siglo XXI

Guerra Fría XXI: China

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Comenzamos el siglo XXI con el claro y consistente declive de los Estados Unidos de América como la única superpotencia global. Una década después, queda claro que el nuevo orden multipolar que consideraba al menos a la Unión Europea, Rusia y China, está dando paso a un claro dominio de este último sobre los demás.

Al término de la administración de Donald Trump, en el contexto de la pandemia del SARS-CoV2, la tención bilateral sino americana alcanzó su nivel más alto, llevando a la relación a su mínimo histórico desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas hace cuatro décadas. Incluso “Trump culpa a China por la pandemia y la contaminación global”, con lo que equipara la diseminación de la pandemia con los ataques a Pearl Harbor o a las Torres Gemelas, de lo cual responsabilizó abiertamente a China. Lo que hace que el año 2021, aun con el cambio de administración encabezada por Joe Biden, sea un año muy peligroso para la paz mundial.

Lo que es un hecho incontrovertible es que los dos países más poderosos del planeta se están adentrando en un conflicto cada vez más profundo. Incluso algunos analistas lo describen como “una Nueva Guerra Fría”.

nueva guerra fria
Imagen: Semana.

Sin embargo, esta nueva guerra fría tendrá sus propios rasgos, muy diferentes a la lucha por el dominio global que experimentó Estados Unidos frente al gran vencedor de la Segunda Guerra Mundial: la Unión Soviética. Y que no obstante, este conflicto por el dominio mundial tiene el poder de modelar, mucho más que el anterior, los rasgos de la nueva era en el campo económico, político y militar. Un periodo histórico que previsiblemente se extenderá a lo largo de todo el siglo XXI.

Entre las particularidades de la nueva era promovida por China está un pragmatismo inusual para localizar sus inversiones y abrir canales comerciales para su creciente producción industrial. Especialmente cuando “La economía de China se prepara a superar a la de EU antes de tiempo debido al COVID”, según el Centro de Investigación Económica y Empresarial (CBER, por sus siglas en inglés). La novedad es que estas oportunidades no vienen condicionadas a la exigencia de un sistema político en particular ni a estándares de respeto a los derechos humanos internacionalmente reconocidos. Lo que ha resultado un interesante atractivo para países con modelos de gobierno autoritarios del Medio Oriente a Latinoamérica, pasando por su creciente influencia en todo el continente africano. Incluso la “UE da respaldo político al acuerdo con China sobre inversiones”, lo cual es un audaz movimiento de ambas partes  antes de la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos, quien no obstante ya ha expresado su preocupación por dicho acuerdo.

EN PERSPECTIVA, la realidad a la cual habrán de confrontarse los países del mundo en el siglo XXI, particularmente los históricos aliados de los Estados Unidos de América, es si su política exterior se plegará a sus intereses económicos y geopolíticos, o se mantendrán apegados a los principios y valores construidos a la sombra del multilateralismo emergente en la cada vez más lejana realidad de la posguerra del siglo XX.

Estimado lector, ¿cuál cree que sea la alternativa mexicana en el siglo XXI?


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El periodo 1945-2020. Fin de época

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El mundo vive un conjunto de retos inéditos. Por una parte la pandemia del COVID-19 puso de manifiesto la fragilidad global, producto del esquema de la acelerada destrucción de la naturaleza, del medio ambiente y de los ecosistemas. Por otro lado, las crecientes contradicciones del desarrollo global contemporáneo entre prosperidad y desigualdad parecen haber propiciado un resurgimiento de los autoritarismos y las tiranías en varias regiones del planeta. De algún modo llega a su fin el largo periodo de 75 años transcurridos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En 2020 se cumplen 75 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. En 1945 fueron derrotados el nazi-fascismo en Europa y el imperialismo militarista japonés en Asia. Llegó a su fin la guerra más sangrienta de la historia de la humanidad, con más de 70 millones de muertos. En ese año también se firmó la Carta de San Francisco que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), impulsando el Derecho Internacional, los Derechos Humanos y tratando de establecer los mecanismos para preservar la paz internacional. Un año antes, en 1944, se habían constituido el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional perfilando la economía internacional de la posguerra para las siguientes décadas.

