Poliedro

Una apuesta tan arriesgada como irreverente para la democracia

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La política sigue siendo, no obstante el descrédito en que la ubican las conductas, por lo menos cuestionables de algunos de sus más conspicuos actores, una actividad que demanda un mínimo de decoro, conocimiento, principios y valores, amén de una imagen pública honorable y apartada de escándalos.

En su sentido más ideal, desde épocas remotas, se consideró a la política como una actividad que debía ser desempeñada por los virtuosos para conducir los destinos de la comunidad hacia el bien, hacia lo bueno, lo ético y lo honorable, exige pues, en principio, cualidades humanas, cuya vocación sea, precisamente, la virtud y no la pasión.

Supondríase entonces, bajo esta lógica ideal, que en una democracia como la que pretende México, la competencia por los cargos públicos, específicamente de elección popular debiera, en teoría, darse entre representantes de los diversos institutos políticos con aspiración natural de acceso al poder, que ostenten, abierta y notoriamente, las mejores cualidades profesionales y humanas, hojas de vida impecables, libres de mácula alguna, en su conducta, desempeño, patrimonio y fama personal, toda vez que todo ello será contrastado por la ciudadanía para definir su voto. Máxime cuando la oferta de futuro se basa, precisamente, en la erradicación de los vicios del pasado.

campañas electorales
Imagen: La Política al Poder.

Por desgracia, esta circunstancia ideal y deseable, la experiencia lo confirma, no se cumple en la mayoría de los casos en las instituciones políticas, sea cual fuere su condición, pues se ven influidas e impactadas por intereses individuales y colectivos determinantes y de muy diversa naturaleza, el principal de ellos, destacadamente, el acceso, mantenimiento y conservación del poder a ultranza.

El marketing, la treta, la componenda, los pactos internos, el pago de favores y compromisos previos, con regularidad priman sobre la calidad y la moralidad, tanto de los procesos como de los contendientes que, en su momento, serán los directores responsables de la conducción de los asuntos públicos.

Sumidos a plenitud en el proceso, con una famélica cohorte de entre la que se pueda optar por un mínimo de calidad en las candidaturas, vemos aparecer, con sorpresa inaudita, a personajes del espectáculo, del deporte, de la farándula o de la propia política, que nada o poco, como ellos mismos lo reconocen, saben de la cosa pública o son víctimas de excesos y escándalos que, de entrada, les descalifican ética y públicamente.

Pero todo indica que el pragmatismo se impone a los principios y valores pregonados que debieran, teóricamente, ser el faro legitimador de las virtudes que se enarbolan en el discurso cotidiano y que, no sólo sucumben ante la realidad, sino que colocan en la palestra del juicio ciudadano la sinceridad y solidez de sus loables postulados.

famosos en candidaturas
Imagen: El Sol de Hidalgo.

La férrea defensa que desde los altos estratos del poder público se ha hecho manifiesta y clara en casos tan relevantes como el del estado de Guerrero, con un alto grado de conflictividad interna y cuestionamiento público, da cuenta de ese pragmatismo, que se superpone a la propia identidad de principios, a la unidad y la cohesión interna, que supondría un valor fundamental a privilegiar y daría ejemplo de integridad, congruencia y honestidad.

El servicio público exige de quienes lo ejercen honorabilidad, preparación, legalidad y una imagen pública intachable, lo contrario, mueve a la sospecha fundada de que algo no marcha bien, a la desconfianza y a la deslegitimación.

No pueden esperarse peras de un olmo y, como en la fábula de la rana y el alacrán, éste no puede cambiar su naturaleza.


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La prohibición de la prohibición o el Estado de Naturaleza

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¿Nace el hombre por naturaleza bueno y es a lo largo de su vida que va degradándose y corrompiéndose bajo la enseñanza de sus primeros directores y su ambiente o nace, según su animal naturaleza, con instintos perversos que deben ser limitados para evitar la depredación sobre sus congéneres?

Viene a colación el cuestionamiento para entender la razón de existir del Estado, de las instituciones y las leyes que rigen los intercambios sociales, cuyo fin último es el establecimiento de las reglas del juego de la vida en comunidad.

