Qassem Soleimani

2020, el año que llegamos a un punto de inflexión

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Al iniciar este año 2020 nos proponíamos –con moderado optimismo– abordar el tránsito del mundo unipolar al multipolar, pero el 2 de enero nos sorprendió un dron asesino teledirigido desde Estados Unidos, que masacró en Irak al general iraní Qassem Soleimani. En la región el comandante de la Fuerza Quds, era conocido por su hábil estrategia antiterrorista, pero Donald John Trump afirma que ordenó su aniquilación “para parar una guerra”. La secuela del hecho alteró la agenda de Jefes de Estado y analistas, que hoy consideran que la geopolítica está ante un punto de inflexión.

¡Y cómo no! Mientras gran parte de África sufre de crisis multidimensional, el Brexit se consuma ante el bloque europeo donde ganan control el separatismo. Los fascismos ganan espacio en nuestra región, donde el derechista partido español VOX afina sus vínculos con las derechas locales, en particular las bolivianas.

Y en el colmo de la hipocresía, los gobiernos que abandonan a sus trabajadores y clausuran el Estado de Bienestar exigen democracia y transparencia en sus rivales políticos.

El lastimoso espectáculo del “Impeachment”, contra el presidente de la superpotencia bélica mundial no ayuda en nada a la democracia estadounidense, pues los republicanos usarán ese escenario para catapultar la campaña reeleccionista del magnate.

Imagen: Geopolitical futures.

A la vez, el mundo atestiguó atónito que la política exterior de Trump incluye el impune asesinato político. ¡Y le va bien! Hace días zanjó la mal llamada “guerra comercial”, un conflicto político-tecnológico con China; al tiempo que consiguió que México le sirva de muro anti-inmigrantes.

 El aislacionismo internacional del Ejecutivo mexicano frena el proceso de integración latinoamericana. Y aunque se esperan giros simbólicos en su presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAV), el Comando Sur sigue maniobrando a sus anchas en la región.

Este año Occidente sólo enfrenta un foco rojo para su interés geopolítico: la pugna energético-comercial que libra en dos escenarios. Uno en Medio Oriente, donde el nacionalismo iraní le impide adueñarse de esa gran riqueza petrolera y gasera. Y el otro con la exitosa diplomacia del presidente de Rusia, Vladimir Putin. Así, el Kremlin obtiene logros inéditos: mientras consolida su pacto euroasiático con China, construye el puente que une a Crimea con territorio ruso y afirma su alianza energética con Turquía. Ante esa avanzada del país eslavo, se le castiga acusándolo de dopaje de Estado y se le impide ir a las Olimpiadas.

Un actor no gubernamental que se fortalece en nuestra región son las sectas evangélicas. Afinan sus estrategias y se alían con las más reaccionarias fuerzas con un objetivo: alentar el conformismo, asegurar la explotación y afinar su plan de control de masas, explica el analista Miguel Leyva. Jair Bolsonaro logró la presidencia de Brasil al aliarse con esas fuerzas reaccionarias.

Alberto Fernández, presidente de Argentina; Jair Bolsonaro, presidente de Brasil (Imagen: Infobae).

Por eso, aunque veremos a un Lula da Silva más activo, no se anticipan cambios favorables en el gigante latinoamericano. Y si en 2019 Bolsonaro privatizó tres parques nacionales, incluyendo una parte de las Cascadas de Iguazú, esperamos que haga algo similar en la Amazonia.

Entretanto, la Argentina de Alberto Fernández enfrenta el reto de resolver la cuantiosa deuda externa (50,000 millones de dólares) que adquirieron sus antecesores. Ese obstáculo le impedirá tejer vínculos más estrechos con los gobiernos de Cuba y Venezuela, lo que beneficiará la agresiva política exterior de Donald Trump contra esos Estados, a los que ha sometido a sanciones asfixiantes.

Tampoco se prevén buenas noticias para la democracia boliviana. El gobierno de facto de la primera mujer dictadora de América Latina no garantiza respeto a un eventual triunfo del Movimiento al Socialismo en las elecciones.  Los golpistas no se irán.