Pero una vez derrotadas las dictaduras fascistas surgió la división entre los aliados vencedores, dando inicio la llamada Guerra Fría, enfrentándose Estados Unidos contra la Unión Soviética. Fue la confrontación entre el capitalismo y diversas formas de la democracia liberal contra el comunismo soviético bajo el liderazgo de Stalin, el implacable dictador.

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Imagen: History.com.

Durante la Guerra Fría se dieron enfrentamientos e intervenciones militares focalizadas, Corea, Hungría, Berlín, Cuba, Vietnam, Praga, Angola, Afganistán, por citar sólo algunas, siempre con la amenaza de una guerra nuclear, con efectos mundiales devastadores. Probablemente los momentos de mayor peligro global frente a una catástrofe atómica fueron las tensiones en Berlín en 1961 y la crisis de los misiles en Cuba en 1962.

En 1949 triunfó el movimiento revolucionario comunista de Mao Tse Tung en China. La década de los años cincuenta vio el inicio de los procesos de descolonización de las potencias europeas, principalmente el desmembramiento de los imperios británico y francés. En varios países europeos, así como en diferentes naciones en desarrollo se articularon proyectos de democracia social en el que se conjuntaron los principios de la democracia liberal y de la economía de mercado con diversos aspectos sociales y la preservación del interés general. Desde luego se articularon diversos modelos, incluyendo el llamado Estado de Bienestar que tomó características muy particulares en los países escandinavos.

Las crisis fiscales en numerosos países con economías desarrolladas y en desarrollo fueron provocando un replanteamiento de la organización estatal. Primero el triunfo de Margaret Thatcher en el Reino Unido y poco después el de Ronald Reagan en Estados Unidos plantearon un ajuste de fondo en las políticas públicas para reducir la participación del Estado en los asuntos económicos y sociales. Este movimiento político estuvo, en buena medida, sustentado ideológicamente por planteamientos como el de la sociedad del “Mont-Pèlerin”, que con una serie de medidas anti-estatistas y para fortalecer las libertades individuales, aunque en realidad las debilitaron, al favorecer los grandes intereses corporativos privados y la concentración del ingreso y de la riqueza más fuerte en la historia moderna.

En 1989 con la caída del Muro de Berlín, la posterior desintegración de la Unión Soviética y el desmembramiento del bloque socialista de Europa del Este llega a su fin la Guerra Fría. El triunfo del capitalismo se ve acompañado de la globalización comercial y financiera así como de los principios de la economía de mercado como los rectores de la organización estatal. Se piensa que se abre una etapa de libertad y prosperidad global acompañada de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Con este esquema llega el elogio del individualismo exacerbado, el consumismo y la economía del descarte. Muy pronto surgieron oposiciones desde la crítica social por la creciente desigualdad hasta el terrorismo islámico, incluyendo nuevos regímenes autoritarios y la prevalencia de viejas tiranías.

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Imagen: Minty.

La prosperidad de amplios sectores de la población mundial, especialmente en el área del Asia-Pacífico se vio contrastada con la persistencia de la pobreza en numerosos países y la agudización de la desigualdad, así como su acelerado agravamiento aún dentro de numerosos países desarrollados.

Es importante referir la emergencia de China como gran potencia económica a raíz de las reformas promovidas por Deng Xiaoping, además del extraordinario resurgimiento de la India, al igual que otras naciones del área del Asia-Pacífico como Japón, Corea del Sur, Singapur y Vietnam, que en distintos momentos de las últimas décadas han articulado espectaculares procesos de desarrollo.

Frente al internacionalismo característico de la globalización han surgido nacionalismos y autoritarismos que no respetan los derechos y las libertades fundamentales de las personas. Esto ha sucedido incluso en los países con tradición democrática donde han triunfado planteamientos populistas como sucedió en el Reino Unido en 2015 con el voto del BREXIT.

