Kamala Harris

Joe Biden asume e impulsa “otros” diálogos globales

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La hora cero ha llegado, el cuadragésimo sexto inquilino de la Casa Blanca, el demócrata de origen irlandés-católico conservador, Joe Biden, ha tomado desde este miércoles 20 de enero 2021, las “riendas” de la “aún” primera potencia mundial, acompañado de manera inédita por una vicepresidenta de tez negra y dama de origen asiático Kamala Harris.

El presidente Biden comienza en su asunción al cargo con una serie de instrucciones ejecutivas, que desmantelan la herencia trumpista, tendientes entre otras cosas al uso obligatorio de mascarillas y reinsertar la nación en la Organización Mundial de la Salud (OMS) –medidas concretas para contener la expansiva propagación del coronavirus–; poner fin a la prohibición de viajar a siete países de ideología musulmana; detener las obras de construcción en el muro fronterizo con México; además, buscar “torpedear” para reinstalar al país norteamericano en el denominado Acuerdo de París.

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Imagen: Sedac.

En un principio me parece una suerte de “película de ciencia ficción” la “impresionante” cantidad de más de 20,000 agentes (entre Guardia Nacional, policías locales, FBI y Servicio Secreto, desplazados en la capital federal de Washington D.C.) a fin de garantizar, por una parte, las masivas concentraciones propulsoras de un virus imperceptible; pero, también, para disuadir eventuales disturbios provenientes de grupos neoconservadores ultraderechistas que hasta entonces no han reconocido la victoria del nuevo inquilino de la casa del pueblo estadounidense –desde donde se gestionan las aspiraciones de cada ciudadano del país norteamericano–.

 Ahora bien, Trump sale por la puerta de atrás –con una carta dejada en el despacho oval del presidente entrante–, enfrentado a un segundo juicio político y sin la “gallardía” de un acompañamiento público en los actos de investidura de Biden, para “saludar” la democracia y que sirviesen al mismo tiempo para fortalecer los llamados constantes a la unidad que ha hecho el nuevo dignatario. En este sentido, me parece que el mandatario demócrata empieza a demostrar con hechos ejecutivos concretos ser la antítesis de una visión unilateral trumpista sobre los asuntos domésticos y globales que indudablemente generaron conflictos y tensiones de diversa naturaleza en distintos espacios geográficos del planeta.

Mientras tanto, en mi entendimiento, el magnate republicano ha querido “ahogar” el dolor amargo de la derrota con su retórica negacionista de la realidad al dejar entrever que volverá a presentarse en 2024. Creo que ejemplos como estos provenientes del entorno Trump, en primer lugar “estremecen” los propios cimientos de la alternabilidad del poder bajo los eventos electorales, en tanto buscan deslegitimar estos procesos debido a que se anteponen los “propios” intereses frente al bienestar colectivo; por otra parte, van en contravía a la ética cívica, entendida en el plano concreto como la posibilidad de gestionar las diferencias mediante el diálogo con la finalidad de propiciar el entendimiento mutuo y desactivar tensiones que “opacan” la paz social. 

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Imagen: Washington Times.

En mi opinión, es el momento en el cual Biden debe apostar por una agenda global integradora, que privilegie la paz, seguridad y el progreso humano, bajo las “indelebles” normas del respeto a la autodeterminación de los pueblos, pero mediante el trabajo conjunto con las autoridades de los estados-naciones. Y, asimismo, consolidar los esfuerzos por el señalamiento y el “castigo” de aquellos dirigentes políticos-empresariales que “oprimen” de diversas formas a sus conciudadanos.    

En conclusión, pienso que valores universales como la fraternidad, libertad, igualdad y solidaridad deben ser los pilares fundamentales para empezar a “borrar” de la tierra la aporofobia hacia todos aquellos seres humanos descritos como “sobrantes” del actual sistema socio-políticos y económicos globales (debido a que terceros deciden por sus vidas).

Posdata: Es humanista y reviste un alto valor simbólico el acto efectuado por el equipo de transición del nuevo presidente en relación a recordar y “adornar” la Explanada Nacional “The National Mall” con al menos 200,000 banderas que, de una u otra forma, representan la ausencia de estadounidenses fallecidos producto de la COVID-19, pero también reflejan la polarización extrema de los últimos cuatro años (de manera que estos estandartes nacionales “sustituyen” la presencia física, producto de fenómenos biológicos y sociopolíticos). Se calcula que solamente hubo mil personas presentes en los actos de investidura.  


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Biden: Cambio de rumbo

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Finalmente, el 20 de enero de 2021, Joe Biden tomó posesión como el 46º  Presidente de Estados Unidos. Su mensaje de toma de posesión ha sido calificado por muchos observadores como muy notable por el tono conciliador, el llamado a la unidad, al rescate de la verdad, la civilidad y la decencia que se perdió durante la polarización y la mentira que caracterizó al gobierno de Donald Trump.

