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Ocupados, mejor que preocupados

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En el inicio de la parte más compleja de la pandemia, el uso eficiente del tiempo se hace una urgencia. Aprovechar las circunstancias para ponerle un límite a la ansiedad que provoca la incertidumbre, será uno de los retos que tendremos que enfrentar para salir de la mejor manera de esta crisis sanitaria.

No puedo insistir lo suficiente en lo importante que es quedarnos en casa y evitar contagiarnos y contagiar a otros en las siguientes dos o tres semanas; las autoridades han sido muy claras en lo que representan estas medidas de contingencia, pero debemos reiterar que de estar en resguardo depende qué tan rápido nos recuperaremos en lo social y en lo económico del COVID-19.

Ocuparnos entonces se vuelve fundamental, pero tampoco puede volverse una obsesión. Son circunstancias únicas y por eso debemos ir día a día aprendiendo cómo sacarles mejore provecho, en lo personal, lo familiar y en cada una de las actividades que podamos hacer desde casa, si es que es nuestro caso.

Aunque salir a la calle tampoco regresa la tranquilidad a nadie, al contrario, el miedo es otro virus que se contagia con rapidez y para quien no puede estar en casa por razones de sobrevivencia, estar afuera estresa igual o más que permanecer en casa.

pandemia social
Ilustración: Jasu Hu.

De ahí que el simple acto de hablar con la familia, con los amigos, con compañeros de trabajo o vecinos vía remota, sea poderoso y ayude a reducir discusiones, malos entendidos y hasta episodios de violencia que no podemos permitir o justificar.

Hace muy poco éramos una sociedad, en especial en las grandes ciudades, solidaria en momentos de catástrofe, que son distintos a los que vivimos hoy, pero desconectada y mal organizada para los problemas cotidianos.

Tuvo que aparecer un virus invisible para recordarnos que la solidaridad, entre otros rasgos humanos, comienza desde nuestra propia familia y de ahí se extiende a cada persona con la que entramos en contacto, que sus preocupaciones, metas y anhelos son muy parecidos o idénticos a los nuestros y que, juntos, es más sencillo alcanzarlos. No es optimismo de tanto confinamiento, se los aseguro, es una realidad humana que, cuando la hemos entendido, han ocurrido los episodios más notables de nuestra historia.

¿Será éste, el de la pandemia, uno de esos momentos más destacados de nuestro paso por el planeta? Espero que sí y haré lo que me corresponde para contribuir, desde fortalecer el tejido social de mi familia, amigos y colaboradores, hasta aportar a cualquier acción que ayude a alguien con necesidad.

Porque ahora que estamos separados nos hemos dado cuenta que estamos conectados de múltiples formas que le dan sustento a la economía, al medio ambiente, a la educación, la salud –sobre todo– y a cualquier actividad que hayamos desarrollado para integrar la sociedad que éramos.

salud mental en cuarentena.
Ilustración: Lisk Feng.

Si queremos que los problemas de inseguridad, desempleo, falta de oportunidades, entre otros, no regresen a ser nuestras principales preocupaciones, entonces aprovechemos la contingencia para reconectarnos, comprendernos, tolerarnos –que no es aguantar–, hablar, tratarnos con respeto, apoyarnos, sentirnos y escucharnos.

Y si no tenemos a nadie cerca o nos sentimos solos, marquemos de inmediato el 5511-8575-55, que es la Línea gratuita de Confianza e Impulso Ciudadano, para entrar en contacto con un especialista en cuidados emocionales y psicológicos.

En estas semanas, miles de personas nos han contactado para saber qué hacer con su día, manejar la incertidumbre, el miedo, el estrés y recibir atención profesional en caso de que la ansiedad los haya sobrepasado en tiempos que, sin duda, son únicos.

También por Twitter con el hastag #HayAyuda, que conecta de inmediato el teléfono celular con la Línea de Confianza y por WhatsApp al 552-323-0303.

Todas las crisis pueden sacar lo mejor y lo peor de nosotros dependiendo el momento, pero no hay duda que una crisis, bien aprovechada, puede transformar sociedades, naciones y, a veces, al mundo. Quedarnos en casa es un paso sencillo, pero poderoso, para comenzar a ser mejores, sin embargo, vienen los retos más complicados para volvernos una sociedad realmente igualitaria, sólida en todos los sentidos y que comparte en las buenas y en las malas. Preocuparse es normal y está bien, ocuparse es lo que hará la diferencia.


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Muertes por asbesto (o amianto) y COVID-19

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El sábado 6 de octubre del año 1973 era el día más santo de los judíos, un día que es cuarentena absoluta y donde ni siquiera hay radio y televisión, e incluso los servicios de emergencia trabajan con menos personal y, sin duda alguna, el Ejército mantiene la mínima cantidad de fuerzas en actividad de vigilancia y control. Ese día los Ejércitos de Egipto y Siria, con el apoyo de otros países, atacaron a Israel en una cruenta guerra. Menciono esa guerra porque estuve allí, sin ser soldado, y estimo que en muchos aspectos ha formado parte de las decisiones que tomé en mi vida futura. Tenía entonces 24 años y así estimo que esta guerra influirá en mis nietos. Los más grandes entre ellos, ya no sé si en mis propios hijos. Yo sólo intento sobrevivir.

Así son las guerras. La sorpresa es uno de los factores más importantes para intentar derrotar al enemigo. Así nos pasó ahora, el COVID-19 nos atacó sin previo aviso, por lo menos al público en general. No es siquiera importante ahora –tal como señalé en otras notas– si se escapó o le abrieron la puerta en el laboratorio, o hasta si es una mutación natural, mutaciones que suelen ocurrir debido, en gran medida, al comportamiento humano. Fue una sorpresa. Por lo menos Bill Gates mencionó en el año 2015 que “el peligro del mundo es biológico y no una guerra convencional”.

Las reacciones fueron distintas en los diversos países. En primer lugar, podemos ver que hay países como Japón, Corea del Sur y Alemania que no declararon cuarentena general, pero sin dejar de tomar importantes medidas para limitar la propagación de la enfermedad. Corea del Sur que fue en su momento después de China el país con mayor cantidad de enfermos, ha logrado controlar la enfermedad. En Europa, Italia y España son los países más castigados y se suele acusar a la desidia, falta de atención o falta de disciplina “latina”. Realmente todo es posible y seguramente eso empujo a muchos países latinoamericanos a decretar cuarentena, aislamiento absoluto y eso para evitar que la gente –por no tomar las medidas de prevención necesarias– pueda estar en los focos contagiosos. También creo que es una forma de evitar manifestaciones populares de protesta.

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Fotografía: Milanuncios.

