Segunda Guerra Mundial

Enola Gay y Little Boy

Lectura: 4 minutos

El pasado jueves 6 fue el 75 aniversario del infame episodio en el que unos generales, unos políticos y un hombrecillo llamado Harry Truman se cubrieron de gloria con el primer ataque nuclear de la historia.

Se estima que 80 mil niños, mujeres y hombres fueron vaporizados en Hiroshima en los primeros segundos después de la explosión. Tres días después una segunda bomba fue arrojada sobre Nagasaki y unos 70 mil seres humanos desaparecieron de la faz de la tierra.

A esos 150 mil muertos hay que sumar los miles y miles que murieron después en la agonía de las quemaduras radioactivas, a los lisiados y a los que enloquecieron por el horror.

La historia oficial gringa dice que sólo así se logró la rendición del Japón. Que habría sido incalculable el sacrificio militar yanqui para vencer a un país decidido en resistir hasta el último hombre. Que la bomba atómica en realidad salvó vidas.

 Es decir, la racionalidad fue acelerar la capitulación de un Japón ya devastado. ¿En verdad? Si las hubieran arrojado sobre el Monte Fuji ese efecto se hubiera logrado. El espanto de lo que le aguardaba al país habría llevado al sagrado Emperador a ordenar de inmediato el cese de los últimos hálitos de resistencia.

Enola Gay Little Boy
Fotografía: Wikimedia.

Pero un arma debe probarse empíricamente. ¿Cómo saber su potencia destructiva si no se aplica en un objetivo real? Y como en todo experimento científico serio, la repetición es obligada para confirmar el resultado.  

Esto en lo militar. En lo político, había que hacer ver a los soviéticos, hasta unos meses antes “aliados” en la lucha contra el fascismo, quiénes eran los verdaderos amos del planeta a partir de ese momento. Nada de medias tintas.

En esto debió estar pensando el general Curtis LeMay, jefe de la fuerza aérea y responsable de los vuelos que llevaron los artefactos, cuando le dijo a Robert McNamara, Secretario de la Defensa, que de haber perdido la guerra, serían ellos los criminales de guerra en el banquillo del tribunal de Núremberg.

El piloto del avión que llevó la bomba a Hiroshima, Paul Tibbets, murió en el 2007, en cama, a los 92 años. ¿Habrá vivido con remordimientos? No lo creo. Al bombardero “Superfortaleza B29” que piloteó le puso el nombre de su mamacita, “Enola Gay”. Así supimos que tuvo progenitora. De los otros, no estoy seguro.

¿Y la bomba? Algún mentecato tuvo la gracejada de bautizarla como “Little Boy”: muchachito, escuincle.

El 9 de agosto, otro aparato, bautizado Bockscar,dejó caer sobre Nagasaki la bomba a la que seguro entre risas pusieron “Fat Man”: gordo, gordinflón. Al mando de la nave iba Charles W. Sweeney, quien también murió pacíficamente en su cama, a los 84 años, en el 2004.

Enola Gay Little Boy
Fotografía: Milenio

Con esta heroica hazaña quedaron muy satisfechos los profesores, los militares y los políticos que diseñaron, construyeron y dieron la orden de utilizar ese terrible artefacto contra un país que ya estaba aniquilado. Fue la locura de la sangre. Las patadas al cadáver del enemigo. La aniquilación de quienes nos enfrentaron y la construcción de un mensaje patibulario: esto es lo que les espera a nuestros enemigos.

Han transcurrido 75 años de aquel día. Enola Gay se exhibe reconstruido en un museo a las orillas de Potomac –sin que en ninguna parte se pueda leer un “¡Nunca más!”–.

Pero Little Boy  y Fat Man hoy son obsoletas chinampinas comparadas con las capacidades destructivas del moderno arsenal nuclear con el que algún día algún político hará pedazos este montón de tierra que gira en torno a una estrella a la que llamamos Sol. Ya lo dijo el autor: la mayor hazaña del Diablo fue hacernos creer que no existe.

