¿Pienso, luego existo?

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¿Nuestros pensamientos son en realidad nuestros?

Todos los días escuchamos noticias en la televisión, en internet, en la radio, en los teléfonos celulares, en los periódicos y revistas. En todos ellos se dan opiniones de los asuntos que acontecen diariamente. Algunos son verdad y otros tantos son mentiras, pero tienen el peso suficiente para que los demos por ciertos y los hagamos nuestros.

Entonces, algunos tomamos la opinión de alguien más y la adoptamos como si fuera nuestra, como si conociéramos el asunto y domináramos todos los detalles importantes  para tener una opinión fundada.

¿Y qué pasa después? Emitimos un veredicto y nos aferramos a él. Será ya difícil que alguien haga que cambiemos de opinión.

Pero qué tal que la opinión que leímos o escuchamos es sobre una noticia falsa, o es imparcial, u obedece a ciertos intereses.

Al final del día, muchos nos encontramos repitiendo una y otra vez esas opiniones, y con eso, somos cada vez más y más personas diciendo lo mismo sobre algo, lo cual a la larga, terminará por convertirlo en verdad, aunque no lo sea.

Entonces, ¿podemos estar seguros de que tenemos pensamientos propios? O más bien ¿será que son discursos prefabricados que hablan a través de nuestras bocas?


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