En mi primera nota manifiesto todo tipo de especulaciones sobre la conspiración que pueden ser parte del escenario general, entre otras cosas señalo: Como todas las guerras, estamos en una que es económica y desde hace tiempo se menciona la guerra comercial que, sin duda, es parte de ella el coronavirus COVID-19.  La suspensión de la actividad económica causará muchos más muertos que el COVID-19 y realmente afectará al mundo entero. ¿Habrá un nuevo orden mundial? Reducción del consumo, menos turismo, desarrollo de industrias locales. No lo sé, tampoco sabemos quién ganará esta guerra. Por lo pronto, los precios de las acciones han bajado mucho y es posible que bajen más, y el que tiene dinero puede comprar empresas con “poca plata”.

Es de aceptación general que el COVID-19 no es tan mortal, que las probabilidades de sobrevivirlo son aproximadamente un 97%, y entonces me pregunto, ¿por qué se presta tanta atención a este virus? Yo creo que se utiliza para tapar otros problemas porque obviamente no se habla de ningún otro conflicto, y se está buscando imponer la idea del empobrecimiento general que provoca esta guerra. Cuando escribí esa nota a la que me refiero, un amigo de la secundaria me pregunta en privado si yo creo que el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, septiembre 2001, también fue un acto de conspiración y copio aquí mi respuesta:

Sí señor. Allí se dan tres elementos que para mí ratifican la posibilidad que fue planificado y obviamente manipularon y permitieron que lo hiciera Al Qaeda. Bush necesitaba algo así para la guerra en Irak. Los edificios tenían mucho amianto –también llamado así al asbesto– y debían haber corregido eso ante la nueva regulación de salud por el cáncer; era más barato tirarlos abajo y ese camino era el más rentable. Uno de los que trabajaban ahí había dicho o declarado que escuchó “bum-bum”, abajo en el sótano, al pie de las columnas. Seguramente como ingeniero tendrás mejores explicaciones que yo. Yo sólo lo manifiesto emergente de no creer en nada ni en nadie.

Y el asbesto que estaba en las Torres Gemelas es el mismo asbesto que afecta a millones de personas porque es un producto cancerígeno que ya se ha prohibido en decenas de países. El asbesto afecta los pulmones, así que es muy fácil comprender o suponer que una población, generalmente mayor, que sufre de asbestosis y es atacada por el COVID- 19, el cual también afecta los pulmones, está destinada a morir. No es una gripe sencilla, es algo más complicado. Ciertamente, si por neumonía todos los años mueren muchas personas, estimo que muchos de los muertos actuales murieron por ese mal y no precisamente por COVID-19 como se dice, puesto que también se afirma que no todos pueden hacer los análisis o no hay suficientes medios.

amianto
Fotografía: Público.

El asbesto, entonces, puede ser, junto con el COVID-19, mortal para la población, y eso explica en parte la gran cantidad de enfermos en el norte de Italia, el área de producción en el pasado del asbesto.

Hace unos días nos llegó el video sobre el hospital de Bérgamo con la cantidad de personas internadas. ¿Alguno recuerda el caso de Eternit y los juicios? Quizás no y no he visto notas al respecto, pero es probable que las haya porque encontramos en la web millones de notas sobre el COVID-19 y también ésta lo es. Pues bien, respecto a ese caso, todos escucharon, como yo, la cantidad de enfermos en Lombardía. Pueden visitar la empresa Eternit en Bérgamo, fundada en 2012, dedicada a la fabricación de tuberías, tejas y cubiertas, aunque en el 2019 sacaron un comunicado asegurando que “dejarían de utilizar el asbesto (o amianto) como materia prima para sus productos”. Seguramente tomaron esa decisión a raíz del juicio que tuvieron respecto a la toxicidad de ese mineral.

En España también encontramos que aún hay mucho asbesto, como dice la nota: El amianto, también conocido como asbesto o fibrocemento, está por todas partes.

En otro medio leí que el asbesto seguirá matando hasta el 2040 por lo menos, y ahí figura lo siguiente, que tiene menos eco que el actual COVID-19: Datos recientes, publicados por CCOO establecen que sólo en Madrid entre 4.000 y 5.000 personas podrían morir por la exposición al amianto que sufrieron entre 12.000 y 15.000 personas de los 70 a los 2000 (6).

Es interesante seguir los pasos al asbesto. En Argentina, por ejemplo, ya se prohibió su uso en el año 2000, aunque por supuesto no se derribó ninguna construcción que contiene asbesto. El comercio es comercio y a pesar de que también está prohibido en España: entre septiembre de 2011 y noviembre de 2012, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le compró a España 36 vagones CAF 5000 para la red de subtes –red de subterráneos de transporte– porteños, por 5 millones de euros. Estas unidades tenían asbesto.

revision de asbesto
Fotografía: Fotolia.com

Obviaré la posición de Estados Unidos que, como muchas otras cosas, dice y hace lo que le conviene. En Colombia, sin embargo, en donde el panorama es semejante a lo anteriormente expuesto, encuentro una nota que coincide con lo que escribí sobre las investigaciones que se han publicado, y es que después de muchos intentos de legislar la prohibición del uso del asbesto en 2019, se aprobó una ley que entrará en vigencia el 1º de enero del 2021.

Para finalizar, en un medio español se incluye el siguiente dato: Todos estamos expuestos de alguna forma, explica Gómez, y recuerda que al menos 100,000 muertes al año se registran en el mundo por culpa de esta fibra. El enlace incluye dos elementos que deseo copiar:  

a) Las muertes por enfermedades relacionadas con el asbesto están aumentando y, todavía, se desconoce su impacto real debido a la ocultación de los datos.
b) Se examinaron los números estimados globales de incidencia y mortalidad de las enfermedades relacionadas con el amianto. El asbesto (amianto) causa 255,000 muertes de media –entre 243,223 y 260,000– anualmente.

Al momento del 1º de abril del 2020, siendo las 11:04 horas, hora local de Colombia, hay 874,081 enfermos en el mundo, 43,291 han muerto y 185,194 se han recuperado. De la asbestosis no se cura nadie, pero no se habla.

El último enlace que deseo compartirles, su título habla por sí solo: El amianto… asesina y mata, y no es una frase hecha.


Julio May en la era del COVID-19, optimista porque es mejor que SIVID (COnVIDAa).

Sexo y coronavirus

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El sexo es congénito a los seres vivientes y entre los humanos es la base de la procreación para la preservación de la especie. La diferencia es que hombres y mujeres son conscientes de ello, y las demás especies lo hacen sólo por instinto. Pero en la pandemia del coronavirus las relaciones sexuales entre matrimonios y parejas no surgen como un tema esencial en las campañas para evitar contagios. El gobierno en México –ni hasta ahora la Organización Mundial de la Salud– en sus tres niveles, dentro de las atribuciones correspondientes establecidas en sus propias Constituciones, permanecen silenciosos ante lo que pudieran considerar materia reservada a la intimidad de las personas.

