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Activan Semáforo de Riesgo Epidémico

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Este lunes entró en vigor el Semáforo de Riesgo Epidémico que estará vigente hasta el 22 de noviembre próximo.

“Dos entidades estarán en rojo -nivel de riesgo máximo-; 18 en naranja -nivel alto-; 11 en amarillo, riesgo medio, y una en verde, riesgo bajo o moderado”, informó el director general de Epidemiología, José Luis Alomía Zegarra.

“Las personas que viven en los estados donde se incrementó el riesgo y pasaron de semáforo naranja a rojo, como Durango, o de amarillo a naranja -Sinaloa, Sonora y Guanajuato-, deben estar atentas a las indicaciones de las autoridades estatales, las cuales definirán las actividades permitidas”, agregó.

Recomendó a quienes residen en estados que están en semáforo de riesgo rojo o naranja principalmente, evitar la organización de reuniones, la asistencia a eventos masivos o congregaciones donde hay una gran cantidad de personas, por el riesgo de contagio de SARS-CoV-2.

Además, deben mantener las medidas de seguridad sanitaria como lavado frecuente de manos, sana distancia, uso de pañuelo desechable al estornudar y uso correcto del cubrebocas y salir de casa solo en caso necesario.

Durante la conferencia de prensa acerca del informe diario sobre coronavirus COVID-19, indicó que en el arranque de medición de la semana epidemiológica número 44 se registró una disminución en el porcentaje de personas que dieron positivo en sus pruebas de laboratorio de COVID-19, en comparación con las dos semanas previas, al pasar de 42 a 38 por ciento.

Alomía Zegarra detalló que en las últimas semanas se ha registrado entre 4 y 5 por ciento de casos activos; es decir, el número de personas que se contagiaron en los últimos 14 días, por lo que se considera que hay estabilidad en la epidemia activa.

De igual forma, se han estabilizado las hospitalizaciones por día y prácticamente 716 mil personas superaron la enfermedad de COVID-19.

Además, en el inicio de la semana 44 se tuvo una disminución de 1 por ciento en los fallecimientos en comparación con la semana 43, precisó.

El sorpresivo acuerdo. Replanteamiento de la estrategia de seguridad. ¿Riesgo calculado?

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Gran asombro ha causado el reciente acuerdo del Ejecutivo por el que se dispone de la Fuerza Armada permanente para llevar a cabo tareas de seguridad pública, en principio porque se aprecia a contracorriente de la política declarada desde la campaña respecto a la modificación de la estrategia de combate al crimen que, hasta hace unos días, fue enfática en señalar que no se debe “combatir el fuego con el fuego”, fustigando con insistencia las malas decisiones de administraciones anteriores por el empleo que se hizo de las Fuerzas Armadas para combatir al narcotráfico y que desembocó en un incremento de la violencia en todo el país con el baño de sangre asociado.

 El presidente fue también explícito en las declaraciones sobre su determinación de sustraer paulatinamente a las Fuerzas Armadas de esas tareas, lo que brindó la justificación fundamental para la creación de la Guardia Nacional (GN), con un carácter civil y una vocación policial, si bien, echando mano de efectivos militares de tierra, mar y aire para su conformación.

El acuerdo publicado el pasado día 11 de este mes causó extrañeza, no sólo por lo intempestivo de su emisión y la reversa del planteamiento original, sino por la circunstancia que atraviesa el país ante la emergencia sanitaria, generando toda clase de especulaciones y expresiones públicas de diversos sectores sociales y del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU cuestionando la medida.

que hacer con la guardia nacional
Ilustración: Víctor Solís.

Las suposiciones fluyen, algunos consideran que esto constituye un retroceso en el giro que pretendía dársele a la construcción de la paz. La pregunta es: ¿Qué motivó al Primer Mandatario a tomar esta decisión en este preciso momento?

Si se acude al contenido del documento publicado, debería entenderse, de manera textual que las innegables condiciones de inseguridad y violencia en ascenso demandan de la participación obligada de las Fuerzas Armadas para su contención, toda vez que el experimento de la Guardia Nacional no ha cuajado y se requiere de tiempo para su consolidación. Otras lecturas más radicales señalan que la decisión se adopta ante el fracaso de la naciente policía nacional, lo que obliga a recurrir nuevamente a las tropas.