Se ha hecho popular en el discurso político de la actual administración el estribillo “prohibido prohibir” como una manera de expresar la vocación liberal del gobierno en turno, pero sobre la cual surge la reflexión de su real significado y cuáles son los alcances y consecuencias de tal aseveración, sobre todo cuando atañe a la responsabilidad del Estado el establecimiento de medidas que procuren el bien público, como sería, para el caso específico, el uso obligatorio del cubrebocas.

No podemos entender la existencia de las instituciones y de las leyes sin su función reguladora de la convivencia social y ello implica, por razón natural, derechos y obligaciones, pero también restricciones y prohibiciones de conductas específicas.

estado de naturaleza, Hobbes
Imagen: El Grafo.

Lo que no se prohíbe, según el derecho positivo, lo que específicamente no está restringido o abiertamente cancelado por la norma está permitido a la sociedad. Por el contrario, a la autoridad de cualquier tipo, sólo le es permitido hacer lo que la ley expresamente le faculta, por lo que, intrínsecamente, cualquier otra cosa le queda prohibido.

Entonces, prohibir que se prohíba, sería pretender la permisión de conductas extremas, de la volición natural del ser humano en su estado más primitivo: despojar, depredar, agredir, robar o asesinar sin restricción alguna y sugeriría el retorno al estado de naturaleza hobbesiano, la negación de la razón de ser de las instituciones y de la autoridad Estatal.

¿Acaso prohibir que se prohíba no deja entonces abierta la puerta a la desregulación total y a la anarquía? ¿Acaso no echaría por tierra cualquier cuerpo normativo por perfecto que se pretendiere, cualquier limitación a la conducta más indeseable o al cumplimiento de reglas indispensables en el trato con su otredad en busca del bien colectivo?

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Imagen: teleSUR.

Ciertamente, la vocación liberal y democrática del mundo moderno debe tender a la ampliación de las libertades de los individuos, mediante la generación de ambientes de armonía, certeza, seguridad y paz, que, en mucho, es responsabilidad del gran Leviatán, al que los súbditos, simples mortales, le han cedido, precisamente, parte de su soberanía individual y colectiva con expectativas de una mejor vida, pero esto implica también el acatamiento de las reglas y por consiguiente de restricciones y prohibiciones indispensables de comportamientos perniciosos para la vida en común, tanto para la sociedad como para los gobiernos.

En todo caso, es deseable pensar que la expresión tan coloquial tiene una interpretación positiva y no la pretensión de vulnerar el imperio de la ley.


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El manejo político, mediático y técnico de la epidemia que abate a nuestro país y, con sus marcadas diferencias, al mundo entero, ha transcurrido entre la desestimación, la chanza, el desenfado y la manipulación estadística, hasta llegar a niveles catastróficos que evidencian, con su fatalidad, no sólo las grandes deficiencias del aparato gubernamental y administrativo que se ha visto rebasado, desde el origen, por el fenómeno sanitario que, hay que recordarlo, anunció, con bombo y platillo, desde lejanas latitudes, que nos haría, más pronto que tarde, una funesta visita.

A todas luces, la posición de México en la estadística global, en cuanto eficiencia en preparación, identificación, contención y tratamiento de la enfermedad es sumamente deficitario. La circunstancia conocida de la evolución de contagios, capacidad de tratamiento, defunciones e incluso de registro y disposición de cadáveres, dista mucho de la estadística presentada día con día en las variadas conferencias con información oficial, sujeta a un gran escepticismo, no sólo por los datos, sino por la actitud displicente de los comunicadores, en afán de mostrar al mal tiempo buena cara.

La sutil incredulidad social al inicio de la crisis se ha ido transformando en rechazo no sólo a la información vertida cotidianamente sino a las medidas adoptadas. El rechazo comienza a transformarse en abierto reclamo a las autoridades que muestran, a pesar de todo, una especie de optimismo con el que pretenden negar y transmitir esa negación artificial al auditorio, sobre la magnitud de la tragedia que se cierne sobre el país y ha sido puesta de manifiesto por diversos sectores que han sufrido de manera contundente los efectos del aislamiento y la inactividad, sin que esto haya contribuido de manera determinante a contener los contagios y las pérdidas de vidas.

elecciones mexico con pandemia
Imagen: El Universal.

La política, va quedando demostrado, prima sobre la catástrofe y subordina al interés electoral la responsabilidad que se asume con el cargo público de perseguir, por encima de todo, el bien común. Políticamente, la mayor tragedia puede caer como anillo al dedo si ésta puede servir al maquiavélico fin propuesto. La ética, la moral, la virtud exigible al servicio público puede bien esperar para un tiempo mejor, pasadas las elecciones, por ejemplo.