En otros países, como en Estados Unidos de América, más abiertos en estas delicadas cuestiones, y en específico la ciudad de Nueva York, donde la epidemia ha causado más de un centenar de muertos, a través de su Departamento de Salud ha emitido algunas recomendaciones sobre el caso a fin de tener relaciones sexuales “seguras”. Llaman la atención aquellas que indican que el virus no es trasmisible mediante el semen o los fluidos vaginales, que el sexo más seguro es la persona con la que se vive cotidianamente –esposa o pareja–, aunque la abstinencia sexual no se descarta. Obviamente prohíbe los besos en la boca porque la saliva sí es un trasmisor; así como sexo grupal y prácticas para evitar las heces fecales porque las de personas infectadas son propicias al contagio; y finalmente advierte que “Usted es su pareja sexual más segura”, recomendando con ello la masturbación.

sexo y covid
Ilustración: Paula de la Cruz.

Otras recomendaciones de medios informativos extranjeros señalan que aquellas personas que padecen enfermedades pulmonares, cardíacas, cáncer o enfermedades del sistema inmune, deben abstenerse de mantener relaciones sexuales, pues pueden atraer fácilmente el coronavirus. El periódico inglés The Guardian, por su parte, en entrevista con tres expertos señala que no se puede trasmitir sexualmente ya que la principal vía de contagio es la respiratoria, seguida de tocar superficies contaminadas;  que el sexo es una buena manera de divertirse y liberar la ansiedad durante una época muy estresante, pero aconseja no tener sexo con nuevas parejas en este proceso, y la tercera recomendación es que hay una buena oportunidad para conectar con posibles parejas sexuales a través del sexting, o sea sexo virtual, que al igual  que el Tinder –sitios para hacer citas con personas desconocidas–, aunque ambas están plagadas de contingencias azarosas.

Algunos expertos en México comentan que no tiene sentido restringir las relaciones sexuales, mientras se atiendan las medidas de protección que se han emitido las últimas décadas para ejercer la sexualidad libre y responsable; otros señalan que puede tener riesgo con una persona que sale del hogar a comprar comida, llevar ropa a lavar, etc., y tener sexo sobrelleva ciertos riesgos. En realidad, afirma un epidemiólogo, los besos son más peligrosos que la penetración, pues la transmisión del virus es mediante la saliva, si se trata de una relación fuera de pareja o matrimonio, o entre estos, si existe riesgo de infidelidad o haber tenido acercamiento con personas contaminadas del coronavirus. Por ello el acto de hacerlo boca a boca, de boca a nariz y ojos representan mayor peligrosidad. Y para los solteros la mejor forma de preservarse del contagio es la abstinencia.

sexo y covid
Ilustración: Janet Sung.

Hay quienes afirman que el sistema inmune es el mejor medio de resguardar nuestros cuerpos de los elementos patógenos, como la bacteria causante de la enfermedad que hoy aqueja a la humanidad. Por lo que una mujer española en un video que se ha hecho viral, enfermera ella o al menos así viste, dice que tener sexo dos veces por semana es saludable por la hormona de oxitocina, y los neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y endorfina que se producen en el acto sexual, derivado a un estado de felicidad y relajamiento contra la angustia y la ansiedad. Sin embargo, esto no tiene todavía sustento científico.

Finalmente, Cesare Pavese, escritor italiano, dice que “si el sexo no fuese la cosa más importante de la vida, el Génesis no empezaría por ahí”.


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Y que nos llega el COVID-19

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En Zacatecas al igual que en todo el país, llegó la pandemia, y como suele suceder en situaciones complejas, saca lo mejor y lo peor del ser humano; se crean grupos de solidaridad, pero sobre todo, una incesante demostración de que los mexicanos nos sabemos dar.

Entregamos aun cuando esto apenas comienza, sin esperar nada a cambio, sólo aportamos a la contención muy a pesar de las autoridades, y principalmente muy a pesar del presidente.

Sin duda existe una gran cantidad de mexicanos a quienes no les es posible quedarse en casa y desde luego no son falta de ganas, ni inmunidad; es falta de comida, falta de oportunidades, de solidaridad, de políticas públicas que realmente ayuden a salir de tal circunstancia y no los mantenga en la misma con precariedad.

Lo que hace falta en este país, es una verdadera justicia social. Han demostrado los gobiernos que ninguno ha tenido capacidad para administrar el dinero de los contribuyentes, y menos de hacer una adecuada redistribución. No sé por otros lugares, pero acá en Zacatecas existen funcionarios que luego tienen ranchos y propiedades que ni siquiera tienen empresarios con más de 40 o 50 años de trabajo; ahí es donde se ve la verdadera injusticia y el destino de los recursos, que deberían servir para generar una comunidad más igualitaria o más justa.

virus en zacatecas
Ilustración: Shonagh Rae.

Ante la pandemia, piden a los empresarios que apoyen a sus empleados, con el pago del salario cuando dejen de asistir a trabajar. Creo que serían muy pocos los empresarios que quisieran perder su patrimonio y el colaborador es el principal motivo de existir de una empresa, dado que es la fuerza de crecimiento. No discutimos que existen quienes no valoran esto, pero en su gran mayoría, según datos del INEGI, en México somos micro y pequeños empresarios los que damos la mayor cantidad de empleos; aquí es donde va surgir un gran problema: no habrá mecanismo alguno para que subsista la gran cantidad de MiPyMEs que tendrán que cerrar.

Respaldar a los colaboradores es un deber empresarial, un deber social y sobre todo un acto de solidaridad económica; si son los que durante el auge y crecimiento de la empresa no rajaron, es cuando diría mi compadre, “no hay que rajarse”; en resumidas cuentas, llegó el momento de hacer comunidad.

Esto implica generar la denominada economía de barrio: comprar en pequeñas misceláneas, contratar al carpintero de tu cercanía, al plomero, y si es posible hacerle pagos por adelantado a quien ofrece servicios y que en esta contingencia no podrá atender; es momento de que surja, el verdadero valor de ser humanos.

La sociedad como la conocemos hoy en día, es derivada de las dos grandes Guerras Mundiales; de ahí nació la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Y ahora llegó el momento de demostrar esa unidad, desde la célula más pequeña, como lo es la familia, la empresa y la colonia o comunidad. Es el día en que tenemos que reflejar que hemos aprendido a crecer en comunidad y en solidaridad, de ser corresponsable de nuestros actos.

zacatecas unidos
Ilustración: South China Morning Post.

