Año Nuevo

Año Nuevo

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En memoria de Carlos Mendoza Fleury.
Buen hombre. Gran amigo.

Comienza un nuevo año y por lo menos hasta fin de enero andaremos por ahí chocando codos con cuanto conocido se tope con nosotros, dando gentiles toques de corazón y echando besos al aire tras la impunidad del cubrebocas.

¿Alguien me podría decir por qué apenas comienza y ya estamos contando los días para el final del año? En el momento en que escribo faltan 357 días, u ocho mil 547 horas, o 514 mil 498 minutos, o 30 millones 869 mil 884 segundos para que doblen las campanas por el 2021 y entonemos las fanfarrias por el 2022. ¿A quién diablos le importa eso?

La celebración del Año Nuevo ni siquiera es occidental y tampoco ha sido siempre el primer minuto del primero de enero. Fueron los antiguos babilonios los que iniciaron el rito hace unos cuatro mil años para conmemorar el nacimiento de la vida con la primera luna nueva del Equinoccio Vernal.

Esta tradición fue heredada por los romanos, pero los emperadores le metían mano al almanaque con tanta frecuencia que pronto se desfasó del paso del sol. Julio César, en el 46 a.C., publicó su Calendario Juliano y volvió el comienzo al primero de enero, aunque para compensar por los caprichos de sus antecesores tuvo que dejar al año anterior durar 445 días.

tiempo ano nuevo romano
Imagen: Tumblr.

Durante los primeros siglos de nuestra era la Iglesia declaró la fiesta como rito pagano y la prohibió hasta entrada la Edad Media. Cuando llegó Cortés a México, el calendario azteca acababa de ser reformado para ser de 365 días e intercalar un año bisiesto. El año empezaba el día 1 de Atlacalmaco, que coincidía con nuestro 1 de marzo.

El Año Nuevo Lunar es la más importante festividad para los chinos. La tradición dice que durante el último día del año, Nian, una feroz bestia, desciende a la tierra a devorar a los hombres. Sólo la alejan el color rojo y el ruido de cohetes y la luz de los fuegos artificiales, así que en las ciudades chinas esa noche todo mundo pega adornos rojos en las puertas, prende antorchas y echa palomas y buscapiés. Además dan a cada año el nombre de un animal. 2021 es el Año del buey.

Las personas de este signo, sean de ojos redondos o rasgados, de piel amarilla, negra, blanca o café, son metódicas, serias, lógicas, pacientes, valerosas y altruistas. En sentido negativo, pueden llegar a ser intolerantes y rígidas

Donald Trump nació en 1946 y por lo tanto es perro. En el 2019, desde las orillas del Yangtsé, los astrólogos de la milenaria Catay le auguraron malos tiempos: poco trabajo, poca riqueza, poca salud y poco amor. Sería aquel un año lleno de líos, informaron los pitonisos, y aconsejaron no hablar mucho y no ofender a  los demás con sus palabras: pensar tres veces antes de hacer algo.

Según esta milenaria cábala, el locuaz inquilino de la Casa Blanca tendría el año de más mala suerte en un ciclo de 12 años. Todos hicimos changuitos para que así fuera y esto se tradujera en buenas noticias para el resto del mundo. Los nigromantes orientales se equivocaron por un año, pero finalmente los astros, por el momento, parece que están a punto de librarnos de esa la peste… a menos de que el botarate se atrinchere en el Despacho Oval.

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Imagen: Sarah Johnes.

En el Japón el shogatsu es la celebración más importante del año y dura del 1 al 3 de enero. Los hijos del Sol Naciente creen que cada año es un nuevo comienzo, así que se apuran a cumplir con todos los deberes antes de que termine (igualito que el “mañana” y el “a’i se va” nuestro) y celebran el bonekai  o “fiesta del olvido”, para despedir a los problemas y preocupaciones del año anterior. Por la noche tienen la tradición de echar a volar las campanas de los santuarios.

Quizá algunos lectores recuerden aquel maravilloso pasaje de Lo bello y lo triste de Yasunari Kawabata cuando Toshio Oki decide viajar a Kyoto para escuchar el sonido de las campanas de los antiguos santuarios de la ciudad el día del Año Nuevo.