Quince lustros después recordamos a las víctimas inocentes de aquellas jornadas. Los diarios de la época publicaron espeluznantes reportajes. The Lima News en su edición del 8 de agosto citó una transmisión de Radio Tokio en la que se describía el impacto de la bomba, “tan terrible que prácticamente todos los seres vivientes murieron rostizados por la ola de calor y la presión del estallido. Los cadáveres carbonizados quedaron irreconocibles”.

Niños pequeños, adolescentes, mujeres y hombres, casi todos víctimas de la penuria de un país derrotado y hambriento, fueron el blanco. Se dice que también perecieron algunos militares y políticos.

bombardeo en Hiroshima.
Fotografía: Slide.

John Hersey nos dejó un testimonio descarnado de aquella jornada en Hiroshima, la crónica que alertó al mundo sobre la abominación que asomó en el horizonte. La pieza comienza con la descripción del último instante de varias personas comunes y corrientes y sigue, en una precisa y sobrecogedora narración, la secuela de la detonación.

El relámpago silencioso. Exactamente a las ocho y quince de la mañana, el 6 de agosto de 1945, hora japonesa, en el momento en que la bomba atómica fue arrojada sobre Hiroshima, la señorita Toshiko Sasaki, empleada del departamento de personal de la Compañía Hojalatera del Asia Oriental, acababa de sentarse ante su escritorio de la oficina y estaba volviendo la cabeza para hablar con la muchacha del escritorio vecino…

Varios padres de la tecnología que hizo posible la fisión nuclear, encabezados por Albert Einstein, se opusieron a su utilización como arma de guerra. Fueron acusados de comunistas y antiyanquis. Y los políticos apretaron el gatillo: Harry S. Truman, el hombrecito que ocupó la presidencia a la muerto de Roosevelt, mercero de profesión y juvenil militante del Ku Klux Klan, firmó la orden de lanzamiento.

¿Habrá logrado conciliar el sueño el resto de su vida?


[Hiroshima de John Hersey, en una edición trilingüe liberada en ocasión de un aniversario del ataque, puede leerse en: www.sanchezdearmas.mx]

Juego de ojos.

También te puede interesar: El príncipe de la palabra.

¿Y después del coronavirus qué?

Lectura: 3 minutos

Muchas instituciones y personalidades destacadas han comparado la crisis del coronavirus a la Gran Depresión de 1929, que se propagó desde Estados Unidos al mundo entero. Las comparaciones, dice el dicho, son odiosas, pero las de la historia mucho más, pues devienen en caricaturescas. Y lo son porque aquellos eran otros tiempos y privaba distinto el espíritu de época que condujo, pocos años después, a la mal llamada Segunda Guerra Mundial, y quienes participaron en la Gran Guerra en Europa, es obvio que no sabían que estallaría otra, y que aquella se produjo principalmente por la sobreproducción que condujo al desempleo. Sin duda, el rostro más dramático de ésta, aunque privó la imagen de los banqueros y grandes empresarios, arrojándose por las ventanas de los rascacielos de Nueva York, por las enormes pérdidas de sus acciones en la Bolsa de Valores.

Gran Guerra
Las trincheras en la Gran Guerra, 1914-1918 (imagen tomada de La Vanguardia).

Al margen de lo anterior que sólo mira hacia la inminente crisis económica mundial, ésta podría ser más semejante a la de la gripa o influenza española que se propagó durante 1918-1920, y arrasó con 50 millones de seres humanos, debido, en gran medida, a que no existían antibióticos, vacunas y los adelantos que hoy muestran los descubrimientos científicos en el ámbito de la medicina. Hay que considerar que esta epidemia se presentó en el contexto de la Gran Guerra que intensificó el número de víctimas. El país más afectado fue Estados Unidos de América con 675,000 muertos entre los veinte y cuarenta años, tanto por sus jóvenes soldados como porque surgió en los campamentos militares de la marina norteamericana, aunque se le llamó gripe española debido a que la neutralidad de España dio margen a mayor publicidad que ocultaban, por razones de estrategia militar, los países beligerantes.

