tecnología disruptiva

La oficina invertida

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Siempre he trabajado en un esquema “híbrido”: una parte del tiempo en casa y otra en las oficinas de mis clientes. Hace 30 años, cuando empecé a trabajar así, mi situación era privilegiada, ya que muy pocos de mis pares podían hacerlo. También era bastante complicada: comunicarme con mis colegas desde casa era difícil, interactuar con ellos de otras formas era prácticamente imposible. Todavía recuerdo mis primeras incursiones en internet: esos largos segundos escuchando los pitidos del módem, deseoso de que ahora sí se diera el milagro de la conexión.

Hoy, la situación es muy diferente. La tecnología nos permite interactuar a distancia de formas mucho más diversas y eficaces; cada vez son más las actividades que podemos hacer desde casa y el espacio virtual nos es más familiar cada día. La pandemia aceleró la adopción del teletrabajo y mostró su factibilidad y sus beneficios. Al parecer, esta situación es en cierto grado irreversible: si bien las oficinas tendrán todavía un lugar, éste sólo será una parte de nuestro espacio de trabajo.

imaginacion oficina
Imagen: Sara Vilas.

Esta perspectiva plantea la pregunta de cuáles actividades deberíamos hacer en casa y cuáles en la oficina, es decir, para qué si vale la pena reunirnos en un mismo momento y lugar. Un modelo tomado del mundo de la educación que puede ayudarnos a construir una buena respuesta es el del Aula invertida (Flipped Classroom). Éste propone invertir (intercambiar) las funciones pedagógicas del aula y del trabajo en casa (la “tarea”). Responde a la evolución tecnológica que permitió documentar el conocimiento de maestros, maestras y especialistas en medios digitales, sobre todo videos, que los alumnos pueden ver en casa. 

Los alumnos solíamos ir a clases para “recibir” la información y el conocimiento que las maestras y los maestros “vertían” en nuestras mentes a través de sus exposiciones. Hoy existen plataformas con recursos abundantes, acerca de cualquier materia, con los que podemos sustituir estas exposiciones (un buen ejemplo es Kahn Academy:). Si podemos recibir el conocimiento en casa (“de tarea”), ¿para qué querríamos ir al salón de clases? La respuesta es: para practicar con esos conocimientos, para resolver problemas, para comentar y debatir y, sobre todo, para colaborar con nuestros pares. Actividades de aprendizaje fundamentales que antes nos dejaban de tarea o que, de plano, no hacíamos. 

De la misma manera, la oficina invertida dejaría para la casa todas las actividades de baja interacción. Por ejemplo, ver presentaciones, consultar informes, participar en juntas informativas, registrar información, colaborar sobre documentos o tener conversaciones sencillas. La oficina sería entonces el espacio para las conversaciones complejas, de alta interacción, que necesitan de la energía, la espontaneidad y la magia que sólo surgen del contacto en vivo.

oficina invertida
Imagen Ka Lee.

Se me ocurren tres razones para ir a una oficina: 

Conectar con las personas. Somos seres sociales. Las conexiones interpersonales son el tejido de la organización. Los encuentros en Zoom no pueden replicar la intensidad y la calidad de la conversación que sucede acompañada de un buen café o una comida agradable.
∙ Colaborar informalmente. ¿Cuántas conversaciones espontáneas disparan intercambios relevantes para la organización? El pasillo y los espacios de café son indispensables para relajarnos un momento e intercambiar ideas que pueden llegar a crear grandes proyectos. 
∙ Cambiar de espacio. Pasar todo el tiempo en el mismo espacio y con las mismas personas puede llegar a ser difícil. Salir a la oficina, estar unas horas en otro espacio, frente a otras caras, puede ayudar. 

Aquí me surge otra pregunta: ¿cómo deben ser los espacios, reales y virtuales, de la oficina y de la casa para liberar todo el potencial de la oficina invertida? Las cadenas interminables de videoconferencias, con mala calidad de conexión y peor calidad de interacción, no son la respuesta. Otras experiencias del entorno educativo pueden ser útiles también para responder a esta pregunta. Por ejemplo, la ludificación (me resisto a decir “gamificación”, aunque ésa es la palabra más común), puede aportar mucho al diseño de la parte virtual de la oficina invertida. Dejo este tema para otra ocasión. 


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Ciberseguridad: de la pantalla a nuestras manos

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El término Ciberseguridad, muy frecuentemente, nos remite a las actividades que desarrollan las grandes organizaciones, empresas o instituciones en relación con Internet, el ciberespacio o la World Wide Web. Con este término vienen a nuestro pensamiento la administración de recursos financieros, la organización de procesos de trabajo en donde intervienen cientos o miles de personas y no es raro que recordemos la imagen de grandes servidores que almacenan información estratégica de gran valor. Con la palabra Ciberseguridad tendemos a pensar en protección de bases de datos gigantescos como un padrón electoral, los registros de cuentahabientes de un banco, el movimiento de acciones en la Bolsa de Valores. Y ciertamente, a esta percepción no le falta realidad. Cada día, las inversiones en seguridad informática aumentan alrededor del mundo y las agencias de consultoría e instrumentación de soluciones de seguridad cibernética presentan nuevos y más fortalecidos sistemas para prevenir ataques de hackers, espionaje industrial, extorsiones o robos de capital. Al mismo tiempo, la instrumentación de protocolos para prevenir o enfrentar una emergencia de ciberseguridad, ocupa grandes espacios en la planeación y dirección de proyectos corporativos.