No es exagerado sostener que por muy diversos motivos, la democracia está en entredicho en todo el mundo. Sin embargo, un tema sobre el que es imprescindible insistir es en el grave riesgo que corre el futuro de la humanidad por el alto nivel de destrucción de la naturaleza, con una población creciente que ha aumentado en los últimos 120 años al pasar de 2 mil millones de personas a finales del siglo XIX a 7,700 millones en la actualidad y que llegará a 10 mil millones en 2050. La sobre-explotación de los recursos naturales y un modelo de crecimiento depredador de la naturaleza ha provocado la sexta extinción masiva de especies; la mayor concentración de dióxido de carbono en la atmósfera no sólo en toda la historia de la humanidad, sino del planeta; el cambio climático con sus efectos devastadores para la vida y la salud de los seres humanos cuyos efectos se dejan sentir en todo el mundo. Ya no se trata de conocer únicamente los cada vez más graves reportes científicos, sino de la información pública cotidiana para ver los estragos constantes en un planeta que en algunas áreas está en llamas y en otras cada vez padece más eventos catastróficos hidrometereológicos. El COVID-19 es una pandemia más de las varias que se han padecido en los últimos años. Se trata de una realidad que se escapa a todas las previsiones convencionales.

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Imagen: Craig Stephens.

La pandemia del COVID-19 y sus críticos efectos sociales y económicos llegaron en un contexto mundial que se caracteriza por la paradoja que vive la humanidad. Por una parte, progreso y prosperidad. Por otra, más de la mitad de la población mundial que no logra tener una vida digna. Cerca de 4 mil millones de personas en el mundo viven bajo intensas presiones por pobreza, desigualdad, guerras, conflictos bélicos internos, y por los efectos del cambio climático y la destrucción de los ecosistemas.

El mundo contemporáneo se enfrenta a retos inéditos. Situaciones extraordinarias exigen soluciones también extraordinarias. No podemos seguir trabajando con esquemas destructores de la naturaleza, de los ecosistemas, destruyendo al planeta, nuestro hogar común. Un ejemplo de lo que sucede es la situación de California, donde su gobernador, Gavin Newsom, declaró el fin de semana que la discusión sobre el cambio climático ya no existe, es una realidad, a propósito de los incendios forestales de California, Oregón y el estado de Washington. Lo que sucede, dice Newsom, es una emergencia climática.

Pero al mismo tiempo, debemos luchar contra el establecimiento y la consolidación de sistemas totalitarios y autoritarios. Hay que salvar el respeto a los derechos y las libertades fundamentales a través de instituciones sólidas del Estado democrático de Derecho en un esquema de pesos y contrapesos. A los problemas de la democracia es necesario dar respuesta con una mejor democracia.

Debemos enfrentar los retos del futuro guiados por el conocimiento por medio de instituciones jurídicas fuertes y sólidas.


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¿Habilidades del siglo XX para encarar el siglo XXI?

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¿Se puede sobrevivir en el siglo XXI con habilidades del siglo XX? Sí. Sobrevivir, por un tiempo, sí; abrirse camino, comprender e incorporarse a las nuevas realidades, claramente no.

El siglo XXI está aquí. Insertarse en él a partir de los principios que legó la centuria anterior, solo ahondará el desastre.

La incomprensión no es innocua.

La pandemia es el punto más alto, el más dramático, pero no el único. Señales de toda índole venían anunciando el tránsito inexorable entre una época y otra.

No hay vuelta atrás, no hay manera de restaurar las certezas del siglo XX.

Las nuevas coordenadas para comprender la realidad emergente se afirman, al tiempo que irán relegando a quienes no comprendan la mutación de los entornos.

Por eso, cuando se habla de ser competentes, implica la capacidad de comprender, y ésta se intersecta con todos los ámbitos de la vida de las personas.

era digital, internet
Imagen: Forbes España.

No comprender, no entender qué sucede y por qué, cuál es la dimensión de lo que se transforma y dónde están sus anclajes claves, equivale a mantenerse debajo del gran techo de la época anterior mientras se desmorona.

Ya en 2010, la oficina de la UNESCO en Bangkok, planteaba algunos de los desafíos en materia de nuevas líneas educativas que hoy vemos materializarse marcados por el signo de la urgencia.

Bajo la responsabilidad del investigador Jonathan Anderson, y con el título: ICT transforming education: a regional guide, el volumen de la UNESCO advertía la necesidad de que el mundo llevara las oportunidades educativas más allá de las aulas.