El discurso de Biden, breve y profundo, ha sido comparado con el mensaje pronunciado por el presidente Kennedy en su asunción a la Presidencia y aún con el famoso discurso de Roosevelt cuando asumió el cargo de presidente, en el contexto de la Gran Depresión. Estableció, entre sus prioridades inmediatas, el combate a la pandemia del COVID-19, la recuperación económica con un ambicioso plan muy articulado, la lucha contra el cambio climático y la equidad racial.

Además del mensaje de Biden convocando a la unidad y a la reconciliación, en el primer día de su gobierno firmó 17 órdenes ejecutivas con temas que van desde la migración, la suspensión del ignominioso muro fronterizo, los dreamers, el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París de 2015 para el combate al cambio climático y la permanencia de su país en la Organización Mundial de la Salud (OMS), nuevamente, entre otros muchos aspectos. En los siguientes días se han tomado nuevas medidas para el combate a la pobreza, la protección de la naturaleza y el ambiente, así como para la cooperación internacional.

Joe Biden y Kamala Harris
Joe Biden y Kamala Harris minutos después de tomar juramento como presidente y vicepresidenta de Estados Unidos, respectivamente (Fotografía: ABC.es).

La fórmula Biden-Harris tuvo un amplio triunfo tanto en el Colegio Electoral como en el voto popular. Las designaciones directas de sus colaboradores, como las que tienen que ser aprobadas por el Senado, en general, recayeron en personas capacitadas, profesionales con experiencia y son reflejo de una sociedad pluricultural y multirracial. Sin duda se trata del triunfo de la democracia, la cual se vio bajo asedió durante toda la administración Trump, agresión que llegó a su pico máximo con el asalto al Capitolio el 6 de enero pasado.

Sin embargo, Biden llega al poder en medio de varias crisis muy profundas. La primera es la sanitaria. Los efectos globales de la pandemia del COVID-19 están siendo devastadores a nivel internacional. Es un problema que está afectando a todos los países, a todos los sectores económicos, a todos los ámbitos sociales. Adicionalmente, los procesos de vacunación están teniendo en el mundo más problemas y retraso de los previstos inicialmente.

De igual forma, enfrenta una profunda crisis política interna. Estados Unidos es un país dividido y polarizado. Esa división se puede mitigar, pero va a tomar mucho tiempo superar. Están enfrentados dos proyectos de nación. El triunfo de Biden significa el propósito de construir una nación próspera, democrática, pluricultural y multirracial. Esta concepción se enfrenta a un proyecto racista, nativista, xenófobo y excluyente que apoyó a Trump y que no es menor. Recordemos que Donald Trump obtuvo más de 73 millones de votos y que arrasó en varios Estados de la Unión Americana. Es un proyecto que considera que Estados Unidos se constituyó con base en los ideales de la libertad y la democracia por una sociedad de blancos, anglo-sajones, protestantes, en alianza con algunos grupos de colonos de origen holandés y germánico. Fue una nación fundada por ellos y para ellos, con valores culturales homogéneos, que no contemplaban la inclusión de las culturales originarias de Norteamérica, ni a afro-americanos, asiáticos, latinos. Al final va a prevalecer el proyecto incluyente, que representan los demócratas, porque es el reflejo de la sociedad estadounidense contemporánea pero la lucha no va a ser fácil ni rápida.

Joe Biden toma de posesión
Joe Biden, el 46º presidente de Estados Unidos (Fotografía: El Correo).

Asimismo, Biden va a gobernar un país en un mundo crecientemente competitivo en el que el avance de China y en general de la región Asia-Pacífico, es imparable y que ya han causado estragos en una parte de la población estadounidense, en particular entre los segmentos de bajo nivel educativo. Es el caso de amplios sectores rurales con poca educación y de muy mala calidad, proclives al fanatismo religioso construido sobre valores excluyentes y explicaciones muy simplistas. El papel de los evangélicos en ese panorama es determinante.

Además, desde luego el gobierno de Biden enfrenta la más importante crisis global contemporánea derivada del cambio climático y de la cada vez más acelerada destrucción de la naturaleza que pone en muy grave peligro el futuro de todos, de la cual el propio presidente estadounidense está muy consciente pero cuya solución implica afectar poderosos intereses corporativos. El mundo vive una emergencia climática global, entre otros aspectos, que exigen una solución pronta y decidida, que no se limita a la transición energética, sino más bien pasa por ella como condición indispensable, que exige cambios profundos tanto económicos como sociales. El consumismo característico del modo de vida estadounidense es completamente insostenible.