A nivel mundial, iniciativas como el Convenio de Budapest –en vigor desde 2004–, son referencia para la atención de delitos informáticos, armonizar las normativas de cada país para facilitar la cooperación internacional y propiciar la actuación jurídica de las naciones ante este problema.

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Imagen: Bits Grafía.

Organismos multilaterales han publicado estudios y métricas para impulsar el desarrollo de las mejores prácticas de ciberseguridad en todo el mundo. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por ejemplo, recientemente ha dado a conocer su estudio Ciberseguridad, riesgos y avances y el camino a seguir en América Latina y el Caribe, en el cual presenta un comparativo de las naciones en el área con indicadores que dan cuenta de qué tanto se ha hecho para minimizar las amenazas informáticas.

Definida por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en su Recomendación UIT–T X.1205, la Ciberseguridad ha sido conceptualizada como:

El conjunto de herramientas, políticas, conceptos de seguridad, salvaguardas de seguridad, directrices, métodos de gestión de riesgos, acciones, formación, prácticas idóneas, seguros y tecnologías que pueden utilizarse para proteger los activos de la organización y los usuarios en el ciberentorno. Los activos de la organización y los usuarios son los dispositivos informáticos conectados, los usuarios, los servicios/aplicaciones, los sistemas de comunicaciones, las comunicaciones multimedios, y la totalidad de la información transmitida y/o almacenada en el ciberentorno.

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Imagen: Fabián Rivas.

En nuestros días, con el acceso multiplicado a Internet no sólo las organizaciones, empresas e instituciones están expuestas a eventos en los que la seguridad informática pueda estar en riesgo. En lo individual, cada persona que utiliza una computadora para navegar en el ciberespacio o un smartphone con acceso a Internet habría de pensar en sus propias prácticas de ciberseguridad. Si aterrizamos la definición de la UIT al entorno de cada usuario, nos damos cuenta de la importancia de reflexionar, y actuar, sobre la manera en que cada cual administra, comparte y salvaguarda su información. Analizar qué plataformas utilizamos, cuáles son las medidas de seguridad que tomamos o cómo resguardamos nuestros datos personales son, cada vez más, elementos de una formación digital, que por ahora, las escuelas no están atendiendo.

El punto de partida de la Ciberseguridad está en las manos y en las pantallas de cada persona. Sucumbir a la gratuidad y a la novedad de todas las aplicaciones que nos ofrecen, suponer que cualquier intercambio en la red es igual a amistad o que ser acreedores a premios es práctica común en la WWW son apenas ejemplos de la necesidad de una formación en Alfabetización Mediática e Informacional a todos los niveles para realizar tránsitos seguros y hacer frente, por ejemplo, a extorsiones, acoso, discriminación o violencia con herramientas y habilidades que correspondan al nivel de complejidad y convergencia tecnológica y cultural que nos ha tocado vivir.


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“El Puma” celebra 40 años de investigación oceanográfica

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En el año de 1980, el entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Guillermo Soberón, abanderó el buque que fue a escudriñar los océanos, mares y costas de nuestro país. Con ello, el entonces Centro de Ciencias del Mar y Limnología entró en una nueva era en la búsqueda de mayores conocimientos que aportaran beneficios a la ciencia y a la sociedad mexicana.

Hoy, la casa universitaria celebra 40 años de haberse hecho a la mar con su primer buque oceanográfico: El Puma, cuya intensa actividad se refleja en las más de 700 mil millas náuticas recorridas –equivalentes a 1.2 millones de kilómetros terrestres– y en las 374 campañas de investigación en las cuales han participado más de siete mil académicos y estudiantes.

El actual rector Enrique Graue Wiechers, abrió con esta celebración el seminario “Perspectivas de Ciencias del Mar. Cuarenta Aniversario del Buque Oceanográfico ‘El Puma‘”.

“Hoy celebramos la oportunidad de escuchar un recuento de sus logros en asuntos estratégicos para nuestro país, tales como: corrientes y nutrientes marítimas, fauna marina, pesquerías, subsuelo marítimo, litorales, sismología, energía, medio ambiente y cambio climático”, celebró el rector de la UNAM.

Con este buque de investigación, la Universidad contribuye en ofrecer conocimiento necesario sobre las condiciones en que se encuentran las costas y mares mexicanas, así como los recursos y su relación con el cambio climático. También, a nivel regional y global, el Coordinador de la Investigación Científica de la Universidad, William Lee Alardín, aseguró que el buque aporta en la mejora de las estrategias y políticas energéticas y ambientales.

“En tiempos en que la ciencia se cuestiona, y que a veces se le contradice, en los que se le escatiman recursos, ser testigos de esta aventura del saber, es el mejor homenaje que se le puede hacer a la Universidad, que siempre está a la vanguardia de la investigación y del conocimiento. Es el mejor testimonio que pueden dar los universitarios”, agregó el presidente del Consejo Directivo de la Fundación UNAM, Dionisio Meade.

Científicamente redituable

A principios de los años 90, El Puma tenía más de 10 años en México, y ya contaba con 100 campañas oceanográficas, 30 artículos científicos y aproximadamente 39 tesis de grado. Una década después esas cifras alcanzaron las 196 campañas, 54 artículos científicos publicados y 64 tesis de grado; en 2005 pasaron a 295, 111 y 112, respectivamente.