Los partidarios de la sospecha y la conspiración, por su parte, han comenzado a plantear escenarios que van desde desacuerdos internos entre los actores principales del gabinete de seguridad que obligaron al comandante supremo a tomar la decisión extrema de disciplinar a los militares y ponerlos al mando de un secretario civil (SSPC), quien es, formalmente, el jefe de la GN.

Algunos de tendencia geopolítica sugieren presiones externas o condicionamientos en la relación diplomática, que tendrían que ver, entre otros temas, con la reciente petición de información que hace el gobierno mexicano a la embajada norteamericana sobre el operativo “rápido y furioso”. Otros prospectivistas, hacen referencia a un acto de previsión frente a una potencial crisis social que sería originada por las afectaciones de la pandemia en la economía y particularmente por la pérdida de empleos de millones de personas, en un esquema de recesión y consecuente conflicto.

sorpresivo acuerdo
Ilustración: Kathia Recio.

 Los más estratégicos identifican una maniobra al estilo vuelta inglesa en la que se generó la idea de producir, con el propio embrión de las Fuerzas Armadas, una nueva organización bajo un mando civil, que, una vez constituida, apostara por engullir a su progenitora.

La realidad es que, ante la ausencia de tratamiento público del tema, el lacónico acuerdo abre amplias posibilidades a la especulación y a la negación, particularmente por el mensaje difuso que se envía a la opinión pública y genera expectación e incertidumbre, cuando no, abierta oposición en sectores determinados, básicamente aquellos que han pugnado, desde el origen de la estrategia anunciada por Calderón, por el retorno de los soldados a sus cuarteles.

Es innegable el alto índice de violencia e inseguridad en el país, la ostensible demostración de fuerza que despliegan los cárteles y su creciente capacidad operativa, de control territorial y social, que será catalizado por la crisis y no se percibe otra manera de contenerlo sin la participación de las Fuerzas Armadas ante la realidad evidente. Es innegable también que no puede exigirse a la Guardia Nacional que a un año de ser formalmente anunciada su alta se le pidan resultados mágicos, cuando, en la práctica, su creación rompió ligas orgánicas institucionales de alto calibre, tanto en la estructura netamente militar como en el esquema de seguridad pública, con las consecuencias funcionales, legales, operativas, morales y doctrinales, que no son temas negligentes.

acuerdo con la guardia nacional
Ilustración: @MaguMonero.

Si se pretende fincar en la Guardia Nacional un fracaso, es muy temprano. Si se pretende subordinar a las Fuerzas Armadas a esta fuerza policial de reciente cuño y esencia castrense, que es su origen y mantiene un mando militar, aunque hoy depende de una autoridad civil, lo que se avizora es confusión y conflictos de autoridad que deben preverse y definir con nitidez los alcances y los límites de actuación.

Los ejércitos de México, sus soldados de tierra, mar y aire tienen una tradición mística hereditaria, un ADN peculiar, con el cual han superado, con creces, los avatares políticos e ideológicos, en ello fundan su institucionalidad como soporte de la legalidad y la fortaleza de la república, no son entidades efímeras ni fácilmente remplazables. Son cuerpos orgánicos que actúan con sentido, identidad y armonía, adaptándose a las circunstancias, pero deben calcularse milimétricamente los riesgos y las consecuencias de su empleo.

Seguramente el debate se intensificará en los próximos días y se calentará el ambiente político y mediático, pero debe tenerse presente que la primordial responsabilidad del Estado, la esencia y razón de ser de ese mítico Leviatán, es la de garantizar la protección de la vida y propiedad de la sociedad, que hoy se ve seriamente amenazada para mantener razonables niveles de estabilidad y convivencia. 

No se conoce bien a bien la razón del brusco viraje. Como sea, la decisión ya ha sido tomada, sutil, silenciosa y sorpresivamente y no se percibe intención de dar marcha atrás.

Los acontecimientos hablarán y darán su veredicto con la realidad patente.


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Entendamos el riesgo

Lectura: 3 minutosEl “riesgo” es una palabra que usamos frecuentemente, la mencionamos en muchas conversaciones con nuestros amigos, familia y comúnmente en el ámbito de trabajo; la usamos para señalar, prevenir o asustar a nuestros interlocutores. Es un término coloquial que nos da autoridad, conocimiento sobre las variables de la vida o las circunstancias y, en algunos casos, estatus. ¿Pero entendemos el riesgo? ¿Entendemos sus implicaciones y la forma de prevenirlo o al menos contenerlo?

