PIB mundial

El comercio exterior de México en septiembre de 2020

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Durante los 26 años más recientes, nuestro comercio exterior se ha caracterizado por la carencia de una estrategia integral y realista que permita su sano desarrollo mediante la definición de políticas públicas en materia de competitividad, de fomento, de promoción de las exportaciones y de la inversión extranjera directa.

Desgraciadamente, la pandemia ha agravado la situación pues de enero a septiembre de 2020, las exportaciones mexicanas presentaron un decremento de -14.4% con respecto a 2019, lo que significó una baja de -49,242 millones USD, siendo el sector de la manufactura el más afectado con un descenso de -14.21%, equivalente a -43,496 millones USD.

Afortunadamente, el sector agropecuario y el extractivo registraron incrementos de 5.33% y 11.65%, que equivalen a 13,862 y 531 millones USD, totalizando 14,393 millones USD.

exportacion

La Importación Total también registró un importante decremento mismo que correspondió a -19.4%, equivalente a -66,255 millones USD debido a que la Importación Petrolera descendió en -36.14%, correspondiendo a -12,975 millones USD. Sin embargo, el mayor problema se presenta por el fuerte decremento de la Importación No Petrolera que decreció 17.43%, es decir, -53,280 millones USD.

Este decremento fue originado por la debilidad de la planta productiva nacional y la pésima estructura de nuestro comercio exterior dado que, la mayor parte de este descenso corresponde a Importación Intermedia No Petrolera, con -39,809 millones USD, esto es, de importación de insumos que se utilizan para la fabricación de bienes destinados al consumo interno y al de exportación pues, desgraciadamente, han convertido a nuestro país en un país maquilador para el mercado doméstico y el de exportación, con reducido valor agregado en nuestro territorio.

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Asimismo, hay que señalar que la Importación de Bienes de Capital también registró un decremento de -18.51%, debido a que no se invierte por las poco positivas perspectivas que se ven a corto plazo; esto representó una baja en la importación de -5,708 millones USD, el segundo más importante después del año 2009 en que el decremento fue de -6,718 millones USD, es decir, una tasa negativa -23.38%.

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En 2020, la balanza comercial de México registró un superávit récord de 18,958 millones USD para el período de 1993-2020, mismo que resultó superior en 16,763 millones USD al del año 2019.

Es importante señalar que por primera vez en el período 1993-2020, el Saldo Sin Exportación Petrolera resultó positivo por un total de 6,337 millones USD, lo que representó una reducción del déficit de 23,992 millones USD. Sin embargo, el déficit acumulado del rubro para dicho periodo fue de -640,758 millones USD.

Por lo que se refiere al Saldo Petróleo, también registró un decremento de -35.8%, equivalente a 5,747 millones USD, con un superávit acumulado para el período 1993-2020 de 87,660 millones USD, debiendo señalar que tradicionalmente el saldo de este rubro fue positivo, aunque en los seis años más recientes se convirtió en negativo por un subtotal de -71,932 millones USD.

Finalmente, el Saldo No Petrolero en estos primeros nueve meses del 2020 fue positivo por un total de 29,263 millones USD. Conviene señalar que durante el período 1993-2020, sólo en el año 1995, y a partir del 2017, se presenta saldo superavitario, siendo el superávit más alto el de 2020, mismo que es el resultado del gran volumen de reexportación de insumos que se realiza y al valor que sea ha agregado en nuestro territorio a esos insumos importados temporalmente.

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Apuntes finales

El importante superávit que se ha presentado en los dos años más recientes pareciera positivo pues implica mayor ingreso de divisas para México, sin embargo, al revisar la estructura de nuestro comercio exterior resulta que la Exportación No Petrolera registra un decremento muy importante, mismo que en los primeros nueve meses del 2020 fue de -42,263 y que la Importación Intermedia No Petrolera lo hizo en -39,809 millones USD; es decir, que se está importando menor cantidad de insumos para la producción de bienes destinados al mercado interno y al de exportación y, consecuentemente, la planta productiva nacional muestra menor actividad, lo que significa menor valor agregado y menor empleo en nuestro país.