Estos antecedentes catastróficos sirven hoy de telón a la nueva crisis que nos toca vivir ante el peligro de la muerte, el desempleo, la pobreza y todas las demás consecuencias de orden político y social que se avecinan. Por ello la pregunta es: “¿Y después del coronavirus qué?”. ¿Servirán las viejas recetas keynesianas –consistentes en elevar el poder adquisitivo de la clase trabajadora para la mayor adquisición de las mercancías y servicios– con el fin de reorganizar el mercado internacional? ¿Estará la ciencia médica a la altura de las circunstancias para contrarrestar la pandemia y disminuir el número de víctimas mortales de ésta? ¿Cuáles serán los cambios que adoptarán los seres humanos al salir de los confinamientos a los que obliga la sombra de la muerte que se pasea en las desoladas calles de las modernas urbes? ¿Mudarán las reglas del trato social entre nosotros y nuestra relación con la naturaleza? ¿Aumentarán la pobreza y la desigualdad, ya de por sí agudizada, antes de este trance que nos toca vivir?

guerra quimica, gran guerra
Máscaras antigas usadas durante la Primera Guerra Mundial (la Gran Guerra).

Muchas interrogantes más se abren para los habitantes de nuestro planeta azotado por este nuevo flagelo. El mundo, desde luego, no será igual. Estarán en peligro la globalización y el capitalismo salvaje. Muchos gobiernos, principalmente aquellos que no tienen mayor aceptación social, como por ejemplo el de Francia, se verán juzgados por la sociedad que les exigirán cuentas por su desempeño ante la pandemia. La economía de todos los países sufrirá cambios radicales, si es que quieren disminuir la pobreza y la desigualdad, que son más trágicos que la pandemia actual. La geoestrategia mundial de las naciones dominantes sufrirá importantes cambios. Los derechos humanos abrirán una brecha mayor para elevar el respeto a las libertades de los ciudadanos. Las secuelas del miedo y el temor a nuevas pandemias exigirán a los gobiernos e instituciones la creación de alertas más eficientes para el futuro.

Por ello, creo que es el momento para todos nosotros de tomar conciencia de aquel verso de Octavio Paz que dice: “el olvidado asombro de estar vivos”.

Del fin de la Segunda Guerra Mundial al COVID-19

Lectura: 4 minutos

En 2020 se cumplen 75 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Dentro de unos días se celebrará el 75 Aniversario de la rendición de la Alemania Nazi. El 30 de abril de 1945 Adolfo Hitler se suicidó en su bunker en Berlín, asediado por el Ejército Rojo. En los siguientes días el Almirante Doniz firmó la rendición incondicional de Alemania. Previamente Mussolini había sido capturado y ejecutado en Italia. Unos meses más tarde, Japón se rindió después del ataque estadounidense con bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. De esta forma fueron derrotados el nazismo alemán, el fascismo italiano y el militarismo japonés.

En 1945 también se fundó la Organización de las Naciones Unidas. Un año antes, en 1944, se habían constituido el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En la posguerra las principales potencias vencedoras, Estados Unidos y la Unión Soviética dieron inicio a la Guerra Fría. El capitalismo estadounidense y el comunismo soviético se enfrentaron no sólo ideológica y políticamente, sino a través de confrontaciones bélicas en numerosas regiones del mundo.

A partir del fin de la contienda mundial se inicia un rápido proceso de recuperación económica en Estados Unidos, más tarde en Europa occidental así como en varias naciones con economías emergentes. El capitalismo se organiza de muy diversas formas, desde el Estado de Bienestar en algunos países europeos hasta la consolidación de diversos programas sociales en Estados Unidos y en otros países en desarrollo.

guerra fria
Fotografía: Sputnik.