Según declaraciones de Carlos Jorge Robinson Mendoza, director del ICMyL, los resultados indican que un buque oceanográfico como El Puma es científicamente redituable, toda vez que genera ciencia la cual “nos lleva a ser líderes en la investigación oceanográfica en México”.

La idea de adquirir un buque oceanográfico para la Universidad, con el objetivo de investigar y preservar los recursos de México en su zona económica exclusiva –que se extiende a aproximadamente 370 kilómetros a partir de la línea de costa, es decir, más de 3.5 millones de kilómetros cuadrados– fue una excelente idea. “Sólo con un buque con la capacidad de El Puma, se podía cumplir con esa responsabilidad”, precisó.

La implementación de un proyecto de recopilación de información y datos para saber todo lo que ha pasado en términos científicos, publicaciones, formación de recursos humanos, entre otros tópicos, en torno a los dos buques oceanográficos con que cuenta esta casa de estudios.


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Más justo, más sano, más ecológico, más digital: asomo de futuro

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La hora del pensamiento social ha llegado. Todo asomo de futuro, aun en plena pandemia, o justamente por ello, no hace sino confirmarlo: el futuro ha de ser social, o no será.

El mundo se alista, de modo inevitable, a enfrentar un desafío mayor. La irrupción de la pandemia ha roto toda la línea de continuidad. Supone, se quiera o no, el diseño, análisis y construcción de una nueva ruta; un nuevo tiempo.

Reparar lo que fue, no será suficiente, eso está claro. Es el futuro lo que está por edificarse; ahora sí, de modo inequívoco.

Si ya desde antes del flagelo que ha representado el COVID-19, el planeta debía encarar la honda transformación que el arribo de lo digital supone, tal desafío se torna aún más complejo en el marco de una triple crisis: de salud, económica y medio ambiental.

Toda acción que se emprenda sea cual sea el sitio del planeta donde se lleve a cabo, ha de estar atravesada, pues, por esta circunstancia de triple y entreverado cariz.

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Imagen: TyN Magazine.

Justicia, salud, ecología y transformación digital se entrelazan para formar, al lado de la igualdad de género, la diversidad, la defensa de las libertades fundamentales y la democracia, en un mosaico cuya cohesión es la reivindicación de una visión social integral de esta realidad compleja.

Hace unos días apenas, la Comisión Europea ha presentado la comunicación que, resumido en seis grandes desafíos, plantea lo que a juicio de este órgano consultivo deben ser los ejes del Programa de trabajo 2021 para la Unión Europea (UE).

(1) El pacto verde, (2) la adaptabilidad al mundo digital, (3) una economía al servicio de las personas, (4) el fortalecimiento del papel europeo en el orden internacional como polo de libertades, (5) el acoplamiento para una vida integrada, sana y capaz de reconocer y valorar la diferencia, y, finalmente, (6) la defensa a ultranza de la democracia, constituyen, palabras más, palabras menos, el horizonte sobre el que la Comisión Europea, visualiza el año uno de la era Post-COVID-19.

La reducción de hasta el 55% de las emisiones de carbono, asociadas fuertemente al calentamiento global, hasta lograr que sea equiparables a las que había en 1990, es el principal objetivo por alcanzar por parte de la UE antes del 2030.

Movilidad inteligente, economía circular, gestión de los diferentes tipos y excesivos volúmenes de los desechos, el desarrollo de una estrategia de bioeconomía que impacte sobre agricultura y ganadería, y, en general, una estrategia sustentada en la preservación de la biodiversidad, forman parte del compromiso que entraña el pacto verde.

pacto verde
Imagen: European Commission.

Al tiempo que, sin dudarlo, la UE ha calificado a los años que vienen como la década digital. Se trata, se plantea, de asegurar el éxito de la transformación digital y la adaptabilidad en todos los órdenes a este nuevo entorno.

Asegurar el resguardo de los derechos y las libertades de los ciudadanos, su identidad, el intercambio de datos, las condiciones en que los servicios y productos son ofrecidos, marcan la traza de un tipo de regulación más allá de la mera competencia.

Ciertos de que este cometido, en tanto responsabilidad pública, no puede atañer sino al Estado, el afán se plantea de la siguiente manera:

“La Comisión continuará su revisión en curso de las reglas de competencia para asegurarse de que sean adecuadas para el entorno cambiante del mercado, incluida la digitalización acelerada de la economía. También actualizaremos nuestra nueva estrategia industrial para Europa para tener en cuenta los impactos del COVID-19, el contexto competitivo global y la aceleración de la doble transición verde y digital.

“Para garantizar condiciones de trabajo dignas, transparentes y predecibles, una propuesta legislativa para mejorar las condiciones laborales de las personas que prestan servicios a través de plataformas será presentado con miras a garantizar condiciones de trabajo justas y una protección social adecuada”.

europa digital
Imagen: Europeum.

Un marco más amplio que garantice los derechos sociales, proscriba efectivamente el trabajo realizado por niños, afiance la seguridad social, garantice condiciones de salud y seguridad en los centros laborales, constituyen los ejes de lo que se concibe como un plan de acción para una economía social.

Tres desafíos relacionados con el rol de la UE en el mundo completan la hoja de ruta que se ha presentado: (1) El fortalecimiento de Europa como un actor con incidencia mundial; (2) la promoción de los valores y libertades sobre los que se ha edificado lo europeo; y, finalmente, (3) el resguardo de la democracia.

