CDMX

¿Dónde está la autoridad?

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#DondeEstaLaAutoridad

El pasado lunes, 1º de junio, hablé con un queridísimo amigo poblano. Me comentó, muy molesto, que el sábado anterior que venía a la CDMX a ver a sus hijos, unos encapuchados, en la última caseta antes de llegar a la Ciudad, tenían tomada la caseta; y no por alguna causa social o manifestándose por alguna razón, sino simplemente, para cobrarla más cara. Yo me acuerdo, hace algunos años, haber pasado por casetas tomadas en la carretera México-Acapulco, pero los manifestantes lo hacían con causa y en contra del gobierno, por lo que no cobraban el cruce y sólo afectaban al concesionario del tramo tomado; lo cual tampoco estaba bien, pero cuando menos lo hacían con causa (o así lo disfrazaban). Estos delincuentes, de los que me estaba platicando mi amigo, eran jóvenes encapuchados que cobraban 100 pesos por coche, cuando esa caseta vale 42 pesos. Era un vil asalto, de viles ladrones, que al coche que pasaba le robaban 58 pesos y al concesionario, el resto. Lo que más le molestó a mi amigo es que había dos patrullas de la Secretaría de Seguridad Pública (que por cierto, ya ni existe) estacionadas con sus elementos dentro de las mismas quienes sólo observaban la situación. Yo me pregunto, ¿dónde está la autoridad?

El martes 2 de junio, es decir, un día después de que aquel amigo me platicara de la toma de la caseta en la Puebla-México, otro amigo con quien hablé por la noche me dijo que trató de salir de Valle de Bravo y todos los accesos estaban tomados. Incluso se le acercó a una pick-up con elementos de la Guardia Nacional para preguntarles qué estaba pasando y ellos contestaron que un grupo de transportistas tenía tomada la carretera y que ellos no podían hacer nada. Así la tuvieron toda la tarde y mi amigo tuvo que regresar a CDMX por la carretera antigua cuando pudo, en algún momento, salir del cuello de botella en el que se encontraba. Ya más tarde me enteré, por las noticias, que un grupo de taxistas había bloqueado la carreta porque habían detenido a su líder. Yo, otra vez, me pregunto, ¿dónde está la autoridad?

Con esos dos acontecimientos decidí que, la semana pasada, haría mi colaboración para El Semanario sobre este tema, pero por distintas razones ya no pude publicarla y, lo que sucedió el jueves y viernes en Guadalajara y en CDMX, aunado a lo que pasó este lunes (el día de ayer) en el centro histórico de la CDMX, no hizo más que abonar en acontecimientos y tristes historias para volver a preguntar ¿dónde está la autoridad?… pero ahora de una forma más desesperada.

Cuando se ven las imágenes de un grupo de auto-llamadas “feministas” saqueando, junto con otros grupos de manifestantes, una tienda deportiva y rompiendo los cristales de una tienda de conveniencia con absoluta impunidad, con libertad plena y comportándose de una forma grosera y prepotente con los medios de comunicación, uno se pregunta otra vez, ¿dónde está la autoridad? Esos maleantes disfrazados de manifestantes, justo frente a las cámaras, cometieron claramente –al menos– dos delitos: el de daño en propiedad ajena y el de robo, pero se les podrían sumar unos cuantos delitos más. Todos los vimos, nadie nos lo platicó; ¿y la autoridad? Brilló por su ausencia.

Ya la semana pasada habíamos visto cómo quemaban a un policía de Guadalajara, destrozaban inmuebles y amenazaban a la prensa; y la autoridad no apareció, por lo menos en la Ciudad de México, hasta que los rijosos llegaron al barrio de Polanco. Este lunes ni siquiera llegaron.

Quiero pensar si usted o yo, querido lector, nos atreviéramos a salir con un bat por la calle a romper un escaparate de una tienda, ¡a ver cómo nos iría! La policía, seguramente, nos aprehende rápidamente. Aquí en la capital, el lunes, extrañamente, no llegó nadie.