Asimismo, desde la segunda mitad de la década de los cuarenta se inician los procesos de des-colonización de los Imperios británico y francés, al igual que otras potencias coloniales. Los países con economías emergentes se agrupan como los “No-Alineados”, el Grupo de los 77 (que ahora son 134) y también bajo el concepto del Tercer Mundo.

La crisis fiscal de finales de los años setenta propicia el surgimiento de una “Revolución Conservadora”, encabezada por Margaret Thatcher en el Reino Unido y por Ronald Reagan en Estados Unidos, se plantea una drástica reducción del Estado, las privatizaciones y la des-regulación. Se articula una nueva globalización financiera y comercial apoyada en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

La caída del Muro de Berlín en 1989 y la posterior disolución de la Unión Soviética dan fin al comunismo. De esta forma se colapsa el “socialismo real” en casi todos los países de influencia soviética.

La globalización y la prevalencia del mercado generan un importante crecimiento económico en varios países, acentúan fuertemente la concentración del ingreso y de la riqueza, además de la desigualdad tanto en naciones con economías emergentes como aún en países desarrollados.

muro de berlin
Fotografía: Ciudad Malvin.

Uno de los rasgos fundamentales de esta evolución es la emergencia de China, con el más impresionante proceso de modernización y desarrollo de la historia contemporánea, basada en el pragmatismo de Deng Xiaoping. Así el área del Asia-Pacífico se ha caracterizado por ser el principal motor económico del mundo en la actualidad con China a la cabeza, seguido por Japón, Corea del Sur y otros países de la región.

Para América Latina el período 1945-2020 es profundamente desigual. Si bien en varios países de la región se da un tránsito de las dictaduras militares y de sistemas políticos autoritarios a esquemas más democráticos, e inclusive en algunos casos se logran ciertos niveles de crecimiento económico, estabilidad y modernización, en términos de equidad social, los resultados son en la mayoría de los países decepcionantes. Esto ha motivado que con frecuencia se denomine al siglo XX en América Latina como “Otro siglo perdido”.

Los 75 años que han transcurrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial han sido muy contradictorios. Por una parte, progreso y bienestar para amplios sectores de la población, por la otra desigualdad, persistente pobreza, con una economía global que en los últimos años se ha visto sometida, en buena medida, a la especulación financiera, la cual ha provocado varias crisis internacionales como la de 2008.

En el período 1945-2020 hemos viso el más impresionante progreso de la ciencia, la tecnología y la industria. Son también los años de mayor destrucción de la naturaleza causada por la actividad humana, con la muy elevada contaminación del ambiente en todos los campos, la sobre-explotación de los recursos naturales así como del cambio climático, derivado principalmente por el uso de combustibles fósiles.

destruccion naturaleza
Fotografía: El Heraldo.

En estos 75 años, el mundo pasó de una población de 2,200 millones de personas a poco más de 7,700 millones en la actualidad.

Como parte del rompimiento del equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, llega ahora el COVID-19, una pandemia para la cual los sistemas sanitarios del mundo no estaban preparados, que genera la peor crisis financiera y económica mundial en décadas con profundos costos humanitarios. Frente a este inesperado problema queda también claro que el mundo carece de una estructura internacional institucional para hacer frente con eficacia a nuevos retos globales.

Los países desarrollados anuncian ambiciosos paquetes económicos y financieros para salir de esta crisis. Sin embargo, es de esperarse que en la medida en la que la pandemia afecte a los países pobres o en vías de desarrollo, los efectos podrían ser más graves aún.

En el corto plazo la discusión es el diseño de las políticas de salud pública para mitigar este problema, así como las políticas fiscales para superar la crisis económica y sentar las bases para el resurgimiento. Pero también debemos analizar y discutir el replanteamiento de nuestros sistemas económico y social para resurgir como humanidad con más experiencia y sabiduría, protegiendo las libertades y la democracia.