De ahí que observadores anglosajones anticipen meses menos previsibles, con un clima político más impulsivo y caótico. Coinciden que cada vez más las grandes decisiones geopolíticas dependerán de actores no estatales.

Emiliano Teran Mantovani (Fotografía: Punto de corte).

El investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de Barcelona, Emiliano Teran Mantovani, quien habla ya de una crisis civilizatoria y que será evidente este año en distintos puntos del planeta, así la explica: “El tiempo que vivimos es un tiempo extraordinario. Todo está en juego. Las posibilidades de vida en la Tierra, tal y como las conocemos, pueden cambiar radicamente. Más allá de diversos imaginarios sociales sobre colapsos y apocalipsis, eso tiene efectos en los marcos de convivencia social, los ciclos de lluvia y períodos secos, en las migraciones, la producción y distribución de alimentos, la pérdida de los últimos refugios ecológicos, la conflictividad social y geopolítica por los recursos indispensables para la vida, el nivel de los océanos, el mantenimiento de las instituciones sociales y las infraestructuras, y un muy largo etcétera”.

Sabemos pues que los próximos meses serán cruciales para la paz, seguridad, economía y preservación medioambiental. Revertir ese sombrío panorama, pasa por construir una ciudadanía culta, que consulte fuentes diversas de información y domine la tecnología. Sólo así se logrará influir en las decisiones políticas.

La amenaza de la tercera guerra y la vengancita de Irán

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La crisis generada por el asesinato del general Soleimani abrió la puerta a una nueva escalada de confrontaciones militares impredecibles entre Irán y Estados Unidos, con extensión a sus respectivos satélites y potencialmente a otros actores relevantes en el plano internacional. Las primeras reacciones políticas se mantuvieron en el plano declarativo con narrativas mutuamente amenazantes. Los efectos inmediatos se registraron en la inestabilidad del sistema financiero y en el alza de los precios del crudo, dada la natural incertidumbre y temor producidos por el evento.

La especulación sobre los escenarios futuros, corrieron desde lo temporal e intrascendente con la percepción de que, como en otros casos, el asunto podría atenderse en el ámbito diplomático, hasta lo catastrófico, que obligaba a ubicarse en el terreno bélico en virtud de la relevancia del hecho y del personaje abatido, un alto funcionario del Estado de Irán, importante figura política y militar, lo que fue interpretado como un abierto acto de guerra por parte de Washington.

La declaración de la máxima autoridad iraní dejó en claro que tendría una respuesta drástica al ataque norteamericano, reservándose el derecho a decidir cuándo, dónde, de qué manera y en qué fuerza ejercería su terrible venganza. Por su parte, el mandatario norteamericano, reiterando su actitud, fue explícito al señalar que, si se materializaba esa respuesta, actuaría con su poderoso ejército contra 52 blancos ya seleccionados de gran importancia para Irán, que podrían incluir sitios culturales.

Soleimani
Fotografía: Radio Karibeña.

Tanto el impacto político, la reacción de indignación social que la eliminación del líder persa tuvo en la región, así como la abierta postura hostil del presidente norteamericano, generaron una dialéctica incendiaria que alejaba a cada momento la posibilidad de una solución diplomática.

El escenario más peligroso, pero más posible, dadas las circunstancias era, desde luego, que habría una represalia iraní, pues difícilmente Teherán se resignaría a pasar por alto la agresión recibida, pero considerando la asimetría del poder militar y las capacidades bélicas entre los virtuales contendientes, resultaba poco probable que Irán eligiera la vía armada convencional, lo que le dejaría como opción la vía de la acción irregular, contra objetivos redituables en cualquier parte donde pudieran afectarse los intereses del enemigo.

Una situación de este tipo, supondría, naturalmente, la reactivación de acciones violentas, selectivas, contra objetivos diversificados, de manera sorpresiva, en espacios geográficos imprevistos y con intensidad diversa, que podrían ser perpetrados por cualquier tipo de fuerza, actores difusos, estatales o no estatales, reales o ficticios, con intencionalidades múltiples, que podrían revestir características de y ser calificados como actos terroristas, cuya autoría podría atribuirse a la venganza anunciada, lo que eventualmente ofrecería no sólo a los Estados Unidos, sino a otros estados aliados, la justificación necesaria para emprender nuevas represalias, lo que llevaría, como se ha vivido en otros casos de confrontación, de manera circular, a un escalamiento del conflicto de intensidad, expansión y duración impredecibles.