Mientras tanto, habrá que sortear de la mejor manera la cruel realidad para tratar de contener mayores reclamos sociales ante la incertidumbre que se acrecienta día con día en todos los ámbitos de la vida nacional, sea en lo social, lo político o económico, aunque la liga parece estar estirándose más allá de lo prudente.

La oferta de la vacuna se elige como una estrategia de contención, como una pequeña luz al final del túnel, que brinde esperanza, pero los números no cuadran con la necesidad a resolver y los tiempos se prolongan, se pretende ofrecer confianza en unas vacunas que aún no se tienen y nos piden registrarnos para apartar lugar en una plataforma que no permite el acceso. Expertos acreditados contradicen abiertamente y con argumentos sólidos, técnicos y científicos el discurso oficial, denunciando y desnudando incluso el manejo criminal de la pandemia por parte de los responsables de su atención.

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Imagen: Reporte Índigo.

El panorama que nos revelan esos expertos parece orientarnos a una macabra película que se ha ofrecido desde el inicio de una crisis sanitaria que se sabía sería inmanejable, dada la desecha infraestructura crítica del sistema de salud provocada por la determinación transformadora, así como el simultáneo y paulatino desmantelamiento de la capacidad administrativa a la que condujo la apropiación de espacios técnicos mediante la sustitución de cuadros altamente calificados y experimentados, por personajes, en no pocos casos, inverosímiles, pero ciegamente leales.

El desastre es elocuente, la ineficiencia en todo el proceso administrativo es patente, la desgracia nos consume como nación y la expectativa de solución se ve lejana, aunque el optimismo oficial señale que se ha cumplido con la misión de contar, en el futuro, con una flamante vacuna, aún en proceso experimental.

Ojalá corramos con suerte y sea la esperanza la que muera al último.

Na zdorovie!


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Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Dicho popular.

Sucedió lo predecible (y, en mucho, no deseable), la arrogancia y la soberbia tuvieron un lugar destacado en el contexto de la ceremonia de investidura del Cuadragésimo Sexto Presidente de los Estados Unidos de América, Joe Biden, no por presencia, sino por ausencia y demostración de fuerza.

Rompiendo, congruente con su ya conocida y natural actitud, el cuestionado y polémico antecesor en el gobierno norteamericano, dejó su encargo y habitáculo temporal, en medio de acusaciones y berrinches, con bombos, platillos y salvas, más parecido al exabrupto del tiburón que no logra devorar a su presa, que a un experimentado profesional que se come el platillo frío. Lo cortés no quita lo valiente.

La ceremonia de toma de protesta del nuevo mandatario, los protocolos y simbología de los actos que siguieron a la ceremonia misma, son un retorno a la ortodoxia, al origen y tradición de la idea de los padres fundadores: Federalismo y democracia.

La disertación inaugural del nuevo mandatario, sin pretender una crónica del evento, tuvo su centro en un término recurrente y enfático: unidad.

unidad mandatario
Imagen: Museum Next.

Las alocuciones del nuevo residente de la casa más famosa del mundo, símbolo del poder y capacidad de influencia global determinante, dan cuenta, intrínsecamente, de la situación polarizada que le es heredada. Consciente está el mandatario de los efectos que el discurso incendiario ha tenido en la integridad emocional de una sociedad históricamente confrontada, a pesar de la solidez de su legislación y las luchas internas que la han llevado a su status de potencia mundial.

Consciente es también del deterioro en la relación con el mundo, que se ha traducido en confrontaciones estériles y peligrosas ante la realidad vigente.

El inaugurado líder de los destinos de Norteamérica plantea una visión de reconstrucción, de reparación, de saneamiento de las heridas infligidas por una determinación separatista y dominante durante los cuatro previos años. Hoy se plantea la idea de “reparar alianzas y unirse nuevamente al mundo, con el poder del ejemplo”.

La iracundia del adiós, el desaire, la ofensa y la diatriba del pasado reciente en la pretensión de la conservación del dominio, sucumbieron ante la realidad y la norma, directriz de los destinos de una nación que se ostenta sólida ante las temporales aventuras del poder, no siempre inmune al virus letal de la ambición, enfermedad perniciosa, siempre presente y devastadora.