También te puede interesar: México en la Segunda Guerra Mundial .

México en la Segunda Guerra Mundial

Lectura: 5 minutos

Este año se cumplen 75 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que dejó a Francia, Estados Unidos, Inglaterra, la Unión Soviética y China, como las cinco principales potencias vencedoras. Pero hubo también un gran número de países que contribuyeron a la victoria aliada y que su participación ha quedado algo olvidada, sobre todo fuera de sus países, como es el caso de Brasil o México. Para la República Mexicana su participación al lado de las victoriosas potencias aliadas significó muchas cosas positivas: se empezó a consolidar la industrialización del país, se dio inicio a un gran crecimiento económico que duraría hasta 1970 –el llamado “desarrollo estabilizador”– y llegó “la edad de oro del cine mexicano”; pero también se consolidó una mayor dependencia, comercial y política con los Estados Unidos de América.

El gobierno de Lázaro Cárdenas criticó la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939; pero pocos días después declaró la neutralidad de México; a pesar de que su gobierno había apoyado a la República Española y abierto el país a los refugiados republicanos. En México, como muchos otros países, había una división entre la gente que era pro aliada y la que apoyaba los regímenes fascistas. En aquellos momentos, las relaciones con Estados Unidos no eran muy buenas y Gran Bretaña había retirado su embajador tras la nacionalización de la industria petrolera de 1938. En el país había una fuerte oposición a entrar en el conflicto, por un lado, desde los sectores más conservadores cercanos al entonces recién fundado Partido de Acción Nacional (PAN) –y desde algunos intelectuales, como José Vasconcelos–, el cual defendía intensificar las relaciones con la Alemania nazi y sus aliados. Vasconcelos era muy crítico con el imperialismo estadounidense, al que consideraba el causante de los males de América Latina. Además, tampoco se veía con simpatía a Gran Bretaña, debido a las décadas de explotación por parte de empresas inglesas de los recursos naturales nacionales.

José Vasconcelos, antisemita
José Vasconcelos (Imagen: Reporte Índigo).

Desde la parte de la izquierda, tampoco se quería involucrar en el conflicto, ya que la URSS no había entrado en guerra todavía; el Partido Comunista Mexicano no apoyó la causa aliada hasta que la Unión Soviética entró oficialmente en el conflicto en mayo de 1941. Veían el enfrentamiento como una lucha entre países imperialistas, en la que era mejor no inmiscuirse.

En 1941, las cosas empezaron a cambiar. Las relaciones de Japón con Estados Unidos eran cada vez peores y México empezó a negociar nuevos acuerdos comerciales con su vecino del norte. México decidió prohibir el comercio con países que no fueran del continente americano, por lo que Estados Unidos empezó a consolidarse como su principal socio comercial. En abril del mismo año, el gobierno anunció la incautación de 12 barcos que navegaban bajo pabellón alemán e italiano en los puertos de Veracruz y Tampico, ya que había preocupación de que pudiera haber sabotajes en territorio mexicano. Mucha gente empezó a pedir una mayor implicación con las fuerzas aliadas como el sindicalista Vicente Lombardo Toledano.

Finalmente, el 7 de diciembre, las fuerzas japonesas atacaron la Base Naval de Pearl Harbor en el archipiélago de Hawái. En las semanas siguientes diversos países declararon la guerra a Japón, México lo hizo en mayo de 1942; tras el hundimiento de dos barcos petroleros mexicanos en aguas del golfo a manos de submarinos alemanes: el Potrero del Llano y el Faja de Oro. Se envió una protesta a Alemania a través del gobierno de Suecia y como no hubo respuesta se declaró el estado de guerra a finales de mayo de 1942. Desde la izquierda hasta el PAN apoyaron la decisión gubernamental; aunque desde algunos medios de extrema derecha se dijo que México había tenido la culpa al comerciar con un país en guerra, e incluso surgió la teoría de que el barco había sido hundido por Estados Unidos o Inglaterra.