Las autoridades no están protegiendo a manifestantes quienes, sin duda, están en todo su derecho de salir a las calles y expresar las razones de su manifiesto; están protegiendo a agitadores profesionales que son violentos, que no luchan por ninguna causa y sólo se venden como mercenarios al mejor postor. No hay ideales ni principios en esas personas. Son barbajanes y rufianes que no le hacen ningún bien a la sociedad. Allá ellos, pero los mexicanos elegimos a nuestros gobernantes para que apliquen la ley, nos protejan de maleantes como esos y hagan su trabajo. Si no pueden con ese trabajo, que se vayan.

Yo, como ciudadano de a pie, ya estoy harto de preguntarme todos los días ¿dónde está la autoridad? Estoy harto porque no encuentro respuesta. Los acontecimientos se van multiplicando y la pregunta cada vez encuentra mayor eco en más y más ciudadanos: ¿Dónde está la autoridad?

¿Encontraré respuesta? No lo sé. Me temo que si paso mucho tiempo haciéndome la misma pregunta, y no encuentro respuesta, la siguiente pregunta será: ¿Dónde quedó México?


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Por el bien de México. Todos a tributar

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En el contexto de un análisis más amplio realizado por México Evalúa, denominado “Números de Erario: abril de 2020”, muestra la magnitud del impacto de la pandemia en las finanzas públicas de México. Impacto que es consistente con el cierre de diversas industrias y sectores de la economía. Por lo que el deterioro en los ingresos totales ya se ha revelado en los ingresos del gobierno, mismo que la administración de Andrés Manuel López Obrador ha compensado gastando menos.

No te apresures estimado lector, que el gobierno gaste menos en un contexto de recesión no es para nada una buena noticia. Sin embargo, hay que reconocer la hábil maniobra del equipo hacendario federal que ha implementado una reestructuración del gasto para, sin endeudamiento, establecer planes de gasto en inversión física para el sector salud.

Lo que nos da pie a profundizar en el análisis del gasto gubernamental para el sector salud en el mismo periodo enero-abril de 2020. En este lapso el gobierno federal ha logrado erogar el 24% del gasto anual programado. Esto es alrededor de 166.3 mil millones de pesos, de un total de 513 mil millones de pesos. Sin duda, un avance en las capacidades del gobierno para erogar efectivamente el presupuesto asignado, en contraste con 2019. Sin embargo, en un contexto de crisis recesiva, el gobierno debe inyectar a la economía tanto y tan rápido como le sea posible. Este desempeño está bien para un año estándar, pero no para los retos de liquidez que el país enfrenta en 2020.

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Ilustración: El Economista Español.

Se pone más interesante cuando analizamos cómo han gastado los ejecutores del gasto del sector salud. A partir del estudio de México Evalúa, es posible observar un gasto 3% menor (-5.7 mil millones de pesos) al establecido en el calendario presupuestal. De hecho, es el ISSSTE (-26% / -9.9 mil millones de pesos) y el IMSS (-9% / -7.3 mil millones de pesos) quienes presentan subejercicio. En contraste, la Secretaría de Salud ha ejercido 30% (10.2 mil millones de pesos) más de lo programado, y las transferencias a las entidades federativas superaron en 4% (1.3 mil millones de pesos) la meta estimada para el periodo.

EN PERSPECTIVA, podemos concluir que ciertamente la orientación y comportamiento del presupuesto es consistente con el discurso presidencial de priorizar la atención de los más vulnerables, aquellos que por encontrarse fuera de la economía formal, carecen de prestaciones laborales, entre las que se encuentran los servicios de salud. Lo que constituye en sí mismo un incentivo perverso al desestimular aún más la actividad económica formal que sostiene las finanzas públicas, y alentar la informalidad que ya supera el 56.2% de la población económicamente activa, según el INEGI.

Una coyuntura muy conveniente para impulsar una reforma fiscal profunda que, parafraseando al presidente López Obrador, podría llamarse: “Por el bien de México. Todos a tributar”. Un slogan que quizá no gane una elección, pero probablemente salve a un país.

¿Se te ocurre un mejor slogan estimado lector?