Dos mensajes centrales y redundantes en las expresiones del recién inaugurado presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, dan cuenta del deterioro que se hereda y donde hay que meter el cautín.

herencia trump mandatario
Imagen: Reddit.

Unidad al interior y diplomacia al exterior. Sanar heridas internas y reencontrarse con el mundo, del que se fue excluyendo paulatinamente con base en su determinante influencia y con la visión de hacer a “América grande nuevamente”.

Muchos son los temas que en estos contextos (interno y externo) llenarán la complicada agenda para realmente recuperar los principios y valores erosionados, lograr la unidad de una nación polarizada y ser un aliado para la paz y seguridad global.

Esperemos que ante este cambio de actitud traiga para el país de los libres, para el hogar de los valientes, para nuestro vecino eterno, un nuevo amanecer… y para nosotros también…

 Salud.


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Sucedió lo impensable, el discurso incendiario convocando a la defensa del voto para impedir la certificación de su adversario como cuadragésimo sexto presidente del país de los justos, tuvo resonancia y respuesta.

El asalto a la sede del congreso norteamericano en Washington transmitido en tiempo real al mundo entero se observaba con incredulidad, una abierta rebelión estaba en marcha en el icónico recinto, alentada desde el mismísimo Poder Ejecutivo de Estados Unidos.

Las escenas de la irrupción multitudinaria y violenta de los simpatizantes del aún actual presidente, los atuendos bizarros y las consignas exhibidas y coreadas poco difieren de las de algún filme hollywoodesco en los que algún villano amenaza la libertad, la democracia y la justicia, en las que el héroe suele ser, curiosamente, el propio presidente.

impensable toma de capitolio
Imagen: The New York Times.

La gestión de Donald Trump ha sido desde su inicio, ahora que el término está de moda, “atípica” en muchos sentidos, pero particularmente por la heterodoxia de su “personal estilo de gobernar”, que no admite negativas ni contradicciones a sus deseos y objetivos. Todo lo que se oponga es, simplemente, desechable.

La arrogancia y la obstinación por mantenerse en el poder, en principio enarbolando la comisión de un fraude en su contra y, derivado de ello, la convocatoria a la defensa de su victoria mediante la movilización enardecida de las masas, carece de precedentes en la historia moderna de nuestro vecino y más importante socio comercial, a quien nos une, indefectiblemente, geografía, historia y porvenir.

Lo impensable fue posible y es de pronóstico reservado lo que aún se verá en la situación interna. El país del norte ha sido tocado por la flecha envenenada de la polarización, el racismo y la intolerancia, llegando a extremos antes no vistos (terrorismo doméstico, según ha declarado el propio presidente electo).

Es necesario considerar el carácter impredecible de quien todavía ostenta el mando y quien, si no aparece en el camino algún impedimento legal, tendrá una larga semana y media para continuar maquinando acciones radicales. Tampoco puede dejarse de lado la capacidad de presión y los intereses de quien dejará en breve la casa blanca.

Para él y sus más extremistas seguidores, quizá este capítulo no se ha cerrado, pero las enseñanzas de “una atípica gobernación” en el país que se sigue erigiendo como el paladín de la libertad, el inventor del federalismo y el defensor de la democracia, deben ser analizadas, aprendidas y extrapoladas, explícitamente cuando un solo hombre, a pesar de la sólida estructura legal e institucional, puede convertirse, con el voto y la manipulación ciudadana, en el autócrata más inconsciente y tiránico.

impensable toma de capitolio
Imagen: The New York Times.

Donald Trump lo advirtió desde su llegada al poder, nadie se llame sorprendido. No faltaron voces de desconfianza. Se manejó la incapacidad mental pero el aparato lo neutralizó. Se recurrió a la ilegalidad de procedimientos y facultades, pero todo se resolvió por las facultades y la “Seguridad nacional”. Durante cuatro largos años el país de los valientes acudió a los valores de una gran nación, al engaño y la manipulación, al discurso del pasado, donde todo estuvo mal, apostando a la esperanza de un futuro más promisorio.

Mucho nos deja de enseñanza lo sucedido en un país tan sólido legal y filosóficamente cimentado en sus principios, que, aunque usted no lo crea, fueron la inspiración de nuestra prostituida Constitución, no sólo porque lo impensable fue posible, sino porque lo pensable es el futuro posible y el escenario no deseable de nuestro indeseable 2021.

