Entre pantallas desde el Mediterráneo

La otra Angelina

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Angelina Jolie es una personalidad del mundo del cine muy conocida por su belleza. La mayoría de la gente sabe además que estuvo casada con Brad Pitt, y también que la pareja tiene hijos biológicos aparte de los adoptados en lugares lejanos. De entre las varias facetas de ella, la de activista humanitaria ha sido difundida sobre todo por revistas de entretenimiento y especialmente a través de fotografías en las que una vez más resalta el atractivo físico de la actriz de 44 años y madre de seis hijos, quien fue nombrada Embajadora y más tarde Enviada Especial del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Quizá menos gente sepa que en diferentes ocasiones y lugares, Jolie ha hecho donaciones millonarias, siempre acompañadas de un compromiso personal encaminado al desarrollo de proyectos viables de acuerdo a necesidades específicas.

El hecho es que con el tiempo se ha ido involucrando igualmente con otros grupos humanos vulnerables, entre ellos los niños en situaciones de inestabilidad, y que su participación en el combate universal contra el hambre es sobresaliente. El grado de compromiso y nivel de eficacia que ha demostrado en su labor la han convertido en voz autorizada cuando se trata de temas de derechos y protección humana.

Con Camboya Jolie tiene una relación especial: no sólo el rey le otorgó la ciudadanía en 2005 como reconocimiento a su labor humanitaria, sino que fue ahí donde adoptó a su primer hijo. Ella misma confiesa que en ese país, durante el rodaje de Tomb Raider (2001), fue cuando cobró conciencia real de la miseria en el mundo, y que a su regreso se contactó con la ONU para informarse acerca de los diferentes lugares en los que ocurrían conflictos. Así comenzó una serie de viajes, que a veces hacía coincidir con su trabajo de actriz, por diferentes países africanos, Pakistán, Tailandia, Ecuador, Kosovo, Jordania, La India… para comprender la problemática de cada lugar. “Creo que todos queremos justicia e igualdad, la oportunidad de una vida con sentido”, declaró en esos años.

angelina jolie
Fotografía: UNHCR.

 Sin dejar de actuar en cintas comerciales si acaso anodinas –probablemente como medio para financiar sus proyectos humanitarios–, Jolie utiliza su imagen pública con absoluta conciencia para influenciar a dirigentes y políticos, entre ellos los congresistas y senadores de Estados Unidos: “la forma de hacer mover el balón”, explica. Con el Reino Unido sus lazos se estrecharon desde que en 2012 liderara la campaña para la Prevención de la Violencia Sexual en Zonas de Conflicto, iniciativa que se convirtió en tema prioritario de la reunión de los G8 en 2013, y que dio como resultado en 2014 la cumbre más importante que ha habido sobre el tema y a cuyo protocolo se integraron 151 naciones.

Lo que quizá sea novedad para muchos es que la inspiración para dicha iniciativa, lanzada por el Secretario de Exteriores británico, William Hague, fue la película En Tierra de Sangre y Miel –In the Land of Blood and Honey, 2011– escrita, dirigida y producida por Angelina Jolie. El título de la cinta proviene del nombre que los turcos dieron a la región de los Balcanes, “bal”, miel, “can”, sangre, aludiendo a la ferocidad con que su gente se resistió a la invasión. Aborda el hecho de las violaciones grupales que tenían lugar en forma sistemática durante la Guerra de Bosnia en los años 90, un tema muy serio y nada agradable, para el que la directora previene al público desde la primera escena.

La historia de base es la relación de una pareja, ella artista bosnia musulmana y él, soldado serbio, que había comenzado antes de la guerra, y durante ésta se convierte en una mezcla de pasión y desconfianza sin punto de coincidencia emocional entre el victimario y la víctima. Jolie escribió el guion en un mes, pensando que se quedaría en su escritorio, como una forma de liberar su frustración por la indiferencia de la comunidad internacional ante la injusticia. Pero la película rodada durante 42 días en Bosnia y Hungría, con actores bosnios en los roles estelares, tuvo buena recepción y ganó algunos premios así como la nominación Mejor Película Extranjera en los Globos de Oro. A la versión en lenguas balcánicas siguió otra en inglés, quizá con el objetivo de interpelar a quienes tendrían el poder de evitar que se reproduzcan situaciones semejantes, como había sido el caso del Secretario Hague.  En mi opinión, además de la valentía de Jolie, la cinta evidencia su potencial para crear buen cine, en este caso, sensato y honesto en el manejo de contenidos sensibles.

Angelina había debutado como directora en 2007, con el documental A Place in Time, en el que varios actores famosos amigos suyos, Jude Law, por ejemplo, filmaron la vida cotidiana en orfanatos y campos de refugiados, cada uno en una parte distinta del mundo pero al mismo tiempo. La idea era reflejar la esencia humana que es la misma en cualquier cultura, con el fin de promover una comprensión y aceptación universal. Más tarde, a Tierra de Sangre y Miel siguieron Inquebrantable (2014) y Frente al Mar (2015) para volver luego al tema de las atrocidades de la guerra con el que, en mi opinión, representa un excelente logro cinematográfico, en gran parte debido a la impecable dirección de Jolie: Primero mataron a mi padre –First they killed My Father, 2017–.  

angelina jolie
Fotografía: J Magazine.

En palabras de la propia directora, Primero mataron a mi padre tenía que resultar una “carta de amor” para Camboya. En mi opinión, eso es lo que es: al tiempo que uno mira en pantalla las atrocidades del genocidio perpetrado por el régimen de los Jemeres Rojos en su propio país, se sorprende con tanta belleza que, imposible como parezca, también percibe, aun si no entiende dónde está exactamente. Creo que no se trata sólo del contraste con los magníficos paisajes rurales del país. Hay además un velo mágico de inocencia que envuelve todo el relato, aun si a través de este transparenta el horror: el velo es la mirada de una niña.

La trama narrativa se estructura en torno a la experiencia de la pequeña, lo que llama su atención y cómo lo interpreta, los recursos que encuentra para sobrevivir ignorando lo insoportable de su nueva circunstancia tras la deportación de la ciudad, trabajos forzados, castigos absurdos, muerte, hambre… afortunadamente protegida por el amor familiar que permanece a flor de piel en su memoria y la sostiene frente al derrumbe de su mundo. La niña ahora adulto es en realidad Loung Ung, la coautora del guion cinematográfico, quien colaboró con Angelina en la adaptación del libro de sus propias memorias de infancia.  Si para algunos En Tierra de Sangre y Miel pecaba de un afán didáctico por explicar las circunstancias, para otros, en Primero mataron a mi padre falta contexto histórico –nada que no se resuelva, pienso, con una rápida lectura sobre el retiro de Estados Unidos de la Guerra de Vietnam y posteriormente la instauración de Kampuchea Democrática según la sangrienta interpretación del dictador Pol Pot sobre el marxismo-leninismo–.

Por mi parte, encuentro que las dosis de elementos que se mezclan dentro de la cámara de Dod Mantle es perfecta: alguna frase sobre los americanos o los revolucionarios que escapa desde la oficina del padre de Loung a puerta entreabierta, un montaje de imágenes de noticiero: Nixon declarando postura de neutralidad junto a gente masacrada en Phnom Penh… e infinidad de planos abiertos sobre la carita de Sareum Srey Moch, jovencísima y muy prometedora actriz camboyana, con corte a su perspectiva de alguna de las barbaries cuya visión intenta evitar, incluida la oposición de sus zapatos actuales con el recuerdo de sus lindas zapatillas rosas. También impresionantes por lo oportuno de su aparición son los planos aéreos de ríos humanos durante las deportaciones masivas, que alternan con los de mil verdes de una selva alucinante. Un armado perfecto de la secuencia de todas esas imágenes da como resultado una película tan poderosa como entrañable.

