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Reflexiones sobre la pandemia con Roberto Sánchez Mejorada

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En opinión de Roberto Sánchez Mejorada, Chief Mission Officer de Qualfon, empresa de talla mundial, líder en el manejo de call centers, con más de catorce mil empleados ubicados en distintas partes del mundo, la humanidad está experimentando actualmente una verdadera guerra que nos ha puesto de cabeza, en la que hay un importante número de “caídos”, a grado tal que casi todos alrededor del mundo tenemos a algún ser querido muerto a causa de la pandemia. El enemigo en esta guerra es el miedo y la ignorancia, porque todos le tememos al otro, tanto porque nos puede contagiar, como porque lo podemos contagiar nosotros, y porque nadie sabe nada definitivo y todos tenemos opiniones, aún contradictorias, sobre las formas en que nos contagiamos, en que nos podemos proteger y en que nos podemos curar, las cuales difundimos personalmente y mediante las redes sociales a nuestra disposición, todo lo cual se vuelve una locura.

Roberto señala que en esta guerra, como en todas las guerras, está presente la posibilidad de morir. La vida se pone en riesgo de una manera más evidente. De allí el miedo y a veces el pánico. Pero la muerte es buena maestra de la vida y eso nos ha enseñado a que la vida es pasajera y pasa rápido, por lo que hay que vivirla con gratitud y plenitud, sabiendo que la vida después de la muerte es la definitiva y a la que hay que prepararse haciendo el bien sin cesar. Se trata de la primera pandemia en el mundo en la que la humanidad lleva cuenta detallada de los muertos y de los enfermos en tiempo real, la cual también está expuesta a ser objeto de manipulaciones por parte de los gobiernos y de las fake news, lo que dificulta llegar a conclusiones definitivas sobre el buen o mal manejo de la pandemia por parte de los diversos gobiernos del mundo. En México, a las cifras gubernamentales nadie les da crédito.

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Roberto Sánchez Mejorada y Antonio Prida.

Desde luego hay muchas enseñanzas positivas que aprender, derivadas de esta guerra, tales como haber aprendido a vivir y a trabajar en confinamiento, lo cual ha facilitado aprender más unos de otros y estar en casa con la familia, habiendo puesto en pausa el frenesí de los viajes en el que algunos estábamos inmersos. También hemos tenido que aprender a separarnos de algunos de nuestros familiares y amigos, incluso frente a la muerte, sin podernos despedir de ellos, y aprendimos a llevar a cabo reuniones familiares, funerales, bodas y otras actividades fundamentales de la vida, por vía electrónica remota, todo lo cual nos ha hecho más fuertes y nos ha enseñado a vivir con obstáculos y limitaciones graves. Sorprende la fortaleza y la resiliencia que ha logrado la humanidad en su conjunto. Hay positivos hábitos que hemos adoptado en materia de higiene, algunos de los cuales deberemos mantener cuando volvamos a la normalidad de antes, tales como el constante lavado de manos y la práctica de quedarse en casa cuando se está enfermo. 

Desde luego la humanidad ha enfrentado también graves aspectos negativos con motivo de la pandemia, principalmente esa separación humana de las familias y los amigos, especialmente el abandono de los adultos mayores, provocado por ese miedo que unos a otros nos tenemos y sin duda nos hace falta el contacto físico que se ha perdido. Quienes como Roberto y yo mismo somos producto de la generación del temblor de 1985, no podemos ignorar la falta de solidaridad general que la actual pandemia ha provocado, que evitó que todos saliéramos a la calle a ir por el otro, tal como lo hicimos de manera ejemplar en aquel terremoto y en los que le siguieron. Aunque al cuidarnos a nosotros mismos y al cuidar a los otros, protegemos a los otros y a nosotros mismos, esta pandemia no será recordada por la solidaridad de los unos con los otros.

Entre las enseñanzas derivadas de la crisis del coronavirus, no podemos olvidar que también hemos aprendido a conocernos, ya que nunca antes habíamos tenido la conciencia de saber si pertenecemos al grupo más aprensivo de la sociedad, o si somos razonable o completamente liberales en lo que al temor de la pandemia se refiere, actitud que desde luego se ve influida por los lugares en los que vivimos, ya que quienes lo hacemos en centros de alta concentración poblacional como la Ciudad de México, solemos ser más precavidos que quienes provienen de lugares menos poblados. También contribuyen a generar psicosis y miedo, o bien tranquilidad y paz, los parientes y amigos que frecuentamos, más o menos preocupados por el contagio y, a su vez, nos generan mayor aprensión quienes han perdido a seres queridos y nos generan mayor confianza y menos aprensión quienes no han padecido circunstancias graves o bien se han recuperado de éstas.