Es sólo un pensamiento golondrino. ¿Acaso Trump le hizo caso a AMLO?

Pero desde luego Biden no permitirá la ocupación del capitolio ni desalojará Reforma con una multimillonaria mochada.

Quienes han elegido el camino del engaño, la manipulación y la mentira deben sentirse aludidos por la realidad.

Es una recomendación inocua para una inteligencia inocua. Pero Don Porfirio la advirtió: no hay que soltar al tigre.

La desigualdad, la ignorancia y la pobreza siempre claman justicia.


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Maquiavelo y el elogio del engaño, sólo por analogía

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La obra más famosa del gran florentino Nicolás Maquiavelo es, sin duda, aquella que ofrece a Lorenzo de Medici, como humilde ofrenda y con su más profundo deseo que el príncipe logre conseguir aquella grandeza que su fortuna y sus grandes cualidades le prometen, una serie de consejos.

Obra indispensable en el estudio de la ciencia política, pletórica de claroscuros éticos es, para unos, pragmatismo puro para la obtención y conservación del poder y, para otros, una guía para su eficaz ejercicio, donde el engaño, el cinismo y la inmoralidad encuentran cómodos espacios que justifican todo tipo de medios empleados, lícitos o no, en pos del fin deseado. Como sea, El príncipe ha sido para muchos, un texto de cabecera, seguido a pie juntillas que, a todas luces, sigue vigente cual catecismo, dadas las cotidianas evidencias, que libera de remordimientos a sus fieles usuarios.

Por mera casualidad, revisando el clásico texto, hemos encontrado, entre los consejos que el autor ofrece al príncipe, los contenidos en el capítulo XVIII “De como los príncipes han de mantener la palabra dada”, cuya actualidad resulta verdaderamente notable, vistas las similitudes que guarda con las circunstancias presentes en el quehacer público, que resultan sugerentes sobre los comportamientos de nuestra flamante clase política.

Aquí se reproducen los más significativos:

“Todos sabemos cuán loable es en un príncipe mantener la palabra dada y vivir con integridad y no con astucia; sin embargo, se ve por experiencia en nuestros días cómo aquellos que han tenido muy poco en cuenta la palabra dada y han sabido burlar con astucia el ingenio de los hombres, han hecho grandes cosas superando al final a aquellos que se han basado en la lealtad.

maquiavelo principe
Imagen: Vicente Marti.

“Debéis, pues, saber que hay dos modos de combatir: uno con las leyes; el otro con la fuerza; el primero es propio de los hombres, el segundo de las bestias; pero, puesto que el primero muchas veces no basta, conviene recurrir al segundo. Por lo tanto, es necesario que un príncipe sepa actuar según convenga, como bestia y como hombre.

“Por consiguiente, un señor prudente no puede, ni debe, mantener la palabra dada cuando tal cumplimiento se vuelva en contra suya y hayan desaparecido los motivos que le obligaron a darla.

“Y si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no lo sería, pero como son malos y no mantienen lo que te prometen, tú tampoco tienes por qué mantenérselos a ellos.

“Además, jamás le han faltado a un príncipe motivos legítimos con los que disimular su inobservancia.

“Pero hay que saber disfrazar bien tal naturaleza y ser un gran simulador y disimulador; y los hombres son tan crédulos y tan sumisos a las necesidades del momento, que el que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.

“Alejandro VI no hizo nunca nada ni pensó nada más que en engañar a los hombres y siempre encontró con quien poder hacerlo. No hubo jamás hombre alguno que aseverara con mayor eficacia ni que afirmara cosa alguna con más juramentos y que, sin embargo, menos la observara: y a pesar de ello siempre le salieron los engaños según sus deseos…

engano del principe
Imagen: Malpensante.

“Un príncipe no ha de tener necesariamente todas las cualidades (…) pero es necesario que parezca que las tiene… me atrevería a decir que son perjudiciales si las posees y practicas siempre, y son útiles si tan sólo haces ver que las posees…

“…parecer compasivo, fiel, humano, íntegro, religioso, y serio; pero estar con el ánimo dispuesto de tal manera que si es necesario no serlo puedas y sepas cambiar a todo lo contrario.

