El Volcán Solitario

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En este mes de octubre la República de las Letras recuerda a uno de sus hijos predilectos. Dulces notas anunciarán los fastos que Calíope y Terpsícore regirán en honor de la memoria de Ezra Pound en el 135 aniversario de su nacimiento.

Es de esperar que en los cuatro rincones de la tierra, jóvenes y viejos, e incluso periodistas y políticos, esparzan al aire la cadencia de Los Cantos, como anuncio de la derrota de Hugh Selwyn Mauberley. Mas si ese no fuera el caso, JdO ofrece, desde la modestia de su espacio, un recuerdo del Gran Poeta:

Hay a orillas del río Potomac un encantador conjunto de edificios de ladrillo rojo que en los atardeceres resplandece con los últimos rayos del sol y, si el viajero se aproxima desde Arlington, ofrece la extraordinaria visión de una brasa enmarcada en el rosa pálido de las flores de cerezo que en la primavera adornan a Washington.

Se trata del hospital Saint Elizabeth, un manicomio fundado en 1855 que además de miles de huéspedes legítimos, ha dado hospitalidad a otros, digamos, menos ortodoxos. Por ejemplo, los “marielitos”, declarados psicópatas cuando, asustados y monolingües, llegaron a la tierra de su sueño después de abandonar su patria con riesgo de la vida. Y alguno que otro diferente… como Ezra Pound, quizá el mayor poeta en lengua inglesa del siglo XX.

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Imagen: David Levi.

Permítame el lector que lo ponga al corriente: Ezra Loomis Pound nació el 30 de octubre de 1885 en Hailey, Idaho, y creció en Wyncote, Filadelfia. Asistió a la Universidad de Pennsylvania y al Hamilton College. Muy joven viajó a Europa en donde ejerció el periodismo. Su primer libro fue publicado en Venecia en 1908. Durante su vida publicó más de noventa volúmenes de poesía, crítica y traducciones –sobre todo traducciones de poesía–.

Era un hombre de pensamiento independiente y crítico que estaba en contra de la intervención de su país en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y así lo dijo en una serie de programas radiofónicos, la verdad francamente fascistas, transmitidos desde la Italia del Duce… sí, el mismo que fue bautizado en honor del Benemérito, como recién se nos recordó.

En una emisión sugirió que debía emprenderse un pogromo contra los judíos, así que al fin del conflicto fue arrestado y el ejército yanqui lo tuvo seis meses encerrado en una jaula con un foco encendido, una cubeta y dos sábanas. Después fue declarado loco peligroso y confinado en Saint Elizabeth durante 14 años.

¿Hay alguna diferencia con el Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn? Si esto padeció uno de los más altos poetas en lengua inglesa, ¿qué podían haber esperado los infelices prisioneros de Abu Dabi, que ni poetas ni cristianos eran?

A Pound se le ha llamado el “poeta de poetas”, responsable de la definición de la estética poética modernista y la promulgación del imaginismo, escuela cuya técnica sigue la propuesta de la creación clásica china y japonesa que pone énfasis en la claridad, la precisión y la economía del lenguaje para “componer en la secuencia de la frase musical y no del metrónomo”.

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De izquierda a derecha: escritores James Joyce y Ezra Pound; John Quinn, abogado y mecenas; y el escritor Madox Ford (Imagen: Granger Art).

Ernest Fenollosa recuerda que como ensayista “Pound escribió sobre todo acerca de la poesía. A partir de mediados de los veinte se propuso examinar cómo los sistemas económicos promueven o aniquilan a la cultura. Sostenía que la poesía no es un “entretenimiento”, y como elitista que era no tenía aprecio por el lector común. Pound consideraba que la cultura de Estados Unidos estaba aislada de las tradiciones que sustentan el arte y caracterizó a Walt Whitman como “una píldora extremadamente nauseabunda”.

El 3 de febrero del 1909, Pound escribe a William Carlos Williams desde Londres: “Estoy a punto de caer en el centro de la turba que hace las cosas aquí.” Por esa época conoce a Olivia Shakespear, amante de Yeats, a quien Pound admiraba por encima de todos los poetas del momento. Fue gracias a ella que Pound llegó al salón en donde Yeats oficiaba sobre una congregación de admiradores y discípulos.