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Buscan evitar contagios en bancos de la CDMX

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Cambio de horario en bancos por pandemia en la CDMX

En la CDMX presentaron una serie de propuestas para evitar el alto nivel de afluencia en las sucursales bancarias y contrarrestar la propagación de la epidemia del covid-19, las cuales incluyen cambiar el horario en bancos y acordar depósitos de quincenas desfasados.

El Gobierno de la Ciudad de México (CDMX) y la Asociación de Bancos de México (ABM) presentaron este lunes un acuerdo de cooperación para implementar medidas con el fin de mitigar la propagación del COVID-19, entre las que destaca la propuesta de que se disperse a lo largo del mes el pago de salarios.

El acuerdo contiene cinco acciones y medidas en este sentido.

Luz Elena González, secretaria de Administración y Finanzas capitalina, explicó que tanto el Gobierno local como la ABM invitarán a las empresas que son integrantes del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), a individuos y empresas agrupados en cámaras, asociaciones, gremios, mercados y tianguis que operen en la CDMX “a distribuir en la medida de lo posible y de forma voluntaria que el pago de salarios se disperse a lo largo del mes y no concentrarlos en los días 15 y 30 del mismo”.

Además, se buscará con los diferentes niveles de gobiernos que la entrega de programas sociales se haga de la misma manera, es decir, sin concentrarse en dichos días.

Otro de los puntos explica que se promoverá entre los bancos que integran a la ABM que los empleados bancarios que se encuentren laborando a distancia y que permanecen en oficinas corporativas se mantengan en dicho formato, esto hasta que el Gobierno capitalino informe que haya condiciones para regresar de manera presencial.

También se promoverá entre los bancos que el horario de apertura de las sucursales bancarias sea a las 10:00 horas.

Otra de las acciones consiste en procurar que afuera de las sucursales de los bancos donde alla alta demanda y mayor afluencia de personas se habiliten espacios públicos, con el fin de mantener la sana distancia en las filas.

Por último, se promoverá el uso de la plataforma CoDi para realizar y recibir pagos. Esto se hará entre las organizaciones que conforman el Consejo Coordinador Empresarial, cámaras, asociaciones, gremios, mercados y tianguis en la capital.

Los bancos que integran a la Asociación de Bancos de México (ABM) abrirán sus sucursales en la Ciudad de México el miércoles a partir de otro horario, informó este lunes Luz Elena González, secretaria de Administración y Finanzas.

De acuerdo con el plan de cinco medidas y acciones propuesto por la ABM y el Gobierno de la capital, con el fin de evitar contagios por COVID-19, la apertura de las sucursales será a las 10:00 horas.

El cambiar el horario servirá para evitar que trabajadores y usuarios utilicen el transporte público en horarios de aglomeración, explicó el presidente de la ABM.

“El compromiso es no saturar el transporte público, por ello al recorrer una hora la entrada, los empleados bancarios que van a la sucursal podrán usar el transporte una hora más tarde con menos ocupación”, explicó.

Lo mismo ocurrirá con los horarios de salida, pues se cuidará que no haya saturación. No obstante, será cada banco el que determine este horario, ajustándose a sus necesidades particulares, añadió.

Sobre aquellas sucursales bancarias que se encuentran dentro de tiendas o centros comerciales, Niño de Rivera apuntó que el convenio especifica que estas abrirán cuando lo hagan los comercios.

El espacio digital y las aulas como entornos creativos

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El espacio digital se ha instalado en el gran imaginario social del mundo. Durante estas últimas semanas, hemos aprendido, y seguiremos aprendiendo, a movernos, hablarnos, intuirnos en él.

Lo digital constituye una espacialidad que se expande. La espacialidad física también, se dirá. Sí, pero a diferencia del espacio físico, lo que da valor al espacio digital, lo que lo vuelve extraordinario, son sus posibilidades, prácticamente ilimitadas de expandirlo.

Al igual que con otros muchas prácticas y objetos, lo digital en el caso de la forma como se vive en tanto espacio, no ha llegado para hacer desaparecer el espacio físico.

Una vez más se cumple una de las premisas básicas de la nueva Era, nada sustituye a nada, lo que se despliega, en todo caso, es un proceso de complementariedad.