Sánchez Mejorada nos comenta que Qualfon es una organización afortunada, pues al inicio de la pandemia se fijaron con claridad las siguientes dos prioridades complementarias y no contradictorias: brindar seguridad máxima a los trabajadores de la empresa y conservar todas las fuentes de trabajo, para lo cual resultaba indispensable seguir trabajando, para poder continuar prestando sus servicios a su clientela y poder seguir facturando. Para ello establecieron una estrategia que facilitó que los trabajadores se llevaran las computadoras de la empresa a sus respectivos domicilios, de manera ordenada pero rápida, para permitir el trabajo remoto masivo. Observamos que esta adecuada política empresarial desafortunadamente no se ha visto reflejada por ningún gobierno del mundo.

En efecto, aunque las sociedades del mundo aprendieron a trabajar y estudiar desde casa, estas importantes actividades no fueron fomentadas con políticas públicas eficaces en ningún país del mundo. No vimos la baja de precios de las computadoras o de los servicios de internet, ni la mejora de la infraestructura de ancho de banda o de fibra óptica en los países. En nuestra opinión, los gobiernos del mundo desaprovecharon esta gran oportunidad que les hubiera permitido fortalecer sus infraestructuras conforme a la era digital que se vive, la cual desde luego fue aprovechada por sociedades enteras, pero más por méritos individuales y de la sociedad civil organizada. Faltó ver subsidios y el otorgamiento de créditos blandos, así como la cooperación solidaria entre esa sociedad civil organizada y los gobiernos, faltaron, pues, en el mundo, políticas públicas para el financiamiento de la tecnología.

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Roberto Sánchez Mejorada y Faye Mutya en Filipinas.

En materia de valores humanos, la pandemia ha hecho visible la valentía y la resistencia humana que ha dado prueba, una vez más, de que la humanidad es invencible. Tal como ésta se ha levantado de las cenizas de las dos grandes guerras y de multitud de otras guerras y atrocidades, nuestras sociedades han encontrado la forma de salir adelante, las cuales han echado mano de una solidaridad invisible, en donde familias y redes de amigos se han echado la mano y se han hecho presentes a través de los medios electrónicos. Como nunca antes la fe se ha demostrado a través de canales religiosos en redes, en seminarios virtuales y aún en misas, en meditaciones y en peregrinaciones digitales. Hemos sido testigos de la digitalización de la espiritualidad.

Si bien la pandemia nos recluyó en casa, provocó la actividad física al aire libre, lo que ha repercutido en una mayor convivencia vecinal y reencuentro del ser humano con la naturaleza. Ha sorprendido la forma en la que los científicos del mundo han cooperado entre sí para encontrar la salida a través de las vacunas, lo que más pronto que tarde facilitará la inmunidad de rebaño a la que todos aspiramos. Pronto quedará demostrado que la capacidad de manufactura de las vacunas es prácticamente infinita. La obtención y distribución de las vacunas pondrá nuevamente al descubierto a los gobiernos que actúen más o menos de manera eficiente, y mostrará las fortalezas o debilidades de los servicios públicos de salud y los sistemas de prevención alrededor del mundo.

Para la Historia quedarán las prácticas de acaparamiento de vacunas por parte de algunos gobiernos del mundo y su falta de solidaridad al cerrar sus fronteras, pese a su excesiva capacidad hospitalaria. El posible criminal manejo político de las vacunas hará que especialmente los mexicanos pongamos lupa en el gobierno, a fin de evitar que se detenga el calendario de vacunación para hacerlo compatible con el calendario electoral. De la comparación ningún gobierno podrá salvarse.

El gran encierro

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A veces uno se queda sin palabras. Piensa y piensa qué decir o escribir y nada, nada aparece con nitidez. No hay un concepto, un olor, un sonido, un sabor, una sensación del momento o un recuerdo del cual colgarse para abrir el diálogo interno o interpersonal. 