En suma, el triunfo de Biden tanto en la elección presidencial como en el control de ambas cámaras del Congreso le dan fortaleza y margen de maniobra. Asimismo, el relativo debilitamiento de los republicanos, completado por el descrédito de los grupos más violentos y radicales, así como la vulnerabilidad personal de Trump, derivada de su problemática trayectoria y que además del juicio político (impeachment) lo va a tener frente a tribunales por numerosas causas fiscales, corporativas y hasta sexuales, ayudarán a la Agenda de Biden. De cualquier forma, la lucha va a ser feroz con los grupos de la derecha conservadora.

toma de posesión Biden, Capitolio

Así como Biden trabaja muy intensamente, con un programa claramente preestablecido, la derecha radical no le ha dado tregua. Un ejemplo grotesco es el tweet de Ted Cruz, en el que acusa a Biden de estar preocupado por la solución de la problemática de las personas de París, por el regreso de Estados Unidos al Acuerdo referido. Una acusación así de ridícula, por parte del Senador Cruz de Texas, sólo se explica porque seguramente alguien la toma en serio por grotesca que sea.

Por último, es necesario recordar que los demócratas triunfaron en una coalición que representa a intereses muy variados que se unieron con el propósito de derrotar a Trump y a los republicanos, pero que con frecuencia representan intereses encontrados que van desde, lo que podríamos llamar moderados centristas, hasta los que en Estados Unidos son considerados de extrema izquierda. Lo dicho, la lucha va a ser larga, pero estoy convencido de que al final la democracia y la libertad prevalecerán, lo cual tendrá un profundo efecto internacional. Pero es importante recordar que la democracia es frágil. Hay que luchar por ella todos los días, en todas partes.


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Lo que vi en Washington en enero de 2021 (Parte I)

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Viajé a Washington para sentir la transición de lo que fueron cuatro años de agravios, insultos, estupideces, fanfarronerías, berrinches, groserías, beneplácitos con los supremacistas blancos, malas decisiones para Estados Unidos y para el mundo, y muchas otras cosas, y el “regreso a la normalidad” del país económicamente más grande del planeta.

La economía americana representa alrededor del 22% de toda la economía mundial, seguida de la de China, que representa alrededor del 15%, la primera pierde velocidad desde hace muchos años y con Trump eso no cambió. La economía china crece y seguirá creciendo para que en 10 años o poco más, se convierta en la economía más grande del mundo y Estados Unidos, por primera vez, en muchos, muchos años, deje de ser la economía más grande.

¿Cambió mucho Estados Unidos en estos cuatro años? A simple vista parecería que no, pero si profundizamos y rascamos un poco, podríamos decir que sí, que cambió mucho y lo hizo lamentablemente para mal, aunque como dice el dicho “no hay mal que por bien no venga”.

¿Qué descubrieron los americanos en estos cuatro años? Que siguen siendo profundamente racistas, por ejemplo. Que los pronunciamientos y hechos pacifistas del inmenso Martin Luther King y de muy valientes mujeres como Rosa Parks, aquel 1º de diciembre de 1955 al decir “no” (uno de los “no” que verdaderamente han cambiado la historia) ante la solicitud del chofer del autobús para que cediera su lugar a un hombre blanco, si bien han cambiado mucho a Estados Unidos de los años 50 del siglo pasado, todavía hay un arraigo en muchos sectores de la población americana que no aceptan la integración y éxito de negros, latinos, aborígenes, indígenas, y asiáticos en la sociedad.

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Imagen: Science Magazine.

Esto es mucho más obvio en estados subdesarrollados de ese país, y entre la población rural o suburbana, que se pueden identificar fácilmente con los resultados electorales del pasado mes de noviembre, donde Trump ganó con márgenes realmente alarmantes.

Hemos sido testigos de los múltiples casos de abusos de policías, en su mayoría blancos, que han asesinado a personas inocentes por su color de piel. Así de sencillo, lo demás es querer complicarnos la vida… y los abusos también se reflejan en la cantidad de personas procesadas, condenadas y encarceladas de forma injusta en todo el sistema judicial de Estados Unidos. Aunque me cae muy bien, creo que Obama hizo muy poco al respecto en esta materia y con ello se desperdició un enorme bono político.

Esto ha traído a los ojos de todos el tema y por ello el surgimiento del movimiento “Black lives matter, too”, que de verdad ha sido un gran llamado de atención en una buena parte de la población de Estados Unidos y ha generado importantes cambios en muchos ámbitos de la vida cotidiana y del mundo de los negocios y de los gobiernos; espero que se vean y se sientan los avances realmente, muy pronto.

¿Cuántas veces han escuchado en los últimos meses que Kamala Harris será la primera mujer y primer negra en ocupar la vicepresidencia de Estados Unidos?

La complicidad y permisividad de Trump con los grupos supremacistas blancos demostró que Estados Unidos tiene problemas sociales MUY graves y que están a la vista de todos. Los incidentes del pasado 6 de enero en el Capitolio son sólo una muestra de este hecho.

Unos años antes (2017), vivimos el surgimiento del movimiento “Me too” para denunciar los abusos, acoso y agresiones sexuales hacia las mujeres en el ámbito laboral, primero relacionado con el mundo del cine y el conocido caso de Harvey Weinstein, pero que abrió una caja de pandora, de los millones de casos que se suscitan el todo el mundo, todos los días, pero que queda claro que, en Estados Unidos, era “una forma de vida” en la que el propio presidente Trump era parte muy activa.