“Debe, por lo tanto, el príncipe, tener buen cuidado de que no se le escape jamás de la boca cosa alguna que no esté llena de las citadas cinco cualidades y debe parecer al verlo y oírlo, todo compasión, todo lealtad, todo integridad, todo humanidad, todo religión.”

Finalmente, remata don Nicolás: “Procure pues el príncipe ganar y conservar el estado: los medios serán siempre juzgados honorables y alabados por todos; ya que el vulgo se deja cautivar por la apariencia y el éxito, y en el mundo no hay más que vulgo…”

No abundaré con opiniones vanas, la elocuencia del discurso es maquiavélicamente explícita. Quede al amable lector encontrar la analogía y aplicarla al personaje que elija.

Quizá podamos explicarnos el origen y naturaleza de tanta inmoralidad que nos inunda por doquier, no pocas veces revestida, precisamente, de principios éticos.

“Haced lo que os digo, no lo que yo hago” diría el monarca.


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Criterio de oportunidad, el coro de la justicia

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Todo indica que la cultura musical se arraiga día a día en nuestro prestigioso sistema de procuración de justicia.

Bajo la figura del testigo colaborador, testigo protegido o la denominación que haya que darle a esta modalidad, que bajo cualquier ángulo constituye un sistema de delación entre presuntos responsables de la comisión de delitos sujetos a proceso, las autoridades encargadas de la procuración de justicia recurren con más frecuencia al ya famoso criterio de oportunidad, que se va convirtiendo en moda, destacadamente, en los casos que involucran a las celebridades de la clase política, hasta hace no muchos meses, prominentes conductores de los destinos de la nación.

La autoridad encargada de integrar las también ya famosas carpetas de investigación, sustitutas de las extintas averiguaciones previas, han encontrado una vía más o menos cómoda de lidiar con las investigaciones, ciertamente complejas y sensibles, ofreciendo a los presuntos implicados, condiciones más amables para enfrentar sus procesos, desde la comodidad de su hogar, a cambio de información que permita ampliar el esquema de vinculaciones y complicidades, y extender el largo brazo de la justicia a otros personajes.

criterio de oportunidad rosario robles
Segunda audiencia jurídica de Rosario Robles | Imagen: El Universal.

El canto de los acusados se va convirtiendo en un coro, al que se van sumando nuevas voces y nuevas tesituras: sopranos, tenores, barítonos, contraltos que alternan y se confunden en la gran ópera de la corrupción, deleitando al auditorio sensible y siempre pendiente de los escenarios trágicos o cómicos, pero no por ello, menos entretenidos y, desde luego, con desenlaces inesperados.

La opción de colaboración por parte de los inculpados tiene aspectos favorables para las diversas entidades que participan, de manera directa o indirecta en los procesos.

A los señalados como probables responsables de obscenos actos ilegales, la nueva modalidad, les brinda la magnanimidad de la justicia en reciprocidad a su atingencia y generosa disposición a desembuchar lo que saben. La deposición es importante, cada quien cantara su parte, la evidencia secundaria, lo relevante es el espectáculo.

A las agencias investigadoras, reconocidas mundialmente por su eficacia y profesionalismo, el nuevo modelo les ahorra desvelos y frustraciones, particularmente, a la hora de obtener, reunir y analizar la evidencia para sustentar los casos que casi nunca se les desvanecen, dada su solidez y contundencia.

justicia fragil
Imagen: Etcétera.

A otros actores de interés, el criterio de oportunidad les resulta totalmente oportuno, sumamente flexible y altamente redituable. Puede venirles como anillo al dedo en momentos que el solaz social resulte indispensable para sortear de manera apacible las más furiosas tempestades y atemperar el ánimo enardecido en ambientes determinados.

Al espectador, el común ciudadano, la puesta en escena le ofrece un espacio de esparcimiento, atrae su atención. Por momentos le permite olvidar el confinamiento, el desempleo, la crisis económica, la estadística funesta y macabra de la epidemia, los acreedores implacables, la violencia desbordada o ser rescatado hasta de la depresión calamitosa.

Incorporar al coro nuevas voces, cada día más potentes, subirlas al escenario en estelares presentaciones, saturadas de cámaras y micrófonos, parece ser la estrategia magistral para cumplir el objetivo de enterrar la corrupción de una vez por todas y dar muestra a la extensa audiencia de la contundencia y veracidad del noble propósito.