Sin pretender dogmatizar, analicemos un poco el significado y contexto de lo que implica el riesgo.

¿Qué es el riesgo?

El término según la Real Academia Española de la Lengua (RAE), nos dice que se deriva del italiano rischio, que a su vez lo tomó del árabe rizq, con el significado de “aquello que nos viene dado de modo providencial”. Joan Coromidas y Friedrich Diez señalan que al igual que “risco”, proviene del latín resecare que alude a un peligro.

Según Wikipedia, riesgo es una medida de la magnitud de los daños frente a una situación peligrosa. Según la RAE, riesgo es contingencia o proximidad de un daño. En términos generales, debemos entender que riesgo es la probabilidad de “que algo malo nos suceda” y como tal debemos tomarlo en serio.

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Ilustración: Alamy Stock.

¿Cuál es el principal problema del riesgo?

¡La incertidumbre por supuesto! Si supiéramos cómo, cuándo, dónde, por quién, cuánto, porqué y qué lo puede provocar, seguro haríamos algo para que no sucediera y todo sería mucho más cómodo y tranquilo, pero como no conocemos esas variables, nos inventamos una cantidad de cosas para evitar el riesgo, procuramos no salir en determinadas horas o a lugares peligrosos, estamos pendientes de todo aquello que no es común o conocido, no comemos aquello que sabemos nos puede hacer daño, etc., tomamos toda clase de providencias para no caer en condiciones de riesgo, nos llenamos de hábitos, formas y métodos para sentirnos seguros. Pero ¿sabemos cuál el factor de riesgo más importante?… Nosotros; todas las personas, empezando por nosotros mismos.

¿Por qué somos el factor de riesgo más importante?

Los seres humanos somos el factor de riesgo más importante por la forma en que elegimos. Al tomar una decisión sin darnos cuenta modificamos e interactuamos en forma importante con nuestro curso de vida, la de las personas que nos rodean y sucesivamente, en menor medida, a nuestro entorno.

La elección de cualquier evento en nuestra vida es un asunto serio e importante porque está sujeta a infinidad de variables que no pueden ser controladas o previstas, y siempre pensamos que las personas eligen en función de nuestra perspectiva o nuestra forma de resolver las cosas y, cuando algo no se ajusta a eso, se vuelve una tontería.

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Imagen: Squarespace.

El riesgo más allá de nosotros

Hasta el momento podemos entender que el riesgo es una condición permanente de vida en la cual estamos expuestos a posibles circunstancias desfavorables, podemos darnos cuenta de que el problema del riesgo es la incertidumbre, porque no sabemos qué lo determina o por qué nos puede acechar, y también que los seres humanos por nuestras elecciones somos los causantes naturales del riesgo. Pero veamos esto con una perspectiva más amplia, ¿qué sucede con las elecciones de los líderes cuando toman decisiones? En muchas ocasiones vemos o escuchamos las noticias como algo lejano, como algo que afecta a otras personas o como material para una charla de café, sin embargo, ¿qué sucede cuando líderes de diferentes ámbitos, empresa, gobierno, iglesia, fuerzas armadas, o inclusive la delincuencia, toman decisiones? Esos actos nos afectan. Modifican nuestro entorno y alteran nuestra forma de vida

Como partícipes de una sociedad debemos entender que las elecciones son actos naturales que se manifiestan de forma infinita, derivan en condiciones naturales de riesgo y  afectan nuestro entorno. Además, es necesario comprender que las elecciones de los demás tienen esos mismos efectos en nosotros y que entre mayor influencia tengan las personas que eligen, el impacto de riesgo es mayor. Por eso, como individuos, elegir tiene que ser un acto en el que debemos manifestar responsabilidad y procurar que deriven en acciones claras para ayudar a contribuir a la sociedad, y a atenuar las condiciones de riesgo naturales que se derivan y que construyan en beneficio de todos.

Elegir es un acto de responsabilidad, elijamos para el bien y que en forma responsable elijamos construir y crecer como individuos y sociedad.