Los pueblos tienen diversas celebraciones para recibir el nuevo ciclo, aunque algo generalizado es la costumbre de dar regalos, vestir ropa especial, adornar las casas, celebrar fiestas y ofrecer propósitos. Acá entre nosotros nunca falta quien prometa dejar de fumar, bajar de peso, leer un libro, hacer ejercicio, ejercer en lo posible la fidelidad o pensarlo mejor antes de emitir el voto. Los babilonios tenían como propósito favorito el regresar aperos de labranza prestados.

Así pues, el inicio de un nuevo año, en todo el mundo, tiene un significado especial, aunque las fechas y las cuentas no coincidan. Para el pueblo judío su año nuevo, Rosh Hashaná, es el 3 de octubre y están en el 5 mil 780 de su era. Los chinos van en el año 4 mil 716, los musulmanes en el mil 441 y los hindúes en el mil 942.

Por lo que a este escribidor respecta, vive por fortuna al amparo del buey, signo que corresponde a personas tercas que se aferran a sus propios caminos, y que, además de los atributos antes descritos, son honestas y prudentes por naturaleza, patriotas, idealistas y muy trabajadoras. ¡Vaya!

Mis avezados lectores habrán notado que esta columna se repite, actualizada, cada año nuevo. ¡Abrazo! También de la pandemia del bicho nos libraremos.

Juego de ojos.

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Año viejo, Año nuevo

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Los antiguos romanos reverenciaban a un dios que tenía dos caras: Jano. Era en realidad una cabeza con dos rostros; por eso le llamaban Jano Bifronte. Era el dios de las puertas y a él estaban consagrados los umbrales, no sólo en un sentido arquitectónico sino en uno más profundo: el del cambio y de las transformaciones; el del tránsito y la evolución a otra etapa. Jano era el dios de las aperturas. Los días iniciales del año estaban dedicados a este numen. Por eso los romanos le llamaban “el mes de Jano”, o en latín: Ianuarius mensis. De aquí procede nuestra palabra “enero”. Cuando en 1502, el navegante portugués Gaspar de Lemos penetró en la bahía en la que desembocaba un caudaloso río, llamo a éste Río de Janeiro, o sea: “río de enero”, pues llegó ahí el primero de dicho mes, al cual, en lengua inglesa, sobra decirlo, aún se le denomina January.

Pero era doble la naturaleza de este dios romano. El rostro o cara que representaba el aspecto asertivo, afirmativo (como cuando uno está por trasponer un umbral) era denominado patulsius ( “estar abierto”); el aspecto negativo (representado por la puerta traspuesta que quedaba detrás) era designado como clusivius (de clausus, “cerrado”). En Jano Bifronte había algo que miraba al frente y algo que miraba atrás.

moneda jano brifonte

En un contexto de más familiaridad, los antiguos mexicanos de habla náhuatl designaban a los últimos cinco días del año (que en su calendario caían los últimos de enero y el primero de febrero) como nemontemi, que es una palabra que se ha traducido como días aciagos o inútiles, cuando en realidad connotaba que eran “insuficientes” para completar el año solar. Dice Bernardino de Sahagún que eran considerados de mala fortuna, y que “no usaban hacer nada en estos días”. Por su parte, en el denominado Códice Tovar se afirma que:  “en estos cinco días no hazia cosa alguna la gente ni acudia al templo, solo se ocupaban en visitarse vnos a otros, perdiendo tiempo….”.

Estas dos expresiones culturales en torno al fin de año y el principio del otro, motivan en mí sencillas reflexiones con ocasión de este 2020 que ha resultado tan ominoso para muchos en diversos sentidos: en el de la pandemia virulenta, en el de la economía global, el de la incertidumbre política, en el de los atentados a los valores de la democracia, en el de los grandes cambios en los paradigmas que se empezaron a realizar el año pasado, en la decadencia de algunos países y en la aparente ventaja obtenida por otros. Una verdadera revolución y en algunos casos una disrupción.

ano viejo

Con los antiguos romanos conviene decir que, en efecto, la puerta, la apertura señala un cambio, una transformación. Pero aún tras haber traspasado el umbral hay algo en nosotros que mira hacia atrás. O mejor dicho, para ver más allá, la prudencia requiere de la memoria de lo ocurrido, pero para no caer donde caímos, para no tropezar donde tropezamos. Por eso decía Ovidio que Jano era el numen en cuyas manos “todas las cosas eran cerradas y abiertas […] y en las que se hallaba la custodia del vasto universo”.