A todos nos ha pasado. De tiempo en tiempo nos habitan emociones y sentimientos, pero no hay capacidad de hacer encajar lo que se vive con lo que se puede expresar. Y uno se pregunta, inevitablemente, si hay algo mal, si no funcionamos bien, si nos quedamos en silencio por alguna incapacidad o porque, en verdad, lo que vive en nosotros es un gran vacío, una oquedad que creíamos con contenido.

El estupor es así, también lo es el asombro. La experiencia del desconcierto, del dolor, del espanto y del otro lado, el deslumbramiento, el amor y la pasión nos pueden llevar a la misma percepción de aislamiento. 

“Algo late aquí dentro”, nos decimos, no sabemos bien qué es, incluso si es real; pero está ahí, estático o como un torbellino, sacudiéndonos incluso en nuestra parálisis. ¿Tiene forma, tiene límites, tiene un nombre? Nos agobia y nos inquieta, pero también nos impulsa.

gran encierro
Imagen: Mind Journal.

La energía psíquica es un universo en permanente sístole y diástole, en expansión y recogimiento. Vivimos en ella y con ella. Le buscamos límites y siempre lo rebaza; intentamos amoldarla a normas sociales y convenciones culturales, formulamos hipótesis y teorías para describir y, sobre todo, predecir su comportamiento; y nada, siempre se sale, de una manera u otra forma, con la suya. Sigue una lógica que no es nunca la nuestra.

Persistimos, seguimos creyendo poder atraparla, domesticarla y, así, sostenernos de algo más seguro que el lenguaje. Creamos palabras y estamos hechos de palabras. Pero ¿qué es lo que en verdad buscamos?, ¿control, sosiego, estabilidad?, ¿o todo esto se trata de una apuesta, de un juego imposible de ganar, pero magnífico de experimentar?

El gran encierro que con frecuencia nos deja mudos, probablemente, no es más que el agujero negro que está del otro lado del paraíso, de ese del cual se dice que, afortunadamente, alguna vez fuimos expulsados. Del jardín botánico perfecto, estable, seguro y tibio, en el que todo estaba resuelto y en el que, por lo tanto, el vértigo de la creatividad no tenía lugar. 

Bienaventurados entonces todos nosotros, porque de los desterrados es el Reino de la Imaginación.


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Cuando ellos despertaron… todo seguía siendo política

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#CuandoDespertaron

Había una vez un dirigente de un partido quien, mientras dormía, soñaba que le habían encomendado ganar una elección a como diera lugar. Al tratarse del partido que detentaba el poder, este dirigente recibía órdenes de sus superiores. No procedía solo y su margen de decisión era, por no decir poco, casi nulo. Pero eso iba a cambiar, en los sueños, todo era posible.

Mientras soñaba, el dirigente revisaba los perfiles de los precandidatos y encontró que, en un estado del sur de país, uno de los precandidatos había sido acusado por violación. Su indignación era total.

—¡Cómo era posible que siquiera pudiera registrarse como precandidato una persona acusada de semejante delito!, pensaba el dirigente.

Seguía su sueño y se veía como todo un super héroe (con capa y toda la cosa) y que, levantando el vuelo cual superman, llegaba al palacio de su superior y le informaba sobre su hallazgo. Su superior, indignado, le ordenaba que por ningún motivo permitiera que ese precandidato siquiera participara en la elección interna. Había muchas personas valiosas en ese estado que perfectamente podrían ser los candidatos, sin esa sombra de duda que aquejaba al precandidato mencionado. Reconfortado, el dirigente voló de regreso y rápidamente anunció a todo lo largo y ancho del país, que retiraban a ese precandidato y que, si quería ir a la contienda, no lo haría arropado por su partido. La ovación no se hizo esperar, sobre todo la de las mujeres de ese estado del sur del país quienes, agraviadas, se sentían liberadas de no tener la posibilidad de que su gobernante fuera un violador.

El dirigente despertó de su sueño y estaba muy contento, se sentía reconfortado; pero unos momentos después, se miró al espejo y recordó quién era. Ya no tenía la capa, ni parecía súper héroe. Recordó que el personaje violador, que veía en su sueño, no había sido detenido y que el partido que aquel dirigente encabezaba, lo arropaba. Se deprimió entonces.