A la sombra, asoman, sin embargo, los nuevos autoritarismos conculcadores de libertades, las previsibles nuevas olas de enfermedades de rápida propagación, la fragilidad reiterada del sistema económico, las desigualdades y los desplazamientos humanos, el deterioro ambiental creciente y su flagelo sobre los más débiles.

Las acechanzas no son menores. Nunca, sin embargo, la oportunidad de colocar la inmensa deuda social ha sido mayor.

Reparar lo que fue, no será suficiente, eso está claro.

Una economía social que abra la oportunidad a una sociedad más justa, más sana, más ecológica, más digital, está ahí, en el viso de futuro al que, justo en el vórtice de la pandemia, estamos obligados todos.

Todos.


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Días de innovación: una transformación digital inclusiva y centrada en el ser humano

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Se llama Mariya Gabriel. Nació en Bulgaria. Desde el 1 de diciembre de 2019 es la comisaria de Innovación, Investigación, Cultura, Educación y Juventud, de la Comisión Europea. Tenía 10 años cuando cayó el Muro de Berlín.

A Gabriel ha correspondido la organización, en condiciones radicalmente distintas una de otra, de las dos ediciones llevadas a cabo hasta ahora de un evento ambicioso y de amplio espectro: The European Research & Innovation Days.

Hace unos días apenas, del 22 al 24 de septiembre, en condiciones absolutamente inéditas, se ha llevado a cabo por segunda vez esta iniciativa que busca conjuntar los alcances del conocimiento aplicado con las necesidades que marcan el trazo de un horizonte de futuro.

En esa dirección, al inaugurar la segunda edición de The European Research & Innovation Days, Gabriel subrayaba que se trata no sólo de ciencia, sino de hacer a nuestras sociedades más inclusivas, más comprometidas con el medio ambiente, más resilentes.

La generación de conocimiento, su aplicación, el desarrollo de nuevas tecnologías debe apuntar a buscar el equilibrio entre el desarrollo personal y el general, entre el desarrollo y el entorno natural del planeta.

Mariya Ivanova Gabriel
Mariya Ivanova Gabriel, política búlgara de Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (Imagen: EPP Group).

Así, bajo el signo de la crisis ambiental y la emergencia sanitaria, The European Research & Innovation Days, vino a reiterar una verdad que no por sabida, no debe ser remarcada tanto como sea posible: nada podrá hacerse como antes, nada es ya como antes.

Marcado, pues, de modo indeleble por la amenaza del Coronavirus, sacudido por los estragos económicos de las medidas paliativas, el evento insignia de la Comisión Europea en materia de Investigación e innovación, lejos de abandonar temas precedentes, pareciera caminar hacia su reforzamiento.

 El Pacto Verde (The Green Deal), en sentido, sigue siendo para el entorno europeo la parte central de su ruta de navegación.

Ciertamente, se han desplazado hacia el centro de esta hoja de ruta, temas que estaba ahí de modo latente, y que hoy son inaplazables: el teletrabajo y la teleeducación, por mencionar dos.

A la par del Green Deal, Europa tiene claro que la sociedad digital ha de avanzar de modo más rápido, justo e inclusivo hacia ese nuevo estadío.

Lo digital, es claro, para la UE no se refiere sólo al acceso de ciertas tecnologías para algunos, sino de construir una base que apuntale las nociones de ciudadanía, tolerancia, equidad, entre algunas de ellas.

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Imagen: Feed Navegator.

Como presentes han estado, también, de modo transversal, a lo largo de estos dos días de sesiones virtuales, los elementos y desafíos que conforman los Objetivos del Desarrollo sustentable (ODS), que impulsa la Organizaciones de las Naciones Unidas desde hace un par de años.

Ya antes de su inicio los I&R Days, por su nombre abreviado, anunciaban su convicción de que Europa debe encabezar “una transformación digital inclusiva y centrada en el ser humano”.

Para luego asentar que “la digitalización puede permitir el empoderamiento generalizado de los ciudadanos, ayudar a desarrollar nuevos conjuntos de habilidades para adaptarse a las necesidades laborales futuras y luchar contra la desinformación y los prejuicios étnicos y de género”.

La convicción europea es que la digitalización, como ellos llaman a esta enorme transformación en cuanto ámbito de la vida social existe, “impulsa la innovación en todo, desde la infraestructura y las redes hasta la conservación del patrimonio cultural”.

“La tecnología digital también es clave para garantizar que Europa cumpla sus compromisos en materia de medio ambiente, clima y sostenibilidad”.

Y aún más, se dice, de cara a la crisis sanitaria y a su resolución en un marco de fortalecimiento de las sociedades democráticas.

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Imagen: Financial Times.

“Protege y promueve los valores y procesos democráticos e impulsa la revolución de los datos en el corazón de los descubrimientos científicos innovadores, como durante la crisis del Covid-19”.

Ha sido ésta, la pandemia, desde luego, una de las grandes protagonistas del encuentro. El uso de la Inteligencia Artificial y la telemedicina se discutieron no como hechos por venir sino como realidades de hoy.

Del mismo modo que el manejo de datos personales se ha entrecruzado, en los debates suscitados, con la imprescindible edificación de una ética del tiempo digital.