Dijera mi compadre: “o nos acomodamos a las circunstancias y las cambiamos, o nos haremos víctimas de ellas”; lo mejor que podemos estar imaginando en esta pandemia es ser innovadores, aprovechar la tecnología y la gran creatividad del mexicano para destacar en la solidaridad, para demostrar por qué somos un gran pueblo y que seremos una gran nación.

Siempre nos dijeron que una crisis es una oportunidad, ahora la tenemos, ¡y de qué tamaño!, hoy sí veremos si la oportunidad es aprovechada por Zacatecas, o también como dijera mi compadre, “nos lleva la chingada”…

Mientras no nos lleve quien debió estar en su rancho del mismo nombre –porque no será culpa sólo de él–, siempre es una corresponsabilidad de todos.

Tanta ciudadanía cuanto sea posible, tanto gobierno cuanto sea necesario.


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Cuidado con los análisis superficiales en temas de salud y economía

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He seguido con particular interés el debate entre las personas, cuya postura es que la parálisis económica es más grave que los decesos que pueda causar la pandemia provocada por el COVID-19, ambas situaciones requieren análisis por parte de las personas e instituciones encargadas de orientarnos en esta grave situación, algo más sólido e informado que las opiniones que escuchamos en las redes sociales y los medios de comunicación. Es muy grave opinar sin conocimiento. 

Reflexionemos lo siguiente.

11 de marzo de 2020. El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, anuncia que han evaluado que el COVID-19 puede caracterizarse como una pandemia.

27 de marzo de 2020. La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, anuncia que la economía mundial entró en una recesión debido a los efectos de la pandemia del COVID-19.

La pandemia se define por eventos impredecibles, pero recurrentes, que pueden tener consecuencias graves para la salud humana y el bienestar económico mundial. Sin embargo, no menciona la falta de servicios de atención médica y la imposibilidad de atender a los enfermos, la desesperación, el dolor, el sufrimiento por familiares enfermos y los decesos de seres queridos.

economia y covi
Ilustración: El Economista.

En el caso del COVID-19, el FMI menciona que éste ha sido el detonante que provoca la recesión en la que estamos, aun cuando varios especialistas insisten en que la economía del mundo se encontraba en una situación muy frágil y que una recesión mundial era inminente.

Una recesión se caracteriza por el empeoramiento de la economía durante al menos dos trimestres consecutivos, suele acompañarse de disminución del consumo, de la inversión, de la producción de bienes y servicios. Lo cual provoca, a su vez, que se despidan trabajadores. No se ve en esta definición el dolor, la desesperación de las cabezas de familia que no pueden llevar comida a sus hogares, las pérdidas de vivienda, del sacrificio de bienes y ahorros, la pérdida de oportunidades de estudio de los jóvenes, de patrimonios esfumados, de sueños sin cumplir, y más situaciones terribles.

Algunos líderes dicen que unos miles de muertos son mejoresque enfrentar una recesión, para ello sostienen que 21,000 muertos entre 450,000 infectados (4.7%) –cifras al 27 de marzo de 2020 a nivel mundial– es un daño menor al impacto de las consecuencias por los problemas en la disminución del ritmo económico mundial, además hay otras enfermedades que provocan muchas más muertes.

Según la OMS, las cuatro principales causas de fallecimiento por temas de salud en el mundo son:

1. Cardiopatía Isquémica y el Accidente Cerebrovascular: 15.2 millones de personas (2016).
2. Enfermedad Pulmonar Obstructiva: 3 millones de personas (2016).
3. Cáncer de Pulmón, Tráquea y Bronquios: 1.7 millones de personas (2016).
4. Diabetes: 1.6 millones de personas (2016).

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Imagen: Cuba Hora.

Bajo este argumento, 21,000 (4.7%) muertos sobre 450,000 infectados parecen cifras pequeñas. Insensible, pero contundente. Sin embargo, veamos más a detalle.

Se estima que el porcentaje de la población mundial que puede resultar infectada por COVID-19 es del 70%; sobre una población mundial actual de 7,625 millones de personas, el 70% de la población infectada sería de 5,337 millones y con un factor de deceso de 4.7%, estamos hablando de 250,086,250 muertos, ¡son cifras alarmantes! No podemos permitir la muerte de tantos seres humanos. No existe evento en la historia de la humanidad que sume tal cantidad de muertos.

Además, no conocemos el impacto futuro del COVID-19 o de sus posibles curas, no tenemos suficiente información de una enfermedad que se detectó por primera vez el 1º de diciembre del 2019, ¡nos falta conocimiento! Por ejemplo:

· Aún no nace la primera generación gestada bajo los efectos del COVID-19 y no sabemos qué pueda pasar.
· Desconocemos si las personas infectadas asintomáticas en el futuro puedan desarrollar síntomas o secuelas.
· Tampoco conocemos el comportamiento del virus en menores de edad y qué consecuenciasfuturas tendrán.
· No sabemos los efectos que puedan tener las ulteriores vacunas en el largo plazo al ser desarrolladas a toda velocidad y sin ser probadas en forma exhaustiva.

economia y poblacion
Ilustración: El Colombiano.

Podría mencionar muchas más variables que no podemos predecir, ¡sabemos muy poco de este enemigo!

No es sensato e inteligente hacer menos la pandemia por COVID-19, ¡las consecuencias pueden ser catastróficas!

Lo que enfrentamos es diferente, festejo las buenas intenciones y ocurrencias por los señalamientos de remedios y soluciones a base de platillos gastronómicos, limpias, imágenes religiosas, curas en los medicamentos genéricos o anuncios de que por tener dinero o no en el banco se es inmune, así como tampoco creo que la recesión se solucione saliendo a la calle a comprar todo lo que podamos en abonos.

Los problemas complejos no tienen soluciones únicas, los problemas complejos requieren análisis, conocimiento y múltiples soluciones; se requiere la participación y compromiso de todos, por supuesto que habrá dolor y sacrificio, se necesita liderazgo e innovación ante un mundo que es diferente a partir de ya. 

Aunque no queramos, todo cambió y debemos enfrentarlo.


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Fui a la India y me recorrió en cinco días…

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Fui a India y me recorrió en cinco días. Desde una habitación minúscula, atada a una camilla con la venoclisis que me conectaba a ese enorme país. Sabía que cuando un sentido deja de funcionar, los otros se encargan de compensar, pero nunca antes lo había experimentado. 

Llegué a la India sin expectativas. Estaba abierta a lo que me regalaran. Esperaba ver los lugares a los que van los paseantes y observar lo que apareciera. Formarme impresiones y empacarlas en una maleta de historias que contar. Lo que nunca se me ocurrió, es que los ojos se iban a doblegar cómplices de mi debilidad física. 