Primero mataron a mi Padre obtuvo crítica favorable. Ganó premios importantes aun si no son los más conocidos: Camerimage de fotografía –el mismo que ganaría la película Roma de Alfonso Cuarón en 2019–, Mejor Película Extranjera en los Hollywood Film Awards y el de Libertad de Expresión de la Crítica de Cine en Nueva York, lo mismo que nominaciones en competiciones internacionales. Angelina Jolie decidió distribuirla en Netflix con el fin de que alcanzara un público más extenso. Es posible que la decisión obedezca otra vez a los fines de su vocación de altruismo humanitario. De cualquier forma, pienso que en lo que toca a los espectadores es hora de que le demos el crédito que merece nada más que como directora.


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Se dice que toda obra tiene algo de autobiográfico. Aún si ciertos hechos no corresponden a su historia personal, el autor los interpreta según experiencias propias, por las que también es capaz de identificar e identificarse con cualquier sentimiento humano. Nada más cierto que en el caso de Barry Jenkins y su cinta, Luz de Luna (Moonlight, 2016). Ganadora, entre muchos otros reconocimientos, del Globo de Oro para Mejor Película Dramática; los Oscars de Mejor Película, Mejor Actor de Reparto y Mejor Guion Adaptado, y el Premio Mejor Actor, en el Festival de Mar del Plata, la película trata sobre la vida y el devenir de un joven negro de un barrio desfavorecido en la ciudad de Miami. Está basada en la pieza de teatro In Moonlight Black Boys Look Blue (A la luz de la luna los jóvenes negros se ven azules), en la que el autor Tarell Alvin McCraney narra el calvario de su infancia y juventud.

Múltiples circunstancias unen las vidas de Jenkins y McCraney: los dos vivieron en Liberty City, el suburbio en el que también se rodó la película y que, igual de pobre y semiderruido a través del tiempo, contribuye a crear en la cinta la sensación de una historia atemporal. Sólo un año de diferencia de edad hizo que el director y el escritor no se conocieran en la escuela, pues frecuentaron las mismas. Hijos ambos de madres drogadictas, los dos fueron acogidos bajo la protección de otra persona que hizo para ellos las veces de madre sustituta. “El texto de Tarell parecía hecho de memorias de mis memorias”, explica Jenkins. Pero, lo más significativo es que, a pesar de las dificultades, los dos se convirtieron en artistas exitosos. Y, casualidad afortunada, se encontraron para lograr una excelente película.

La verdadera intimidad de las relaciones y la de las personas con el lugar donde estas relaciones se desarrollan, parece ser uno de los temas recurrentes en el trabajo de Jenkins. Igualmente lo es su interés por las pequeñas historias personales de gente hasta cierto punto marginada, como él mismo se ha sentido desde siempre en su país. Es el caso de su primer cortometraje My Josephine (2003), en el que un joven árabe-estadounidense nos hace partícipes de sus reflexiones mientras pasa el tiempo junto a una colega en su lugar de trabajo. Se trata de una lavandería (inspirada en una real) que tras los ataques del 11 de septiembre ofrece lavado gratuito de banderas de Estados Unidos. En esa época la gente decía que los árabes eran “los nuevos negros”, así que decidí utilizar mi experiencia de sentirme “el otro” para empatizar con mis personajes, dice el director.

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Fotograma de la película “Moonlight”, dirigida por Barry Jenkins (2016).

En su adolescencia había decidido dedicarse al futbol para ganarse respeto en un ambiente hostil, y gracias a ese deporte obtuvo una beca universitaria. Así que fue en la Universidad Estatal de Florida donde se topó con un curso de cine. Al principio se sintió acomplejado entre gente que consideró muy talentosa. Pero, para evitar la competencia, buscó fuentes de inspiración en el cine extranjero de autor, lejos de sus compañeros. Escribió un ensayo sobre el hongkonés Wong Kar-wai (director, entre otras, de In the Mood for Love, 2000), por el que ganó un lugar en el simposio estudiantil de Telluride, Colorado en Estados Unidos, un primer triunfo que le abriría las principales puertas en el futuro. Después de la escuela se mudó a Los Ángeles y trabajó en la productora de Oprah Winfrey, un ambiente de gran aprendizaje pero demasiado exigente para él. Fue quizá el trauma de su infancia disfuncional, comenta, lo que lo hizo abandonar el cine para lanzarse en una especie road trip por tren a través de Estados Unidos, para terminar estableciéndose un tiempo en San Francisco.

El rompimiento de una relación amorosa lo hizo volver a su vocación con la cinta Medicina para la Melancolía (2008), una comedia romántica del cine independiente y de bajo presupuesto en la que una pareja aprende a conocerse, paseando por San Francisco a través de conversaciones que van desde la música rock hasta la identidad de la raza negra. Jenkins declara haberse inspirado directamente en Vendredi Soir, de su directora favorita, la francesa Claire Denis. Y los cinéfilos en ese tiempo tomaron nota de un debut muy prometedor, cinta rodada en quince días que apareció de repente con un puñado de nominaciones en los Premios Independent Spirit y desató entre los creadores afroamericanos una pequeña nueva ola de cine elegante.

Otra vez en el camino de su vocación, Jenkins pasó tiempo intentando hacer despegar otros proyectos, entre ellos uno basado en el texto de McCraney. En agosto de 2013 lo encontramos en un auditorio del Festival de Telluride,  dirigiendo la presentación de 12 Años Esclavo de Steve Rodney McQueen. Además del director, está en el podio Brad Pitt como uno de los productores de la película. Es después del evento que Jenkins recibe una  invitación por parte de la misma productora, y que la posibilidad de Luz de Luna empieza a convertirse en un hecho.

Con aire de seguridad pero sin perder una cierta modestia, Jenkins habla de las influencias más evidentes en su película. Dice que la idea de una estructura en tres partes, infancia, adolescencia y adultez de Chiron, el personaje principal, le vino de Three Times del maestro taiwanés Hou Hsaio-hsien (The Assassin es otra de sus obras más conocidas). Los tres actores que personifican a Chiron son en realidad muy diferentes pero, con muy buen tino, Jenkins requirió que tuvieran la misma mirada. Y es cierto que la mirada es uno de los elementos por los que, como espectadores, no sentimos interpelados por Chiron a lo largo de toda la película. Asimismo, Jenkins reconoce Ratcatcher de Lynne Ramsay (directora también de We Need to Talk about Kevin) como una fuente directa de inspiración. Declara que en el momento de lanzarse en su proyecto pensó, ninguno de estos directores nació con una cucharilla de plata en la boca, así que yo también puedo hacerlo.

En entrevista conjunta Jenkins y McCraney hablan de Moonlight como de “nuestra película”, quizá porque aunque no compartan la misma sexualidad, ambos reconocen en el guion el proceso de crecer como una dolorosa etapa en la que para sobrevivir tuvieron que refugiarse en sí mismos. La historia se ancla en una realidad que es terrible y, al mismo tiempo, tiene el tinte de un sueño. El público se siente en peligro dentro de un barrio donde conviven los más pobres negros, caribeños, sudamericanos, todos intentado pertenecer, y a la vez se encariña con quienes de entre ellos son capaces de sacrificarse para preservar la inocencia de niños que ni siquiera son los propios. En su belleza, la vegetación exuberante expone descaradamente la soledad de las personas, al mismo tiempo que el suburbio resplandece con luz propia a cielo abierto, en el colorido de las casas iluminadas por el sol y, sobre todo, gracias a la presencia del mar que brinda a los habitantes, entre ellos a Chiron, un remanso de paz parecido al paraíso.