Sin duda, esto es resultado de un problema estructural de nuestra economía y de nuestro comercio exterior pues durante los 26 años más recientes, no se procuró la creación de un mercado interno fuerte con demanda creciente de productos, así como tampoco sucedió con la producción orientada a la exportación, de tal manera que el valor agregado en nuestro país es reducido y, por tanto, poco generador de empleos y nulo crecimiento del ingreso y el nivel de vida de la mayor parte de la parte de la población.

Por esta circunstancia, se presenta una caída muy importante en la generación de riqueza en territorio nacional de tal manera que nuestro PIB Total, durante el periodo 2001-2020, en que han estado en vigor los TLC’s que se han firmado con 54 países y que se supone iban a generar enorme riqueza en nuestro país, se redujo de una participación de 2.22% en el PIB Mundial a 1.24%, en tanto que nuestro PIB per cápita cayó del 49º al 76º lugar.

comercio exterior

Hay que hacer especial referencia al hecho de que en el periodo 2014-2020, la caída del PIB per cápita mexicano fue de -2,777 USD al pasar de 10,846 USD a 8,069 USD, es decir, una pérdida de -26% y, mucho peor que, sólo entre 2019 y 2020 cayó de 10,118 USD a 8,069 USD y la pérdida fue de -2,049 USD, equivalente a 20%.

Como lo he señalado, la pandemia ha influido en nuestro ya negativo panorama, sin embargo, la reestructuración que necesariamente sufrirán la economía mundial y el comercio internacional, debería ser aprovechada por México para definir una estrategia realista que nos permita participar más activamente en el concierto internacional y capitalizar las oportunidades que este cambio generará a nivel mundial, así como revertir los enormes daños que ha provocado a México la aplicación dogmática del liberalismo sin que, durante los 26 años más recientes, hayamos podido obtener los beneficios que normalmente genera el libre comercio y que otros países sí han aprovechado inteligentemente.


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Uno de los peores desempeños económicos entre 195 países

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Lo más relevante en relación con la estimación para la economía mexicana del Informe de Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional, publicado el 13 de octubre, no es que mejore el pronóstico respecto a la actualización de junio, de -10.5 a -9% este año y de 3.3 a 3.5% el próximo. Mucho más valioso es, como recurso para ubicarnos, la comparación con 194 países. Lamentablemente, ahí quedamos muy mal.

En realidad, nadie sabe cuándo saldremos de la crisis de salud para tener alguna certeza sobre la salida de la crisis económica. En esas condiciones, el margen de error predictivo pasa de las décimas de los años normales a los puntos porcentuales de un año como éste, que el propio FMI califica como el de la peor crisis desde la Gran Depresión y de “un ascenso largo, desigual e incierto”. Es más útil revisar la posición relativa vs. los demás países. Sobre esa base, no únicamente ponderar la caída de este año y el repunte del próximo, sino en qué estado nos sorprendió la pandemia y cómo pinta el mediano y el largo plazos.

Si hacemos ese ejercicio, no sólo presentamos uno de los peores perfiles del ciclo recesión-recuperación entre economías grandes y emergentes, incluyendo a otras más atrasadas o de menor tamaño, pero significativas por población u otros factores de peso. Quitando a naciones que no están en el FMI o de las que no hay datos, como Cuba o Siria, así como a las que enfrentan calamidades como guerras o caos y penuria económica previos, podemos concluir que, contrario a lo que se nos dice desde las conferencias presidenciales mañaneras de que somos casi un ejemplo, estamos entre los tres países con peores datos, junto con Argentina y Ecuador.

De 195 economías, 38 presentan un pronóstico de caída de -9% o más, el 19%. De estos, 12 son países insulares, la mayoría dependientes casi completamente del turismo. Como Fiyi, que caería -21% este año, o Aruba. Unas seis naciones grandes enfrentan situaciones bélicas o de Estado fallido, como Libia, en guerra civil y que se desplomará 66% este año; Zimbabue, que ha tenido el menor Índice de Desarrollo Humano del planeta; o Venezuela y su tragedia: contracción de -35% en 2019 y -25% este año.