Pero no sólo ello, cómo mitigar los sesgos por género o etnicidad, cómo instrumentar los nuevos entornos laborales robotizados sin que amenacen lo humano, cómo transitar hacia las nuevas habilidades que se requieren para los nuevos tiempos, han sido algunos de los tópicos sobre los que han girado los debates en el ámbito de la sociedad digital.

Al final de estos tres días intensos, los resultados son alentadores. Más de 35 mil participantes de 188 países. Mucho más allá del propio ámbito europeo. 146 sesiones de discusión, reflexión y llamado a tomar acciones.

La pequeña niña búlgara de diez años que miraba derrumbarse el Muro en Berlín, y con él un mundo, al cabo de muy pocos años, le ha tocado en suerte convertirse en una de las grandes promotoras de la edificación impostergable de las bases de una nueva era. Todo ha sido muy rápido.

Lo será aún más.


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BIPO, la herramienta mexicana para un desarrollo sustentable

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Equipado con la más alta tecnología, México cuenta con una herramienta que le permite desarrollar líneas de investigación en materia de acústica-pesquera, batimetría y oceanografía, entre otras.

Dotado de las mejores técnicas de pesca de profundidad y con un equipo científico de última generación, el Buque de Investigación Pesquera y Oceanográfica “Dr. Jorge Carranza Fraser” averigua la biomasa de ciertas especies de profundidad que existen en la zona económica exclusiva del país y con esto pretende abrir un campo de aprovechamiento a empresas y empleo dentro del sector.

Construido por el Astillero Armón en España, el buque cuenta con laboratorios y áreas de tecnología de captura equipados con instrumental necesario para llevar a cabo investigaciones oceanográficas que permiten el análisis de la biomasa y distribución de especies como el camarón, sardina, anchoveta, calamar gigante, langostillas, entre otras, alcanzando profundidades de 8 mil metros y examinar por debajo de 200 metros del subsuelo marino.

En entrevista exclusiva con El Semanario, el Dr. Pablo Arenas Fuentes, Director General del Instituto Nacional de Pesca y Acuacultura, sostiene que las investigaciones no sólo se limitan al sector pesquero, la versatilidad de esta herramienta cubre varios campos de la industria. En materia de seguridad marítima, en la zona de Campeche se encontraron formaciones de coral muy antiguos, que desde tiempos de la Nao China, su proximidad con la superficie ha causado numerosos naufragios. Esta cadena de arrecifes fue mapeada de manera acústica y con la información recolectada, la Secretaría de Marina realiza los ajustes en las Cartas de Navegación para procurar la seguridad de las embarcaciones.

buque de investigacion
Imagen: INAPESCA.

Cabe mencionar que el Dr. Pablo Arenas Fuentes cuenta con más de 30 años de experiencia nacional e internacional en evaluación y administración de pesquerías, en el que se esfuerza dirigir las investigaciones a favor de la conservación de recursos naturales y en políticas de desarrollo sustentable en pesquerías industriales y ribereñas.

Desde el inicio de sus operaciones en 2015, el Buque de Investigación Dr. Jorge Carranza Fraser ha recorrido 213,000 km (115, 000 millas náuticas) en más de 30 cruceros de investigación para evaluar y mejorar el aprovechamiento de los recursos pesqueros y ecosistemas submarinos en el Golfo de México.

Su campo de acción abarca muchos vectores, por ejemplo, en el año 2017, con la intención de abrir la pesca comercial en la zona petrolera de Campeche (zona restringida a la pesca y a la navegación) el buque recorrió más de 12 mil km del litoral mexicano para estudiar la biomasa y determinar la disponibilidad favorable de recursos pesqueros como el camarón, además de generar información biológico-pesquero y de batimetría sin precedentes.

En el 2019, BIPO realizó una evaluación acústica para estudiar sobre los procesos o factores que pudieran influir en la distribución y abundancia de la sardina circunda en la región sur del Golfo de California. El estudio no sólo confirmó que la especie pelágica menor es de gran importancia por su pesca en grandes volúmenes, sino que además, es una de las especies de pescado más consumidas en México, por lo que su captura representa una enorme fuente generadora de empleos, sosteniendo así a la industria y flota pesquera.

Derivado de la pesca masiva de estas especies, los especialistas del Instituto Nacional de Pesca (INAPESCA) llevan a cabo programas de investigación complementarios de las embarcaciones para desarrollar metodologías en favor del manejo sustentable de estos recursos pesqueros. El método hidroacústico de evaluación que utilizan permite cubrir grandes extensiones marinas y lanza resultados sobre la existencia de la sardina (y otras especies marinas) y los niveles de biomasa con que se cuenta. Todos los informes de investigación están a disposición pública, por lo que puedes consultarlos en el portal de INAPESCA.

buque de investigacion bipo
Imagen: INAPESCA.

Tal como lo explica el Dr. Arenas Fuentes, la preocupación primordial del instituto es la producción y sustentabilidad de alimentos: “A diferencia de lo que ocurre con nuestros primos productores en tierra, no tenemos ningún control sobre las especies marinas, ya que el mar nos da lo que la naturaleza produce. Y lo que nosotros debemos hacer es determinar cuánto hay, dónde está, de qué tamaños y cómo se puede aprovechar mejor”. Continuó el propio Dr. Arenas señalando que “nosotros mismos podemos mejorar los mecanismos de captura optimizando las redes y no sobreexplotando el recurso esperando su próxima reproducción; son este tipo de acciones las que nos permiten que exista una sustentabilidad en el mar”.