La obra puede durar lo que sea necesario, el escenario modificado a voluntad, el tono adaptado a la circunstancia y el desenlace tan espectacular y sorpresivo como se requiera.

Un ambiente, en fin, tan maleable, en el que todos los involucrados pueden obtener algo en su propio interés, salvo quizá, de manera objetiva, la sociedad.


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La relación bilateral de México y Estados Unidos podría dar un vuelco a partir de los resultados de las recientes elecciones de aquel país, particularmente por la manera de hacer política del actual presidente y del que, casi con certeza, será su sucesor a partir del 20 de enero próximo.

Y es que son evidentes las posturas diametralmente opuestas de los, hasta hace pocos días, candidatos demócrata y republicano sobre asuntos clave de interés de la nación vecina, pero, sobre todo, el muy particular estilo de gobernar del presidente saliente, irreverente, mordaz, agresivo y proclive a la confrontación, frente a un político de carrera, centrado en la ortodoxia que, a diferencia de su oponente, ofrece una imagen de moderación, conciliadora y con enfoque reflexivo sobre los temas de la mayor relevancia para su país, tanto en lo interno, como en el ambiente global.

Pese a la actitud asumida por el actual mandatario, para impugnar la elección, cosa anunciada desde la campaña, todo apunta a que el demócrata Joe Biden asumirá el cargo como el cuadragésimo sexto presidente de Estados Unidos y la Señora Harris como la primera vicepresidente, con un llamado a la unidad del pueblo norteamericano, tan deteriorada por la dinámica de alta conflictividad interna en la que se sumergió el proceso –ciertamente catalizado por el discurso disruptivo del candidato republicano– y más orientado a la concordia internacional.

Biden
Fotografía: Alto Nivel.

El virtual habitante de la Casa Blanca a partir del 20 de enero de 2021, no tiene gran problema en el diseño de su agenda, al menos para los primeros meses de su administración, basta con dar un giro de 180 grados a las posturas que el actual gobierno asumió durante su gestión, a saber: la polarización social interna; el posicionamiento sobre el cambio climático; la ruptura con la Organización Mundial de la Salud; el manejo de la pandemia; el tratamiento de la política migratoria; los derechos humanos y la relación con América Latina y El Caribe, entre los más relevantes.

Claramente, se advierte que el cambio de rumbo en la política del vecino país, ya anunciada desde los primeros discursos, tendrá repercusiones inmediatas en la relación con el gobierno mexicano, en principio, por la identidad mostrada por éste, con las políticas emanadas de Washington en temas bilaterales altamente sensibles, que alcanzaron, por momentos, abiertos tonos de amenaza y ofensa, con las cuales, aún en medio de candentes polémicas, México estuvo de acuerdo.

Es evidente, pese a los señalamientos en contrario, que la relación con el virtual próximo mandatario estadounidense es prácticamente inexistente y forjar un entendimiento, al menos cordial, no será nada fácil. En todo caso, podría esperarse un tratamiento diplomático a secas, basado en la visión, los objetivos e intereses del nuevo gobierno, quizás sin mayor acercamiento o incluso, con abierto desdén.

Trump despedido
Ilustración: Revista Gerente.

Las especulaciones, frente a un errático cálculo político, en cuanto a la futura relación entre ambos mandatarios, ya corren generosas augurando frialdad, en primer término, por la actitud, que se tomó como descortesía elemental, cuando en su visita a Estados Unidos, el presidente mexicano omitió, cuando menos, el saludo protocolario al candidato demócrata. En segundo término, por la cautela asumida ante el resultado electoral, para reconocer y felicitar el triunfo de Biden, en tanto no se resuelvan los procedimientos legales, lo que muchos interpretan como un tácito y esperanzado apoyo al presidente Trump.

Elemental sería suponer que ya la maquinaria diplomática mexicana, en su clásico trabajo prospectivo, tenga diseñados los escenarios y las estrategias consecuentes para acometer los retos que el futuro inmediato depara a nuestro país frente a su principal socio comercial, sempiterno e irremediable vecino, con visiones, no necesariamente convergentes, ante problemas comunes de gran y trascendente envergadura, especialmente para México, en un panorama asimétrico, con crisis económica, alto índice de inseguridad y violencia, con graves problemas de salud y elevada corrupción, que lo ubican en una sensible posición de vulnerabilidad y riesgo de confrontación interna.


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