Los casos que dan cuenta del modo cómo incluso la aparición de la experiencia digital no sólo no ha hecho desaparecer, sino incluso ha estimulado el revivir prácticas desplazadas, como el gusto por los discos de vinil, por ejemplo, se podrían enlistar largamente.

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Imagen: Thompson.

¿Son diferentes la espacialidad digital y la física? Sí, desde luego. Están llamadas a anularse, no. De hecho, hace tiempo que las generaciones más jóvenes vienen asumiendo plenamente las posibilidades que el espacio digital les proporciona.

La paradoja que se abre es extraordinaria.

 La espacialidad física, ésa que llamamos universo, es por naturaleza un espacio en expansión, probó ya Einstein, que sin embargo requiere, para poder ser vivido, ser restringido a una dimensión que el sujeto pueda sentir comprensible y vivible.

El espacio de la vida, así, no es necesariamente el espacio físico, infinito y en expansión que constituye, en todo caso una referencia que nos sobrepasa.

La paradoja reside en que, por su parte, el espacio digital siendo limitado, porque así está dado tecnológicamente, empuja, por así decirlo, a las personas a pensarlo (y pensarse) ilimitadas.

Y es en ese punto, ahí donde los individuos asumen lo ilimitado no del espacio digital mismo, sino de sus posibilidades, donde pareciera despertar lo mejor de las energías creativas de cada una, de cada uno.

Hay un desprendimiento de las seguridades y lo conocido, las referencias físicas de lo físico, valga la reiteración.

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Ilustración: Deloitte.

Pero hay a la vez, la sensación de partida de una suerte de vuelo, la experimentación de que los lindes de lo físico no están ahí, más, para constreñir o limitar las posibilidades de la imaginación.

Lo lejano se vuelve cercano, lo extraño propio. Habitamos en una simultaneidad habitable, la experiencia de estar con el otro en un a la vez equidistante de cada uno.

En ese espacio intermedio, en esa espacialidad que queda a la misma distancia de cada uno, de quienes participan de un encuentro, se construye un entorno que rápidamente toma la forma de experiencia.

Del espacio digital, al entorno que suscita la creatividad, al encuentro con lo mejor de cada uno, cada una. Trayecto de posibilidades ilimitadas, de direcciones múltiples y de multiplicación exponencial.

Fue en Tehuacán, en la infancia de aquel allá y aquel entonces, donde en un cine llamado Morelos, que tenía las butacas de madera, vi una tarde de sábado El profe, protagonizada por Cantinflas.

En algún momento de la película, el profe, que ha llegado a un pueblo donde un cacique controla la vida de la comunidad, mira cómo su aula es destruida.

Sin que nada lo frene en la misión que se ha impuesto, el profesor improvisa un nuevo espacio de trabajo a la sombra de un árbol, en condiciones más que precarias.

Traigo la escena a cuento porque la historia de la educación ha estado indisolublemente ligada al espacio físico donde se desarrolla.

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Ilustración: Janis Andzans.

Hoy vivimos un quiebre de posibilidades que no somos capaces aún de valorar en su extensión y repercusiones en el mundo de las prácticas sociales y las representaciones culturales.

La educación, la formación en habilidades, la transmisión del conocimiento, el estímulo del pensamiento, ha sido tanto como el lugar donde ocurre.

Llamadas instalaciones, campus, escuela, aula, se trata en todos los casos de refrentes a una atadura a lo físico que hasta hace muy poco parecía imposible de remover.

Que la educación y todo cuanto a ella está vinculado, pueda liberar sus alas del espacio físico es un hecho de magnitud histórica.

Educar dejará de ser donde ocurre para centrarse, quizá como nunca, en el qué ocurre y entre quienes ocurre.

A partir de la generalización de las plataformas digitales para fines docentes, conceptos como cerca, lejos; adentro, afuera; allá, acá… se tornarán, se están tornando ya, en marcas que tienen que ver con la aproximación entre sujetos, antes que en referencias espaciales de lo físico.

La escuela ya no como un sitio de conmemoración de rituales que reproducen el orden vertical, sino como un espacio horizontal, un entorno digital, una interacción humana, capaz de suscitar las energías creativas.