Resultó ser un viaje con otros sentidos; aún no logro transcribir las palabras que me permitan narrarlo. Dice Octavio Paz que es más fácil delinear a la India que describirla, yo todavía me encuentro perdida en la reflexión. 

La India es un país enorme, con diversos sistemas solares completos. Convive su población a pesar de que hablan 170 idiomas y 544 dialectos. Realmente son numerosas naciones en una sola, cada una con distintas identidades conformadas por sus territorios, orígenes y costumbres. Sus sabores y olores incluyen muchas culturas además del Islam, están los budistas, shiks, cristianos, judíos y, por supuesto, los hindúes, que veneran  a más de 40,000 dioses. 

India
Fotografía: Sylwia Bartyzel.

Después de conocer Delhi viajamos a Varanasi, la ciudad más antigua del mundo. Tiene 4,000 años de existir a un lado del río Ganges, un lugar sagrado. Si mueres junto al río, se resuelve tu Karma, ya no es necesario volver a reencarnar. Por esto, de todos los confines del país llegan personas solas, o con su allegados, a morir en Varanasi. Allí, hay morideros, casas enormes con gente agonizando, y mujeres, viudas repudiadas por la familia del difunto, que por comida y techo asisten a la muerte y la acompañan en sus labores, mientras los familiares hacen los arreglos para la ceremonia. 

 ¿Será casualidad? En México se celebra el Día de los Muertos. Adornan los altares con esa misma flor naranja, el cempaxúchitl, color fuego, el mismo tono sagrado del hindú, simboliza el calor del sol. 

El cuerpo que ya descansa sobre la pira funeraria es tapizado con estas flores, velas, el ungüento mezcla de clavos, azúcar, alcanfor y cardamomo, que además del agua bendita del Ganges, purifica el alma. Como último atavío, la madera de sándalo viste al cuerpo en la cremación y lo impulsa a convertirse en humo y polvo. 

tradiciones de india
Fotografía: AFP.

El  Ganges como testigo, absorbe taciturno esta ceremonia. Aparecen fuegos simultáneos y cenizas de cuerpos, mientras las almas esperan con ilusión la eternidad. El río también recibe infinitos cuerpos vivos, que intentan purificarse con rezos, cánticos, mantras, lavado de ropa, dientes, uñas y cabellos. Sucede al mismo tiempo que otros tiran su basura y algunos muchachos en las escalinatas conocidos como “Ghats”, yacen esperando algún sentido a la vida, el que quizás yo, con mi educación occidental, pensando en la productividad, no alcanzo a vislumbrar. Las multitudes indias se mezclan con las multitudes blancas. Extranjeros con anteojos negros, shorts y sombreros de playa, con curiosidad, buscan confrontarse o revolcar la inercia de su existencia. Se considera a esta ciudad, la más espiritual de India. 

La mugre, el polvo, el ruido de las motos y bocinas, la mierda de las vacas, los gritos de la gente que parece estar discutiendo todo el tiempo, algunos mutilados pidiendo limosna, se convierten en una forma constante de contaminación. Las llamadas del brahmán para rezar cinco veces al día desde el amanecer, invitan a la gente a rogar a Dios, el mismo que los tiene abandonados, alejados de sus manos. 

En este contexto me enfermé, se cerraron mis ojos y, a partir de entonces, no sólo la enfermedad los mantenía cerrados. Abrirlos representaba un doble esfuerzo, pues temía mirar tantas, tantas penurias. 

rio en la india
Fotografía: Paul Jeffrey.

Horas después de hospitalizarme, mi oído se afinó. Esperaba fervientemente captar los sonidos para interpretarlos. De pronto adquirieron una importancia vital. Unos eran premonitorios de la llegada de las jeringas, que entrarían a mi piel mal orientadas, a buscar problemas. El ruido de las pisadas fuertes y seguras de los doctores, intensivistas, nefrólogos, cardiólogos, y el internista,  anunciaban una sentencia. Otros sonidos, casi imperceptibles, provenían de los pies descalzos, cuyos cuerpos venían a traer comida o a barrer. Muchas veces simplemente eran los sonidos de los pies que, atraídos por la curiosidad, entraban a mi habitación. Siempre venían en grupos. Algunos eran los familiares de otros enfermos, generalmente hombres que se colaban entre los doctores, para escuchar las noticias, o ver a la mujer postrada. 

Los ruidos empezaron a organizarse. El golpeteo de los motores de las bombas de agua se encargó de la percusión. Los gritos o quejidos junto con la trompeta de los autos se convirtieron en el coro. Yo escuchaba una melodía. Voces, percusión, guitarras, trompetas, saxofones, todos abandonaban el caos y se transformaban en una ópera. No soy aficionada a ese género musical, pero en ese momento el susurro me arrulló, acompañándome para darme paz. 

Con el olfato no me fue tan bien. Se afinó, pero no para darme la armonía tan necesitada. Percibía los olores al instante, colaboraban para incrementar el malestar; el sudor de la gente, el  limpiador corriente de pisos con un intenso aroma a pino, el olor a comida saturada con especies y curry que venía de las habitaciones de los vecinos, la peste a caño; el polvo de la calle y de todas las superficies del mobiliario; finalmente, mis propios olores me provocaban náusea. Convertían ese espacio en un lugar abrumador. 

También el sentido del tacto contribuyó a mi malestar. El cobertor con su textura áspera, me remontó a la cobija de mi infancia. Sus caricias, que salvaban las horas estancadas, auxiliaron el retorno a casa. Era algo familiar dentro de todo lo ajeno que estaba experimentando. 

hospital
Fotografía: TN8.

Una mañana me regresaron a urgencias para tomarme una radiografía de tórax. El suero debía quedarse en el cuarto, pues no tenían esos tubos con rueditas para llevarlo. Era tal mi debilidad, que la silla de ruedas caminaba lentamente por mí. Mi vista se clavó en las paredes manchadas de mugre ancestral, combinando manchas rojas de sangre, con escupitajos que habían lanzado los que acababan de pasar por ahí. El calor era insoportable. La energía eléctrica también huía de este infierno dantesco, los ventiladores del techo no servían. Tuvimos que esperar a que llegara la electricidad, que se compartía con los hoteles y toda la ciudad.

Ahí, en el corredor, reviví la llegada al hospital. La entrada sin puerta permitía que quien quisiera irrumpiera. Montones de chanclas de plástico y cuero viejo en el piso fangoso nos dieron la bienvenida. Los estetoscopios y los medidores de presión no servían; tampoco funcionaba bien la válvula del tanque con oxígeno. El tanque, el cómodo y el reloj en la pared, estaban corroídos por el óxido. De los hombres que entraban, no distinguía al médico del curioso que se acercaba a verme. Me tocaban sin haberse lavado las manos, y discutían en hindi, sin que yo entendiera qué estaba pasando. 