De los antiguos mexicanos retengo la noción no de unos días inútiles o “baldíos”, sino la de la mutua visitación pero también la de incensar en soledad: esto es, la importancia de la vida comunitaria pero también de la reflexión personal (tanto más importante esto último cuanto en muchas partes de nuestra República las tradicionales fiestas navideñas y de año nuevo se redujeron a su mínima expresión. En una analogía con los antiguos romanos, aquello fue como cerrar una puerta, pero no después de partir, ¡sino para quedarnos adentro!). Sobre todo recupero aquello de Sahagún de que en los últimos días del año la gente “se abstenía de reñir”. ¡Cuánta sabiduría la de los antiguos nahuas quienes sabían que no sólo en materia de virtudes sino también de vicios lo difícil es comenzar! Hemos visto cómo medios noticiosos dan cuenta de que la violencia ha crecido en los hogares a raíz de la frustración y forzada cercanía ocasionados por esta pandemia, violencia que sufren especialmente las mujeres y los niños. Con todo, hemos visto recientemente que en el mundo se han dado pasos en dirección de la defensa de los derechos de las mujeres y de los niños, los cuales suelen ser vulnerados.

Sahagun, cronicas Nueva España
Imagen: World Digital Library.

No somos romanos ni nahuas. Pero ciertamente somos humanos y nada de lo humano nos es ajeno, como decía Terencio. Y aun siendo mexicanos, en nosotros hay mucho de Lazio y mucho de Anáhuac. Podrá usted cuestionar que cómo puede un rostro mirar hacia adelante cuando la otra cara mira hacia atrás. Pero esto no es un atavismo. Es simplemente que no se puede iniciar un viaje sin partir de algún lugar. El sabio Pítaco de Lesbos decía, hace muchos siglos, que es dificultoso prever el porvenir; más seguro es echar una mirada al pasado. Yo pienso, dentro de esta misma idea del abrir y cerrar retratado en aquel Jano de dos rostros, que no se puede emprender un largo viaje sin primero cerrar la puerta. Después de todo, en un viaje —como decía Fernando Pessoa— “lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”.

Deseo sinceramente que en este año 2021 que comienza emprendan usted y los suyos un viaje maravilloso, y que se le abran innumerables puertas. Que trasponga el umbral señalado por la Dicha, así como el espíritu del hombre se abre siempre al gozo, a la esperanza y a la consecución de objetivos.


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¿A dónde vamos?

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¿Tenemos un lugar al cual llegar todos los días?

Salimos de la casa en la mañana y nos subimos al coche, a la bici, al transporte público o caminamos, pero ¿a dónde vamos? ¿Al trabajo? ¿Todavía tenemos uno?

La mayoría –aunque ya ni tan mayoría– de nosotros vamos a trabajar varios días a la semana. ¿Por qué o para qué trabajamos?

Pues para tener dinero y después usar ese dinero para (sobre) vivir. Entonces en un día normal nos levantamos de madrugada, recorremos una gran distancia y cruzamos ciudades para llegar a nuestro lugar de trabajo. Después de unos cuantos días de trabajo recibimos un sueldo o salario, el cual nos servirá para comprar las cosas que necesitamos o queremos, hasta donde nos alcance.

Muchas veces este sueldo no es suficiente, pero es mejor que no tener nada. ¿Si tuviéramos dinero suficiente y no necesitáramos más, igual tendríamos un trabajo? Puede ser, a lo mejor para hacer lo que nos apasiona, para tener poder o para no volvernos locos.

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Imagen: Cloud Front.

Para muchos de nosotros que tenemos la necesidad de trabajar para tener dinero, pensemos por un momento ¿por qué y para qué necesitamos dinero? Para comprar agua y comida, en promedio podemos vivir 3 o 4 días sin agua y de 2 a 8 semanas sin comida. Para comprar ropa y calzado.

Para comprar o rentar una casa o un departamento en el cual vivir, dormir y protegernos del frío, de la lluvia, del calor, de la suciedad y de todas las enfermedades que ocasionan.

¿Acaso no podríamos vivir en y de la naturaleza?

En los bosques, campos, montañas, playas, lagos, ríos, etc., los cuales son gratis y no cuestan, podemos encontrar todo lo que necesitamos para vivir (agua y comida) y usar sus elementos para construir una casa o una cabaña en la cual refugiarnos.

