicen por dónde ir, qué oler y qué comer. Es un dominio descorporizado que toma el control de nuestros cerebros y deja a nuestra sensibilidad amalgamada, inerte, desensibilizada.

Orlowski narra las historias de varios cruzados salidos del corazón del ciberleviatán, un grupo de disidentes, de antiguos  ilusionistas, que aterrorizados por sus acciones,  se escapan de programar y accionar el modelo de negocio y deciden dar una advertencia a la humanidad. Es necesario encontrar un pacto social, una nueva forma en la que la técnica se reoriente desde una perspectiva más ética, pues lo hasta hoy creado, obra de todos y de nadie, se sustenta en un modelo de negocio fundamentado en la manipulación de las decisiones. El único escape aparente es el autoconocimiento y la regulación, la toma de conciencia. Parece que estos disidentes leyeron la frase de Pound y saben que en la soledad la protesta será vacua: hacen un llamado al racimo, al grupo y a la tribu.

Narciso y selfies
Imagen: Muzikalia.

Por su parte, para Lassalle la salida se encuentra en Europa. En sus valores transterritoriales, su legado y el respeto por la normatividad. Para el ensayista español, éstos pueden ser el contrapeso para que desde el territorio de una Europa legalista se norme la empresa totalitaria y se ponga fin a la manipulación. Si el argumento de Lassalle es cierto, Zuckerberg salió bien librado de la primera batalla en los tribunales. Recordemos que el genio de Facebook pasó por el parlamento europeo, aunque con una bandera amarilla: una ley más rígida sobre la protección de datos. ¿Será suficiente?

Decía el sociólogo Erving Goffman que las instituciones totales como los manicomios, los campos de concentración, barcos o cualquier lugar aislado en donde se encapsula la vida humana mantienen ciertas características: están regidas por una autoridad que se ejerce desde lo alto o desde un centro; en ellas, los internos viven, pasan día y noche sin poder salir; tienen fines claros (un manicomio, cura enfermos mentales; un convento, prepara a las monjas para su vida en congregación); poseen una cultura de imposición; y generan una visión del mundo específica, con una perspectiva que coloca a los sujetos en un mundo alterno, como una contravisión. Si Goffman viviera hoy, seguramente vería las similitudes entre esas características y lo que hoy generan los cercos digitales. Si acaso, el fin no parece ser tan claro, éste se explica cuando se comprende la maquinaria que produce dinero y poder para unos cuantos.

control digital, redes sociales
Imagen: El País.

Un grupo de antropoides contempla un bloque negro, gruñe, avanza en grupo hacia él, como frente a un tótem enigmático danzan, entre el griterío lo contemplan: el amanecer de la humanidad llega al modificar los huesos y las piedras. Millones de años después el enigma está frente a la cama del anciano humano que se contempla a sí mismo durmiendo, después de una comida con vino, copas y las más finas maneras de mesa, se ve a sí mismo, el anciano en cama levanta la mano ante el tótem negro y enigmático. De la cama emerge un feto, en su cápsula, en su escafandra y contempla a la burbuja que es el mundo, inerte e inmóvil, sólo mira. Ese bloque negro es el espejo de las creaciones humanas.

Como en la Odisea del Espacio de Kubrick,la humanidad ha contemplado ese bloque negro que resume nuestra técnica. Narcotizados por nuestras propias creaciones humanas, que son extensiones de nuestra sensibilidad corporal, estamos siendo descorporizados en un ambiente virtual que semeja esa burbuja y nos deja inertes e insensibles. Ya McLuhan lo describió en El amante de Juguete, Narciso se enamora de sí mismo y queda narcotizado (mismo origen de la palabra) que no es otra cosa que entumido. El artefacto es extensión de nuestro cuerpo: creamos piedras talladas y a la par amellamos nuestros dientes, los hicimos menos filosos. Uri Levine creó Waze y salimos desorientados a las calles esperando indicaciones, ya sin poder saber la orientación; nuestro teléfono recuerda los números de teléfono y nuestra memoria se desvanece; el algoritmo es la extensión de nuestras decisiones y pensamientos… Estamos inertes, rendidos, noqueados. Bienvenidos a la era de la información o del hombre sin decisiones.

deshumanizacion
Ilustración: Moonassi (tomado de Human Art).

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