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Tarell Alvin McCraney, dramaturgo y actor estadounidense, junto con Barry Jenkins, director de cine (Fotografía: La Revista).

Una descripción del sonido en Luz de Luna que me parece muy atinada, dice que la película habla más durante sus silencios. Es gracias al manejo de dichos silencios, en mi opinión al estilo Won kar-wai, que aparece el verdadero rostro de las personas, como los destellos azules a los que alude el título de la pieza teatral de McCraney. Pero si hay expresión en el mutismo es porque esta forma parte de la espléndida banda sonora creada por el compositor Nicholas Britell. Durante la lectura del guion, a Britell le impactó la maestría de Jenkins para expresar con tal hondura la intimidad de los protagonistas. Aún antes de ver el primer montaje sabía lo quería lograr con el “tema de Chiron”, que es el eje central de su banda original: que los acordes de piano dieran la impresión de adentrarse en los sentimientos y emociones del personaje, de la misma manera tranquila, titubeante y respetuosa, diría yo, que Chiron explora en su interior. “La primera palabra que me viene a la mente es poesía”, declara Britell al referirse al trabajo de Jenkins. “La manera de crear la película la ha dotado de belleza, intimidad, ternura, sensibilidad… Todo eso es lo que intenta captar el ‘Tema de Chiron’”, agrega Britell. Y yo pienso que lo logra.

Según cuentan ellos mismos, la participación en Moonlight transformó la visión de quienes trabajaron en la cinta. Por su papel de madre toxicómana, Naomie Harris, por ejemplo, que no fuma ni bebe y nunca ha probado una droga, aprendió a ver más allá de la adicción para reconocer a una persona completa, con deseos y aspiraciones, y que merece compasión. Janelle Monáe se identificó plenamente con su rol de Teresa, la protectora de Chiron, pues tuvo primos dedicados al tráfico de droga: ahora se siente interpelada respecto a la responsabilidad de orientar y proteger a cualquier joven más allá del ámbito de su familia. El propio director, Barry Jenkins, confiesa haber tenido sus reservas en algún momento en cuanto a dirigir una historia en la que el protagonista es gay, hasta que entendió que sería una cobardía no hacerlo y se asumió a sí mismo no como hetero u homosexual sino como el hombre que cuenta la historia.

Creo que a nosotros como público Luz de Luna nos ofrece en lenguaje estético universal, un medio de empatía con cualquier ser humano en su lucha por definirse a sí mismo, más allá de sus preferencias sexuales, su nivel socioeconómico o el color de su piel.

Esta película se encuentra en Netflix. 


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Equivalentes a los premios BAFTA en Inglaterra, los Goya en España o los Oscars en Estados Unidos, los César del Cine distinguen cada año las mejores producciones francesas del año anterior. Fueron creados en 1976 por el periodista y productor Georges Cravenne con base en doce categorías, número que con el tiempo y el surgimiento de nuevas tecnologías ha crecido hasta veinticinco, incluidas mejor película y mejor cortometraje de animación. En una ceremonia que tiene lugar en París durante el mes de febrero, la Academia de Artes y Técnicas del Cine, también llamada Academia de los César, entrega las preseas, escultura de bronce pulido de unos 30 cm en forma de tronco, integrada por una compresión de figuras que representan muebles y ornamentos, concebida por el emblemático escultor marsellés César.

La edición no. 45 de los César, llevada a cabo el pasado 28 de febrero, ha sido una de las más esperadas y a la vez temidas, en especial por las doce nominaciones que habían sido otorgadas a la película J’accuse del director franco-polonés Roman Polanski –estrenada en España con el título El Oficial y El Espía–. “Doce” como el número de mujeres que lo acusan de violación, declaró la francesa Asociación Atrévete al Feminismo.

La primera de estas acusaciones, la única reconocida por el agresor y a la que se ha dado seguimiento, es quizá la que para muchos da validez a todas las demás. Data de 1977 cuando Polanski tenía 43 años y realizaba un reportaje en los Ángeles sobre jovencitas europeas y americanas para la edición francesa de la revista Vogue. Durante una sesión privada de fotografía, le propuso a Samantha Gaileyde 13 años, el consumo de champaña y de un sedativo utilizado en esa época como droga recreativa. Después tuvieron relaciones sexuales que incluyeron la sodomía. Polanski fue arrestado y, conforme a su aceptación del delito, inculpado por abuso sexual de una menor y condenado a una pena de 90 días de cárcel con evaluación psiquiátrica, que se redujo a 42 por conducta ejemplar.

acusaciones a polanski
Fotografía: L’express.

Presionado por la prensa y la opinión pública, el juez se desistió y una vez liberado quiso condenarlo a una nueva pena prevista por “tiempo indeterminado”, con la promesa de liberarlo en 48 horas a condición de que abandonara el país. Su abogado explicó a Polanski el trato, aclarando que no podía garantizarle que le cumplieran la liberación prometida y, en cambio, la condena podría extenderse a 50 años. Fue entonces cuando el cineasta huyó de Estados Unidos para refugiarse en Francia. Su condición de fugitivo buscado por la Interpol desde entonces, no le ha impedido seguir trabajando con mucho éxito ni tampoco formar una familia, aunque sí le ha valido muchas restricciones, entre ellas, la prisión en Suiza en 2009 durante nueve semanas, seguida de un arresto domiciliario de ocho meses. Ni él ni sus abogados han dejado de buscar un acuerdo con el gobierno estadounidense para que abandone la persecución. La propia agredida, Samantha Geimer –nombre de casada–, ha declarado más de una vez haber perdonado al agresor, añadiendo que el Sistema de Justicia y sobre todo los medios le han hecho mucho más daño a lo largo de su vida.  

2019 fue un año decisivo en la carrera y la vida de Roman; por un lado, se cumplieron 50 años del terrible asesinato de Sharon Tate, su segunda esposa, que junto con otras tres personas fue acuchillada en su casa de Beverly Hills cuando tenía más de ocho meses de embarazo. Por otro, Polanski estrenó su película Yo Acuso y ganó el León de Plata a la mejor dirección en el Festival de Venecia. Pero también enfrentó una nueva denuncia. Se trata de la francesa Valentine Monnier quien asegura haber sido violada por él en 1975 cuando tenía 18 años. Como en casos anteriores, el asunto quedó en palabra contra palabra… Lo seguro es que especialmente después del premio César Mejor Dirección 2020, Polanski se convirtió más que un nunca en un personaje polémico en Francia.

En cuanto a su obra más reciente, creo que no es exagerado calificar El acusado y el espía como una de sus mejores películas; en todo caso, a la altura de las internacionalmente premiadas, Chinatown (1974), Tess (1979), El pianista (2002) o El Escritor Fantasma (2010). El título retoma el de la carta de Émile Zola dirigida al Presidente de la República, publicada en enero de 1898 en el periódico parisino L’Aurore. En ella, Zola denuncia la participación de todos los involucrados en el escandaloso caso Dreyfus, uno de los más grandes errores –o complots– judiciales de la historia francesa, que por años dividió al país en dreyfusistas y antidreyfusistas. Basada en la novela del inglés Robert Harris, la película aborda la injusticia cometida contra el capitán Alfred Dreyfus quien, por ser judío, fue acusado de alta traición al adjudicársele la autoría de una nota con información clasificada dirigida a un agregado militar alemán. Aunque obviamente aparecen, ni Zola ni Dreyfus constituyen el objetivo de la película.