Hace cientos, miles o millones de años, los humanos vivíamos así. Después apareció el truque y empezamos a intercambiar unas cosas por otras para tener lo necesario –como por ejemplo el cambiar un alimento por otro, o comida por recipientes y utensilios– y, finalmente, se creó la moneda o el dinero para suplir al trueque.

Esta moneda pasó de ser dientes de ballena, cacao, sal, hasta llegar al oro. Y algunos siglos después aparecieron los bancos, y con ellos aparecieron diversos instrumentos como las letras de cambio, los cheques, las transferencias; y la aceptación del dinero en todo el mundo.

Así es que con dinero se puede comprar prácticamente lo que sea, y sin dinero, no se puede comprar nada.

a donde vamos dinero
Imagen: Behance.

Tan indispensable se ha vuelto tener dinero que no hay límites para conseguirlo. Juntamos más y más dinero y lo guardamos, o compramos todo lo que se pueda comprar. Pero el dinero que tenemos de más, una o más personas lo tienen de menos, lo que ocasiona desigualdad y en ocasiones pobreza extrema al no tener ni para comprar alimentos.

Hemos puesto todo a la venta, y claro que para poder comprar, necesitamos dinero.

Si queremos luz, agua, teléfono, internet, televisión, cine, teatro, conciertos, etc., tenemos que pagar dinero, así que nos encontramos en un círculo que parece no tener final.

Pareciera que alguien nos tiene muy entretenidos trabajando para conseguir dinero, para que no nos demos cuenta de que no lo necesitamos.

¿Decidimos este sistema o nos lo impusieron?

¿Llegará el momento en el que desaparezca el dinero y regresemos a nuestras raíces?


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En la Puerta del Sol

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Este año, o más bien este cierre de año, el champagne y el espumante, las uvas y los fuegos artificiales serán distintos.  Testigos de nuestro tiempo, cuando el reloj marque la medianoche, nos abrazaremos con distancia, sonreiremos bajo los cubrebocas y soñaremos con una nueva vuelta al Sol más “normal” que la última que hemos dado.

Prometeremos hacer las cosas mejor, disfrutar, viajar, revalorizar todo aquello que dábamos por sentado y seguro. Tendremos esperanzas renovadas y recordaremos a los que ya no están con nosotros.

Una cascada de imágenes, los recuerdos de un año imborrable se nos vendrán encima,  pensaremos en todo lo que perdimos, en aquello que aprendimos y, sobre todo, en todo lo que volveremos a hacer, en cuánto nos sea posible. 

Algunos estaremos solos, otros en pareja o en familia, los menos con amigos; pero todos sentiremos que algo se cierra y que un nuevo ciclo se inicia. 

fiesta desde casa, pandemia
Imagen: Los Angeles Times.

Es que casi sin darnos cuenta, estamos entrando a la tercera década del siglo XXI; la infancia y la adolescencia del mismo fueron tiempos de deslumbramiento, revolución tecnológica, profundos cambios culturales, transformaciones sociales e hiperconectividad. Los restos de las utopías del siglo XX se terminaron por esfumar, la responsabilidad ecología y el calentamiento global se instalaron como prioridades, las religiones cayeron y, representándose de distintas maneras, el miedo y la incertidumbre se transformaron en una constante en nuestras vidas. 

¿Cómo entrará en la adultez la nueva centuria?  No lo sabemos, pero el cataclismo que el 2020 significó en nuestras vidas será difícil de olvidar. ¿Vale la pena tener esperanzas?, desde luego que sí.  Los dolores del crecimiento son necesarios, nos permiten aprender, entender e impulsarnos a nuevos horizontes, nuevos caminos que recorrer y sueños que hacer realidad:

“Y a ver si nos espabilamos los que estamos vivos.

Y en el año que viene nos reímos”.


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Lo que nos toca hacer para 2021

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Primero, debemos cuidar a todos como si ya tuviéramos el virus y cuidarnos como si todos ya lo tuvieran. Con una velocidad acelerada de contagios, debido a las fiestas que no se pudieron evitar (más que a la temporada de invierno) y a una movilidad mayor por la decisión social de que las vacaciones no se perdonan, lo responsable es aislarnos lo más que podamos, mantener las medidas de higiene y la sana distancia en caso de salir.