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Imagen: Vanity Fair.

Mi reconocimiento a Tarana Burke, quien acuñó el término en el año 2006, a Alyssa Milano y a Ambra Gutiérrez, por su valentía en hacer sus denuncias, y mi desprecio a quienes se subieron a esta ola, aprovechando para sus fines personales y que acusaron falsamente a personas con las que habían tenido diferencias en sus relaciones personales y que hasta suicidios provocaron.

Estados Unidos queda, está, muy dañado después de cuatro años del gobierno de Trump en muchos ámbitos.

En lo social, algunos grupos, como los supremacistas blancos que salieron del closet y se sienten empoderados. Habrá que volverlos a ubicar y tomar todas las acciones contra ellos, inclusive legales, para ubicarlos y evitar que anden sueltos. La posibilidad de que Trump busque crear su propio partido político no es lejana, ya amenazó el mismo 20 por la mañana desde la base Andrews diciendo que “volveremos de alguna manera”. ¿Se imaginan el peligro para Estados Unidos y para el mundo de un VOX americano encabezado por un tipo como Trump?

Sus constantes agravios a países como China o México, tuvo muy diferentes respuestas. Los chinos con una gran dignidad lo pusieron en su lugar una y otra vez, mientras que, en México, el gobierno que encabeza el presidente López se sumergía en un silencio cómplice o inclusive justificaba sus insultos. La mayor vergüenza, entre muchas otras, hacer el viaje a Washington en plena campaña electoral y llenarlo de elogios.

Biden y Harris tienen frente a ellos inmensos retos para reconstruir un país profundamente dividido en prácticamente dos… la mayor de las suertes por el bien de los Estados Unidos y del mundo.


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Seré el presidente de todos los americanos: Biden inicia nueva era en Estados Unidos

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Joe Biden juró como presidente de Estados Unidos en el Capitolio la tarde de este miércoles, el demócrata envió un mensaje de unión para dejar de lado todas las diferencias y aseguró que será el presidente de todos los americanos.

Después de dos meses convulsos, desde los resultados de los comicios de noviembre, Joe Biden asumió su cargo como presidente de Estados Unidos, junto a Kamala Harris quien asumió su cargo como vicepresidenta, la primera mujer afroamericana y de descendencia asiática en este.

A la ceremonia asistieron tres expresidentes, Bill Clinton, George Bush y Barack Obama, por parte de la administración saliente sólo estuvo Michael Pence. Trump abandonó la Casa Blanca en la mañana y se dirigió a Florida.

El ahora presidente de Estados Unidos dijo durante su discurso que queda mucho por reparar, restaurar, sanar, construir y ganar. 

¨Esta es una gran nación, somos buenas personas. A lo largo de los siglos a través de la tormenta, la paz y en la guerra hemos llegado tan lejos pero todavía tenemos mucho por hacer¨, expresó Biden durante su discurso 

Biden también señaló los problemas actuales por lo que está pasando la nación que va a representar, destacando en primer lugar la pandemia, la cual ha dejado más muertos que la Segunda Guerra Mundial.

El mandatario estadounidense destacó que la única forma de no fallar es mantenerse unidos como nación, dejar de lado las diferencias y empezar a escucharse unos a otros. 

¨Podemos dejar de ver como adversarios y hacerlo como vecinos. Podemos empezar a tratarnos con dignidad y respeto. Podemos unir fuerzas, dejar el odio y bajar la temperatura¨ explicó Biden. 

Mandatarios y funcionarios que felicitaron a Biden

Alrededor del mundo no hicieron falta las comunes felicitaciones desde mandatarios nacionales hasta funcionarios de todos los niveles. Mostraron su respaldo y buenos deseos a la nueva administración que está por entrar.

Por parte de México las felicitaciones vinieron de parte del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard y del secretario de Turismo, Miguel Torruco Marqués, ambos enviaron sus mensajes en sus respectivas cuentas de Twitter.

https://twitter.com/TorrucoTurismo/status/1352007845080776705

Por la parte internacional, el presidente de Argentina, Alberto Fernández también envió un mensaje en su cuenta de Twitter felicitando a Biden y destacó la histórica vicepresidencia de Kamala Harris

De igual forma lo hizo el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, quien también resaltó la importancia de mantener las relaciones que puedan llevar a Venezuela unas elecciones libres

Biden ya empieza a trabajar, firma más de 10 órdenes ejecutivas 

Biden asume como presidente de Estados Unidos y todos los americanos
Fotografía: Chip Somodevilla/Getty Images

Apenas horas después de su toma de protesta como presidente, Biden se dirigió a la Casa Blanca para firmas 17 órdenes ejecutivas para poner en marcha su gobierno

Dentro de las 17 órdenes, destaca la reinserción de Estados Unidos al Acuerdo de París del cual se salió Trump, la detención de la salida del país de la Organización Mundial de la Salud, la eliminación de la Comisión 1776 de Trump para que todas las agencias se garanticen la equidad racial. 