La intimidad se ve trastocada en un medio hospitalario, pero en India, esto se acentúa. Se borran los espacios corporales, entonces amalgamados a ti, se acreditan tus derechos. Hacen como quieren, sin previo aviso. Yo sabía que si me enojaba, responderían con enojo; si peleaba, pelearían. Su trabajo no tendría por qué ser afectuoso. Ignoraba cuánto tiempo iba a quedarme y, con la hostilidad del entorno, aguantaría poco: “decidí ejercitar mi práctica terapéutica”. Sería un ejercicio de investigador, desde lo sistémico, la narrativa, la hipnosis o cualquier idea que me llegara a la cabeza, pues sólo contaba con eso: mis ideas.

De la misma manera, mi habitación era una romería. Entraba mucha gente que quería tocarme: la frente, las manos, una caricia del cabello, acomodar la venoclisis que con frecuencia se tapaba. Yo gemía: “pain, pain”, y como respuesta me daban un sermón en hindi que yo no comprendía. Mi única opción era sonreír y soltar un “namasté”.

sanatorio
Fotografía: The Week.

Venían aquellas mujeres humildes, de la casta de “los intocables”. Vestidas con saris descoloridos y corroídos, eran las encargadas de atender las necesidades físicas, tocando mis partes más íntimas. Ninguna otra casta en India se encargaría de esto. Con sus caras hinchadas, testimonio de lo denigrante de su trabajo, sus ojos oscuros parecían hundidos en la cavidad ósea: ojos y miradas sin vida, acostumbrados a estar muertos y sin expresión alguna. No limpiaban, hacían como si… Me daban miedo; eran sombras fantasmagóricas que no pedían permiso. Entraban y salían a su gusto, buscando comida. Cuando la obtenían, desaparecían dejando en montoncitos el polvo barrido, los platos sucios tirados, o la mesa que,  resignada como yo, apilaba capas de telarañas y mugre, como si fuese parte de su morfología. 

Entonces, ocurrió la transformación maravillosa. El ejercicio funcionó.

Las enfermeras de manos torpes empezaron a regalarme sus sonrisas. Sus brazos fuertes y miradas endurecidas fueron transformándose. Si decía: “pain, pain”, llegaba su caricia. “Slow, slow”, e introducían el líquido frío que me hacía arder los brazos, con lentitud, mientras que nos mirábamos de manera distinta.

Piyali, la joven que nos trajo del hotel, me protegió. Parecía un remolino, traducía al inglés, compraba las medicinas, desconfiaba o se enojaba de quien fuera necesario, me traía comida limpia, peinaba, aseaba y, mientras platicábamos largas horas compartiendo el catre, corrió la voz de que yo daba consejos y bendiciones. Venían a contarme sus vidas, sus sueños, entraban a pedir mi opinión. Me invitaban a cenar a sus casas, a conocer a los novios que, de acuerdo a su tradición, sus padres habían seleccionado para ellas. Me mostraban sus tatuajes. Me pedían que rezara con ellas para que sus suegras las trataran bien. Querían que hablara con sus novios para saber si eran los adecuados. Me mostraban sus fotos y veían las mías. Me traían gente para hacer Reiki y espantar los dolores y la enfermedad de mi cuerpo. 

Vi sus caras transformarse en expresiones de amor, picardía y risas. El vínculo íntimo rompió las barreras que hasta ese momento existían en el espacio en el que nos encontrábamos. Todas dejamos de ser extranjeras y ajenas para sentirnos en casa. 

grupo de mujeres
Fotografía: Takepart.

Sonu venía en las tardes. A diferencia de las otras, sus facciones eran toscas. Su cabello corto con la raya en el centro, tenía un mechón rebelde que se asomaba despeinado, a pesar de la plasta de gel que debía mantenerlo gobernado. Sus ojos negros mostraban una mirada dura e inquisitiva, buscando pleito antes del rechazo inminente que provocaba. Su rostro, como fachada, contrastaba con las miradas femeninas de las demás. Sus pómulos salientes eran testimonio de experiencias rotas, y su cuerpo masculinizado relataba la lucha cotidiana por reafirmarse.

Lo supe después de horas de convivencia. Sonu miraba fijo a la ventana. Hablando y hablando llenaba mis oídos con palabras que yo no entendía, pero me traducían. Ella también tenía que curarse. Las enfermeras a pesar de ser sus compañeras, no eran sus escuchas; pero yo la paciente abandonada en las prolongadas horas del amanecer, me convertí en su oyente. Sonu me necesitaba y también sentí su transformación. Cuando entró a mi habitación por primera vez, me maltrató de manera tosca buscando las aterradas venas colapsadas por la deshidratación. Me golpeaba con palmadas en los brazos, ahuyentando a mis venas y a mí. Ella pretendía definir su identidad masculina y yo, quería llorar.

La homosexualidad no se veía con buenos ojos en su comunidad, entre los campesinos o en el resto de la India. Desde pequeña se había dado cuenta que nació en el cuerpo equivocado de una mujer. Vestirse con un sari y estar con otras niñas no era lo suyo. Cuando tenía 12 años murió su padre y ella aprovechó el pretexto de tener que sacar a la familia adelante. Se fajó los pechos, se cortó el cabello y, desde entonces, se vistió como hombre para salir a trabajar con sus hermanos al campo. Decidió ser enfermera porque podría ayudar a sus compañeras con los trabajos rudos; pero eso no funcionó: no la habían aceptado. 

Una mañana me dijeron que me harían un ultrasonido para revisar mis riñones. Vinieron por mí en una silla de ruedas, me desconectaron, pues teníamos que dejar el suero en la habitación. Entré con Roberto, mi esposo, al elevador y, al salir, estábamos directo en la calle. Como siempre, nos hablaban en hindi, como si entendiéramos. La alternativa era interpretar sus gestos, y descubrir sobre la marcha lo que sucedía. Nos subieron a una ambulancia destartalada y diminuta, en la que no cabía sentada. Tuve que acostarme en la camilla, que en realidad era un catre sucio, y nos dirigimos a un punto desconocido. 

India
Fotografía: Breaththedream.

En el trayecto de la ambulancia nos rodearon los rickshaws, algunos llenos con familias enteras. Esquivamos varias vacas recostadas en la calle. Había policías sentados, tomando té detrás de sus barricadas de hierro, interrumpiendo el tráfico. En el cielo volaban pájaros negros; en la tierra una mujer abandonada, a un lado de la carretera, esperaba morir. 