En caso de que experimentemos síntomas, así sean leves, confinarnos de inmediato, seguir las instrucciones de un médico y contactar a las autoridades de salud, a través de los diferentes medios que están a la mano. Una realidad de esta pandemia es que muchas y muchos pacientes no se atienden a tiempo y por ello agravan su situación; en esta crisis sanitaria cada instante cuenta porque no sabemos cómo atacará este virus. 

La ventilación de todas las áreas, ya sean éstas particulares o comunales, ha probado que es condición para que no exponerse a una saturación del virus, es decir, mientras mayor cantidad entre a nuestro cuerpo, peor nos pondremos; así que no es conveniente estar en lugares cerrados, con poca circulación de aire y en grupo (el escenario de cualquier fiesta de fin de año) es la diferencia entre tener un contagio leve y uno grave.

pandemia 2021
Imagen: Nature.

Hay que organizarnos con la familia, los vecinos, los amigos, para estar al pendiente de cualquier necesidad y caso de salud que pueda presentarse. No habrá un mejor año próximo si no asumimos la parte que nos toca y actuamos para que, como una sola sociedad, esperemos nuestro turno para la vacuna y tomemos las decisiones correctas para evitar abusos en el momento en que esté disponible. 

El debate sobre quién la recibe en primer lugar y quienes esperamos en la fila es estéril y se politiza rápidamente, dividiéndonos todavía más. Creo que es un consenso general que los trabajadores de la salud tienen preferencia, nuestros adultos mayores también, los enfermos crónicos por obvias razones y de ahí por rangos de edad. Nuestra mejor defensa en lo que llega nuestro momento es cuidarnos y cuidar a los demás, tal y como ha ocurrido antes de que tuviéramos vacunas.

Eso significa que este inédito avance de la ciencia, único en la historia de la humanidad, no es un cheque en blanco, ni permite a quien la recibe aventar el cubrebocas al cielo y enterrar el gel antibacterial. Serán de seis meses a un año, todo el 2021 prácticamente, en que debemos continuar con estas precauciones si queremos evitar más tragedias, en la forma de dolorosos fallecimientos.

Entenderlo de esa manera, traerá dos beneficios: la reducción de los casos graves y de las muertes, al tiempo de que construiremos un nuevo sentido de la responsabilidad civil, que no ha sido precisamente nuestro fuerte durante este año aciago.

blanco pandemia
Imagen: SCMP.

Podemos sacarle mucho provecho a lo que hemos vivido en estos últimos diez meses y establecer las bases de otro tipo de mexicanos y de un país diferente y mejor. Si nos ponemos ese propósito como meta y lo conseguimos manteniendo la salud y la solidaridad un año más, creo que este sufrimiento habrá servido.

Pero si regresamos a nuestros mismos malos hábitos, pronostico que nuestra recuperación –a todos los niveles– será lenta, compleja y nos cobrará facturas que no podemos dimensionar todavía. 

Acudir al olvido sólo para superar una emergencia como ésta nos retrasará años en la tarea de edificar una sociedad más justa, equitativa, honesta consigo misma y corresponsable en cada una de sus acciones. Será, sin duda alguna, un precio muy alto a pagar en contra de las siguientes generaciones.

Porque este calendario no oficial de la pandemia indica que tendremos buenas noticias hasta el verano y no en todos los estados de la República, lo que anticipa que la Ciudad de México y el Estado de México, entre otras entidades, seguirán con muchos problemas sanitarios, mientras otras entidades regresan a una nueva realidad, pensando que es la vieja normalidad a la que estaban acostumbrados.

Esa disparidad de circunstancias generará un desequilibrio en lo económico, en lo educativo y en lo social que podría perjudicar a regiones enteras, principalmente a las de mayor concentración de población, de servicios y de comercio al menudeo, contra otras entidades que dependen de esta infraestructura económica para vender sus productos y muchos bienes de consumo.

consumo
Imagen: BN Americans

Además, retrasará la salida de la pandemia, porque quien vive en un estado en semáforo verde puede pensar que es buena idea cruzar a uno en color naranja o rojo (ella o él están sanos) y regresar a contagiar a su comunidad que ya estaba en otra etapa. Si hoy nos hemos hartado del confinamiento, imaginen que ahora sí experimentemos esas olas de enfermos cada tres meses y cambios súbitos de semáforo por el descontrol de la enfermedad. 

En resumen, para 2021 lo que debemos hacer es preservar la salud de otros, tanto como la propia. Actuar con responsabilidad en cada decisión que tomemos, se trate de ir al supermercado o de regresar a la oficina en algún momento, y colaborar con nuestras comunidades inmediatas.

