psicología

El sentido moral del término “conciencia” en español

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La genealogía de la palabra conciencia en lengua castellana muestra una fascinante evolución de ocho centurias que arroja luces sobre la naturaleza de la conciencia moral y sobre los tiempos que la aluden. Según el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, de Joan Corominas, el término conciencia derivado del latín conscientia (‘conocimiento’ o ‘convicción’) se documenta desde el siglo XIII en Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alonso el Nono y en el Libro del cavallero Zifar de 1300. También se encuentra un antecedente de este vocablo a finales del siglo XIV en la obra Tratado de la Doctrina de Pedro de Veragüe, quien en la introducción, a la letra, confiesa: “Por lo qual soy acusado de mi conçençia que cruelmente me atormenta recordándome los yerros e maculas en que cay”. Este sentido se expresa hasta ahora y de manera dramática en la oración católica del Confiteor, el “yo confieso” o “yo pecador,” la cual constituye un acto de contrición en el cual el creyente repite mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa, mientras percute su pecho con arrepentimiento y pesadumbre por sus pecados. El mismo significado se encuentra en numerosos pasajes precristianos para el término conscientia en latín. Es explícito al respecto el refrán latino conscientia mille testes: la conciencia es mejor que mil testigos.

san pedro
“El arrepentimiento de San Pedro”, óleo de Johannes Moreelse hacia 1632. Muestra el sentido moral propio de la tradición latina y cristiana: la capacidad de conocer los propios actos, juzgarlos y purgar los pecados. Esta acepción implica una conciencia de sí o un yo (tomado de Wikimedia).

Estas definiciones y plegarias manifiestan la creencia en una facultad anímica capaz de atestiguar y juzgar las propias acciones, así como purgarlas mediante la culpa y la penitencia. El motivo se remite a los Padres de la Iglesia y en particular a la chispa de la conciencia (scintilla conscientiae) de San Jerónimo, metáfora de un fulgor espiritual que permite al ser humano alumbrar la verdad y detectar el pecado para poder arrepentirse. Esta chispa fue posteriormente denominada sindéresis por Tomás de Aquino como la disposición de la razón para aprehender los principios morales de la acción humana y como el repositorio de esos principios.

Un sentido similar, aunque menos cargado de culpa, se halla en las obras lexicográficas. Es así que el término conciencia se documenta por primera vez en el Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana, de Cristóbal de las Casas (1570) y en el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias (1611) se define de la siguiente manera: ‘es ciencia de sí mismo, o conciencia certísima y casi certinidad de aquello que está en nuestro ánimo bueno, o malo’. Este concepto de testimonio moral se encuentra en la primera edición del Diccionario de la lengua castellana (Autoridades), de la Real Academia Española (RAE) de 1729. La edición de 1780 de este mismo diccionario define conciencia como: ‘ciencia o conocimiento interior del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar, y regla segura para conocer el bien o el mal que hemos hecho’.

Diccionario de Covarrubias
Portada de El tesoro de la lengua castellana de Covarrubias de 1611.

La conciencia moral ha sobrevivido en la cultura popular de Occidente hasta el siglo XX. Como un ejemplo recuerdo a Pinocho, la caricatura fílmica de Walt Disney de 1940. Cuando este muñeco de madera le pregunta a Pepe Grillo qué es conciencia, éste le explica: “¿Te lo diré: la conciencia es esa débil voz interior que nadie escucha, por eso el mundo anda tan mal…” Pinocho le inquiere: “¿eres tú mi conciencia?” En respuesta, el Hada Azul inviste a Pepe Grillo, tocándolo con su chispeante varita mágica: “serás la conciencia de Pinocho, señor guardián del bien y del mal, consejero en los momentos de tentación”.

pinocho
En la caricatura Pinocho de Walt Disney (1940), Pepe Grillo es nombrado por el Hada Azul la conciencia moral de Pinocho, el muñeco de madera que tiene conciencia en el sentido de sentir pero no tiene conciencia moral (lámina tomada de Debate).

Además de la conciencia moral, la edición del diccionario de la RAE de 1984 registra una acepción de conciencia más acorde con su sentido de autoconciencia: ‘propiedad del espíritu humano de reconocerse en todos sus actos, pensamientos y deseos, como agente de todos ellos’. Finalmente, en la vigesimosegunda edición de 2001 se consignan los significados de consciencia (en este caso con sc) como ‘conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones’ y ‘capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento’. Se identifica el término como la capacidad de reflexión y reconocimiento de sí, propios de lo que denominamos autoconciencia. No es sino hasta esta edición de 2001 que se registran las acepciones relacionadas con el acto psíquico elemental de sentir y no necesariamente a la capacidad reflexiva del ser humano.