Ahí su energía, su espacialidad; nueva, humana, creativa e ilimitada. Un espacio, el digital, de la interioridad.

Nada menos.


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El toreo es parte de nuestra cultura

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Es un lugar común acudir a diferentes artistas que de variadas maneras han plasmado lo que les significa el toreo, y honestamente hablando y por rotundo que parezca, son argumentos que siendo útiles pudieran provocar el que le contesten como lo hacen algunos: “¡A mí que me importa que a fulano o a mengano hayan sido o sea, taurinos!”. Así se trate de García Lorca o de quienes ustedes gusten y manden.

En mi opinión, el argumento más claro es que el toreo es parte intrínseca de nuestra cultura; en el caso mexicano a punto de cumplir 500 años, en 2026, con o sin sana distancia de que se celebró un festejo taurino en la antigua Tenochtitlán, hoy en día Ciudad de México. Seguramente Cuba ya los habría cumplido, de no haberse suspendido desde hace muchos años los festejos al ayudar Estados Unidos al país antillano a independizarse de España, hacia finales del siglo diecinueve. Lo arrancó de su cultura y quedan ya, desafortunadamente, pocos resabios.

Los antropólogos, la gente que estudia la cultura, las distintas formas de ser, de sentir y de pensar, llevan más de un siglo en este debate sobre qué es; y siguen en ello. Si bien no hay claridad de que se resuelva pronto, hay algo en lo que están de acuerdo: no hay una cultura, sino que hay varias culturas. De hecho, hay muchas… ¡muchísimas!, pues si hay algo que caracteriza a la cultura es precisamente su diversidad. Constitutivamente la cultura es diversa. Cada uno de nosotros la utiliza para vivir de forma original y genuina.

toreo como arte
Pablo Agudo, torero español (Fotografía: El Español).

Alguna vez leí que la cultura es la manifestación de los pueblos frente a su existencia y por ello afirmo con el derecho que me asiste de hacerlo: ¡El toreo es cultura! Porque quienes lo practican y quienes lo disfrutamos, lo tenemos arraigado en nuestra forma de ser y es un valor de muchos que lo tenemos tatuado.

En ocasiones hablamos de cultura nombrando a la dimensión artística de algo –el mundo de la cultura, por ejemplo–, y así solemos referirnos a ella en términos de sustancia, diciendo que alguien es muy culto, o que tiene mucha cultura.

En otro sentido, la palabra cultura se utiliza, sin embargo, para describir un todo que parece determinar el comportamiento de la persona, utilizándose para aclararnos que eso que no comprendemos es normal en “su cultura”. Tal fue el caso de Renato Leduc, el gran escritor mexicano cuando afirmó hace años: “No me explico qué hacen los domingos por la tarde las personas en los países en los que no tienen toros, deben de aburrirse como ostras”. Desdeñando por ejemplo a los deportes, al teatro o al cine, por poner ejemplos. Para él nada como un domingo de toros que para muchos, sin ellos, no es domingo.

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Ex poeta mexicano Renato Leduc (Fotografía: Rogelio Cuéllar).

Cantando, pensando, jugando, rezando, comiendo o toreando o haciendo cualquier cosa, estamos expresando nuestras formas de ser, de sentir y de pensar: estamos expresando nuestra cultura. ¿Cómo la expresamos? Poniendo en juego una serie de formas culturales escogidas a las que les damos uso y con las que nos identificamos: nos vamos haciendo a nosotros mismos en la práctica de las acciones del día a día.

Por eso afirmo que acudir a tantos personajes que han amado y hemos amado el toreo –por más prestigiosos que sean– no me parece el argumento principal de su existencia. En mi entender, el que sea parte de la cultura de varios países es un hecho rotundo, por más que algunos pretendan borrarlo de un solo golpe.

Cuando las ponemos en práctica nos identificamos no sólo con nosotros mismos -para reconocernos–, sino con los otros. Este acto de identificación y de construcción de uno mismo no es un camino que se recorra sólo en un sentido, pues nos hacemos a nosotros relacionándonos con los demás, pero los demás también se hacen relacionándose con nosotros, y eso es los que hacemos los taurinos en el mundo. Hoy que está en receso la tauromaquia, me pareció muy importante, recordarlo.