En cuestión migratoria, detiene la construcción del muro fronterizo con México poniendo fin a la emergencia nacional con que era financiado este proyecto, y pone fin a las restricciones de ingreso a Estados Unidos a personas de 7 países musulmanes. 

También destaca la iniciativa al Congreso de un paquete económico, el cual propuso días antes, para atender la crisis económica y sanitaria que está dejando la pandemia del coronavirus.

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En esta mista sintonía, el presidente afirmó que el mes de febrero se dedicará en ¨restaurar el lugar de Estados Unidos en el mundo¨. 

¿Qué pasará en la relación con México?

De momento el presidente Biden no ha mencionado nada respecto a la relación con México o si algo cambiaria en ella, pero su orden de acabar con la construcción del muro da buenos indicios

Uno de los intereses de Biden es el aspecto climático y las energías limpias, es por ello por lo que decidió regresar a Estados Unidos al Acuerdo de París y en ese sentido hacer inversiones importantes en este rubro.

Lo anterior pone en tela de juicio a México en su relación con Estados Unidos y compromisos firmados en el Acuerdo de París, por las intenciones de querer construir una nueva refinería y seguir con la producción de hidrocarburos. 

Ya ganó Joe Biden ¿y ahora qué?

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Después de once días desde que se llevó a cabo la jornada electoral en Estados Unidos, se pudo anunciar un vencedor definitivo y prácticamente doce semanas después se definió el conteo final del Colegio electoral dando una holgada victoria a Joe Biden de 306 votos contra 232 de Donald Trump.

A medida que los días han transcurrido, la diferencia de votos con el 97% de estos contabilizados, da una abrumadora victoria en el voto popular al candidato demócrata con 78’778,306 votos, es decir, el 50.9% de los votos totales contra 73’161,232 votos para Trump, lo que equivale al 47.3%. Hay pues una diferencia de 5’616,683 votos entre ambos candidatos y la diferencia, que hoy es del 3.6%, al terminar de contar todos los votos, aún será mayor en favor de Biden.

Ambos candidatos deberían estar muy felices porque esta contienda ha roto muchos récords en la historia de las elecciones de Estados Unidos, Biden es, por mucho, el candidato que más votos ha obtenido y Trump es el candidato perdedor que también ha obtenido la mayor cantidad de votos. El número y el porcentaje de votantes totales es la mayor de la historia y así podríamos señalar otras marcas.

¿Qué hizo que Biden ganará? Seguramente habrá muchos análisis y conclusiones, pero es definitivo que el voto de las llamadas minorías influyó de manera determinante a nivel nacional y en algunos estados en concreto. El voto de las mujeres tuvo una fuerte influencia impulsado por Kamala Harris. Y como siempre pasa en cualquier proceso electoral, la gente vota por el candidato que, desde su punto de vista, es el menos malo, y hay una buena cantidad de votos de castigo en contra del candidato en el gobierno.

Trump pierde elecciones
Imagen: The Australian.

En términos del simple análisis, es determinante el hecho de que Biden y los demócratas hayan ganado cinco estados que en la elección pasada perdieron, inclusive uno de ellos que no ganaban desde la elección de Bill Clinton. Los estados de Arizona, Michigan, Pennsylvania, Georgia y Wisconsin.

Es interesante también señalar que Estados Unidos queda muy dividido después de esta elección, ya que se muestra un país totalmente polarizado y con dos visiones de lo que quieren como nación, aunque es claro identificar dónde realmente están las diferencias. Trump ganó en 25 estados y Biden hizo lo propio en otros 25.

Prácticamente todas las ciudades y grandes urbes fueron ganadas por Biden, el Estados Unidos profundo, poco educado, que se ve al ombligo, votó por Trump y esto se refleja en la proporción del peso del PIB: los cerca de 500 condados que votaron por Biden representan el 71% del PIB americano, los poco más 2400 condados, los que votaron por Trump, significan el 29%.

Un poco para ir cerrando cifras y, aunque sé que para algunos lectores esto puede resultar tedioso o no muy divertido, es importantísimo que visualicemos estos números porque con ellos va a tener que gobernar Biden y el panorama no está entonces nada fácil.

Es muy interesante ver cómo en algunos estados un candidato arrasa, Biden en DC con más del 87% de los votos a su favor, frente a Wyoming donde Trump gana con una ventaja del 43%, y así podríamos seguirnos con una docena de estados para cada candidato y ver cómo en nueve estados las diferencias son de menos del 3%.

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Imagen: Foreign Policy.

Que no me lo tomen a mal los habitantes de Wyoming, pero me queda claro que es un estado al que no se me antoja ir para nada después de ver estos resultados, al igual que a Arkansas (28%), Alabama (26%), Idaho (31%), Kentucky (26%), Oklahoma (33%), North Dakota (33%), South Dakota (26%), West Virginia (39%), Utah (20%) y Tennessee (23%), que le dieron grandes victorias a Trump.