Si bien la crisis por la pandemia ha complicado la investigación en su trabajo de campo, los mismos investigadores sortean satisfactoriamente las dificultades presentadas para dar cabal cumplimiento a los compromisos con el sector pesquero y acuícola de México. Si bien es cierto que se ha dado una breve pausa por cuestiones sanitarias, para septiembre de 2020 se propone un crucero de evaluación dentro de las costas de Baja California.

Realizar este tipo de estudios en las áreas naturales protegidas no sólo es importante en materia de productividad y explotación de recursos sustentables, también resulta esencial y necesario debido a su gran diversidad y ubicación geográfica estratégica, ya que puede funcionar como un laboratorio para conocer el impacto sobre las poblaciones marinas como consecuencia del cambio climático.

Ficha técnica del Buque de Investigación “Dr. Jorge Carranza Fraser”

El barco cuenta con seis cubiertas en las cuales se encuentran distribuidos los equipos de propulsión (maquinas), científicos (laboratorios) y de navegación (puente de mando). Para la investigación pesquera y oceanográfica, se cuenta con cinco laboratorios y un área de tecnología de captura equipados con instrumental y equipo de alta tecnología: Hidroacústica, Biología marina y pesquera, Húmedo, Multipropósito y Centro de Computo.

infografia buque de investigacion

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En tiempos digitales, los caminos son a la medida

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Una de las condiciones que a este tiempo les es propia, como la que más, es la complejidad.

No se trata solamente de que la cantidad de variables haya aumentado, o el tiempo para diseñar soluciones a problemáticas múltiples se haya acortado dramáticamente.

Tampoco es sólo una cuestión relacionada con el impacto que una decisión local puede desencadenar en un horizonte muy amplio de ámbitos.

Es todo eso, y más.

Ligada a la lucidez del pensador francés Edgar Morin, la noción de lo complejo se acuñó, en cierta medida, de modo premonitorio.

Vivo, y vigente, Morin trazó una forma de concebir la realidad que no tardó en cumplirse cabalmente y ser representada por esa metáfora-descripción que es hablar de la “sociedad en red”.

El tino del francés no está por demás decirlo, deviene de modo fundamental en su capacidad para visualizar en los caminos de las ciencias exactas/duras/empíricas, como se les quiera llamar, una forma de dimensionar la estructura de los problemas y los cambios sociales y culturales.

edgar morin
Edgar Morin, sociólogo y filósofo francés.

La aspiración de Morin, en esa medida, no es configurar una dicotomía que borre de un plumazo todo atisbo de lo que pudiera ser calificado como pensamiento de la simplificación.

Lo interesante del modo en que Morin invita a construir diálogos con lo real desde lo complejo, es justamente su llamado a evitar la tentación de nulificar la simplicidad.

Pensamiento multidimensional, en el horizonte de Morin, equivale a su noción de lo complejo. En cuyo centro, por decirlo de alguna manera, se encuentra la interconectividad de los elementos que componen los fenómenos.

 De ahí que, habiendo abrevado de las ciencias exactas, y regresando a ellas, en lo que hoy visualizamos como ciencias de lo complejo, no sea difícil encontrar la huella de este pensador contemporáneo imprescindible.

Desde este punto de mira, destaca el esfuerzo que desde hace algún tiempo hacen Alfredo J. Morales (@ajmoralesguzman) y José R. Nicolás-Carlock (@jrncarlock); venezolano, el primero, mexicano, el segundo.

Ambos responsables de Redes y sistemas complejos en español (@redcompleja), cuenta de twitter, enfocada en el sitio prominente que en todos los ámbitos juegan estos dos conceptos.

Basta asomarse a los términos que Morales Guzmán pone en diálogo: data, estoicismo, Inteligencia Artificial, poesía, para darse una idea clara de la impronta que le anima.

pensamiento digital red compleja
Imagen: Freepik.

No menos sucede cuando se revisa el perfil de Nicolás-Carlock, embarcado en una aventura posdoctoral, que pone a dialogar las matemáticas con el horizonte jurídico vinculado al delito.

Más interesante aún es recorrer el hilo de sus publicaciones. Entre las que extraigo sólo algunas de las más recientes.

“Los sistemas complejos proveen un marco para entender el efecto de las relaciones sociales. Pero estas relaciones involucran complejidad psicológica. Cada línea que conecta nodos en una red contiene propósito, motivación, recompensa. Por ende la interdisciplinariedad es clave”.

Dicen en otro momento, sin decir y diciendo en un marco abierto de referentes y referencialidades:

“Al querer controlar un sistema complejo se reduce su descripción a variables administrables. Al hacerlo se eliminan cositas y relaciones que eran fundamentales para su funcionamiento y se genera declive. Ocurre cuando explotan bosques, diseñan ciudades modernas o totalitarismos”.

Dos ejemplos más del tipo de reflexiones al que apunta @redcompleja:

Modelar un sistema complejo no debería predecir un comportamiento exacto pues depende mucho del contexto y cosas no observadas. El modelo en cambio sirve para poner a prueba las premisas y encontrar el comportamiento irreducible de ciertas formas de interacción”.

Para en otro momento llamar la atención esos falsos dilemas, heredados de la irreductibilidad de lo dicotómico, y que bajo la égida de lo complejo adquieren otro cariz.

red compleja
Imagen: Gabriel Silveira.