El personaje central es del teniente coronel Marie-Georges Picquart, interpretado por Jean Dujardin, quien al ocupar el puesto de jefe del servicio de inteligencia descubre que Dreyfus fue condenado injustamente. Él mismo antisemita y, sin embargo, hombre de honor, emprende averiguaciones para llegar al fondo de la verdad aún a costa de su carrera y de su propia vida. Polanski no se limita a una reconstitución histórica: sin dejar de ser instructiva, la cinta se convierte en un verdadero thriller de espionaje en el que las repercusiones políticas y militares cobran gran interés. La pesquisa se convierte en búsqueda de la dignidad y la justicia al interior de un sistema corrupto manipulado por la mentira y el prejuicio.

Entrevistado al respecto de su cinta, el director judío declaró haberse inspirado, entre otras cosas, en diferentes mecanismos de persecución que conoce bien. A raíz de ello, varias asociaciones feministas se indignaron bajo el supuesto de que pretendía equiparase con el Capitán Dreyfus. Pero lo que encendió la mecha de la bomba antipolanskista fue el testimonio que la actriz Adèle Haenel hizo público al tiempo que se estrenaba Yo Acuso. La actriz inculpó a otro director de haberla sometido a caricias impropias y acoso sexual cuando ella tenía 12 y hasta los 15 años de edad en que trabajó con él. Igualmente, habló de una violencia sistemática que el sistema judicial ejerce contra las mujeres. Considerado acto de gran valentía, su testimonio sobre hechos que aún no prescriben, la ha convertido en una especie de estandarte del feminismo, en particular en el mundo del cine.

Roman Polanski
Roman Polański, director de cine, guionista, franco-polaco​.

Por su parte, la Academia de los César siempre ha mantenido la misma postura respecto a Polanski. Desde 2017 en que fue elegido para presidir la ceremonia –fue él quien decidió no aceptar ante las amenazas de boicot anunciadas–, el Ministerio de Cultura se pronunció en cuanto a la libertad de la Academia para elegir presentadores y películas; “se trata de un gran director y de un asunto que pasó hace más de cuarenta años, no es posible retomarlo cada vez”, agregó la ministro. La ceremonia 2020 estuvo marcada por la ausencia del equipo completo de Yo Acuso, así como por el gran esfuerzo de los presentadores para mantener un clima de cordialidad, especialmente tras designado el Premio de Mejor Dirección: Adèle Haenel acababa de enterarse que no había ganado Mejor Actuación Femenina por su participación en Retrato de una Mujer en Llamas y abandonó la sala junto con su directora Céline Sciamma, no sin antes pronunciar varias veces frente a las cámaras “una vergüenza”.

Muchos piensan que el nuevo reconocimiento otorgado al director franco-polonés, así como la inconformidad generalizada respecto a la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la industria, marcará el decline del cine francés. Mi esperanza es que una lucha tan loable como lo es la de los derechos de la mujer tome pronto un rumbo certero, quizá si los responsables se dieran cuenta de que, precisamente por su gravedad, las denuncias por acoso y sobre todo por abuso de menores no deberían politizarse.  


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Ningún medio es mejor que el cine y su lenguaje a base de imágenes para recrear lugares y épocas distantes. Si aceptamos como válidas las licencias artísticas cuando se trata de intuir los cómos y porqués de los protagonistas de la Historia, estaremos de acuerdo con el total de 44 premios[1] que obtuvo la última y, como dicen muchos, “más accesible” película de Yiorgos Lanthimos.

El guion que habría de convertirse en La Favorita fue escrito por Deborah Davis veinte años antes del estreno. Historiadora sin experiencia en la escritura, Davis hubo de seguir talleres antes de lograr plasmar lo que consideró desde el principio, “un relato de película”. El devenir de la Inglaterra de principios del siglo XVIII a merced de la influencia que ejercía sobre la reina Ana Estuardo su dama de compañía, Sarah Churchill; especialmente, la lucha entre esta última y su advenediza prima Abigail Masham, por ganarse la preferencia de la reina. Cartas, diarios y memorias originales son las fuentes que inspiraron esta fantástica historia de mujeres en el poder. Y si en dichas cartas no se habla de relaciones carnales, los historiadores sí convienen en que las de Ana para Sarah eran cartas de amor. La interpretación de lo que pudo haber pasado en la alcoba real es una de las licencias de la versión cinematográfica. Por otro lado, mujer vulnerable y de salud frágil, durante su reinado, Ana se sentía atrapada entre dos facciones políticas de las que se negaba a convertirse en “prisionera”, por lo que en momentos se inclinaba en favor de los Whigs, a los que pertenecía Sarah, y en otros, de los Tories, con quienes simpatizaba Abigail; de si la duración de la guerra con Francia, por ejemplo, dependió únicamente de su cercanía a una u otra, ni Davis ni ningún historiador podría estar seguro.  

Por sus declaraciones sabemos que de todas formas, al director griego le aburriría atenerse en exclusiva a los hechos históricos. Más que éstos, en el texto de Davis le intrigaron las figuras femeninas y las relaciones entre ellas: la película representaba la oportunidad de recrear tres personajes absolutamente diferentes en su inmensa complejidad. Constante en su obra, las interacciones que fabricó develan la parte más oscura de la naturaleza humana y resultan vigentes en cualquier contexto. También como siempre, denuncia la farsa de los sistemas de poder, en este caso la monarquía que fue un nuevo reto en la carrera de Yiorgo. La película es un retrato social de la vida en palacio, las actividades recreativas de la realeza en cruel contraposición con los duros quehaceres de los sirvientes.

Pero aun tras años de retrabajar el texto con ella, no encontraba en el tono dramático de Davis la vía para evidenciar tal absurdo. Así que se puso a revisar obras de 150 guionistas hasta que dio con la serie piloto The Great[2] con guion de Tony Macnamara. Nuevos años de trabajo en equipo, ahora con él, imprimieron a La Favorita el buscado tono irreverente y tragicómico con el que plantea dilemas emocionales de hace tres siglos y que sin embargo hoy nos interpelan: finalmente, diría Tony, los sentimientos no cambian. Conociendo al director imaginamos que su impecable técnica y el arte de su quehacer, arrancaron gracias al combustible de un libreto que consideraba sólido. Como dijo la actriz Emma Stone, intérprete de Abigail, la pasión de Yiorgos por su guion es inspiradora; Rachel Weisz, quien personifica a Sarah Churchill, declaró por su parte no haber podido imaginar cuánto más potenciaría Lanthimos dicho script ya de por sí fantástico.

Uno diría que en su afán por evitar las referencias temporales, como lo evidencia el conjunto de su obra anterior, el director de La Favorita se consuela jugando con el anacronismo. Un juego tan divertido y bien calculado que resulta un valor en sí de la cinta. Para empezar, los diálogos son un delicioso híbrido entre el habla de la época y un lenguaje contemporáneo. Contemporaneidad que se repite en otros varios elementos, a veces de manera nada sutil, y que al contrario de desviar la atención del espectador lo aproximan al relato. Un ejemplo es el vestuario que a primera vista parece del siglo XVIII, y sin embargo, está elaborado a base de materiales como la mezclilla o el cuero y de diseños simplificados en el caso de las mujeres; resultan trajes magníficos, tan elegantes como adecuados a cada actividad que por momentos una los querría dentro de su guardarropa.

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Fotograma de la película “La Favorita” dirigida por Yorgos Lanthimos.

En segundo plano protagónico como quienes lo portan, en el vestuario masculino, en cambio, resaltan pelucas y tacones que acentúan la ridiculez de la corte. Además de ridícula, incómoda, agregaría el actor Joe Alwyn hablando de su vestimenta en la escena de baile con Rachel Weisz. Lo mismo que en muchas películas de época, sucede en el gran salón palaciego, pero en este caso la coreografía incluye acrobacias y desplazamientos estilo limbo dance. En realidad, se trata de una divertida locura alternada con un primer plano de la cara de la reina, instantes de contraposición que revelan todo el patetismo de sus sentimientos.   