Guerra entre Estados Unidos e Irán
Imagen: UFO Community.

La tensión y zozobra producida a nivel global llegó a su clímax con dos tímidos ataques de cohetes perpetrados a dos bases militares estadounidenses por parte de Irán, atrayendo la atención mundial e incrementando momentáneamente el temor de la guerra. Pero rápidamente todo dio un vuelco. El canciller iraní comunicó, tras su débil respuesta armada, vía redes sociales, que con esa acción se daba por servido, lo que se interpretó más como un mensaje al interior de su nación, a manera de catarsis, que como una real represalia hacia su enemigo. El mandatario norteamericano, por su parte, aceptó triunfal la tácita “disculpa”, no sin advertencias y condicionamientos, dejando en claro que la espada de Damocles seguirá pendiendo sobre Persia si no se porta bien.

El fantasma de la guerra, venturosamente, parece haber sido conjurado, al menos en el plano convencional, pero no debe pasarse por alto, que aún queda en el ánimo de la sociedad iraní, en grupos y sectores radicales de toda la región con estrechos vínculos con el país islámico, un duelo y ánimo de revancha de reservado pronóstico.

Sólo como curiosidad: ¿Tendría algo que ver en el desenlace la coincidente y sorpresiva visita de Vladimir Putin a Damasco el martes pasado?

¿Tercera Guerra Mundial?… no esté tan seguro

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La paz más desventajosa, es mejor que la guerra más justa.
Erasmo de Rotterdam.

Irán no enfrentará al oponente más poderoso

Con el asesinato de Qassem Soleimani, la figura militar más importante en 40 años de la República Islámica, todos temen a la promesa del líder supremo Ali Khamenei de “represalias severas” y de miles de dolientes iraníes que exigen venganza. La profecía de una Tercera Guerra Mundial proveniente de Medio Oriente ha invadido cualquier cantidad de espacios y pensamientos. Pero no nos adelantemos, Irán puede tener muchas opciones para desencadenar caos contra los intereses de Estados Unidos y sus aliados de Medio Oriente, pero también tiene una razón poderosa para detenerse y reconsiderar. Siendo objetivos, la realidad es que Irán no puede permitirse una guerra con un oponente mucho más poderoso. Además, se trata de un conflicto de 50 años cuyas tensiones relacionadas siempre han sido temporales.

Tercera guerra mundial
Ilustración: Daryl Cagle

Juzgó mal a Trump

Cualquier represalia que conduzca a guerra causará un daño enorme a la República Islámica. El número de víctimas de Irán será mucho mayor y por ello el régimen en Teherán lo ha evitado. Los líderes islámicos son estratégicos, comprenden a sus oponentes y anticipan sus movimientos. Pero esta vez juzgaron mal a Trump. Convencidos de que Trump haría todo por evitar una guerra, han provocado por meses a Estados Unidos con objeto de aliviar las sanciones económicas que Trump impuso tras retirarse del acuerdo nuclear en mayo de 2018. Un año después, en mayo de 2019, Irán comenzó una campaña de intimidación atacando navíos internacionales, pero tuvieron cuidado de no hundir barcos o matar a nadie. Al no haber respuesta, derribaron un avión no tripulado militar estadounidense. Trump suspendió un ataque de represalia en el último minuto, pero anunció una “línea roja”: la muerte de cualquier estadounidense a manos iraníes exigiría una respuesta militar. Entonces, Irán aumentó las apuestas al desatar un gran ataque contra las instalaciones petroleras sauditas. Estados Unidos trasladó tropas a Arabia Saudita, pero nuevamente no respondió agresivamente. Irán, atacó más tarde con cohetes instalaciones de Estados Unidos en Iraq. La semana pasada mató a un contratista estadounidense, varios policías y soldados iraquíes e hirió a cuatro tropas de Estados Unidos. En respuesta, este último atacó las bases de Kata’ib Hezbollah, mataron al menos a 24 cuadros de la milicia. Luego, Irán dañó el complejo de la Embajada de Estados Unidos. En Bagdad, la administración de Trump afirma que recogió información creíble de que Soleimani estaba planeando nuevos ataques contra personal estadounidense. No se ha proporcionado evidencia, pero tal comportamiento es consistente con las provocaciones de Irán.

petroleo mundial
Ilustración: Indian Express.