Llegamos a un edificio milenario, en cuya sala de espera había una muestra completa de etnias. Nos encontramos con una interminable gama de colores que transforma el paisaje sucio y muerto, en seres vivientes. Tirados en la esquina se apilaban trapos y botellas vacías. Un hombrecito descalzo repartía té. 

Las mujeres, coquetas, con lunares rojos entre sus cejas y largas trenzas negras, vestían pantalones coordinados con sus saris, dejando entrever barrigas y pieles color humo. Los ojos de las mujeres expresaban tristeza, los de los niños pequeños estaban maquillados. Algunas mujeres con burkas oscuras cargaban a sus bebés, había niños usando tenis con marcas comerciales, monjes budistas vestidos de naranja, el mismo que usaba el Buda para concentrarse en la meditación y ahuyentar a los moscos. Dos sikhs con sus turbantes elegantes. Había hombres abrazados o tomados de la mano mostrando camaradería: “estamos juntos en este camino”.

Mientras esperaba a que nos atendieran, abrí los ojos, brincaban de un lado a otro haciendo contacto visual y provocando intercambios de sonrisas. Si hubiéramos continuado con este diálogo habríamos terminado por inventar un idioma común. 

¡Namasté, mi vista había regresado!


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Confinación humana para detener el COVID-19

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En este mes de marzo, la humanidad ha sido sacudida debido a la interrupción inesperada en un creciente número de países infectados del patógeno coronavirus que provoca el COVID-19, cuya alarma ha inducido dramáticamente a que, desde las infraestructuras del poder político a escala global, se dicten medidas tendientes a contener en cuarentena a millones de personas a nivel planetario. De acuerdo con registros de la prensa internacional, a primeras horas de este 27 de marzo hay más de 526,945 casos diagnosticados con infección, 23,906 fallecidos, y 120,351 recuperados en 188 países.

En un principio, es de hacer notar que eventualidades no previstas como éstas vienen acompañadas de ciertas dosis de temor, las medidas de restricción –como se ha podido observar en la casi totalidad de naciones– y la insolidaridad como producto de la autosupervivencia, las cuales alargan y magnifican el sufrimiento humano, particularmente de todas aquellas personas con menor poder adquisitivo y que se encuentran en la periferia de las relaciones humanas-sociales –mismas que podrían subsanar estas imposibilidades marginales, de tener accesos eficientes y expeditos a los servicios de atención ante riesgos como éste, al que se enfrentan actualmente nuestras sociedades–.

confinamiento por COVID-19
Ilustración: Garcia Lam.

Ahora bien, en el contexto de esta eventualidad pandémica es interesante notar, por ejemplo, que gracias a las medidas sanitarias empleadas, se ha logrado por primera vez que, aunque sea a través de videoconferencia, un foro internacional como el G-20 haya contado este 26 de marzo con la intervención del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO), foro mediante el cual llamó a que la ONU “intervenga para que se garantice a todos los países por igual el acceso a medicamentos y equipos”, denunciando que estos son adquiridos por los países con mayor poderío económico.

Pienso que esta crisis sanitaria ha puesto en jaque a sistemas económicos, sanitarios y sociales, debido a la vertiginosidad de las comunicaciones que nos permiten interactuar físicamente con “el otro” en tiempo récord. Es entonces cuando, evidentemente a falta de respuestas de contención –muchas veces inapropiadas socialmente debido a la latencia en el asomo de estigmas y discriminaciones–, relegan a amplios sectores poblacionales y les invisibilizan, lo cual obviamente, a partir de ese momento va en contravía del ideal y utópico acceso universal a derechos humanos básicos como lo es la salud. Y digo utópico porque muchas veces las gestiones institucionales están precedidas de sesgos ideológicos en torno a como se hacen lecturas de nuestras sociedades.

Son variadas las recomendaciones y los hashtags que invitan a nuestras comunidades a auto aislarse, como lo es el #Yomequedoencasa. No obstante, la crisis de desempleo que permea a amplias capas humanas y revisibilizada a través de este fenómeno sanitario adverso, nos dan las pautas para pensar que la precariedad es una condición sine qua non para concebir un desarrollo humano fraterno, que nos permita anticiparnos a eventos naturales como éste que azotan y recrudecen las condiciones de los estratos socioeconómicos más desposeídos.  

cuarentena covid-19
Ilustración: Go-Go.

En definitiva, a mi parecer, para lograr la contención del COVID-19 se debe pasar por rondas de consultas vinculantes y flexibilizadas a todos los niveles nacionales e internacionales; armonizar el diálogo entre datos científicos y sociales; y la transferencia de buenas prácticas en intervenciones médico-científicas desde aquellos sectores que identificaron en Wuhan (China) este nuevo y desconocido coronavirus.  

Posdata: Diversos países, con el acompañamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) llevan a cabo ensayos clínicos para el desarrollo de una vacuna contra la enfermedad. Autoridades latinoamericanas han venido reportando un crecimiento de infecciones y decesos a raíz de la pandemia. México, por ejemplo, reportaba al jueves 26 de marzo, 585 personas infectadas por el virus y 11 decesos producto del brote vírico. Honduras, por otra parte, reportaba el mismo día 68 infectados por el patógeno y una persona fallecida, asociado a la misma enfermedad.


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¿Qué será lo correcto?

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Como se había previsto, cuando menos por algunos, la pandemia por COVID-19 se ha convertido en un gran problema no sólo de salud, sino también económico, político y social. Debido a que se ha enfrentado en diferentes países, su manifestación ha sido diversa y los resultados también, incluso contrastantes.

En China, donde surgió la enfermedad, rápidamente se tomaron medidas sanitarias drásticas, aislando a toda la zona geográfica de la provincia de Wuhan donde se desarrollaba la entonces sólo epidemia. Hay que destacar que COVID-19, como fue nombrada por la OMS la nueva enfermedad, era desconocida y las medidas tomadas estuvieron basadas en experiencias anteriores que, aunque tenían algún parecido, ahora se sabe, realmente tenía diferencias particulares, especialmente establecidas por su rápida difusión y su fácil contagio entre los individuos.

Vistos a posteriori y, comparado con otros países, los resultados fueron muy buenos. Aunque a lo largo de los días nos hemos enterado que la cuarentena en Wuhan fue llevada a cabo con métodos demasiados drásticos, que algunos podemos considerar crueles, el caso es que ante un problema más desconocido que ahora, se pudo controlar de manera exitosa y no se difundió al resto de China; Wuhan tiene cerca de 80 millones de habitantes, China tiene más de 1,400 millones. Hubiera resultado una tragedia universal, ahora tienen unos cuantos casos nuevos diariamente y la mortalidad se ha abatido hasta llegar a ser de cero durante varios días.

coronavirus wuhan
Fotografía: El Nuevo Día.