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Imagen: Pexels.

Si al grupo restante le sustraemos otros siete países pequeños que por circunstancias diversas han visto acentuada su recesión, desde el rico Macao hasta nuestro vecino Belice, quedarían 13 economías de más peso, ya sea por su tamaño o relevancia internacional, y a eso añadimos naciones hermanas. Las cito por orden de su PIB: India, Reino Unido, Francia, Italia, España, México, Argentina, Portugal, Perú, Grecia, Ecuador, Panamá y El Salvador.

De esos países, 11 tendrían contracciones superiores a la nuestra (la excepción es El Salvador, con -9%). Nuestro hándicap está en las otras dos variables: de dónde venimos y a dónde vamos. Resalta el caso de India: cae -10.3%, pero se recupera en cerca del 9% en 2021 y crecería casi al 8% en promedio anual en los próximos cinco años. 

Hacia atrás, los únicos de ese grupo que llegaron al año del Covid-19 con números rojos somos nosotros y los argentinos: 0.3 y -2.1% en 2019, respectivamente. Ese año, sólo 17 de los 195 países experimentaron una contracción.

Hacia delante, los países de la selección que presentan los rebotes menos vigorosos en 2021, contraponiendo caída y repunte, somos, en orden ascendente, Argentina, Perú, Ecuador, España, México, Italia y Grecia. De ese año al 2025, con un promedio anual de 2.4%, nosotros tendríamos el rendimiento más bajo, sólo por encima de Italia y Ecuador.

Así, aunque Perú se precipita casi -14%, retomaría su dinámica de los últimos años con un crecimiento sólido de cerca del 5% hasta 2025. España, con el que tanto nos compara nuestro presidente, aparte de solicitarle una disculpa por la conquista de Tenochtitlan, se desplomaría casi -13%, pero después avanzaría casi al 4% anual. Estos países sí lograrían esa tasa que se nos prometió para superar el “crecimiento mediocre” del “periodo neoliberal”.

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Imagen: El País.

Claro, eso era antes de que oportunamente se adujera que los datos que importan no son los del PIB, sino los de la felicidad del alma. Como sea, con los del FMI, comparables para todo el mundo, quedaríamos entre los cinco países de cierto tamaño con un panorama económico menos favorable o más sombrío, según se quiera ver al vaso medio lleno o medio vacío.

Quizá por encima de Argentina y Ecuador, ambos con contracciones de -11%, aunque el primero tendría un crecimiento ligeramente mayor a mediano plazo y el segundo apenas se salvó de una recesión en 2019. Los otros dos serían Italia y Grecia. El primero cae casi -11% y presenta un panorama similar al nuestro hacia delante, pero es un miembro del G7; en cuanto a Grecia, quedaría cerca del -10% este año, pero luego crecería al 3.3% en promedio anual.

De cierta forma, para ubicarnos y, sobre todo, movilizarnos, bastaría con los datos de todos los países emergentes y en desarrollo: 3.7% en 2019, -3.3% en el año de la pandemia, 6% en el de la recuperación y 5.1% en los próximos cinco años. El doble que México en todo.

Si no hacemos más, el sexenio de la Cuarta Transformación acabaría con un saldo de franco estancamiento en términos de crecimiento: 0.13%. Muy por debajo del 2% de los últimos 20 años y tres sexenios. Claro, en ninguno enfrentamos una crisis global como ésta, aunque sí recesiones en 2001 y 2008.

Esa sería otro debate. Por ahora, desde la perspectiva económica convencional, si bien quizá no desde algún paquete de “otros datos” de “economía moral”, en este sexenio el PIB por habitante descendería más de 5%, para acabar como estábamos hace unos ocho años. En suma, con una economía más chica y más pobre. Hay alternativas: el propio FMI acaba de recomendarnos algunas, paradójicamente más alejadas del canon neoliberal que varias de las seguidas por nuestro gobierno. Hablemos más de realidades y soluciones: definitivamente es más productivo que la polémica sobre el penacho de Moctezuma o una consulta constitucional con una pregunta sin sentido.