Había una vez un hombre supremo quien, mientras dormía, soñaba que todo funcionaba bien en el país que gobernaba. La pobreza no existía, el desarrollo económico era impresionante y el empleo crecía de forma exponencial. La violencia e inseguridad eran cosas del pasado y su combate a la corrupción había sido tan efectivo, que ahora todas las compras de gobierno eran concursadas, informadas en el preciso momento en que se llevaban a cabo y perfectamente registradas. Este hombre supremo vio entrar, por la ventana de su palacio, a un súper héroe vestido de capa. Era el dirigente de su partido. Lo recibió con júbilo y, cuando escuchó sobre el hallazgo de aquel hombre que osó registrarse como precandidato del partido donde ellos militaban, aun siendo acusado por violación, el hombre supremo le ordenó a su dirigente que, por ningún motivo permitieran que ese precandidato siquiera participara en la elección interna.

El hombre supremo despertó de su sueño y estaba muy contento, se sentía reconfortado, después se miró al espejo y recordó quién era. Estaba convencido de que todo lo que hacía estaba bien, y que lo que había soñado era lo que estaba pasando en el país que gobernaba. Lo único que no le cuadraba del sueño era por qué le había ordenado a su dirigente que no permitiera que ese precandidato violador participara en la elección interna. Se regocijó de recordar que eso sólo lo había soñado y que efectivamente, para él, lo importante es quién pueda llegar a ganar una elección y no qué antecedentes tenga.


sueno bestia

Había una vez un candidato a un gobierno de un estado del sur de un país quien, mientras dormía, soñaba. Para él era un sueño dulce, pero para cualquiera que viera lo que soñaba, era una pesadilla. En el sueño, sometía a mujeres, las amedrentaba. Las violaba una y otra vez. Aparecían más mujeres afectadas, en la medida en que el candidato tenía más poder. Se regocijaba del poder y lo usaba para tener más mujeres sometidas, asustadas y vulnerables. Su risa era una carcajada malévola. Se sentía un animal poderoso y bufaba estruendosamente mientras las mujeres trataban de huir sin conseguirlo. Las pisoteaba, las tomaba del cuello y las engullía como un monstruo hambriento. Después, veía en su sueño cómo todo se le venía abajo, porque un super héroe llamado dirigente y su superior lo dejaban solo y no apoyaban su candidatura.

El candidato despertó de su sueño y estaba muy angustiado, su corazón palpitaba aceleradamente y sudaba.

—“¡Cómo es posible que me quitaran mi candidatura!”, pensaba.

Se miró al espejo y recordó quién era. Se sintió tranquilo y en paz, seguía siendo candidato y sus sueños se harían realidad. Por lo menos eso pensaba él.


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El amor es, acaso, la única utopía que nos va quedando

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La frase no es mía, es la de un poeta, que azarosamente fue mi padre.

En tiempos tan difíciles de vivir y mucho menos de entender, son pocas las ideas o las palabras que pueden darnos certezas, seguridad o sentido.

Y aunque es cierto que todo tiene un lado oscuro, incluyendo al amor, no cabe duda que arriesgarse en él, es por lejos, la mejor apuesta que podemos realizar. Es probable que nos vaya mal, que fracasemos y nos sintamos derrotados no pocas veces, y pese a todo, maldiciendo la vida, volvamos a insistir y a entregarnos a ese juego irracional y contradictorio.

Las utopías nos son fundamentales ya que sin ellas el precipicio por el que habitualmente transitamos se nos haría imposible de tolerar. Pero así también, es ese abismo el que nos hace seguir adelante, no dejarnos vencer y superar todo lo que nos ocurre, por difícil o imposible que pueda parecer.

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Imagen: Joey Yu.

Es cierto, las utopías pueden estar en aparente retirada, puede que muchos piensen que la era del pragmatismo se ha instalado por sobre nuestras vidas, que el “amor romántico” sea una institución demodé y que, en su nombre, se haya abusado o maltratado. Pero, al mismo tiempo, hay algo que subyace en nuestros inconscientes y en nuestro ADN psíquico más profundo: nuestra enorme necesidad de sentirnos menos solos en el universo y en nuestras vidas cotidianas.

El amor responde a lógicas y leyes que tienen un física propia; no hay, afortunadamente, reglas o respuestas universales para esta experiencia. Si la homogeneidad se instalara en nuestro registro afectivo, sería el fin no sólo del amor, sino que muy probablemente del impulso más importante del ser humano: el deseo.