Y en cuanto a la técnica, ¿quién quiere hablar de lentes?, contesta Lanthimos de broma, aunque también quizá aburrido de la misma pregunta. En cada entrevista explica que en La Favorita continuó con la experimentación comenzada en películas anteriores, usando ahora lentes ojo de pez, una forma especial del objetivo gran angular, para evidenciar la distorsión de los espacios tan enormes en contraste con la escasez de gente que los habita. En lugar de su colaborador habitual, el griego Bakatakis, confió esa y otras ideas a la dirección de fotografía de Robbie Ryan, quien ha trabajado en varias cintas con el director inglés Ken Loach, entre otros. La sensación de un ambiente retorcido se logra además con la luz, obtenida en interiores a base de velas únicamente, de la misma manera que en exteriores se usó sólo la natural.

Otro gran acierto en la cinta, también secuencia de su afán de experimentación, es la banda sonora que diseñó el mismo Lanthimos, en la que obras de Händel, Bach, Vivaldi o Purcell se intercalan a la contemporaneidad de Messiane, Ferrari e incluso Elton John. Pero el mayor de dichos aciertos es sin duda, la dirección de actores, como lo prueban los premios BAFTA y Cine Independiente Británico que obtuvo Weisz a mejor actriz de reparto y el Oscar a mejor actriz; entre otras preseas, el que obtuvo Olivia Colman por su interpretación de Ana Estuardo. Si Stone no recibió premios por su increíble actuación será quizá por falta de otra categoría. Tanto ellas como Nicholas Hoult y los demás actores aprecian las técnicas de Lanthimos para integrar al equipo y crear un ambiente de libertad y espontaneidad donde cada quien despliega al máximo sus capacidades. Será que, como dice Colman, Yiorgos sonríe poco pero se nota que tiene un gran corazón.

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Emma Stone detrás de cámaras con el director Yorgos Lanthimos, en el montaje de “La Favorita” (Fotografía: cinevista).

Para algunos, el director de La Favorita dejó de ser la alternativa que era al cine comercial de Hollywood. Otros lo consideran tan bueno que logró imprimir su sello hasta en una comedia dramática de época. Pienso que independientemente de que uno sea o no aficionado a su cine, la película es excelente aparte de muy disfrutable.

En cuanto a obras futuras de Lanthimos, se habla de dos adaptaciones de novelas; una es el western gótico Hawkline Monster de Richard Brautigan y la otra, 1280 Almas de Jim Thompson. También se menciona la versión televisa de The man in the Rockefeller Suite que cuenta un crimen real. Por mi parte, espero con entusiasmo cualquiera de ellas lo mismo que la posibilidad de un nuevo proyecto como los de antes de La Favorita, coescrito con Efthymis Filippou de la nada, de esos suyos que sacuden cimientos y convicciones.


Notas:
[1] Entre los más importantes: Oscar Mejor Actriz; BAFTA a Mejor Actriz y Actriz de Reparto, Guion Original, Película Británica, Diseño de Producción, Vestuario, Maquillaje y Peluquería; American Film Institute Mejor Película del Año y Mejor Director, aparte de otros 9 premios British Independent Films.
[2] Serie aún por estrenar; no confundirla con Catalina la Grande de Phillip Martin protagonizada por Helen Mirren.


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Baste decir que El Sacrificio del Ciervo Sagrado de Yiorgos Lanthimos ganó el premio Mejor Guion en Cannes 2017, para justificar la sugerencia de no perdérsela. El reconocimiento lo compartió con Nunca estarás a salvo de Lynne Ramsay pero, además, estuvo nominada al menos a una treintena de premios en otros festivales internacionales del mismo año y ganó Mejor Película en el Festival de Sitges.

¿Qué, o incluso a quién, estaríamos dispuestos a ofrendar con tal de restablecer el equilibrio roto en nuestro cómodo entorno acostumbrado? Como todos los que ha escrito el griego en colaboración con su compatriota Efthymis Filippou, dicho guion premiado plantea una situación que, aun si parece absurda, desata una serie de cuestionamientos en el espectador. Un hombre ha muerto quizá debido a la negligencia del cirujano cardiovascular que lo atendió tras un accidente (se trata de Colin Farrell, quien después de su participación en Langosta vuelve a ocupar un papel estelar con el director griego); llámese destino, justicia divina o algo que en todo caso no se explica, confiere al hijo del fallecido el poder de hacerse justicia a través de la pérdida que el culpable de la suya, es decir, el doctor, debe sufrir. En una lectura desde la mitología podría decirse que la arrogancia del médico atenta contra el universo divino, rompiendo la armonía entre éste y el de los hombres, y que para reinstaurarla de manera que garantice el funcionamiento de la comunidad humana es necesario resarcir a los deudos del fallecido por medio de un sacrificio.

Mucho se ha repetido erróneamente que la película de Lanthimos se basa en el mito de la tragedia, Ifigenia en Áulide de Eurípides, en la que se requiere que la joven sea inmolada por Agamenón, su padre, quien solicita el favor de los dioses para emprender la Guerra de Troya. En algunas versiones, la diosa Artemisa exige el sacrificio de la chica a cambio de un ciervo que le habían matado, en otras, el papel del animal es de ser sacrificado en lugar de la joven. En todo caso, según lo explica el mismo director, el título de la película surgió sólo cuando se dieron cuenta de que el guion tenía algunos paralelismos con la tragedia; fue entonces cuando consideraron interesante que el nombre de su obra evocara un pasaje milenario de la cultura occidental. Lo mismo pasa con las locaciones o los actores, para Lanthimos todo surge del guion: El tiempo que paso con Efthymis escribiendo trato de no pensar en nada más. Tengo que sentirme confiado en que tenemos una historia que funciona, después ya pensamos quién podría participar y dónde nos gustaría que tuviera lugar.

portada ciervo
Imagen: BTG.

En este caso se trata de Cincinnati en Estados Unidos, aunque no se dice porque poco importa. Los hechos se desarrollan en un ambiente blanco y aséptico que se repite entre un hospital privado de lujo, el lugar de trabajo, y la mansión donde vive el doctor Murphy con su esposa (interpretada por Nicole Kidman), su hija adolescente y otro más joven, Bob. Como en todas las cintas de Yiorgos, el ambiente físico coopera para causar en el espectador la sensación de extrañeza incómoda característica de su cine. Va de acuerdo con la actuación casi robótica; diálogos recitados monótonamente, verdades graves reveladas cono si fueran conjuros y sin ninguna emoción… sin embargo, intrigan tanto que el espectador no quiere perder la palabra ni el gesto que pudieran ser la clave del misterio.

No es sino hasta la segunda mitad de la cinta que Colin Farrell demuestra enfado; el joven “Martin” parece ser responsable de la enfermedad que acosa a los suyos. El actor Barry Keoghan cuenta que Lanthimos no le dio más que ese nombre como información sobre el personaje que debía representar. Sin embargo, el también protagonista en Dunkerke, logra en el caso de esta película, el reconocimiento de Mejor Actor de Reparto en el Irish Film and Televisión Award, entre otros premios y nominaciones en otros certámenes. Su personaje combina el sentimiento de inadecuación de la juventud con un poder terrible. Ingenuo y a la vez maléfico, encarna por sí solo uno de los temas que inspiraron a los guionistas: un adolescente en absoluto control de una situación aterradora.