¿Qué sigue?… volatilidad temporal

Irán ya no puede suponer que Estados Unidos no responderá provocaciones con una fuerza desproporcionada. Ali Khamenei (o Alí Jamenei) debe saber ahora que “represalias severas” por parte de Irán podrían encontrarse con una respuesta aún más devastadora. Irán no cuenta con armamento nuclear por ahora. Así, la opción más inteligente para Irán sería tomar en serio al Secretario de Estado, Mike Pompeo, cuando dice que Estados Unidos ahora está buscando una reducción de la escalada y restringir sus represalias a truenos. Los comentarios recientes de Trump hacen sentido: No estoy iniciando una guerra, la estoy evitando; Irán nunca ha ganado una guerra pero sí buenas negociaciones.

Petróleo

Dejando a un lado la variable psicológica, el mayor riesgo fundamental del conflicto es una alza del precio del petróleo al ser Irán el 5% productor más importante a nivel mundial con el 6.0% de la producción mundial (Estados Unidos es el primero con el 19% de la producción mundial y México ocupa el lugar 12º con el 2.7%). Un recorte de producción que aumente precios o el ataque a instalaciones propiciaría presiones inflacionarias. Estemos atentos.

Al grito de guerra: el patrimonio amenazado en un tuit

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Días de tensión creciente se han vivido a raíz del ataque en Bagdad, en el cual murió el comandante militar iraní Qasem Soleimani. Más allá de glosar notas que todos hemos leído en días recientes, este hecho y uno de los tuits del presidente Donald Trump me hicieron reflexionar en algo que ha estado en la mesa desde tiempo atrás y que también se ha discutido con motivo de los acontecimientos en nuestro país: ¿qué papel cumple el patrimonio? ¿Para quiénes, en qué entornos, en qué contextos consideramos a algo motivo de protección?

Patrimonio es legado, entraña tanto la herencia que se ha recibido como los bienes adquiridos y acumulados por uno mismo. El patrimonio tiene un carácter aditivo, como la tradición: se transmite, se elabora, se custodia, se defiende, se engrandece, se valora. Patrimonio es riqueza y siempre es de alguien. El patrimonio tiene, entre otras cosas, significado y por ello es determinante esta relación de pertenencia que, a su vez origina protección.

Imagen: Reporte Indigo.

¿Quién valora el patrimonio? Hay dos antecedentes que es necesario tomar en cuenta. A raíz de la destrucción de bienes muebles e inmuebles derivada de la Segunda Guerra Mundial, se contempló en la Convención de La Haya (1954) la protección de la propiedad cultural en el caso de un conflicto armado; por otro lado, el 16 de noviembre de 1972 se firmó en París la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural; la inclusión de este último rubro es lo que le da especificidad al documento que, en lo tocante a lo cultural, no plantea algo sustancialmente distinto a lo que se define como patrimonio cultural en la Convención de 1954. El Artículo 1º de la Convención de 1972 dice que es considerado patrimonio:

los monumentos: obras arquitectónicas, de escultura o de pintura monumentales, elementos o estructuras de carácter arqueológico, inscripciones, cavernas y grupos de elementos, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia–los conjuntos: grupos de construcciones, aisladas o reunidas, cuya arquitectura, unidad e integración en el paisaje les dé un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia–, los lugares: obras del hombre u obras conjuntas del hombre y la naturaleza así como las zonas, incluidos los lugares arqueológicos que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o antropológico.

patrimonio cultural  Bam

En 2003, la UNESCO incorporó la noción de patrimonio inmaterial, consistente en prácticas culturales, artefactos que intervienen en ellas, expresiones orales, conocimientos relativos a la naturaleza y al universo, actos festivos, etc.