Por el contrario, California (30%), Connecticut (20%), Hawaii (29%), Massachusetts (33%), Rhode Island (21%), Vermont (35%), Maryland (32%), Washington (19%), Delaware (195), y D.C., le dieron un amplio margen a Biden.

Creo que en su desesperación y arrogancia, el presidente Trump perdió una oportunidad de oro para decir, “perdimos, pero… no por tanto como se había dicho, en otra elección nosotros hubiéramos ganado gracias al masivo número de votos que obtuvimos, el proyecto al que los convoqué sigue vivo y estaremos listos para enfrentar unas nuevas elecciones conmigo o con otro candidato que las comparta en las elecciones del 2024 y algunas cosas más”. Trump tenía mucha raja para presumir y prefirió, como siempre lo ha hecho, irse por las mentiras, por las desacreditaciones, por pelearse.

Trump y muchos de sus seguidores que desacreditaron el proceso electoral, se van a tener que comer sus palabras y ofrecer muchas disculpas. En campaña los ánimos se pueden caldear y uno puede decir ciertas cosas que “se permiten”, ya pasadas las elecciones, pero esto no es lo correcto, ni lo derecho, ni decente. De educación no hablo, porque este señor no la conoce.

Trump dijo en campaña que Biden era el peor candidato, que el partido demócrata pudo haber seleccionado a alguien más y fue ése, “el peor”, quien le ganó, ¿se imaginan quién hubiera sido el mejor?

¿Cuáles son los retos inmediatos del nuevo presidente? Lo será a partir del 21 de enero del 2021: controlar la pandemia del coronavirus y dejar en manos de expertos, como ya lo está haciendo, ¿las decisiones que los políticos tienen que acatar? Más de 11 millones de americanos se han contagiado y más de 250 mil han perdido la vida por el pésimo manejo de la administración de Trump a esta crisis sanitaria.

buiden elecciones USA
Imagen: CNN.

Biden tendrá que dar señales claras en materia de inmigración y hacer acciones contundentes para ver la diferencia entre las dos administraciones. La regularización de los niños y jóvenes bajo el paraguas DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals) será una muy buena señal, por ejemplo.

Otro hecho de gran relevancia será el regreso inmediato al Acuerdo de París, del que Estados Unidos se acababa de salir. Como se sabe, Trump no cree en el cambio climático, y Biden está totalmente del otro lado de la balanza en el tema.

Seguramente Biden tendrá que hacer varios acercamientos, desde ya, con sus aliados históricos: Francia, Inglaterra, Japón, algunos de los países árabes (Arabia Saudita para empezar) para “arreglar” la relación. China y Rusia se deberán coser aparte.

Tendrá que hacer algo en relación con la OTAN y las fuerzas americanas desplegadas por el mundo, rápidamente.

Reconstruir la relación con las Naciones Unidas y algunos de sus organismos como la UNESCO.

Y trabajar mucho hacia adentro de sus propias fronteras con los diversos problemas que le dejó Trump, más los que se acumularon por la pandemia y definir el futuro de Trump. ¿Lo persigue?, tiene mucha cola que le pisen, pero también tienen 73 millones de votantes.

Biden y Latinoamerica
Imagen: The Intercept.

Unos días antes de que tome posesión Biden, sabrá si tiene el control de la Cámara de Senadores, hay elecciones de los dos senadores por Georgia el 5 de enero, y serán ambas contiendas muy cerradas. La Cámara de representantes tiene ya control demócrata, aunque con menos margen de lo que tenían antes de estas elecciones de noviembre.

México desafortunadamente, como sucedió en prácticamente toda la campaña, no será tema, y ante las groserías del gobierno de México y en especial del presidente López Obrador, mucho menos.

Biden no es un hombre de venganzas, es un político con mucho colmillo y mucho oficio, 40 años en este negocio. La distancia con la que se mantendrá será su mejor forma de comportarse. Tiene, además, muchos sartenes por el mango que podrá y seguro utilizará, en el nuevo TLC hay muchas oportunidades para hacerlo y él tiene muchos compromisos sindicales al igual que con la clase trabajadora.


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La noche quedó atrás: El triunfo de Biden y su impacto global

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El triunfo de Joe Biden y Kamala Harris en las elecciones presidenciales de Estados Unidos me hizo recordar la novela: “La noche quedó atrás” (Out of the Night) de Jan Valtin, sobre la derrota del fascismo y la liberación del comunismo. La victoria de Biden-Harris es de la mayor transcendencia para ese país y para el mundo. En estas recientes elecciones estuvo en juego no sólo la presidencia del que sigue siendo el país más poderoso del mundo con aún una fuerte influencia internacional.

En esta elección estuvo en juego el futuro de la democracia, del Estado de derecho, la racionalidad política y la decencia en el quehacer público. Con el triunfo de Biden-Harris se recupera la voz del conocimiento científico, el combate al cambio climático, el poner fin a la destrucción del planeta, a la sobre-explotación de los recursos naturales y la degradación de los ecosistemas.