Es verdad, casi no nos quedan utopías y sueños, estamos cansados y descreídos. Pero el deseo, esa fuerza gigantesca, sexual y trascendente al mismo tiempo, es la clave por la que nos seguimos movilizando y buscando, muchas veces sin saber qué y por qué, pero con la certeza de que hay algo que debemos hacer que calce en nuestras vidas, que nos de sentido y pertenencia. Que nos apasione y estabilice, que nos haga mejores personas, que nos permita, a momentos tocar la felicidad.


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Vivir en escuelita o vivir de vacaciones

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Gracias Maite por la inspiración que provocaste en nuestra conversación.

Todas las tradiciones religiosas y espirituales del mundo plantean una explicación con relación a la existencia del ser humano en el mundo. Las respuestas que proponen no son un argumento más, determinan el sentido y la dirección con la cual sus seguidores enfrentan la vida cotidiana.

De las diferentes propuestas se pueden distinguir dos grandes tendencias: una que considera la vida como un proceso de evolución y otra como un espacio de encuentro.

Entender la vida como un proceso de evolución implica considerar todas y cada una de las situaciones de la vida como una prueba a superar, como una habilidad o situación a aprender para tener oportunidad de seguir hacia un nivel superior. Esta situación supone un determinismo previo ajeno a la voluntad de la persona, pues hay algo o alguien que ha decidido que es momento de pasar al nivel correspondiente, o bien, un conocimiento previo de la persona antes de encarnarse que decide cuáles son las situaciones a dominar durante su vida.

Entender la vida como un proceso de evolución es comprender la existencia como escuelita, con la misma presión y exigencia de un programa académico. Es asumir y aceptar las más dramáticas situaciones de la vida como algo necesario o merecido, lo cual no deja de tener un cierto aspecto macabro y cruel.

entender la vida
Imagen: Xuwtong Wang.

Entender la vida como un proceso de evolución es pensar en un menú previamente definido con los tiempos y los platillos determinados por alguien más frente al cual la única opción en todo caso es rechazar el platillo sin que haya un sustituto que lo reemplace.

Comprender la vida como un espacio de encuentro significa abrir la propia existencia para conocer, experimentar y disfrutar cada uno de los momentos que se presentan entre el nacimiento y la muerte. Es aceptar que el devenir se construye por la combinación de múltiples causas y voluntades. Es reconocer que en la vida siempre aparecen situaciones nunca antes experimentadas, algunas de ellas adversas y complicadas. Es descubrir que siempre hay herramientas internas y condiciones externas que permiten superar cualquier evento, por difícil o dramático que sea.

Comprender la vida como un espacio de encuentro es experimentarla con la apertura, el gusto y el asombro de las vacaciones. Donde el espíritu está abierto a la novedad que proporciona lo desconocido y que se desea conocer. Es poner entre paréntesis los prejuicios y acudir a la flexibilidad para adaptarse a cualquier situación que se presente. Es aceptar las contrariedades de la vida con la disposición de encontrarle el mejor ángulo e impedir que rompa la paz y la armonía interna.

Comprender la vida como un espacio de encuentro es pensar en un bufet lleno de platillos, entre los cuales escoger. Es afinar la capacidad de elección para no confundirse con la impresión que da la vista o el primer acercamiento y desarrollar mejores criterios de elección. Es perfeccionar la capacidad de mirar lo más posible antes de elegir para medir el mayor número de variables y evitar decepciones o sorpresas desagradables.

Sea como escuelita o de vacaciones, lo importante es descubrir cuál es la más conveniente para cada quien, en cuál puede desarrollar mejor sus potencialidades, cuál le hace más feliz y mejor persona, con cuál deja un mundo mejor.


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Saber y tiempo

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La noción de posteridad apela a personas y futuro. Por una parte, la posteridad denota al conjunto de personas que vivirá después de cierto tiempo y, por otro, hace referencia a lo que vendrá. 

En general, los seres humanos, en nuestro antropocentrismo, exaltamos nuestra importancia hasta alturas desmesuradas. Es por ello por lo que la conciencia de límite que supone el sabernos mortales nos hace tan bien; saber que somos finitos nos obliga a aprovechar al máximo nuestro tiempo, buscarle sentido a la existencia y pensar siempre con un ojo puesto en el pasado y otro en el futuro. Es cierto, este ejercicio puede hacer que descuídenos el presente, que en verdad es lo único cierto, pero ¿qué es el aquí y el ahora?, de pronto estamos con toda nuestra lucidez en el hoy y un instante después ese mismo momento no es más que pasado.