Ahora bien, estas convenciones apuntan directrices generales para la protección del legado, un legado que, por su importancia, ya no solamente debe ser custodiado por una comunidad específicamente, sino por todos los países que suscriben los documentos. En días recientes, Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, le recordó al presidente Trump que su país ha suscrito compromisos en convenios internacionales que lo impelen a respetar el patrimonio cultural. Diversos actores en redes sociales han publicado, a partir de la lista de la UNESCO, fotografías de los lugares emblemáticos de Irán que están en riesgo a raíz de la amenaza de Trump del pasado 4 de enero. No refiere cuáles; habla de 52 objetivos de alta importancia para Irán y la cultura iraní. La AAMC (The Association of Art Museum Curators) condenó el pasado lunes 6 la amenaza de destrucción y se refirió a “nuestra global y compartida herencia cultural”. Es decir, no es de Irán, es de todos. Amenazas y destrucciones de facto ya han tenido lugar en diversos momentos: la destrucción de monumentos como los budas gigantes de Afganistán, destruidos por los talibanes; el arco de Palmira en Siria y el ataque a esculturas en el Museo de la Civilización de Mosul por parte de yihadistas de ISIS; mausoleos sufíes de la ciudad de Tombuctú (Mali) que sucumbieron a manos de tuaregs e islamistas radicales. La cuenta, desafortunadamente, es larga y me limito a recordar sólo lo que ha sucedido en los años más recientes.

Audrey Azoulay, directora general de la Unesco (Fotografía: Telesurtv).

¿Por qué amenazar con destruir monumentos? ¿Por qué podría ser significativo destruir el patrimonio cultural? Porque significa. Esta significación puede estar asentada en motivos religiosos para una comunidad muy específica y quizá más próxima, en motivos estéticos y de apreciación histórica para otros. Los monumentos no son piedras estables e impasibles que testimonian los logros técnicos del pasado: son construcciones discursivas vivas, que se hacen en el presente. Redimensionan tragedias del pasado, nivelan el terreno en términos simbólicos, palian dolores, rinden homenaje, reivindican, dan prueba de un poder alcanzado, tranquilizan, perturban, lo que sea, pero permiten construir continuidad. Los monumentos (en general) son medios físicos para trascender la muerte en términos culturales. Para trascender el olvido.

Hace meses que estamos presenciando marchas de mujeres que realizan pintas en los monumentos de Paseo de la Reforma. Mi postura ya fue expresada en esta columna y de ninguna manera creo que una serie de pintas pongan en riesgo de destrucción total a ninguna construcción. Cuando cayó, presa de las llamas, la aguja de Notre Dame en abril del año pasado, miles de parisinos y visitantes de la Ciudad Luz se hermanaron en un sentimiento de irreparable pérdida con quienes presenciábamos el acontecimiento a través de la televisión y las redes sociales. Hace no mucho las reacciones producidas a raíz del escándalo que suscitó en un grupo de campesinos el Zapata gay de Cháirez fueron todo un tópico y motivaron una serie de reflexiones en torno al machismo que ya también he refigurado en La deriva de los tiempos. Ninguno de los ejemplos que he referido obedece a las mismas circunstancias. No obstante, hay un hilo en común: es patrimonio cultural, se vulnera significativamente a alguien y el legado se encuentra en el centro de las disputas puesto que representa, semantiza, iconiza diversos intereses. ¿Hay motivos para destruir completamente lo que ha sido significativo para muchos, por mucho tiempo?

patrimonio cultural Mezquita Rosa

La cosa se pone muy, pero muy espinosa. No puedo defender la destrucción sino tratar de entender razones y de reflexionar en los significados. Cuando un grupo invade a otro o trata de imponerle su credo religioso, es obvio que los que van a sufrir primero las consecuencias van a ser los monumentos y artefactos creados con fines litúrgicos. Si no, recuerden cómo les fue a los “ídolos” y construcciones indígenas durante La Conquista y evangelización del territorio mesoamericano. Un reclamo de atención, por demás legítimo, por parte de las mujeres como grupo vulnerado a causa del machismo, la impunidad, la inseguridad y la violencia despertó la conciencia de protección patrimonial (que andaba medio dormida) de un sector que estimaba que “ésas no eran maneras de protestar” sin parar mientes en que las cifras de mujeres asesinadas, violadas y acosadas han ido en aumento exponencial durante los últimos años. De nuevo, no estoy justificando nada, pero que un presidente (y no cualquiera, el de los Estados Unidos de Norteamérica) lance una amenaza que, por salir en Twitter no es menos peligrosa contra una serie de objetivos de interés cultural para Medio Oriente y capitales para comprender el devenir de la historia de Occidente, me parece fuera de toda proporción.