Asimismo, en esta elección se abre la posibilidad de revisar el modelo de desarrollo global para hacerlo sustentable y así desvincular el progreso, el bienestar y la prosperidad de la destrucción de la naturaleza. De trabajar por el mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de las sociedades sin destruir el medio ambiente y sin continuar rebasando los limites naturales del planeta. También se abre la posibilidad de revisar nuestros esquemas de crecimiento económico para lograr mayor justicia social, erradicar la pobreza y disminuir la desigualdad.

La tarea va a ser compleja. Volver a la razón y a la decencia no va a ser fácil ni en Estados Unidos ni en ningún otro país del mundo. Las sociedades de muchos países están profundamente polarizadas. El populismo, la demagogia delirante, la mentira como principio político operativo, “la verdad alternativa”, el odio, el insulto, la descalificación, la falta de respeto son prácticas corrientes en muchos países. Pero el triunfo de Biden en Estados Unidos es un principio, con impacto internacional, por la influencia de ese país.

Biden y Kamala Harris
Ilustración: Fabio Buonocore (Five Thirty Eight).

Los demócratas vencieron a Trump, que no inventó la polarización en su país, pero que se subió en ella para exacerbarla, a través del diagnóstico fácil, de la mentira y sobre todo del odio racista. Donald Trump es la expresión del neoconservadurismo norteamericano. Es una manifestación de la tradición racista, clasista, nativista de un sector de la sociedad estadounidense. Trump es la expresión del resentimiento de blancos pobres, sin educación universitaria, de fanáticos evangélicos de las áreas rurales del país que, ante su imposibilidad de entender un mundo cambiante y crecientemente complejo, se refugian en dogmas religiosos e ideológicos simples, se apoyan en las teorías de la conspiración para rechazar y condenar lo que no entienden. Pero Trump es sobre todo la expresión de grupos económicos que promueven tendencias libertarias que en realidad únicamente tienen interés en manipular a masas ignorantes para legitimar la mayor concentración del ingreso y de la riqueza de la historia contemporánea tanto en Estados Unidos como a nivel planetario.

Donald Trump representa al grupo político que se apoderó del Partido Republicano, desde la revolución conservadora de Reagan en los años ochenta, que promovió la globalización económica y que después se distanció de la misma en la medida en la que surgió la irrupción de China y la creciente competencia comercial y tecnológica de los países del Asia-Pacífico y de Europa que han desplazado a  Estados Unidos de numerosos mercados.

Biden-Harris encabezan una coalición muy variada de los demócratas que van desde el centro a la extrema izquierda y que tendrá numerosos problemas para lograr consensos. Además, enfrentarán a un poderoso partido Republicano que está lejos de colapsarse, en el que también hay numerosas contradicciones.

Hacia el interior de Estados Unidos, la labor de Biden-Harris es volver a unir a la población, de generar consensos en el centro del espectro político. El lado más positivo de la victoria de Biden-Harris es el de regresar a la racionalidad pública, de escuchar el conocimiento científico en la solución de la problemática, de volver al multilateralismo para la búsqueda de soluciones a los riesgos globales. Así, anunció el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París, lo cual hará posible la meta de evitar un calentamiento del planeta inferior a 1.5° Celsius o de 2° C a lo sumo. De lo contrario el planeta enfrentaría situaciones catastróficas en todos los órdenes. De igual forma, hará que Estados Unidos permanezca dentro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC), y principalmente volver a intentar rescatar a la economía mundial de la especulación financiera que la domina y la estrangula.

Trump en el abismo
Imagen: The Nwe York Times.

En la relación bilateral de México con Estados Unidos volverán a la agenda, además de las cuestiones financieras, comerciales y de migración, los temas del respeto a la democracia, al Estado de Derecho, a la libertad de prensa, los derechos humanos, las cuestiones laborales, pero sobre todo la energía y el medio ambiente. Llegó el momento de impulsar gradualmente la transición energética.

Con la derrota de Trump se vence al fascismo post-moderno. La lucha no ha terminado, el aún presidente Donald Trump recurrirá a todas las medidas legales e ilegales, a todo tipo de trampas para revertir la decisión electoral o al menos para crear un ambiente de desestabilización, encono y violencia. Siempre ha recurrido a la mentira, lo volverá a hacer ahora más que nunca.

En un reciente conversatorio sobre las elecciones en Estados Unidos, comenté con Leonardo Curzio si éste es el inicio del fin del populismo, como lo conocemos actualmente. Lo plantee en el sentido de que con frecuencia acontecimientos como estas elecciones en Estados Unidos desencadenan tendencias globales. Curzio considera que no. Yo no estoy tan seguro. Tengo esperanzas de que esto sea el inicio de una ola que afecte a un buen número de autócratas.

“La noche quedó atrás” es el título de esta colaboración. Pero frente a las medidas que está tomando Trump, el título probablemente debía ser “¿La noche quedó atrás?”. Está claro que ésta es una lucha entre los principios democráticos y el fascismo post-moderno.