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Creación en las tinieblas

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La sombra del revolucionario, entrega pasada de Juego de ojos, provocó un tsunami de comentarios sobre la personalidad de Martín Luis Guzmán.

“Alguien que se supo muy bien acomodar entre la clase dominante”, expresó una lectora del norte de México.

“El mejor prosista, junto con Reyes y Novo. Impecable. De su amor por el periodismo y las letras, yo agregaría una anécdota final: murió sobre el escritorio con las galera de Tiempo en las manos”, consideró el columnista que a mi juicio es uno de los maestros del estilo en la prensa escrita contemporánea.

Que a 44 años de su muerte, su vida y obra sigan frescas en la memoria, habla de la fuerza con la que vivió entre nosotros. Hombre poliédrico, en una faceta ofrece el poder de su prosa y en la otra desvela una “leyenda negra”. A propósito de esto, cité a Emmanuel Carballo en la entrega anterior: “La leyenda negra de don Martín, en el México de ayer y hoy, de tan común y corriente deja de ser negra; cuando mucho es gris. Como hombre cometió deslealtades, errores y desviaciones ideológicas que empequeñecen su figura; de escasos escritores mexicanos se puede afirmar lo contrario. Como Reyes, supo ser medroso por conveniencia, y como Vasconcelos (hombre también con el orgullo herido) no pudo conservar en la edad adulta y la vejez las ideas generosas y progresistas de los años mozos”.

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Emmanuel Carballo, escritor, ensayista, crítico literario, editor y periodista mexicano (Fotografía: El Universal).

A continuación cedo el espacio a mi amigo Humberto Musacchio, grande en el periodismo, cuya valoración del escritor es precisa y contundente:

“   La lectura de Martín Luis Guzmán, especialmente La sombra del caudillo y El águila y la serpiente son parte inseparable de nuestra generación. Ésas y otras obras del inmenso escritor nos permitieron entender que las revoluciones son procesos dialécticos signados por la grandeza y la mezquindad, características que con frecuencia hallamos en las mismas personas.

Martín Luis es parte de nuestra educación sentimental, histórica y política. Nos puso ante los símbolos que la escuela y la sociedad nos enseñaron a amar y respetar, pero lo hizo de forma que percibiéramos las contradicciones del mismo proceso histórico y de sus personajes. Sólo por eso ese escritor merece nuestro agradecimiento.

 Pero digamos que una cosa es el escritor, ciertamente grande, y muy otra el tipejo miserable que una y otra vez se traicionó a sí mismo. Destacas que tu predilección en la escritura de Martín Luis sea la mexicanidad, pero omites que si bien fue actor y testigo de la revolución, en su obra –y eso es un acierto literario– se sitúa a distancia, como queriendo ocultar que él fue parte de lo mismo que narra.

Fue villista, sí, pero fue mucho más severo con Villa que con Carranza a la hora de escribir. Cuando huyó del país renunció a la nacionalidad mexicana para adoptar la española, cuando no existía la doble nacionalidad. Renunció a esa mexicanidad que le atribuyes, pues le ofrecieron ser secretario de Manuel Azaña y para eso necesitaba ser gachupín. Y no dudó en cambiar de camiseta.

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Manuel Azaña Díaz, político, escritor y periodista español (Fotografía: Wikimedia).

Cuando volvió a México, con Cárdenas presidente, lo hizo porque Calles, que no lo quería, había caído de su pedestal. Por supuesto, a su regreso trató de pagar indulgencias, renunció a la nacionalidad española, se convirtió en fervoroso cardenista, apoyó al exilio español que le sirvió para hacer buenos negocios, como la fundación de EDIAPSA y las Librerías de Cristal, asociado con Giménez Siles. La revista Tiempo, fundada, creo, en 1940, en efecto, fue ejemplo de buen periodismo y mejor escritura, pues el tipo –cuentan quienes lo conocieron en la redacción– era extremadamente riguroso con los textos.