Me hago las mismas preguntas siempre que leo sobre estas cosas y que veo las palabras “patrimonio mundial”, que se supone que es de interés para la humanidad. No sé si a un migrante africano le interese la posible destrucción de la mezquita de Isfahán. No sé si a una mujer ultrajada en Corea del Norte le despierte alguna emoción el hecho de saber de la pérdida de Notre Dame. Tampoco estoy segura de si un migrante mexicano que marcha desesperado a la frontera del Bravo se sentiría muy vulnerado al saber de la subasta de piezas arqueológicas mesoamericanas que se llevó a cabo en París hace unos meses y que fue foco de reclamos bastante pueriles por parte de nuestras autoridades diplomáticas nacionales.

patrimonio cultural Golestan en Teheran

En varios medios se dijo que destruir el patrimonio cultural en medio de un conflicto armado (y con la deliberación de Trump) es un crimen de guerra. Yo digo que la guerra es un crimen. Las pérdidas de la población civil son inconmensurables en todos los sentidos; los daños al patrimonio intangible y, por supuesto, la destrucción de monumentos antiguos que dan fe de lo que otras culturas han sido capaces de hacer, no tienen ninguna justificación. No exhorto a ponderar si Trump tuvo o no razón al haber proferido la amenaza. Exhorto a pensar en el término “patrimonio”. Con todo, preferiría usar el de legado o herencia, para quitarle la carga jurídica y patriarcal, pero eso es otro asunto. Legado, herencia y tradición van juntos en términos de cómo pensamos en lo que tenemos y para quién lo tenemos. Cada quien cuida su parcela, bien es cierto, y en algunos lugares no nos da el presupuesto o la estrategia para ejercer una buena custodia. El legado se transmite de generación en generación (dejemos de lado eso de “de padres a hijos”, pues no nos deja extender la reflexión hacia entornos más comprensivos) con la finalidad de enorgullecer, formar, identificar, permitir la comprensión de una serie de procesos y el autorreconocimiento. Lo que hay en Irán, en Iraq, en Armenia, en Siria, en Jordania, en Líbano, en Turkmenistán es tan valioso como lo que hay en Teotihuacán o Chichén Itzá. No creo que a Trump lo tenga preocupado la reacción airada de la comunidad mundial que vela por proteger al patrimonio y no sé si haya reparado en que la UNESCO contempla sanciones para quienes incurran en destrucción, siendo parte de los países firmantes de las convenciones; no lo creo, como no veo que a Andrés Manuel le preocupe la devastación natural, social y arqueológica que va a implicar la construcción del Tren maya. Lo que creo es que como humanidad no debemos permitir que semejantes sujetos lleguen a decisiones de poder.

Qué aprendo hoy de Qassem Soleimani

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Con el conflicto recién ocurrido entre Estados Unidos e Irán, sin duda debo estudiar más sobre Qassem Soleimani, pero antes quiero comenzar citando un párrafo de Wikipedia:

Dáesh o Daish es un grupo terrorista paramilitar insurgente un protoestado no reconocido, de naturaleza fundamentalista yihadista wahabita (takfirista) que siguen una doctrina heterodoxa del islam suní formado por radicales fieles a Abu Bakr al-Baghdadi, que en junio de 2014 autoproclamó el califato desde la ciudad iraquí de Mosul, pidiendo lealtad a todos los musulmanes.

¿Alguno duda que había que combatirlo? Supongo que nadie. Irán combatió contra ellos no por su faceta terrorista sino porque competían con sus propios planes expansionistas como líder importante del islam chiíta que representa aproximadamente un 15% del mundo musulmán, e Irán es, sin duda alguna, el país más representativo y combativo en su intento de conquistar el mundo.