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La mosca en el debate de Harris-Pence

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El pasado miércoles 7 de octubre de 2020 se dio el debate entre el vicepresidente Mike Pence y la candidata a la vicepresidencia y mancuerna de Joe Biden, la senadora Kamala Harris, en Salt Lake City, estado de Utah.

El puesto de vicepresidente ha adquirido importancia en los últimos tiempos, yo diría que desde que Al Gore fue candidato al puesto, en mancuerna con Bill Clinton, y atrajo todo el voto verde para el partido demócrata, logrando así ganar las elecciones.

Desde ese momento, los vicepresidentes trascienden las funciones que la Constitución les otorga, sobre todo la de sustituir al presidente en caso de muerte, enfermedad o incapacidad. En la presidencia moderna, el vicepresidente ha adquirido cada vez más funciones en materia de política exterior y ahora en los tiempos de pandemia, hasta de portavoz del manejo de la administración de la situación, entre otras actividades. Por estas razones y, en el contexto del contagio del presidente Trump de Covid-19, es que el debate vicepresidencial cobró mayor relevancia y expectación.

Además, tenía un atractivo suplementario, el enfrentamiento entre una mujer y un hombre, representantes ambos de la diversidad en la sociedad norteamericana actual, así como la diferencia generacional.

debate politico, Estados Unidos
Ilustración: Antoni Gutierrez-Rubi.

Portavoces de la polarización existente, Harris es un triunfo en sí mismo, ya que las candidatas a la vicepresidencia han sido pocas. Así que el peso sobre sus hombros en el debate era mucho. Harris, una jovenzuela de 55 años, con muchas ganas de sacar al presidente Trump y a Pence de la Casa Blanca, tiene un origen muy distinto al del vicepresidente. Hija de un padre jamaiquino y una madre de la India, migrantes, creció en una familia en la cual, la política era parte de la vida diaria. La madre le transmitió su pasión por el activismo político, sobre todo en el tema de los derechos civiles, y el padre, sus visiones de una economía más justa para superar las visiones colonialistas. En suma, una mujer que ha participado en política y entiende muy bien el multiculturalismo en Estados Unidos.

El vicepresidente Mike Pence, blanco, exgobernador de Indiana, de 61 años, al que llaman “el presidente en la sombra”, muy conservador, evangelista, al que la revista New Yorker describe como “una versión del presidente Trump con menores decibeles” (lo cual significa que no es tan agresivo, ni escandaloso en su forma de debatir), y que sobre todo se ha vuelto muy descarado.

El debate fue pobre en la aportación de ideas frescas con respecto a los temas. La mirada se fijó más bien en cómo se enfrentarían y en lo que los candidatos no respondieron. Para la senadora Harris fue la pregunta hecha por el vicepresidente, de si los demócratas ampliarían la Suprema Corte de Justicia o la pregunta de la moderadora sobre la salud de Joe Biden. El vicepresidente no respondió a preguntas como si había llegado a platicar con Trump sobre la cuestión de su inhabilitación por enfermedad o cómo veía el cambio climático. Ninguno de los dos se posicionó claramente frente a China.

Tampoco movieron mucho los sentimientos, al ser un debate más racional, con una moderadora que todo el tiempo llamaba al orden, cortando el enfrentamiento cuando mejor se ponía (es de suponer que después del desastre del anterior debate presidencial, los moderadores estaban nerviosos).

En una encuesta muy interesante del Pew Research Center[1] la pregunta no era a quién prefieres, si a la senadora Harris o al vicepresidente Pence, sino quién transmite mejor sentimientos cálidos o fríos (interesante planteamiento en tiempos en que el votante decide, al parecer, por lo que siente y no por lo que razona). Esta encuesta se llama feeling thermometer, y en la cual resultó que los encuestados tenían sentimientos fríos por ambos personajes. Aunque Pence ganaba en transmisión de frialdad por un 45% sobre 42% de Harris. En cuanto a los sentimientos cálidos, el vicepresidente Pence le gana en 30% sobre 21% de Harris.

La percepción de la senadora es que es una mujer fría, se refleja incluso con las mujeres entrevistadas, en las que un 29% la perciben como cálida frente a un 38% que la percibe fría.

Esto viene a cuento ya que sus actitudes en el debate deberían de cambiar esas percepciones. Una crítica a Harris fue que parecía sarcástica, frente a un Pence más en control y, al parecer, el sarcasmo no le gusta a la gente. Quizá por eso lo que más llamó la atención, el trending topic del debate fue la dichosa mosca que por unos minutos se acomodó en la cabeza del vicepresidente Pence, quien tampoco expresó ningún sentimiento al respecto, ni sorpresa, ni incomodidad, ni asco. Pero Harris tampoco… le dijo, “oiga, tiene una mosca en su cabeza”, los dos siguieron con su agenda de defensores de sus jefes y de posicionar las diferencias entre uno y otro en los temas importantes para la nación.


[1] Pew Research Center, 30 de septiembre de 2020.


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