Es interesante lo que produce la noción de tiempo en nuestra especie. Le damos una dimensión, unidad de medida, intentamos asirlo, pausarlo o incluso congelarlo, pero no podemos, él siempre gana. Camina más rápido que nosotros, no se detiene y, por tanto, no tiene fin y, tal vez, tampoco comienzo. En el sentido en que nosotros entendemos nacimiento y muerte, el tiempo responde a una lógica distinta, irritante y absurda, dolorosa, deslumbrante, fugaz y eterna.

ilogica del tiempo
Imagen: Sugarman.

¿Tiene sentido molestarle por darle forma y comprensión a un fenómeno en permanente movimiento y transformación?, absolutamente, el conocimiento teórico explica el devenir y éste le abre las puertas al asombro y, por tanto, a la creatividad, es decir a la mejor faceta del ser humano.   

Saber y tiempo, ambos infinitos, ambos actuando como remolinos o laberintos por los que transitamos, y en los que, inevitablemente, nos diluimos. El dejar de ser, más que una tragedia constituye una oportunidad para hacernos responsables y asumirnos parte de una cadena, de una lógica que nos excede, pero que también nos hermana, en nuestra fragilidad e ignorancia, y de la misma manera en nuestra ambición y triunfo. 

La transformación que recorre el planeta, desde el cambio climático a la política contingente, de la que somos testigos, protagonistas, víctimas y victimarios, abre un abismo de dudas e incertidumbres. ¿Cuándo terminará todo esto? (tiempo), ¿cómo hacemos para vivir de una forma tan disímil a la que conocíamos? (saber). Un cúmulo de preguntas se apila frente a nosotros mientras vamos transitando día a día, momento a momento, por el filamento histórico en que nos encontramos hoy, siete mil ochocientos millones de cerebros y corazones que piensan y laten buscando respuestas.


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El beso de la Tosca

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Esa tarde no debía haber estado en el Palacio de Bellas Artes. Tenía una reunión con los miembros de la revista en Coyoacán y no me daba tiempo para cubrir ambos compromisos. No obstante, quiso el destino que los jefes del güero no se fueran a Valle de Bravo en esa ocasión, por lo que tuvimos que cambiar de sede y hora. Nos reuniríamos a la 1:00 p.m. en casa de Toñito y, tras leer los textos  para el siguiente número y proponer algunos cambios, nos quedaríamos a comer, para luego echarnos unos tragos quien quisiera. Sin embargo, esa tarde la cosa sería suave, ya que al día siguiente había que trabajar e ir a clase. El caso es que nuestro nuevo punto de encuentro estaba en un sitio estratégico; a unos cuantos pasos del Monumento a la Revolución y a dos paradas de metro de la ópera. Además, la representación iniciaba a las 5:00 p.m., por lo que, tras comer y echarme una cuba, emprendería mis pasos para reunirme con mi novia. Por supuesto, el plan teórico se fue al garete por la impuntualidad de mis compañeros. El más tempranero llegó a la 1:00 y media, y no fue sino hasta las 2:00 que tuvimos quórum. Incluso, Alma, que se presentó a las 2:15, dijo sorprendida “¡Ay!, qué pronto llegaron todos”, pues creía que el encuentro era a las dos de la tarde. 

No fue sino hasta las cuatro y media que terminamos de leer los textos. Rechacé quedarme a comer y salí corriendo en busca de un taxi que surgió rodeado de en medio de dos peseras, como profeta divino abriendo las aguas del mar Rojo. A la chingada, ya no había comido ni chupado. Ésas eran las vicisitudes del noviazgo y del buen gusto musical. Al final de la obra me tomaría algo en la cafetería. Como el viernes anterior había cobrado la quincena, me sentía poderoso, aunque sabía que a finales de mes tendría que ajustarme el cinturón cuando no vendía algunos tomos de la casa de mis abuelos a algún librero de viejo. Una vez que ellos habían vuelto a La Paz, me había quedado solo en el “depa” y dueño de todo lo que hubiera dentro, que no era mucho. Diana y yo nos encontramos a la entrada del Palacio de correos, como solíamos hacer siempre para evitar el bullicio en Bellas Artes.

palacio de bellas artes
Imagen: Thomas Kelner.