Qassem Soleimani
Ilustración: FRN.

La monarquía en Irán llegó a su fin en 1979, mediante una revolución popular que derivó en una revolución islámica, al terminar siendo liderada por chiítas, dirigidos por Jomeini, lo que dio lugar al establecimiento de una república islámica el 1 de abril de 1979. Un movimiento popular con el que muchos estábamos plenamente de acuerdo, pero por supuesto, al convertirse en una dictadura religiosa perdió mi simpatía y paralelamente despertó mi temor, que no es importante ahora describir.

No debemos engañarnos, Irán es un país terrorista, es una dictadura religiosa, promueve el terror y si bien aprecio que despierta alguna simpatía entre algunos amigos argentinos por manifestarse en contra de Estados Unidos e Israel, no deja de ser un peligro para el mundo. Sus inmensas riquezas provenientes del hidrocarburo están dedicadas a desarrollar una bomba atómica y armar grupos terroristas en el extranjero. Es cierto que no tengo pruebas pero sin titubeos sostengo que el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), por ejemplo, lo ejecutaron los iraníes –ocurrido el 18 de julio de 1994 en Buenos Aires–. Porque se negaron a entregar los presuntos sospechosos de la responsabilidad del atentado. Si son inocentes, que lo prueben ante la justicia.

Seguramente a los que interesa o preocupa la geopolítica leerán sobre Qassem Soleimani y por eso me ahorraré de traer datos de su biografía. Desde hace muchos años él había estado a la cabeza de los movimientos militares que se infiltran en otros países. Según sus propias declaraciones, estuvo en El Líbano cuando fue la guerra del año 2006. Así que cuando leo que este militar fue asesinado, se me dificulta un poco la comprensión de los términos. ¿Acaso todos los soldados que mueren son asesinados y todos los soldados que matan a los anteriores son asesinos? Definitivamente este hombre es un militar que se estaba en guerra, conducía guerras y operaciones militares y, por lo tanto, desde mi perspectiva, cayó en combate. La famosa frase del piloto alemán Erich Hartmann es buena porque cuando comiencen a morir algunos viejos, posiblemente tengamos menos guerras; aquí la recuerdo:

Qassem Soleimani
Fotografía: China Morning Post

La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan.

El mundo musulmán es el que esta proveyendo la mayor cantidad de víctimas inocentes con sus ataques terroristas en todo el mundo y, por supuesto, en especial en el mundo musulmán.

En el enfrentamiento global que tienen las grandes potencias cuidando sus propios intereses geopolíticos, económicos, e incluso sociales, hay muchas fuerzas “locales” que lo aprovechan y en ese mismo marco, por razones claras e inequívocas, se unen por ejemplo Irán y Venezuela. Unas reflexiones que escribí hace varios años vuelven a ser reales, donde incluyo cuatro personajes: Hugo Chávez y Mahmud Ahmadinejad, ¿por qué se intenta vender las imágenes de estos personajes como buenos? ¿A qué intereses responden estos propósitos? E Imad Mughniyeh y Raúl Reyes, la muerte (crimen, asesinato, o víctima) de estos dos ya veteranos líderes de los movimientos guerrilleros, en varias publicaciones que llegaron a mi mano, han traído la noticia de que son hermanos.

Soleimani e Imad
Qassem Sloeimani (izquierda), ex general de división iraní, comandante de la Fuerza Quds; (derecha) Imad Fayez Mugniyah, ex jefe de Inteligencia política de Hezbollah.

Sin duda alguien dijo dónde se encontraba Soleimani.

No sabemos qué nos espera, posiblemente llegue un militante peor porque debe demostrar que es mejor que su antecesor, pero creo que desde Hitler sabemos por qué es vital no dejar crecer a quien no se lo merece, pues el poder los emborracha y corrompe. En cualquier punto de la historia humana encontraremos que unos pocos imponen sus deseos a la mayoría.

Esta nota la dedico a mis amigos que residen en la frontera con Gaza y a la población de Gaza que sufre de sus dirigentes y de personajes como Qassem Soleimani.