Malgastar la oportunidad de aprovechar las lecciones de esta pandemia sólo nos acercarán a una siguiente que será varias veces peor. Tratemos de evitarlo.

Mientras tanto, a la distancia y de todo corazón, que el próximo año sea de absoluta salud, de unidad y de tiempo bien aprovechado. Felicidades.


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Feliz 2021 – Por una humanidad esplendida

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Pocos serán los que consideren el 2020 como un buen año; la gran mayoría lo tendremos en nuestra memoria como un recuerdo sumamente desastroso, con daños incalculables.

Buscar culpables para la desgracia, es lo más fácil; empero, lo cierto es que las causas son evidentes, se precisan en el descuido e imprudencia del ser humano, sobre todo sabiendo que hemos cometido errores al por mayor, en particular por lo que hace a la atención de nuestro entorno: sin el menor cuidado, ni respeto, destrozamos todo y pronto de seguirlo haciendo, habremos concluido la infernal catástrofe del planeta azul.

Lejos de reflexionar sobre la urgente y necesaria mesura que le debemos a la naturaleza de nuestro planeta y hábitat, no lo entendemos: la seguimos devastando sin miramiento.

Ahora el Covid-19, lo atribuimos a un quiróptero, conocido comúnmente como murciélago; también estamos acusando a un pueblo y no falta, tal vez con cierta razón, el descuido de muchos dirigentes de Gobierno, y sus gobernantes que no tomaron en cuenta los riesgos y en el mejor de los casos, los minimizaron, al grado tal que algunos países los ignoraron (hasta la fecha).

Corresponde comprometernos con el medio ambiente y bajo ningún concepto podemos continuar en ese camino de destrucción.

Entendamos que la empatía y respeto entre los seres humanos, se debe extender a todo el reino animal y vegetal, sin excluir el mineral.

sopa de muricelado
Imagen: Pinterest.

El mal tiene una consecuencia y ésta obliga a la responsabilidad, que implica razonar un antes y un después por el bien de todos quienes habitan en este gran planeta.

En este contexto, la protección debe incluir todo lo que es vida como el agua, la tierra y todo aquello que se mueva y se manifieste.

La explotación irracional de hidrocarburos y otros minerales ha traído también consecuencias funestas.

Urgen nuevos senderos en el camino de la educación y planes de estudio, donde las generaciones en formación y las que vengan, manejen una actitud grata para con las sabias palabras de San Francisco de Asís:

“hermano sol, hermano animal, hermana planta, hermano cielo, hermana tierra, hermano viento, hermana brisa, abran mis ojos…”.

Es tiempo de dejar de lado el ego destructivo y con ello permitir a las próximas descendencias invertir todo esfuerzo en beneficio de lo natural y a favor gozar del mundo que ahora nosotros disfrutamos.

Las enseñanzas ganadas en el 2020 deben ser aprovechadas; fueron terribles. Hoy y para lo que sigue nos dejan una gran lección. ¡Basta! De ahora en adelante a trabajar en todo para construir una renovada humanidad, digna de sobresalientes condiciones.

Además de lo referente al tema educativo, son imprescindibles novedosas reglas y superiores leyes, que con ayuda de medidas estrictas y sanciones ejemplares fomenten una nueva y mejor realidad, en beneficio de todos los seres vivientes, humanos y no humanos.

ano nuevo covid
Imagen: Cloudfront.

En el renglón del drama que hemos expuesto, como aspecto esencial y digno de resaltar, más allá de los daños propios y generales que nos causó la pandemia, también debemos saber reconocer excepciones. En lo personal fueron varias las alegrías y satisfacciones; una de ellas el reforzar la unidad familiar, reencontrarnos con nuestros fraternos, a los cuales habíamos abandonado, pero ahora estamos más cerca ¡enhorabuena!.  Conocimos sus gustos y cualidades;  ¡nos hemos identificado!.

Otro grato fenómeno para agradecer es el nacimiento y fortalecimiento de amistades y proyectos; es aquí donde precisamente encaja a la perfección uno de mis más grandes logros en tiempos de crisis: el tener la oportunidad de escribir y compartir en la revista “El Semanario Sin límites”, donde la calidad y el talento sobresalen, con directivos y colegas de la pluma que contagian entusiasmo, como Samuel Podolsky, Alex Ramos y Alex Zúñiga, brillantes y destacadas personas de calidad invaluable.  