Entre el inicio de la epidemia y la declinación actual transcurrieron unas 10 o 12 semanas, según establezcamos la fecha de comienzo de los trabajos sanitarios; en China hasta el momento han tenido alrededor de 82,000 casos con poco más de 3,000 fallecimientos. En Corea del Sur se tomaron medidas parecidas, aunque menos autoritarias, diferenciándose en que la búsqueda de casos fue primordial; se hicieron muchas pruebas de diagnóstico, casi de detección, para aislar a los pacientes ya fueran asintomáticos, o tuvieran síntomas leves, mucho más se hizo con los que tenían cuadros graves. Con ello consiguieron realizar un control de la difusión en un periodo aún más corto. La diferencia es que Corea estableció tempranamente las medidas de confinamiento y realizó un gran número de pruebas de búsqueda del diagnóstico, lo que fue criticado inicialmente inclusive por la OMS.

En Italia y en España el problema fue, cuando menos inicialmente, menospreciado. De España recibimos noticias más claras y profundas, durante muchos días vimos cómo el encargado de riesgos sanitarios como el Ministro de Salud, mandaban mensajes sólo tranquilizadores sin establecer mayores medidas sanitarias; despreciaban la realización de pruebas diagnósticas, dejándolas sólo para cuando el paciente tenía evidencia clara de la enfermedad. No súbitamente, pero al cabo de unas semanas se encontraron con una emergencia que hasta el momento ha ocasionado más de 42,000 casos y han acontecido alrededor de 3,500 fallecimientos.

Situación que ha rebasado plenamente a su sistema de salud. Han tenido que realizar de manera apresurada instalaciones hospitalarias y habilitar hoteles para internar pacientes no graves. La necesidad de camas de terapia intensiva es altísima y no se cuenta con el equipamiento necesario, especialmente en lo relativo a ventiladores. Han cambiado su punto de vista acerca de las pruebas diagnósticas y ahora se están realizando mucho más abiertamente; el martes 17 se comentaba que habían sido adquiridas 60,000 y pronto lo harán con muchas más. España tiene actualmente unos 46 millones de habitantes. A la fecha no avizoran un pronto abatimiento del número de casos; ayer miércoles ampliaron el distanciamiento social absoluto hasta el 14 de abril. 

otros datos
Ilustración: Rius (tomada de El Financiero).

En Italia ha sucedido algo parecido, y con alrededor de 59 millones de habitantes han tenido 64,000 casos de COVID-19 que han ocasionado más de 6,000 fallecimientos. El sistema de salud está plenamente rebasado en todos sus niveles y el control de la epidemia no se ve cercano, a pesar de que ya tienen establecidas cuarentenas estrictas y la disminución de la actividad económica. En Estados Unidos la epidemia se ha desarrollado por zonas y Nueva York y California son de las más afectadas. Hasta ahora han sucedido cerca de 50,000 casos y 600 fallecimientos; todo esto en país con unos 326 millones de habitantes, en el que las ciudades y los estados más afectados están sumamente preocupados por los recursos necesarios para enfrentar los casos del COVID-19.

En otros países se establecieron medidas sanitarias más intensas y precoces como el caso de Francia que tiene 65 millones de habitantes y en donde se han presentado 20,000 casos y 862 fallecimientos, en Alemania que tiene 82 millones de habitantes han acontecido unos 29,000 casos con 123 muertes. En Suiza con 9 millones, cerca de 8,000 casos y 120 muertes. En estos últimos países la epidemia parece encontrarse estabilizada.  En India han sucedido sólo 482 casos de COVID-19 y 9 fallecimientos, en India viven 1,354 millones de habitantes y su sistema de salud es sumamente precario, así que todos los habitantes del planeta debemos desear que no se extienda el virus.

En México la respuesta ante la pandemia ha sido ambigua, poco clara y, quizá, tomando en cuenta otros aspectos además de los sanitarios, mientras algunos gobiernos estatales han establecido ya medidas de confinamiento, como Jalisco, Nuevo León, e incluso en la Ciudad de México –aunque tímidamente–, otros como Puebla minimizan el problema, los líderes gubernamentales desprecian la magnitud de la epidemia al mencionar que sólo le sucede a los fifís. Nuestro presidente también ha subestimado claramente la magnitud del problema, diciendo que no era necesario el aislamiento social; el domingo pasado llegó a recomendar que sacaran a comer a sus familias para fortalecer la economía. Convocó a reuniones no multitudinarias, aunque sí muy numerosas con motivo de la conmemoración de la Expropiación Petrolera y el aniversario del natalicio de Benito Juárez, en donde repartió saludos de mano, abrazos e incluso besos.

covid 19

El presidente, incluso, llegó a recomendar el uso de exvotos y amuletos en contra del COVID-19. El Dr. Hugo López-Gatell, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, me parece a mí que ha tenido que moverse entre lo que sabe y lo que piensa sobre la pandemia su jefe, el Presidente de la República, llevándolo a cometer errores evidentes como el descalificar a su superior como medio de difusión en todo lo relacionado al COVID-19. No ha podido explicar claramente su oposición a usar más ampliamente las pruebas diagnósticas y su obstrucción a que laboratorios privados las realicen, lo mismo que a utilizar de manera considerable las medidas de distanciamiento social. Tampoco ha dado explicaciones acerca de las soluciones que podrían plantearse ante las necesidades de internamiento de los enfermos de COVID-19, especialmente lo relativo a los requerimientos de camas de terapia intensiva con respiradores o ventiladores que podrían rondar entre 1,000 y 2,000 en el clímax de la epidemia.

Para colmo, acabo de escuchar una plática de la experta de la Universidad de Texas en Houston, la Dra. Laila Woc-Colburn, quien nos hizo saber que de los tratamientos hasta ahora propuestos o realizados, ninguno ha mostrado buenos resultados. Nos hizo saber que están en marcha estudios con Remdesivir, Tocilizumab, Favi Parir, y que los realizados con hidroxicloroquina y azitromicina no han mostrado resultados confiables; hay uno en marcha del uso como preventivo de cloroquina e hidroxicloroquina. Sin embargo, la cloroquina como tratamiento no ha mostrado buenos resultados. La Dra. Woc-Colburn nos informó que existe un programa llamado Solidarity, el cual reúne o trata de reunir ordenadamente todos los tratamientos en marcha.

La pandemia está aquí y veremos cuál es la mejor manera de enfrentarla, y al ser precisamente una pandemia, las medidas afectan a todos. Me parece a mí que la OMS no ha tomado el suficiente liderazgo que una situación como la actual le debería obligar a afrontar.


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