La obra avanzó sin pena ni gloria hasta el momento en que Cavaradossi recibe la confirmación de su sentencia de muerte en carta debidamente sellada. Mis tripas empezaban a rugir, pero tenía que aguantar el tipo y simular interés. En algún momento, se me escapó un bostezo, pero estoy seguro de que ella no se percató. Imitando a Plácido Domingo en la grabación hecha en Sant Angelo; mejor que la interpretación actoral de Pavarotti que parecía haber visto la derrota de su equipo de futbol al recibir la noticia, el tenor avanzó unos pasos absorto en el único pensamiento de su cercana muerte. Se podía leer en su cara su consternación ante la cercanía de su ejecución, así como cierta incredulidad. Empezó a sonar entonces esa melodía dulce y triste en la que el protagonista recuerda cómo conoció a su amada.

Cuando se aprestaba el tenor a cantar la famosa aria E lucevan le stelle, la tierra empezó a temblar. Diana y yo nos encontrábamos en el gallinero. Era lo más que nos podíamos permitir. En aquel entonces éramos estudiantes pobres y gracias al carnet de maestra de la tía de mi antigua novia podíamos ir un par de domingos al mes a la ópera. Ambos supimos, desde el primer momento, que nunca llegaríamos a salir en caso de derrumbamiento. Por eso, a diferencia de los espectadores histéricos que corrieron a las escaleras, en un absurdo intento de bajar 5 pisos en 30 segundos, nosotros nos quedamos sentados oyendo el lamento de Cavaradossi. Quizá la única forma en que supimos comunicarnos en ese momento fue dándonos la mano e intercambiando un beso de amor y miedo. Nunca me sentí más unido a ella. Nos habíamos quedado tan solos que, por un momento, vislumbré la idea de hacer nuestro contacto más íntimo. Iba empezar mi ataque, cuando ella me dijo sorprendida:

—Escucha. Siguen tocando.

Tosca, Opera

Eso fue lo que más nos impresionó aquella tarde dominical. Pese al temblor y el movimiento de los espectadores, la orquesta siguió tocando. Y, no sólo la orquesta. En ese momento, Cavaradossi entonaba emocionado “l’ora è fuggita e io muoio disperato”.

Finalmente, el movimiento telúrico cesó, al tiempo que el tenor exhalaba con la voz desgarrada su “nunca he amado tanto a la vida”. Cuando terminó la representación, los espectadores que nos habíamos quedado aplaudimos a rabiar. La emoción era tal que saltábamos pidiendo un bis. Fue entonces que ocurrió lo inesperado. Un foco de la iluminación se cayó yendo a dar directamente a la cabeza del tenor. Ante tal conmoción fuimos inmediatamente desalojados. Mientras íbamos hacia fuera, le dije a Diana: “Al final sí lucieron las estrellas para Cavaradossi, pero no como él pensaba”. No sé si fue el chiste de mal gusto, mi bostezo o la impresión que le produjo a ella saber que el cantante había muerto esa misma tarde. El caso es que, al día siguiente, cuando la telefoneé para quedar, Diana me dijo que habíamos terminado y hasta el día de hoy la echo de menos. 


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Tiempo al tiempo

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¿Por qué venimos a esta vida con tiempo limitado?

Desde temprana edad, cuando ya somos conscientes, sabemos que algún día vamos a morir. Si lo pensamos, cada día que pasa estamos más cerca de morir.

No pedimos nacer, pero igual nacemos y nos encontramos en una realidad en la cual viviremos por un breve periodo de tiempo, y que después de éste, inevitablemente moriremos.

Cuando se nos acaba el tiempo y morimos, ¿es el fin del juego?

De no ser el fin, ¿a dónde vamos después?, ¿esta vez podemos escoger?, ¿depende en algo de cómo nos hayamos comportado?

Y si no decidimos nacer ni tampoco morir, ¿hay algo que decidamos por nosotros?

En el tiempo limitado que tenemos, crecemos, nos reproducimos –si tuvimos “suerte”– y morimos. En el inter de esto, sufrimos accidentes, enfermedades… pérdidas, que tampoco decidimos.

Lo que sí decidimos fue casarnos –cada vez menos de nosotros–, tener hijos –ya sea que hayamos podido o no–, abrir un negocio, estudiar una carrera o un oficio, viajar…

¿Seguro que lo decidimos nosotros?

¿Tiene sentido vivir sabiendo que pronto vamos a morir?


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