Otra de las ideas presentes en el guion es la de los errores que se comenten en el mundo de la salud y el de la incertidumbre que viven los médicos, siempre inseguros de si son o no, igual que Dios, responsables de la vida y de la muerte. Pero, sin duda, el tema central de la historia es que cuando algo va mal revela las deficiencias en las relaciones; hay siempre un punto débil en la manera en la que estructuramos nuestra vida y afectos:  aún al interior de una familia, el afán del bienestar personal supera incluso al instinto de protección de la descendencia. Lanthimos quería “explorar” (palabra que utiliza constantemente) los conceptos de justicia, culpa, sacrificio y, sobre todo, a la naturaleza humana cuando alguien se enfrenta a un dilema. Como ha expresado, intentó generar un cuestionamiento sobre todos estos temas. Mi opinión es que la cinta consigue ampliamente ese objetivo.

La técnica del griego en cuanto a la dirección de actores parece ser la economía total de indicaciones. Dice que durante el rodaje está abierto no sólo a factores ambientales o climáticos sino a lo que cada actor aporta con su presencia. Deja fluir a la gente y a los lugares y observa cómo su guion va adquiriendo verdadera forma a la hora que es habitado. Anima a los actores a no pensar sino aproximarse a las situaciones a nivel inconsciente, sin buscar significados que ni él mismo conoce; les pide que no actúen y, así, no reflejen sus intenciones pues ésa es la forma natural de proceder. De todas maneras, como dice Kidman, los diálogos contienen su propio ritmo y, en palabras de Farrell, es imposible poseer el papel, “uno sólo dice las líneas y la magia emerge”. En el caso del Sacrificio del ciervo sagrado, antes de la filmación el director trabajó con el grupo de manera que se integraran como una familia, pero a través de actividades que nada tenían que ver con el argumento ni los diálogos de la película.

Personaje muy importante en esta cinta, la cámara de otro de sus colaboradores habituales, Thimios Bakatakis, participa como la “presencia otra” que le faltaba al guion, según el director. Aparece siguiendo a la gente; entra en cada plano arrastrándose como un reptil voyerista. Desde lo alto, hace ver más largos y estériles los corredores, más ominosas las escenas íntimas captadas desde una esquina inferior. El choque de planos cerrados y abiertos provoca claustrofobia, y una banda sonora excepcional completa la sensación de angustia. “Empecé a usar música para crear ambientes en, Langosta, mi película previa”, afirma el director griego, “y ahora se ha convertido en parte importante de mi trabajo. Mientras edito sigo descubriendo nuevas partituras e intento imaginar el efecto sonoro que darán a la película”.

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Ilustración: The New Yorker.

El que predomina en el Sacrificio del ciervo sagrado es de una estridencia desesperante que recuerda a cintas como, Ojos bien cerrados y Odisea del espacio del director Stanley Kubrick, para las que el rumano György Ligeti, alumno de Bartók, compuso la música. Es el sonido antimelódico y obsesivo de un mal augurio, logrado con obras precisamente de Ligeti, Gubaildúlina, Christou… en intrépida combinación con el canto a capela de Kim (la actriz Raffey Cassidy en su papel de hija adolescente de la familia Murphy) interpretando Burn de la jovensísima compositora Ellie Goulding.

Por otro lado, en la cinta reaparecen elementos ya considerados constantes en la obra de Yiorgos: entrada en la acción a partir de escenas intrigantes que a lo largo del desarrollo se van aclarando; según afirma él, “lo dicho gradualmente es más interesante y propicia el compromiso del público”. Tampoco podían faltar los planos incómodos de sexo extraño, muy adecuados al universo del doctor Murphy: “El anestesista sí puede matar al paciente, el cirujano no”, dice en algún momento, imagino que en triste referencia a sus relaciones que se dan como bajo anestesia.

En mi opinión, otra constante en su obra es la abundancia de detalles que, si no aclaran, sí esbozan la complejidad del pensamiento de Lanthimos: “Tú no eres Dios” se escucha en la tele que proyecta El día de la marmota, película preferida de Martin y que insiste hacerle ver al médico; como primera secuencia en el Sacrificio del ciervo sagrado aparece un corazón latente y enseguida los guantes sucios de sangre que el cirujano tira a la basura… Uno diría que ningún diálogo, ninguna imagen son puestas al azar y aunque la insistente “exploración” de Lanthimos no le entregue –ni a nosotros– respuestas concretas, sí le abre vez con vez nuevas perspectivas. Para aprovecharlas como espectador mi sugerencia en este caso es rendirse ante la fascinación que despierta la película, si bien atentos a todo detalle, también dispuestos a recibir sus contenidos a nivel inconsciente.

Cuál es tu favorita de Lanthimos, Parte II. Langosta: ¿Qué es eso que llaman amor?

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¿Acaso quien no está en pareja se ha puesto a pensar en lo peligroso que es vivir solo: quién lo va a salvar de la muerte por ahogo si durante una comida se atraganta? ¿Existe alguien que nunca haya fingido –quizá incluso logró auto convencerse– que comparte una característica definitoria con la persona a quien quiere conquistar? ¿Durante una crisis de pareja a alguno de los dos se le ha ocurrido que quizá un hijo fuera la solución a sus diferencias? “El amor es ciego”, “el hombre es un animal como los otros”… Los clichés más conocidos, lo mismo que cuestionamientos como los anteriores, que van del humor negro a miedos tan auténticos como ignorados, o quizá inconfesables, conforman la rara propuesta que presenta la película Langosta del director griego Yiorgos Lanthimos.

El primero de sus largometrajes donde se habla en inglés, la obra fue rodada en Irlanda, condado de Kerry, sobre todo dentro y en los alrededores del hotel Parknasilla en la localidad de Sneem. Se trata de una más de las retorcidamente profundas historias que el director ha escrito en colaboración con Efthymis Filippou, en la que el hotel es el sitio donde cierta sociedad de una época indeterminada recluta a la gente soltera con el fin de que encuentre pareja. Evidente es que tienen un tiempo límite para lograrlo y que si fallan la consecuencia será fatal: los convertirán en el animal que hayan elegido al momento de su ingreso. Reglas tan incoherentes como estrictas soportan esa atmósfera entre absurda e irreal característica del cine de Yiorgo. A excepción de algunas escenas que pasan durante la noche, el rodaje se hizo con luz natural y sin maquillaje; el director de fotografía, Thimios Bakatakis, otro de los colaboradores habituales de Lanthimos, fue calificado como “su mejor aliado” para revelar el ambiente de restricción en el que viven los personajes de esta cinta, y que reduce sus emociones a la monotonía. Por vía de una terrosa paleta de colores ocre, y de encuadres más distantes que en películas anteriores y, sin embargo, igual de encajonados, el espectador tiene la impresión de estar observando las rutinas de apareamiento de una extraña especie de zoológico con la que le cuesta trabajo, o digamos más bien, le incomoda identificarse.

película La Langosta, director Lanthimos
The Lobster (2015) Dir. Yorgos Lanthimos.