La contribución mexicana en el conflicto fue al principio limitada, el ejército tuvo tareas defensivas y no se envió ninguna fuerza a combatir. Pero se estableció el Servicio Militar Nacional y se nombró a Lázaro Cárdenas como Secretario de Defensa. En aquel momento las relaciones con Estados Unidos empezaron a hacerse más estrechas, se intensificó el comercio de materias primas y mucha gente de origen mexicano, residente en Estados Unidos, se enroló en las filas de su ejército. También se inició el Programa Bracero en el que miles de mexicanos fueron a trabajar a su vecino del norte, bajo contrato, en el campo y el ferrocarril; y unos sectores que necesitaban mano de obra, ya que la industria estadounidense se había centrado en la producción bélica y muchos trabajadores se habían alistado en el ejército. Las relaciones entre los dos países se fueron intensificando y en 1943 el presidente Roosevelt visitó al presidente Ávila Camacho en Monterrey. Finalmente, se decidió enviar una pequeña fuerza militar a luchar al lado de los aliados, el famoso Escuadrón aéreo 201, que luchó en la Campaña de Filipinas durante la Batalla de Luzón.

discurso de Manuel Avila Camacho para la guerra
Discurso del presidente Manuel Ávila Camacho para entrar a la Segunda Guerra Mundial.
declaracion de guerra Mexico
Documento de la declaración de guerra, firmado unos días antes (Fotografía: Héctor de Mauleón).

Al acabar el conflicto, México, como país vencedor, fue miembro fundador de las Naciones Unidas; además, la infraestructura del país estaba intacta, ya que no había habido acciones militares dentro de su territorio.

El crecimiento económico del país fue cada vez más alto y se sentaron las bases de su industrialización; de hecho, en 1952 en México se estableció la doctrina económica del “desarrollo estabilizador”, que duró hasta 1970 y durante la cual el Producto Interno Bruto creció a una media anual del 6%, la inflación se mantuvo baja y la balanza comercial fue positiva; aunque esto último implicó algo de tiempo conseguirlo, ya que al acabar el conflicto, la industria y la agricultura estadounidense volvió a su situación de antes de la guerra. En esos años, México tuvo que importar gran parte de lo que necesitaba de Estados Unidos y exportaba poco, de manera que la dependencia comercial con el país vecino pasó a ser cada vez mayor. Finalmente, a principios de los años 50, se consiguió mejorar la balanza comercial. Pero la relación con Estados Unidos comenzó a marcar mucho la política mexicana.


También te puede interesar: Coronavirus ‘como en la Segunda Guerra Mundial’.

Origen del refresco Fanta

Lectura: 4 minutos

Siempre he dicho que estamos manipulados por el tipo de información que recibimos, la cual se presenta según lo que es conveniente y aceptado por la mayoría de las personas. En muchos casos la información falsa en su origen se convierte en una verdad y en un instrumento para convencer a la gente. Puedo enunciar varios ejemplos de cómo esto ha repercutido en el comportamiento de las personas en diferentes países. Recordemos cuando se impuso un boicot a la Olimpiada de Moscú porque Rusia invadió Afganistán, pero no se hizo lo mismo cuando Estados Unidos invadió ese mismo país. No se impuso un boicot al Mundial de Futbol en Argentina del año 1978, a pesar de la masacre de la dictadura imperante. Habría que recordar los titulares de los diversos medios de comunicación masiva sobre esos eventos. El último caso es el Golpe de Estado en Bolivia por el cual Evo Morales decidió alejarse para evitar el derrame de sangre.

Las personas responden a vectores incrustados en sus mentes, lo que nos convierte en hinchas de futbol, de simpatizantes o activistas de partidos políticos, etc., todo eso fruto de la educación del entorno familiar, social o la educación formal.  En mi caso específico sostengo que muchos amigos son antiperonistas porque fuimos fruto de la educación proveniente de la revuelta militar que derrocó a Perón en el año 1955. Claro que eso se facilitaba si los padres eran antiperonistas.