Me es placentera la felicidad contrastada con la amargura vivida por el mortal virus y a enfrentar juicios de singular depresión, al emerger de nuestra esencia humana esa fuerza casi infinitamente bella y de inmensidad profundísima e inquebrantable de descubrir el camino hacia la justicia, la excelsitud y la bondad.  

Dentro de este ánimo, tenemos que propiciar un contexto de optimismo, para que el 2021 sea distinto, y la sabiduría adquirida de los momentos complejos que pasamos en el 2020, bajo ningún concepto olvidarla.

Tomemos el 2020 como un parteaguas para recibir los años por venir, que sean de éxito y logros importantes, de cambios de conducta, de ver las cosas de manera más solidaria, de aceptar que el sinónimo del concepto belleza, es la vida misma. Permitamos que el eros se revele en su máximo esplendor, sin moderaciones, ni limitación alguna. Abramos todos nuestros sentidos físicos, mentales, afectivos, de justicia, de integridad, de prosperidad, de amor, de unión humana fundamental, sin ceder.

¡Se reclama una nueva humanidad esplendida!


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Adiós 2020, bienvenido 2021

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Hace 2024 años aproximadamente nació Jesús, el ser humano que ha venido dando vida a la humanidad y desde entonces se ha venido celebrando en diversas partes del mundo la Navidad “Nativitas” (Nacimiento).

Este año ha sido particularmente “doloroso” para la humanidad en tanto la pandemia de la COVID-19 ha producido caos, confinamiento de los pueblos y terror en el encuentro con “el otro” (a raíz del relativo distanciamiento social). Y digo relativo porque siempre las reglas de la interacción social prevalecen por sobre las disposiciones legales que gestionan la convivencia ciudadana. Que en algunos países ya hay vacuna contra la enfermedad del año está bien; que en otros no será obligatoria la inoculación de este tratamiento ‒obedece al respeto del libre albedrío‒, pues debe servir para reflexionar sobre el grado de “confianza” de la ciudadanía en las instituciones públicas-estatales.

Veamos el ejemplo mexicano en donde a lo largo de estos meses la posibilidad de “salir” o “quedarse” en casa ha dependido de una cultura ética individualizada; en contraposición a países como Honduras en donde desde la institucionalidad y de una forma vertical se ha venido “obligando” a sus ciudadanos al confinamiento (so pena de aplicar normas de restricción a la movilidad y la búsqueda del bienestar individual y colectivo).

sana distancia navidad
Imagen: El Universo.

Sin lugar a dudas ha sido un año de encuentros y desencuentros; de comprensión e incomprensión; de esperanza y desesperanza (veamos por el ejemplo la “caída” del régimen trumpista que se convierte en una “fuente” de tranquilidad para miles de seres humanos del sur “subdesarrollado” que han visto en Estados Unidos la posibilidad de “crecer”).

Indiscutiblemente que esta época es una plataforma “propicia” para la reflexión sobre qué y cómo somos en sociedad. Porque hacemos unas cosas y desatendemos otras. Bajo mi punto de vista no hay sociedad sin solidaridad. La misma está anclada en los propios principios éticos-comunitarios sin los cuales es imposible la evolución en la construcción de la justicia y equidad.

Por otra parte, me parece adecuado repensar en fin de año la gestión del espacio público como escenario en donde se debe potenciar la idea de los Derechos Humanos como una cuestión de vital importancia para ‒desde la institucionalidad‒ “defender” y proteger al más humilde y desprotegido por el “sistema de cosas”.

Pienso que en el contexto azaroso que hemos vivido este 2020 debe motivar en cada uno de nosotros una “reinvención” individualizada a fin de generar nuevas concepciones en nuestras relaciones con nuestro propio ser, con el de “al lado”, con la comunidad y con el estado (en tanto este último es una representación abstracta de lo que somos en sociedad).

nacimiento navidad con cubrebocas
Imagen: El Deforma.

Fielmente creo que este 2021 será un año mejor y diferente en tanto se ha demostrado, por ejemplo, a través de la fe y la ciencia que el servirnos y “arroparnos” unos con otros es la clave para que nuestra humanidad no “desfallezca” (y lo demostró con sencillos ejemplos en enclaves comunitarios “iletrados” hace más de dos milenios Jesús de Nazareth, quien prefirió en su momento comunicar a través de parábolas, viendo la sencillez de la gente receptora de sus mensajes, la construcción de una humanidad diferente).