Como todos los que pertenecen al cineasta griego, el relato es imprevisible, efecto que quizá se potencie por su manera de narrar: primero se muestran las consecuencias y poco a poco se van develando las causas. En este caso en que se trata de diseccionar los porqués de un sentimiento que en esencia debiera ser inédito cada vez: lo que menos debemos esperar es la típica historia cinematográfica. Descubrimos al grupo rebelde fuera del hotel, huyendo de una cacería organizada para atraparlos, y después los vemos acogiendo amablemente a nuevos disidentes… poco a poco entendemos que son todo menos libres porque, si el sistema condena la soltería, las reglas que los rigen a ellos son implacables en contra del enamoramiento. Mucho más que alguna respuesta, la película plantea interrogantes: ¿en verdad existe alguna relación exenta de modelos y prejuicios?, ¿cómo rescatar o al menos identificar la atracción original?, ¿cómo amar no perteneciendo a la manada? Por momentos pensamos que el director nos está compartiendo su punto de vista al respecto, hasta que el siguiente plano nos trae una nueva interrogante. Quizá sea que, para Lanthimos, nadie comprende el amor, hipótesis que soportaría con el detalle de la preciosa canción, tema que, quizá como un auto regalo, se permite en griego:

Τι είναι αυτό που το λένε αγάπη (Ti einai afto pou to lene agapi, ¿Qué es eso que llaman amor? en la versión con Sophia Loren y Tonis Maroudas)‘. Según lo dijo el actor Colin Farrell, uno de los protagonistas principales, de las obras en las que ha participado, The Lobster, es la que queda más abierta a la interpretación personal.

película La Langosta, director Lanthimos
Fotogramas de la película The Lobster (2015) (Pinterest).

Con su título original, The Lobster ganó el Premio del Jurado del Festival de Cannes 2015. El mismo año consiguió cinco nominaciones en los Premios del Cine Europeo y obtuvo el del Mejor Diseño de Vestuario. En cambio, en algunos foros ha sido juzgada una obra fría o incluso plana. En mi opinión, tales juicios pierden de vista su contenido más evidente, el hecho de que cualquier reglamento impuesto deviene absurdo al menos en algún momento, pero, sobre todo, cuando pretende gobernar los sentimientos humanos; si alguna denuncia hace la cinta es precisamente la falta de pasión que existe en las relaciones de la sociedad actual, y así es como refleja dicha sociedad. Rachel Weisz, otra de las principales protagonistas, confesó no haber comprendido el guion y por tanto rechazó el papel en primera instancia y, sin embargo, tras el rodaje lo describiría como el más emocionante de los que haya interpretado. “Nadie durante los ensayos se detenía a reflexionar sobre las metáforas e implicaciones de las líneas que decíamos, simplemente sonar convencidos al repetirlas nos demandaba completa concentración”. Cuenta que le fue un reto “prepararse” para interpretar un personaje del que no contaba con antecedentes, sin recurso técnico alguno. Creo que la opinión de la actriz es también válida para nosotros como público de Lanthimos: hay que permitir que nos seduzca, con plena confianza de que su inteligente propuesta está cargada de significado.


¿Cuál es tu favorita de Lanthimos? “Canino” y “Alpes”, viviendo la falsedad

Lectura: 4 minutosEl cine del director griego Yorgos Lanthimos ha sido calificado uno de los más extraños entre los contemporáneos. A partir de que su tercer largometraje, Canino (Kynódontas en griego, Dogtooth en su estreno mundial) ganará el premio Un Certain Regard en el Festival de Cannes, así como la nominación a Mejor Película Extranjera en los Óscares en 2009, su filmografía ha continuado atrayendo reconocimientos en festivales internacionales, al tiempo que la crítica y el público se dividen entre quienes lo admiran y quienes lo tachan de charlatán.

Yorgos Lanthimos.
Yorgos Lanthimos, cineasta y director de teatro griego.

En Canino, Lanthimos nos muestra el día a día de una familia en la que, por decisión de los padres, los hijos nunca han salido de la casa. “Protegidos” por altas murallas, viven sin imaginar qué hay detrás de ellas. Han crecido bajo el engaño paterno en un universo tan controlado como anómalo, al punto de que hasta el lenguaje tiene un significado distinto: si a la sal le llaman “teléfono” o a las lámparas “vagina”, dirán frases como, pásame el teléfono o apaga tu vagina, con un sentido absurdo que soporta la construcción de un entorno aparte, claustrofóbico, casi surrealista. Movimientos de cámara largos y focalizados captan con precisión la conducta y el devenir de estos personajes inconcebibles y que sin embargo revelan –o denuncian si se quiere– el modus operandi de los regímenes totalitarios, al interior de un microcosmos familiar. La madre, como colaboradora del tirano, cumple las insólitas normas de su esposo y permite las imponga a los hijos; igualmente lejanas al ejercicio del poder, la inocencia y la rebeldía femenina están representadas y diferencian a las hijas. El dominio absoluto lo ejerce el padre, al grado de pretender adaptar a su proyecto incluso el deseo sexual del hijo: ha organizado las cosas a su gusto y control de manera que una empleada suya sea quien satisfaga dicho deseo periódicamente. Pero, detalle imprevisto, es también ella quien lleva hasta la casa la “contaminación” del mundo real. Los jóvenes saben que “la ley” les prohíbe salir del encierro antes de haber perdido un canino, sin embargo, a través de la rendija abierta han descubierto la posible existencia de emoción y sentimientos en actividades que antes eran sólo deberes, como jugar, aprender, bailar…

Con una propuesta de un humor retorcido quizá difícil de entender, Lanthimos invita al espectador a cuestionarse sobre la verdadera naturaleza de la imposición y el conformismo, la esencia salvaje del ser humano; en resumen, sobre la seguridad de lo establecido frente a la incertidumbre que provoca la libertad.

https://www.youtube.com/watch?v=kuyFxZ5OHIM

A Canino siguió Alpes (2011, Premio Mejor Guion Festival de Venecia), también escrita y dirigida por Lanthimos; para algunos es su secuela, interpretación inexacta desde mi punto de vista. Es cierto que mantiene el mismo ambiente de rareza en el que al espectador le cuesta trabajo entrar. Pero de lograrlo, en Alpes correrá el riesgo constante de reconocerse a sí mismo en relaciones humanas que en otro contexto juzgaría enfermas. El planteamiento difiere con el de Canino de raíz, ya que en este caso los personajes no sólo están conscientes de que su universo falso existe gracias a la convención de ambas partes, actores y observadores, sino que se esfuerzan por habitarlo en realidad. Se trata de un pequeño equipo cuyos integrantes ofrecen sus servicios para la substitución temporal de personas fallecidas, con el fin de que los deudos puedan recrear momentos preciados con sus seres queridos mientras se acostumbran paulatinamente a su ausencia –a lo mejor el consuelo está en darles la oportunidad de que resuelvan asuntos pendientes con ellos, quizá inventando al gusto dichos momentos o incluso reinventado a los muertos–. La cámara, por su parte, en lugar de permanecer atrapada al interior de cuatro paredes, transita entre locaciones urbanas, focalizando momentos significativos para cada personaje. Los sigue de cerca, pero sin encuadres centrados, captándolos como si buscara delatar la clandestinidad de una misión que desafía a la propia muerte. La historia se nos cuenta sobre todo a través de uno de los suplantadores, quien termina confundiendo la vida con la actuación. ¿Hasta qué punto nos construimos como una proyección de lo que los demás esperan de nosotros? Quizá el tema de la identidad emocional sea uno de varios que la película de Lanthimos explora sin resolver.

Alpes, película.
Fotograma de ‘Alpes’, dirigida por Yorgos Lanthimos (2011).

En palabras de su exigente líder, la razón simbólica de la elección de “Alpes” para nombre del grupo es que designa una cordillera de montañas tan imponentes que no podrían ser sustituidas y, en cambio, lograrían reemplazar a cualquier otra sin que nadie lo objetara. Pero dicha elección obedece además a una razón práctica, y es que el nombre no revela nada sobre su quehacer. La explicación parece funcionar para la cinta en sí, que salta de plano en plano de forma que parece inconexa. Como si un reflector iluminara por turnos distintas partes de un escenario solo para oscurecerlas de nuevo, el espectador descubre posibles interpretaciones geniales que a falta de una visión panorámica va perdiendo a medida que avanza la película.