En 1973 viajé con un grupo de amigos a Europa, en ese entonces sólo podíamos visitar Europa Occidental y estuvimos en varios países. Había consenso de no visitar Alemania por su historia nazi. El único descendiente de alemanes era yo y por lo mismo sólo yo quería visitar ese país. Mis amigos no querían saber nada de Alemania ni de sus productos, aunque supongo que con los años utilizaron equipo doméstico de la industria alemana, automóviles e incluso medicina. Me imagino que en muchos casos sin saber el origen del producto; sencillamente era único o era considerado excelente.

fanta Fuhrer
Imagen: Bing.

El almuerzo de hoy me lleva a escribir esta nota. Al servirme un vaso de Fanta me pregunta mi yerno si conozco la historia de esa bebida. Le digo que “no sé”, y “no es importante para mí, sencillamente me gusta”. A lo que él replica, “es de origen alemán y de la Segunda Guerra Mundial, de la época nazi” –y así recordé el viaje aquél–.

Al leer en la Wikipedia, me acordé de otros boicots existentes en el mundo, como el de Irán, incluso a los productos israelíes fabricados en los asentamientos ilegales (para mí, legales para otros):

Fanta fue creada en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial. Max Keith, que dirigió las operaciones de Coca-Cola (GmbH) en la Alemania Nazi durante la guerra, tuvo problemas cuando el gobierno estadounidense prohibió a las multinacionales comerciar con Alemania. A esto se unía que en plena Segunda Guerra Mundial, las fábricas alemanas de Coca-Cola no podían recibir el concentrado de extractos que se utiliza para crear este refresco. Para poder seguir operando y no verse abocadas al cierre, los directivos de la fábrica decidieron crear una nueva bebida que pudieran producir con las máquinas que tenían, pero sin el jarabe de Coca-Cola. ¿Y qué podían encontrar en plena guerra? Suero de leche. Y en ello se basó el nuevo refresco. Para solucionarlo, Coca-Cola cambió el nombre de sus fábricas, para hacerlas independientes y seguir sacando beneficios. Así Fanta nació exclusivamente para el mercado alemán, y demostró ser un éxito. Cuando Coca-Cola (GmbH) se restableció después de la guerra en el mercado europeo, compró la marca.

Como podemos apreciar, movimientos de capital, empresas hijas, empresas madres, empresas off shore existen hace muchos años. Mi padre, alemán, solía llamarme “fantasioner” y de pronto aprecio aún más la bebida.

Fanta y nazis
Imagen: Chimestoday.

En una referencia de un medio sudamericano se dice que Fanta, como marca global, nace en Nápoles hacia 1955, luego que Coca-Cola Export Corporation se convierte en la primera empresa en producir y vender este refresco de sabor naranja con ingredientes cítricos locales.

¿Cuál es la verdad de Fanta?, ¿su origen es de la Alemania Nazi en 1940 o Italia hasta 1955? En otro enlace encontramos que aparentemente ambos datos anteriores tienen razón, aunque nos permite aprender cómo la utilización parcial de la información confunde. Años después de la guerra, en 1955, Coca-Cola Italia sugirió crear una bebida acorde con la tradición cítrica de este país del Mediterráneo. A la Compañía le pareció buena idea crear una bebida con sabor a naranja y decidieron bautizarla con el nombre de la gaseosa que había surgido en tiempos de crisis en Alemania.

Obviamente no puede faltar política actual sobre un supuesto boicot a Israel por la marca Fanta. Eso, de ser importante, puede venir en otra nota.

Esperamos para este nuevo año, 2020, abrirse 366 nuevas posibilidades para aprender cada día algo nuevo y compartirlo con mis amigos lectores. Éste es el primero del año.