Centralización y federación no deben verse como elementos contrapuestos sino complementarios. La primera ayuda a la rapidez y eficiencia cuando la complejidad es baja. La federación mejora la diversidad, robustez y efectividad cuando la complejidad es alta. Hay que incluir ambos.

El espacio de difusión, diálogo e intercambio que constituye @redcompleja, es un claro ejemplo de cómo lo complejo se expresa en una visión transversal, abierta e interconectada de la realidad circundante.

Su valía reside, pues, no sólo en extender de que el mundo ha transitado a estar configurado en redes y sistemas complejos, por más que se mantengan, cual reductos del mundo anterior, expresiones del tiempo precedente.

Como de alta estima resulta su insistencia en que parte de esa complejidad inherente al presente implica reconocer que si algo ha puesto de manifiesto la encrucijada actual, es que los caminos generales, las recetas a todos aplicables, carecen hoy de viabilidad y sentido.

Lo complejo se mira en este tiempo en el espejo de la capacidad, en todos los terrenos, para idear senderos propios, diseños que correspondan a cada circunstancia.

El reto para cada entidad, privada, pública, social o nacional descansa, así, en la imaginación y audacia para diseñar e implementar caminos acordes a cada entorno.

Heterogéneas son las realidades y sus componentes; no menos habrá de ser la forma de encararlas.

No menos.


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COVID-19 aceleró el uso de robots

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El uso de robots en los procesos de producción y en una serie de servicios iba al alza desde mucho antes de la aparición del COVID-19, como es de amplio conocimiento y se esperaba que la tendencia sólo se profundizara. En un estudio de 2017 de McKinsey, estimaba que la mitad de los trabajadores en Estados Unidos eran reemplazables por la automatización y los robots (y en México esta proporción era similar según la misma fuente).

La actual pandemia ha estado acelerando enormemente la incorporación de robots y la automatización en muy diversas labores. El hecho de que estas máquinas no estén expuestas al contagio y, por tanto, no necesiten hacer cuarentena ni mantener distanciamiento preventivo los hace muy atractivos en estos momentos. Ello sumado a las ventajas que ya ostentaban antes de la pandemia: la posibilidad de programarlos y supervisarlos digitalmente, de autocorregirse, de tener una alta productividad, además de poder trabajar 24 horas sin descanso ni vacaciones, de no requerir el pago de seguro social y todo ello facilitado por el hecho de que su costo se había reducido considerablemente. A lo anterior hay que agregar que con el uso de inteligencia artificial los robots han ampliado mucho sus posibilidades, por ejemplo, para realizar un aprendizaje profundo, con lo cual sus funciones se multiplican (reconocimiento facial, diagnósticos médicos, etcétera.).

En estos momentos de pandemia, los robots están realizando labores esenciales y al mismo tiempo de alto riesgo como la limpieza en los hospitales, tomar la temperatura de personas (a tres metros de distancia), así como la presión sanguínea y la saturación de oxígeno de los pacientes. Los robots UVD, desarrollados por los daneses desde 2014 (que desinfectan con luz ultravioleta y eliminan 99.99 de los virus, bacterias y hongos), han tenido una alta demanda internacionalmente en este período (NYT y BBC). En México el Instituto Politécnico Nacional (IPN) también está desarrollando un robot similar a los descritos que desinfectará con luz ultravioleta hospitales de México. De igual modo existen robots y drones para llevar muestras potencialmente infecciosas de pacientes a los laboratorios, evitando el contacto directo.

robots en covid
Fotografía: Energía Hoy.

Los nuevos robots que se están incorporando aceleradamente a algunas funciones en la emergencia actual seguramente serán conservados en forma permanente especialmente si se trata de los que ayudan a la desinfección. Si consideramos que antes de esta pandemia había numerosas muertes ocasionadas por infecciones contraidas por pacientes en los propios hospitales y que el problema de higiene se vuelve agudo en una pandemia, el contar con un mucho mejor instrumento para desinfectar los nosocomios será un incentivo para mantener la práctica de limpieza con robots en forma permanente. La probabilidad se refuerza, considerando que el COVID-19 es una de tres pandemias de coronavirus experimentada en los últimos 20 años (siendo las otras dos SARS y MERs) y que hay perspectivas de que estos episodios reaparezcan en el futuro. Con esto en mente y viéndose profundamente perjudicados a raíz de la paralización de sus actividades por el posible contagio, o porque la aglomeración de personas que en algunos lugares es inevitable, muchos otros establecimientos, además de los hospitales, están incorporando este tipo de robots para asegurar un medio más saludable como es el caso de aeropuertos, hoteles, prisiones, entre otros (NYT).

El uso de los robots ha resultado muy útil también para ayudar al distanciamiento social en los lugares de trabajo al ser usados, por ejemplo, en las fábricas o en bodegas de almacenamiento para transportar material entre un humano y otro, evitando el contacto directo entre ellos (Fetch Robotics HMIShelf). Asimismo, hay perros robots que pueden monitorear el correcto distanciamiento social en los parques (Singapur).