Sin el humor frente a lo absurdo, que aligera el planteamiento de Canino, Alpes resulta aun más desconcertante. En mi opinión, independientes entre sí, ambas películas evidencian en su factura la destreza del director, aunque sus contenidos originales y profundos corren el riego de quedar incomprendidos. Creo que las dos películas merecen ser vistas, con disposición a franquear umbrales de mundos falsos en apariencia que sin embargo conectan con emociones y sentimientos auténticos.

La Camarista: tras la vida oculta de los objetos

Lectura: 5 minutosLa Camarista es el nombre de la película dirigida por Lila Avilés, que contará con 2 millones de pesos para promoción durante su camino hasta el 2020 cuando representará a México tanto en los Oscares como en los Premios Goya en España. Lo mismo que se decidió en el caso de Roma de Alfonso Cuarón, de las dos cintas que habrían podido elegirse, la de Avilés será la única enviada por nuestro país.

Se estrenó en septiembre de 2018 en Toronto y desde entonces ha obtenido 23 nominaciones en su recorrido por festivales de todo el mundo. De éstas, ganó: Premio especial del jurado en La Habana, Marrakech, Marsella y Ámsterdam, Premio Diploma en Minsk, Mejor actriz en Ecuador, Mención especial en Palm Springs, Premio del público en Portland y Premio Golden Gate en San Francisco. Pero sin duda, sus victorias más importantes han sido en México: estuvo nominada a 10 premios Ariel en 2019 y ganó el de Mejor ópera prima; en el Festival Internacional de Cine de Morelia, FICM, ganó el Premio Guerrero de la Prensa para Ficción y el Premio Ojo al Mejor Largometraje Mexicano, que además del estímulo monetario incluye una escultura con dicho motivo realizada por el artista michoacano Javier Marín.

Lila Avilés.
Lila Avilés, actriz y cineasta mexicana.

En mi opinión, la indiscutible calidad de La Camarista se refleja en cada elemento que la integra, desde la profundidad minimalista de encuadres de sábanas blancas contra el fondo de la gran ciudad vista a través de los ventanales de un hotel de lujo, hasta la actuación de Gabriela Cartol que lleva al espectador a identificarse con las aspiraciones y deseos de un ser contenido emocionalmente a quien, sin embargo, logra develarnos en toda su complejidad.

Uno de los objetivos que Avilés expresó en entrevista, era el de crear una obra con varias capas de lectura. Yo creo que además de esos niveles de  profundidad, los aciertos de La Camarista pueden reconocerse desde diferentes perspectivas. La primera es que resulta una película esencialmente femenina: dirigida y producida por mujeres y que presenta el mundo a través de la mirada de quienes realizan una actividad que tradicionalmente les ha sido asignada a ellas. A juzgar por la proporción en 2018 en el Festival de Morelia: 6 de 11 largometrajes en competición pertenecían a directoras, la equidad de sexos en la industria del cine, que preocupaba a Tatiana Graullera, productora de la cinta, se está haciendo realidad y la victoria de La Camarista es prueba contundente de ello.

La Camarista.
Fotograma de ‘La Camarista’, dirigida por Lila Avilés (2018).

Otra perspectiva, quizá la más socorrida, es la que ve en la película una buena denuncia del abismo que existe entre la clase trabajadora y, en este caso, la de quienes pueden hospedarse en hoteles de lujo. Se dice que Eve, la protagonista, sueña con ser alguien distinto; encuentra la fuerza para afrontar el rigor y monotonía de su vida cotidiana evadiéndose en fantasías que crea a partir de las pertenencias olvidadas por los huéspedes. Al respecto, Avilés hizo hincapié en que la falta de comunicación no sólo se da entre clases sociales, sino que en general nos aísla como individuos. Según cuenta, tras haber terminado la película, se percató de otro de sus contenidos: el trabajo nos consume más allá del estrato social y nos convierte en seres alienados; el deseo de subir, el espejismo de la felicidad que se compra con dinero, obstruyen la vía del acercamiento entre compañeros. Lila optó por presentarnos a Eve en su lugar de trabajo para que fuéramos nosotros espectadores quienes recuperáramos las piezas sueltas, fragmentos de conversación, miradas, reacciones… y con ellas imagináramos el resto de su vida. Pienso que quizá de la misma manera que la propia camarista se relaciona con los huéspedes, incluso cuando ya no están y aprende a construirse a sí misma a partir de objetos que dan cuenta de su ausencia.

Mi opinión al respecto de La Camarista como denuncia es que logra una observación atenta, pero sin patetismo de una profesión humilde y agotadora; con interés gustoso seguimos a Eve, desplazándose en escena con la seguridad de quien conoce un territorio de manera íntima: ese ambiente aséptico y a la vez reconfortante le pertenece, tanto, que activa su capacidad creadora al tiempo que la protege contra el acoso de la inmensa Ciudad de México, asomando como tela de fondo.

Por otro lado, y quizá transgresora de la mujer sacrificada, está la visión de Eve como una voyeurista. Para entenderla, hay que saber que Lila Avilés fue actriz de teatro y su película se basó en la pieza La Camarera, inspirada a su vez en el trabajo de la artista francesa Sophie Calle. Nacida en 1953, Calle se ha dedicado a hacer de sus propias experiencias y momentos íntimos una obra, misma que presenta en distintos soportes: fotografías, libros, videos, acciones artísticas. Empezó en su juventud cuando tras un largo viaje se encontró de vuelta en casa sin amigos y sin proyecto profesional; así, decidió dedicarse a seguir a desconocidos por la calle para reencontrar París a través de los recorridos de los otros. Un análisis de sus creaciones dice que “intenta conjurar la angustia causada por la ausencia construyendo situaciones que asocian una imagen y una narración en torno a un experiencia personal. Las reglas de su juego se establecen entre los límites de las esferas pública y privada y en el carácter intercambiable de las posiciones de voyeur y exhibicionista”.

Colección fotográfica de Sophie Calle
Colección fotográfica de Sophie Calle (L’Hôtel, Chambre 47).

En el libro fotográfico Hotel, resultado de su experiencia de varios meses como camarera en un hotel en Venecia, Calle pretende inmortalizar los efectos personales de los huéspedes al tiempo que descubre detalles de su vida.  Pues fue precisamente revisando dicho libro que Avilés tuvo la ocurrencia de filmar su primer largometraje. Como lo confiesa, la idea de imaginar la vida de los otros a partir de lo que dejan la sedujo. Interrogando camareras en distintos lugares las descubrió habitadas por un sentimiento común, la soledad. Así, junto con su coguionista Juan Carlos Márquez, construyó al personaje en su entorno, tan entrañable que, en mi opinión, es casi reconfortante imaginar a La Camarista examinando los objetos de uno mismo como si hurgara en nuestra intimidad: mucho mejor que la indiferencia por la que hace tiempo dejamos de contemplarnos unos a otros.

La veracidad en la interpretación de Eve es además fruto de varios días de convivencia de Lila con el personal del hotel Presidente. El rodaje se hizo en las mismas instalaciones en funcionamiento, “entre huéspedes, maletas y otros empleados, por lo que había momentos en los que incluso nos corrían con las cámaras y teníamos que hacer cortes para no interferir con la operación regular… La proximidad con las camareras y la preparación del rodaje fue tan agradable que decidí poner a actuar a algunas de estas mujeres”. Es así como, según Avilés, la ficción y la vida se reúnen en La Camarista. En mi opinión, es una magnífica cinta que merece todo el apoyo del medio del cine y definitivamente el nuestro como espectadores.