A comienzos de 1910 llegan a Pound rumores de que Yeats comienza a hablar bien de él. Conoce una expresión de Yeats y presuroso escribe a sus padres: “No hay una generación de poetas jóvenes. Ezra Pound es un volcán solitario”.

Donald Hall entrevistó a Pound para The Paris Review en 1960. La entrevista es larga y erudita y en ella el bardo habla sobre la estética de la creación y revela detalles de su sistema artístico. Sus respuestas me confirman que tanto para las artes como para el trabajo no creativo, es decir, el que cotidianamente desempeñamos la mayoría de los mortales, la disciplina, la constancia y el estudio son fundamentales:

—¿Cree usted que el verso libre es una forma particularmente estadounidense?

—A mí me gusta el apotegma de Eliot: “¡Ningún verso es libre para el hombre que quiere hacer un buen trabajo!”.

Pound y Hall se encontraron en Roma a principios de marzo en el apartamento de Ugo Dadone: “El autor de la entrevista se sentó en una gran silla mientras Pound se desplazaba, intranquilo, de otra silla a un sofá y de nueva cuenta a la silla. Las pertenencias de Pound en la habitación consistían en dos maletas y tres libros: la edición de los Cantos publicada por la casa Faber, un Confucio y la edición de Chaucer de Robinson, que Pound estaba releyendo.”

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Ezra Pound y Olivier Todd en el Brasserie Lipp (1965) | Imagen: Leon Herschtritt.

La obra poética capital de Pound, Los Cantos, empezó a publicarse en 1917. Sus poemas más breves fueron recogidos en Personae (1926). Love Poems of Ancient Egypt, una traducción fue publicada en 1962, y From Confucius to Cummings, una antología de poesía compilada por Pound y Marcella Spann, en 1963.

Aldo Mazzucchelli nos obsequia un sensacional recuerdo del poeta:

“En el año 1961, a los 76 años de edad, después de, entre otras cosas, haber estado un mes expuesto al clima en una jaula de acero, haber descubierto y promovido a unas diez de las principales figuras de la literatura de este siglo, no haber poseído nada que no se pudiera guardar en dos valijas de viaje, haber convivido con dos mujeres a la vez durante décadas, haber pasado 14 años encerrado en un manicomio, haber tratado de cambiar las ideas económicas de Roosevelt y de Mussolini, haberse comido dos tulipanes de los adornos de la mesa de una cena para llamar la atención más que William Butler Yeats, haber cambiado –tal vez inventado– la poesía del siglo XX, haber fracasado esplendorosamente en su propósito de escribir una nueva Divina Comedia, y haber retado a duelo en Londres en 1912 a un rival poético –quien le propuso, al elegir las armas, que se bombardearan mutuamente con los ejemplares no vendidos de sus respectivas obras en verso–, Ezra Pound estaba profundamente deprimido. Le dijo a un visitante, de los que ya por esa época iban a contemplar a la leyenda viviente: soy un hombre reducido a fragmentos”.

Termino con dos sonetos de Pound en versión de Javier Calvo.

El desván

Ven, apiadémonos de los que tienen más fortuna que nosotros.
Ven, amiga, y recuerda
que los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
Ven, apiadémonos de los casados y de los solteros.
La aurora entra con sus pies diminutos
como una dorada Pavlova,
y yo estoy cerca de mi deseo.
Nada hay en la vida que sea mejor
que esta hora de limpia frescura,
la hora de despertarnos juntos.


Un pacto

 Haré un pacto contigo, Walt Whitman. 
Te he detestado ya bastante.
Vengo a ti como un niño crecido
Que ha tenido un papá testarudo;
Ya tengo edad de hacer amigos.
Fuiste tú el que cortaste la madera,
ya es tiempo ahora de labrar.
Tenemos la misma savia y la misma raíz.
Haya comercio, pues, entre nosotros.

Juego de ojos.

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