En 1952, cuando el gobierno de Alemán perpetró la matanza de henriquistas, Tiempo había cerrado la edición con estupendas y muy oportunas fotos de la masacre acompañadas de textos escritos por el notable equipo de redacción. Repentinamente, Guzmán dio la orden de hacer a un lado todo ese trabajo y elaborar nuevamente el número con textos y fotos enviados por la Presidencia de la República, lo que motivó la renuncia de Luis Suárez, Mario Gill, Fernando de Rosenzweig, Ernesto Álvarez Nolasco, Arturo Sotomayor, Germán List Arzubide y José Rogelio Álvarez, quien poco después dobló las manitas, abandonó a sus compañeros y regresó a la revista. En carta a El Popular, los renunciantes citaron palabras de Martín Luis, quien les había dicho: ‘Tengo atribuciones para mutilar y deformar la verdad si eso conviene a los objetivos políticos que Tiempo persigue’. Para más datos, te sugiero busques en Prensa vendida de Rafael Rodríguez Castañeda (pp. 27 y 28).

El día de la libertad de prensa de 1969, Martín Luis dio otra muestra de bajeza en el banquete respectivo ante el chacal Díaz Ordaz: ‘la conducta general de la prensa de México –dijo– ha venido respondiendo positivamente a las normas y deberes periodísticos codificados por el señor Presidente de la República’. Guzmán hablaba después de que toda la gran prensa había escamoteado y falseado la información sobre el movimiento estudiantil de 68 y la matanza de Tlatelolco, y en el colmo de su actitud rastrera, agregó: ‘Si en algo fallamos a esa hora, lo lamentamos sin la menor reserva’. Como premio por su vergonzosa sumisión el Chacal lo hizo senador.

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Martín Luis Guzmán en su escritorio de “Tiempo” (Fotografía: RDTD).

En 1971 dirigí la sección cultural de El Universal y publiqué dos artículos de diferentes autores en los que se denunciaban algunas canalladas de Martín Luis. Los encargados de vigilar la edición dejaron pasar aquellos textos y su publicación motivó que me congelaran y que dejara de aparecer la sección. Semanas después busqué al subdirector Ariel Ramos en la cantina ‘La Mundial’ y le pregunté por qué me habían suspendido. Su respuesta, sus respuestas, fueron una de las mejores lecciones de periodismo que he recibido. Primero me preguntó: ‘¿Qué no sabes quién es Martín Luis Guzmán?’ Sí, es un gran escritor, respondí, pero es un canalla como periodista. Ante mi respuesta, Ariel sólo movía la cabeza como diciendo: ‘Este pendejo no entiende nada’.

Luego, me dijo: ‘¿No sabes que es el director de la revista Tiempo? ¿Y no sabes que es presidente de la Asociación Nacional de Editores de Periódicos? ¿Y no sabes que un influyente senador de la República? ¿No sabes que es asesor del Presidente de la República en lo referente a medios de comunicación y que gracias a él el gobierno nos da publicidad? ¿Y no sabes que es presidente del Consejo de Premiación de los Premios Nacionales de Periodismo, que cada año nos otorga varios para nuestro personal? ¿Y no sabes que es presidente del Consejo de Administración de PIPSA que nos garantiza el suministro de papel periódico a precios estables, que nos da crédito y que frecuentemente nos condona las deudas? ¿Y no sabes que es director general de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos, que nos da trabajo para que nuestras máquinas estén ocupadas todo el día? ¿Y no sabes que…?

No, pues no sabía. Pero lo que siempre he sabido es que los grandes escritores también pueden ser unos miserables. Martín Luis Guzmán lo era. 

Juego de ojos.

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La cultura en emergencia. Un asunto de primera necesidad

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De cara a la apertura gradual de la actividad, es decir, al extraño e inquietante regreso a esa “nueva normalidad” (el par de términos me cae pésimo: si es nueva, pues simplemente no es normal), ¿quién va a ser del primer contingente de aventados que se anime a ir a un cine, a un bar, a una función de teatro? Por mucho deseo que tengamos de reactivar la economía por el bien de todos, hay que enfrentar una idea: quienes puedan, se mantendrán a distancia todavía un tiempo largo, al menos en todo lo que antiguamente implicaba convivencia y, a raíz de la pandemia, se considera ahora “no esencial”.