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Romper el círculo económico vicioso

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La recuperación económica mundial –y la de México– será lenta mientras la respuesta a la pandemia de los gobiernos de los países poderosos siga siendo únicamente la derrama de billones de dólares a empresas y familias, y no se atienda, para modificar, la relación entre oferta y demanda en la economía real.

Se están repitiendo las mismas medidas que se aplicaron en la crisis financiera de 2008, a pesar de que no resultaron en un dinamismo notable el crecimiento productivo, ni la demanda de los consumidores, y en cambio elevaron los índices especulativos de los mercados financieros y los del endeudamiento de los gobiernos.

Sucedió que la mayor parte de la derrama fiscal de entonces no la emplearon las empresas en ampliar sus capacidades productivas y las familias prefirieron pagar deudas y ahorrar, que gastar ese dinero y fortalecer la demanda del mercado. Lo mismo está pasando ahora.

A pesar, por ejemplo, de que el gobierno estadounidense ha derramado 6 billones de dólares desde marzo pasado, abonados a cuentas empresariales y de personas, el FMI calcula que el PIB estadounidense caerá por lo menos 8 por ciento este 2020.

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Ilustración: Business Standard.

La zona euro, que también ha derramado inmensos recursos, caerá 10.2 por ciento, casi lo mismo que el PIB mexicano (10.5%), que no siguió la vía de la derrama fiscal para apoyo de las empresas.

El problema que la economía global viene padeciendo desde antes de que llegara el Covid-19 y que no se resuelve con la mera inyección de dinero, es que las empresas lo reciben, pero no ven razones para invertirlo en elevar capacidades productivas mientras la demanda de los mercados no crezca.

Y el consumo no crece porque hay subempleo, desempleo y por una concentración descontrolada de la riqueza que es efecto, entre otras cosas, de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios en todo el mundo capitalista, desde Alemania y Francia o Inglaterra, hasta México el año pasado.

La austeridad en inversiones públicas en aras del equilibrio fiscal a toda costa, como manda el credo neoliberal, también ha contribuido, en Europa (y México), a la formación del círculo vicioso entre baja demanda y subinversiones.

Por baja demanda, la economía global trabaja, desde hace décadas, por debajo de la capacidad instalada en fábricas, la cual crece rápidamente desde los años ochenta del siglo pasado impulsada por nuevas tecnologías.

En el problema está la solución, que no es económica sino política; empieza por el restablecimiento de capacidades que perdió el Estado durante la era neoliberal y sigue por el establecimiento de objetivos sociales y económicos en el ejercicio de la política fiscal.

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Ilustración: Otto Dettmer.

Dejadas al “libre mercado”, las economías han generado los problemas que están detrás de la crisis global, que benefician a los muy pocos que concentran descomunal riqueza y mayor poder de decisión que los gobiernos e inclusive, que muchos Estados.

Ese poder de decisión debe volver al Estado, para recuperar el manejo de su principal instrumento, que son los recursos fiscales, a fin de aplicarlos conforme a objetivos de interés y beneficio común.

Desafortunadamente, todavía no se percibe, entre los gobiernos, la inclinación a restaurar funciones del Estado que le permitieran establecer objetivos sociales y políticos como finalidad de la marcha económica. Sin embargo, recordará usted, lector, que antes del confinamiento por la pandemia, había nutridas manifestaciones sociales en Europa, América Latina, Asia y Estados Unidos; al terminarse la pandemia, los jóvenes y las clases medias tendrán muchos más motivos para seguir protestando y exigiendo, y manifestando ideas progresistas por medio de grupos sociales organizados, cada vez más presentes en países como Holanda, España e Inglaterra. Las fuerzas de derecha, como siempre, carecen de ideas, sólo defienden intereses y privilegios.