Una tendencia clave que caracteriza el entorno más allá del aula es el crecimiento exponencial de la información y el conocimiento. Cada año, la oferta de información del mundo casi duplica la del año anterior, señala Anderson.
El investigador continúa, en un período de tiempo bastante corto, las TIC han tenido un efecto marcado en las escuelas, en la enseñanza y en el aprendizaje... De muchas maneras, las herramientas TIC están resultando indispensables para hacer que la administración escolar sea más eficiente y responda a las necesidades de la comunidad.
cambio de posición
Imagen: Pinterest.
Asimismo, en relación, no sólo con las escuelas, sino con las habilidades que hoy se requieren para insertarse plenamente en el siglo XXI, se diría, sin dudar, que las TIC juegan un papel central. 
Mas, nos estaremos equivocando de modo rotundo, si consideramos que son los artefactos o la infraestructura, el punto nodal de la cuestión.
Las habilidades que el siglo XXI pone sobre la mesa están más en el orden del pensamiento que de la pericia técnica en el manejo de herramientas, plataformas o aparatos.
La clave de la transformación digital se halla en el orden de las mentalidades, antes que de saber dónde se pone off, o cómo se pega una imagen. 
Esta cuestión es particularmente ostensible en cuanto a quienes están a cargo de los procesos de enseñanza y formaron su idea del mundo, de ellos mismos y del mundo en el siglo anterior.
No se trata de tomar cursos de capacitación para manejar los aparatos que manejan con insuperable destreza las y los estudiantes, sino de comprender qué y cómo piensan.
cambio y brecha digital
Imagen: PMFarma.
Transitar hacia las formas de pensamiento digital es el verdadero reto. 
Saber leer y escribir, antes que una habilidad en sí, es, fue, la puerta de entrada a una forma de relacionarse con la realidad. 
No sucede de modo distinto con la alfabetización digital a la que el siglo XXI convoca. 
Alfabetización digital que debe ser concebida, por supuesto, en principio, como la capacidad para pasar de un pensamiento lineal y jerárquico, a un pensamiento caracterizado por los continuos desplazamientos de centro, y la habilidad de conectar puntos en red.
Al cobijo de esta concepción básica, entonces sí, podrán florecer el resto de las habilidades y destrezas que asoman aparejadas con la nueva época.
Tal es el caso de la iniciativa internacional conocida por sus siglas en inglés como ATC21S, y que tiene el propósito de proponer maneras distintas de evaluar y enseñar las competencias del siglo XXI.
redes sociales, conducta de la gente
Imagen: Revista Telos.
De acuerdo con este proyecto, patrocinado por los grandes corporativos Intel, Cisco y Microsoft, las habilidades de la nueva era se habrían de dividir en cuatro rubros.
La modificación en la manera de pensar (1), las herramientas para trabajar (2), las maneras de trabajar (3), y las maneras de vivir en el mundo (4), constituyen los ejes sobre los cuales se mueve el empuje innovador del ATC21S.
Hoy en día, el capítulo latinoamericano del proyecto reside en Costa Rica, cuyo Ministerio de Educación ya trabaja sobre el impulso de los ámbitos que constituyen cada uno de los cuatro ejes propuestos.
Así, por ejemplo, el estímulo a las nuevas maneras de pensar ha de ser visto en intersección permanente con el desarrollo de habilidades tales como: la autonomía, el pensamiento crítico, el pensamiento visual, la toma de decisiones, el pensamiento computacional y la resolución de problemas.
Encarar el siglo XXI con herramientas, estructuras y nociones del silo XX lejos de regresarnos al pasado, augura algo peor: la ruina del futuro.
En el presente.

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Houston, tenemos un problema, llegó el siglo XXI

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Hace unos días nos preguntábamos: ¿cuándo terminó el siglo XX y cuándo comenzó el nuevo milenio? Como sabemos, el tiempo es un concepto complejo que va desde la magnitud física que permite secuenciar hechos, hasta, por ejemplo, la noción gramatical que permite situar una acción en un momento determinado, lo que, a su vez, supone un saber cronológico del tiempo lineal que transcurre desde un punto inicial a otro siguiente, continuo o previo. Como se ve la cosa es algo más compleja que una fecha en el calendario.