Ya alguna vez había traído el punto sobre la mesa: para quien vive del arte, o para el dueño de un bar, su actividad es esencial. Pero venimos de pasar una temporada en la que no sólo experimentamos miedo e incertidumbre, sino que estos sentimientos se acrecentaron a medida en que las declaraciones fueron cada vez más imprecisas, que la prensa nacional e internacional cuestionó cifras y procedimientos, que oímos del recorte del 75% al presupuesto de los recintos culturales. En resumen: perdimos la confianza.

Un sector vapuleado desde diversos frentes, además del presupuestal, pues sus actividades se han tachado de prescindibles, ha ganado, sin embargo, una batalla: la del Fidecine. Y no podemos olvidar que la creación cinematográfica es una de las que más permiten la generación de industrias culturales creativas. Como plantea Gerardo Jaramillo en su columna del 23 de mayo, todas las instituciones culturales deben estar en estos momentos preparándose para enfrentar la coyuntura de un regreso gradual a las actividades, sin embargo, sabemos que las necesidades presupuestales e infraestructurales (agravadas, paulatinamente, desde los sismos de 2017) no permitirán demasiado en estas circunstancias, en las que incluso el financiamiento del sector privado se ha canalizado, necesariamente, a otros menesteres por obvias razones, esto aunado la falta de certeza jurídica (Jaramillo, op. cit.) en el destino de los donativos.

El pasado 18 de mayo se celebró el Día internacional de los museos, como se ha hecho desde 1977. En una atmósfera ciertamente extraña impuesta por la pandemia, el tema de este año fue la diversidad y la inclusión. Ciertamente, al margen de lo que tradicionalmente impondría reflexionar en estas materias, la coyuntura que vivimos en el mundo obliga a reflexionar en la diversidad que el juicio crítico sobre las historias de nuestras instituciones culturales demanda: la diversidad de los públicos, pero también de las historias que se cuentan; la diversidad de concepciones de cultura y de acciones que los gobiernos deberían emprender para rescatar a un sector que se ha estimado como “no esencial”.

El miércoles 26 de mayo, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura publicó un decálogo en el que se insta a sensibilizar al público sobre la importancia que tiene la protección del sector cultural frente a los embates de la pandemia. El primer postulado es “la cultura debe ser considerada como bien de primera necesidad, incluyéndola entre los beneficiarios explícitos de todas las políticas y ayudas públicas.” Bien leído por nuestro gobierno, es una frase palmaria para borrar de tajo la impresión que, incluso la propia Secretaria de Cultura Federal, Alejandra Frausto, ha dejado al afirmar que el sector será de los últimos en volver a sus actividades, claro, en vista de que no se trata de algo esencial. Si, como plantea el comunicado, las industrias culturales y creativas generan entre el 2% y el 6% del PIB en América Latina y el Caribe, debemos inferir de aquí que las actividades, si bien exigirán adaptaciones imaginativas para realizarse en cumplimiento de las medidas sanitarias que no podremos relajar en un buen tiempo, representan también oportunidades de empleo que, en estos momentos, no son escatimables.

Desde dentro, una iniciativa que va por el mismo tenor, pero que se concentra en el sector de los museos, se hizo llegar esta semana al Ejecutivo federal: la del Frente ProMuseos, quien demandó el pasado 24 de mayo contemplar a los museos en su plan de emergencia, pues “la gran mayoría de museos del país, al igual que los trabajadores culturales, artistas y gestores, confrontan pérdidas económicas significativas que ponen en riesgo el derecho a la cultura de todos los ciudadanos”. Entre las peticiones, figura también la redirección de los recursos que se pensaba destinar al proyecto del Espacio Cultural de los Pinos y Bosque de Chapultepec y la construcción del Pabellón de Arte Contemporáneo; dado que esta administración parece no advertir que carga con un exceso de recintos y con dos instituciones históricas y monumentales que requieren de atención inmediata, sería útil que se repensaran las prioridades.


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