En definitiva, este 2020 ha sido fuente de discordias, distensiones y desesperanzas que creo transmutarán en vida, confianza y solidaridad como reglas inmutables para construir un florecimiento humano con justicia y respeto por las propias cosmovisiones de la vida de “el otro”.


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Más del 90% de los mexicanos promete no viajar, pero llegan a Acapulco

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La pandemia de COVID-19 se prolongó hasta este diciembre y con ello más del 90 por ciento de los mexicanos negaron su interés por viajar. No obstante,  las playas de lugares de Acapulco hablan por sí solas al demostrar lo contrario. 

De acuerdo con una encuesta realizada por Consulta Mitofsky, 93.3 por ciento de la población manifestó que evitaría los viajes este fin de año. El 6.7 por ciento restante, advirtió que con todo y la presencia del virus SARS-CoV-2 lo haría. 

Pese a los dichos de la población, la Secretaría de Turismo del estado de Guerrero informó que hasta las 8:00 horas de este jueves 24 de diciembre, Acapulco tenía una ocupación hotelera del 29.7 por ciento. Eso se suma a la ocupación condominal que se encuentra al 70 por ciento. 

En cuanto a su distribución, los hoteles en Acapulco Diamante permanecen ocupados en un 38. 2 por ciento; en la Dorada en 27.4 por ciento y en  la Naútica en 13.2 puntos porcentuales. 

Al respecto, este jueves,  Héctor Astudillo Flores, gobernador del estado de Guerrero, manifestó su esperanza a fin de que este 24 de diciembre, sea una Nochebuena “tranquila” para Acapulco. Incluso, señaló que no hay demasiada afluencia de turistas.

Previamente, el 22 de diciembre, el gobernador advirtió que Acapulco ha vivido sus mejores etapas turísticas en el periodo vacacional de diciembre-enero. Por consiguiente, puso de manifiesto que las personas irán aunque no se les haga el llamado a acudir. 

Ante este escenario, Astudillo Flores pidió tanto a los viajeros como al personal del sector turístico, seguir al pie de la letra las recomendaciones sanitarias contra el coronavirus. Advirtió que aunque el puerto permanezca en semáforo amarillo, es importante seguir con los cuidados. 

“Acapulco es un destino que recibe a muchos visitantes por naturaleza y necesitamos de todos para cuidarnos y que nos vaya bien en esta temporada vacacional”, dijo el funcionario. 

El gobernador anunció que se implementaron acciones en las casetas de entrada a Guerrero. Entre las más importantes, señaló la presencia de filtros aspersores para sanitizar a los vehículos, que arriben.

A lo anterior se suma el seguimiento de los 100  filtros de sanidad ubicados en las playas del estado así como en el Aeropuerto y supermercados. El funcionario aclaró que dichos mecanismos llevan en marcha  176 días. 

Es importante señalar que con base en datos de las autoridades sanitarias, Acapulco registra un total de 10 mil 971 contagios confirmados de coronavirus y 1 mil 241. Mientras tanto, el estado en su totalidad reporta 25 mil 474 casos y 2 mil 659 pérdidas humanas. 

Fiestas decembrinas distintas

Con base en los resultados del estudio de Consulta Mitofsky, la población mexicana planea festejar Nochebuena y año nuevo con la compañía de pocos seres queridos. 

La encuesta arrojó que para este 24 de diciembre,  59.1 por ciento de la población planea reunirse con grupos no mayores a diez personas.  Quienes desean hacer encuentros de más de 20 miembros, ocupan 3.2 por ciento y  33. 7 puntos porcentuales son representados por los mexicanos que no planean ir a alguna cena. 

Para dar inicio al año nuevo, 52 por ciento de la gente comentó que se reunirá con hasta diez seres queridos y 41 por ciento no tendrá ninguna celebración. No obstante, 3.8 desean reunirse con grupos más grandes. 

Celebraciones de Nochebuena y año nuevo

Finalmente, es conveniente recordar que incluso desde Presidencia de la República, se exhortó a la población a evitar festejos grandes este 2020. Incluso, en la Ciudad y Estado de México se implementó el semáforo rojo desde el 19 de diciembre y hasta el próximo 10 de enero.