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Todo a favor de la vieja normalidad

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Las dos ruedas del tren de la recuperación tendrán que ser, por el lado derecho, la reanimación de inversiones, y por el izquierdo, políticas de Estado decididas a abatir las desigualdades. Sin una intervención del Estado, los mercados, por sí mismos, no resolverán ni la recuperación económica ni la mayor equidad en la distribución de sus beneficios.

De sobra se conocen las tendencias de las últimas décadas a invertir partes crecientes de las utilidades empresariales en especulación financiera, en vez de innovar y ampliar capacidades productivas, y nada hay que agregar sobre la concentración de riqueza al reconocimiento de que está fuera de control en el mundo.

No obstante, lo que han hecho hasta ahora los gobiernos de casi todos los países, refuerza esos lastres en vez de superarlos. Los Estados de las naciones ricas, empezando por Estados Unidos, han operado para inyectar trillones de dólares a sus respectivas economías, dizque para que no les falte liquidez a las empresas para realizar inversiones y a los consumidores para salir a gastar en bienes de consumo duradero.

peso a la deriva, covid-19
Imagen: El Espectador.

Dos problemas presentan hasta ahora esa derrama de emisión monetaria y recursos fiscales, que ya alcanza la marca –sin precedentes– del 10% del PIB mundial: el primero es que no se está generando la reacción esperada en inversiones y consumos, y el segundo, más importante aún, es que no conlleva una visión de futuro que pretenda alterar la vieja “normalidad” de la política económica y de los negocios.

Lo que hay, por lo pronto, son los mayores déficits presupuestales de la historia, una caída sin precedentes del PIB, riesgos de mayor volatilidad de los precios de todo tipo y alzas en cotizaciones bursátiles en plena recesión industrial, producto de la especulación.

Y es que al saberse que la pandemia va a durar mucho más tiempo del que se había previsto, ni las empresas están invirtiendo los apoyos que recibieron, ni las familias están consumiendo más con los cheques fiscales que les llegaron a sus domicilios, sino que buena parte la están ahorrando.

PIB mundial decrece
Imagen: Sectorial.co.

El registro de depósitos bancarios de Estados Unidos lo confirma; entre febrero y abril de 2020 casi se duplicaron, al pasar de 1.5 billones a 2.9 billones de dólares. Ese dinero recibe cero intereses de los bancos y si no se reactiva pronto la demanda de consumo como estímulo principal de las inversiones, montos crecientes se irán a los mercados bursátiles y monetarios a atizar la especulación.

Ya está ocurriendo, lo que explica que, por ejemplo, el Dow Jones Industrial acumule –en pleno desplome de la actividad– una ganancia de 6.91% en un mes, al 23 de junio, periodo en el que el índice Nasdaq va ganando 8.65% y el S&P 500 un muy buen rendimiento de 5.95%.

Por eso, el informe más reciente del departamento de Economía y Asuntos Sociales de la ONU advierte que la descomunal inyección de dinero puede no tener el suficiente impacto en el consumo y las inversiones.

recesión, peso mexicano
Imagen: Forbes México.

Y es que el problema medular de la recuperación no es la liquidez, sino que la demanda no ofrece estímulo a las inversiones por la extrema concentración de la riqueza y de los ingresos, causa de que el consumo del mercado haya crecido mucho menos durante las décadas del neoliberalismo, que el potencial de la planta productiva.

Por cierto, que el gobierno de México se negó a seguir la estrategia de endeudamiento público para elevar la liquidez a disposición empresarial, y con pocos recursos ofrece créditos escasos a muy pequeñas y medianas empresas, y a varios millones de personas.

Muchas propuestas reconocen la necesidad de “resetear” el capitalismo y todas ellas coinciden en que se debe fortalecer al Estado con sentido democrático y una ética favorable a la mayor equidad en la relación capital/trabajo, a lograr mayor justicia en la distribución del ingreso y a la protección de la vida y de la naturaleza.

Son ideas, pero que no encabezan la tendencia dominante hasta el momento.


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