A los seres humanos nos gustan los hitos, las conmemoraciones, los comienzos y los finales. Es posible que ello se deba a nuestra conciencia de muerte. El sabernos que, fisiológicamente, tenemos una fecha de expiración nos obliga a intentar atrapar en una bocanada de tiempo cósmico todo lo que nos sea posible. Sin duda, sin esa consciencia de límite, imaginación, creatividad, invención y evolución, como las entendemos, no tendrían ningún sentido.

siglo xxi y mortalidad
Ilustración: Dimitris Ladopoulos.

Durante décadas, siglos y milenios la idea de tiempo cronológico se mantuvo, en muchos sentidos, estable. Años, meses, días y horas resultaban predecibles. Las estaciones climatológicas estaban claramente marcadas en dos o cuatro, dependiendo del lugar del planeta donde se habitaba. Las tareas y los hechos transcurrían en forma concatenada, o, al menos, así parecía. La simultaneidad se entendía, al igual que la inmediatez, pero el concepto de presentismo no estaba en los registros psicológicos de prácticamente nadie. El aquí y el ahora existían porque había un pasado y un futuro; lo que ocurría hoy era con consciencia de memoria histórica y el mañana estaba sujeto a la naturaleza y a la voluntad de los dioses.

Con la revolución industrial y la idea de modernidad, los fundamentos del tiempo cronológico y psíquico comenzaron a cambiar. Aunque la medida lineal de éste se ha mantenido, desde entonces, la forma en que se entiende y vive el presente se hace cada vez más amplia. De algún modo, el ahora comienza a engordar, se hace obeso, apretujando el pasado contra sí mismo y, al mismo tiempo se hace cada vez más de voraz con relación al devenir. A partir de la segunda mitad del siglo XX, la idea de que el futuro es hoy se instaló como un lema global. La espera comienza a ser una experiencia cada vez más intolerable.

La aparición de internet instala el presentismo como motor, deseo y voluntad de existencia. La simultaneidad, el vértigo de creer contar con todas las posibilidades y la promesa de poder tenerlo todo, sólo por el hecho de acceder al menú que los escaparates reales y virtuales nos ofrecen, hacen aumentar la gula hasta alturas inimaginables. La web nos hace suponer que se puede contar con todo el conocimiento disponible en el instante mismo de la pregunta, lo que hace estallar la idea de reflexión por los aires. La pausa, la contemplación, el ocio sagrado de la filosofía clásica, la espera, son posiciones psíquicas que, lejos de producir templanza y carácter, generan angustia y sensación de vacío.

siglo xxi
Ilustración: Anton Kakhidze.

Y, en medio de ese ritmo desenfrenado, se nos acabó un siglo lleno de horrores autoritarios, deslumbramiento científico, artístico e intelectual. Las primeras décadas del nuevo milenio nos dieron más impulso aún, el tiempo ya no sólo volaba, prácticamente desaparecía en medio de nuevos logros sociales, económicos y tecnológicos. Las demandas de los siete mil millones de habitantes de este punto casi invisible del universo exigían respuestas concretas ahora. Y entonces, llega el freno, seco, brutal. Yéndonos casi de bruces, hemos pasado los últimos meses, llenándonos de fórmulas, hipótesis y teorías para acostumbrarnos y entender qué es todo esto.

Mientras intentamos no enfermar y sobrevivir a la pandemia, y la crisis económica gigantesca que se levanta frente a nosotros, anhelamos salir, lo antes posible, de algo tan único como inasible: la incertidumbre. Entonces, como los astronautas del Apolo XIII, le decimos a alguien esperando que nos escuche y nos dé una solución: —Houston, tenemos un problema, llegó el siglo XXI y no tenemos perspectiva temporal para comprenderlo.

Tal vez, un esbozo de respuesta está en la última escena de “Fanny y Alexander” de Ingmar Bergman:

Todo puede suceder, todo es posible y probable, tiempo y espacio no existen. En el delgado marco de realidad la imaginación gira creando nuevos patrones, lee en voz alta la abuela Ekdahl a partir de un texto de August Strindberg, mientras Alexander permanece recostado en su regazo. 


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