Los robots están siendo incorporados en áreas en que eran muy poco frecuentes, pero que con el distanciamiento social son capaces de resolver problemas urgentes, como en la actividad de comidas y su distribución. Este tipo de automatización tiene la ventaja adicional de dar confianza a los consumidores porque no sólo no necesitan entrar en contacto con otros humanos para obtener un servicio, evitando así la posibilidad de contagio, sino también saben que en la cadena de producción no hubo mayor intervención de personas. Existen ya robots que pueden ubicar los productos en una tienda de comida de acuerdo con el pedido de un cliente y los puede empacar para ser despachados. Empresas como Walmart y Amazon ya tienen robots móviles en sus tiendas y bodegas que pueden manejar funciones esenciales como manipulación de materiales, evaluación de inventarios y limpieza.

En la actividad de envío y entrega de productos también se están incorporando robots. Es el caso de un plan piloto de Rappi y KiwiBot que están siendo probados en Medellín, Colombia, para despachar alimentos a domicilio, con el fin de evitar el contacto de persona a persona. Estos tipos de robots se crearon antes de esta pandemia. Por ejemplo, Starship Technologies, una compañía de San Francisco, Estados Unidos, pero con su oficina de ingeniería en Estonia, diseñó robots para entrega a domicilio en 2014 y ya funciona en diversas ciudades y ha visto su demanda crecer significativamente con la pandemia. Estos son sólo dos ejemplos entre muchos que están impulsando la entrega a domicilio de esta manera.

robots repartidores
Fotografía: El Tiempo.

En los restaurantes la presencia de robots va a intensificarse considerablemente a medida que empiece a relajarse la cuarentena. Por ejemplo, la cadena McDonald’s ha estado probando robots cocineros y despachadores (BBC). En Dinamarca, uno de los primeros países en comenzar a regularizar sus actividades tras superarse en gran medida la pandemia, los robots comienzan a ser parte de los integrantes de los restaurantes y bares. Estos incluyen meseros, que toman la temperatura a los comensales y los sientan en las mesas con el distanciamiento requerido. Los humanos aún toman las órdenes con un distanciamiento apropiado y la comida la trae nuevamente el robot a la mesa, mismo que posteriormente aparece para recoger los platos.

Como observado al principio, mucho antes de la pandemia ya había un proceso en marcha muy acelerado para automatizar múltiples tareas. Destaca el sector automotriz por ser el que absorbe alrededor de la tercera parte de los robots producidos anualmente en el mundo (le sigue la industria eléctrica/electrónica), aunque aún requiere del trabajo humano, pero cada vez en menor medida. Además, en la medida en que esta industria ha ido creciendo y ha habido nuevas inversiones, la demanda por robots ha ido cambiando hacia máquinas más modernas, más colaborativas y más flexibles. Acompañan a este proceso una progresiva sustitución de mano de obra humana por la robótica y de inteligencia artificial. La industria automotriz ha sido fuertemente afectada por el COVID-19 y su actividad probablemente baje a la mitad durante 2020. Miles de trabajadores han sido suspendidos o despedidos de las plantas automotrices y se espera que la demanda de robots en este sector disminuya considerablemente este año.

Hay otros sectores que, en contraste, apenas han notado los efectos paralizadores de la pandemia debido a que la robótica y la IA dominan totalmente el proceso productivo de forma que no han tenido que detener su actividad ni tomar precauciones especiales. Éste es el caso de las actividades manufactureras más complejas actualmente, es decir, las que producen los semiconductores más avanzados. Las empresas involucradas operan a una escala nanométrica y producen millones de transistores que no podrían ser elaborados por las manos humanas, de manera que no hay presencia de personas en el proceso productivo. De hecho, en la empresa líder en esta rama –TSMC de Taiwán, la mayor productora de semiconductores en el mundo– se controla la producción remotamente por ingenieros y no hay trabajadores en la planta. Este tipo de empresas ha seguido produciendo durante la pandemia sin interrupción aunque estén ubicadas en lugares tan afectados por el virus como Wuhan, China, como es el caso de la empresa Yangtze Memory Technologies, productora de chips (The Economist).

robots y coronavirus
Fotografía: Reuters.

Tras la pandemia, muchas cosas habrán cambiado, como la automatización y robotización de las actividades productivas de bienes y servicios. El temor, por tanto, no es sólo el efecto que está teniendo y tendrá esta pandemia sobre la actividad económica de todos los países, sino también cómo cambiará la demanda y estructura del empleo. La automatización del sector manufacturero ha sido un factor palpable desde hace al menos una década, pero la sustitución –posiblemente masiva– en los servicios por la digitalización, como en el comercio (por el e-commerce), la posible robotización en sectores de servicios de restaurantes y turismo, así como la sustitución de personal de limpieza en hospitales y muchos establecimientos, si llega a países en desarrollo como México, puede ser catastrófico, dado que una parte importante del empleo se da en estos últimos sectores.

En enero de 2020, antes de haberse generalizado la pandemia, el Foro Económico Mundial estimaba que existirá la posibilidad de crear 6.1 millones de empleos globalmente entre 2020 y 2022 en profesiones emergentes a partir de la automatización y otras modalidades tecnológicas. Con las transformaciones tecnológicas en marcha y aceleradas por el COVID-19, la importancia de prepararse para esta transición pasa a primer plano. Particularmente relevante es adaptar el proceso de educación de la población desde primaria hasta la universidad inclusive, además de impulsar la educación continua para la reorientación de capacidades hacia mayores destreza. Sin una alfabetización digital las personas no podrán desempeñarse en un mundo en el que la digitalización se presentará en todos los campos de la actividad humana.


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