Estas acepciones se amplían en la vigesimotercera edición de 2014 del diccionario de la RAE, donde la voz conciencia remite a varios significados, que puedo resumir en tres principales: (1) el cognitivo: la capacidad del ser humano de conocer, reconocer, reflexionar, sentirse presente y relacionarse con la realidad; (2) el reflexivo: el conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones, el actuar con plena consciencia de lo que se hace; la actividad mental por la que un sujeto se advierte como diferente del objeto que conoce; (3) el moral: el conocimiento del bien y del mal o sentido ético que permite a la persona enjuiciar los actos propios y ajenos. De manera afín a este último sentido, el Diccionario panhispánico de dudas (2005) de la RAE consigna que conciencia significa “reconocimiento en ámbitos de ética y moral, o sea: conciencia del bien y el mal”.

conciencia mejor que mil testigos
Grabado de Concientia mille testes (“La conciencia es mejor que mil testigos”). En La doctrine des moevrs de 1646 (tomada de Wikimedia). Traducción al castellano del pie de figura: “Con su conciencia sincero/ Se alegra, y pone de acero/ Contra los vicios vn muro,/ Que quiere morir seguro,/Y assi viue bien primero”.

El artículo sobre conciencia elaborado por el filósofo marxista Étienne Balibar para el Vocabulario de las filosofías occidentales tiene 17 páginas y empieza así: “Aún cuando se ha forjado por filósofos, el concepto de ‘conciencia’ se ha vuelto absolutamente popular denotando ‘la relación consigo mismo’ del individuo o del grupo.” Es curioso que este capítulo favorezca de entrada la acepción de autoconciencia sobre el sentido más básico de conciencia como sentir o advertir (awareness en inglés) que implica desde hace décadas para la academia y el uso culto. Destaca este artículo la capacidad de testimonio interior que detectamos desde el siglo XIII, una especie de desdoblamiento entre un observador y una observación que, además de suponer una introspección, emite un juicio sobre lo que presencia. Este potencial desdoblamiento, este acompañarse a sí mismo, esta capacidad reflexiva del ser humano, es lo que permite la conciencia moral: el juicio del bien o del mal.

Pasando por alto la extensa tradición cristiana, Balibar hace mención que esta escisión tiene antecedentes en los héroes griegos que mantienen conversaciones consigo mismos como manifestación de ese “diálogo del alma con ella misma” que Platón definió como el pensamiento. El autor rescata un dato de interés cognitivo: para los estoicos la conciencia de sí no viene dada, sino que se construye mediante la concentración, la memoria y la recapitulación, procesos cognoscitivos y afectivos de la autoconciencia. Agrega que esta última asociación cristaliza en la Reforma de Lutero donde se subraya la “libertad de conciencia” de cada quien para juzgar en su “fuero interno,” lo cual constituye una reivindicación de la autonomía individual, que fuera tan esencial en la Reforma. En la última frase de su artículo, Étienne Balibar apuesta que el significado de los términos asociados en otras lenguas occidentales sólo podrá abordarse de manera transdisciplinaria.

La cuestión de saber qué sitio ocuparán las palabras y las nociones de conscience, consciousness y awareness, Bewusstein, Gewissheit y Gewissen, en el punto de encuentro de la filosofía, de las ciencias y de la ética, incluso de la mística, tanto en el lenguaje común como en las lenguas cultas, parece extremadamente abierta.


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Identidad laboral: ¿vocación o destino; gusto o destreza?

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Dígame usted: ¿de qué vive, a qué se dedica?, ¿cuál es su forma de vida, su trabajo, ocupación, quehacer, cargo, profesión, oficio, negocio, chamba, empleo o carrera? Las abundantes respuestas a estas preguntas suelen adoptar la expresión en primera persona de “yo soy…” seguidas por una o pocas palabras que en alguna medida definen a un adulto independiente en términos de identidad laboral, uno de los puntales de la autoconciencia, del yo.

arado egipto
Imagen del antiguo Egipto de un arado tirado por bueyes (1,200 a.C.), una manifestación temprana de un trabajo humano (tomada de Wikimedia).

Para que un trabajo resulte eficiente, productivo y satisfactorio debe cumplir varios requisitos, entre los que destaco los siguientes: (1) su remuneración debe ser suficiente para satisfacer las necesidades de sí mismo y sus dependientes; (2) su práctica debe ser un reto y un aliciente al requerir conocimientos, habilidades, ingenio y disciplina; (3) su producto ostensible debe conferir al trabajador un rol en la sociedad por el cual sea reconocido de acuerdo a sus méritos y capacidades; (4) su ejercicio creativo, provechoso y honesto debe fortalecer su autoestima, orgullo, dignidad y valor. Desgraciadamente, la funesta historia humana de esclavitud y explotación pone de relieve la imposibilidad de la mayoría de los seres humanos para emprender o lograr una vida digna a pesar de su esfuerzo y sufrimiento. Aún en el momento actual, no es fácil alcanzar estas circunstancias laborales porque no sólo dependen de la inteligencia, la decisión y la voluntad, sino de factores sociales y económicos que exceden y limitan las intenciones, capacidades y posibilidades de los individuos. Entre estos factores restrictivos están los que hemos revisado de sexo, raza, cultura y clase social, de tal forma que paliar y eliminar las desigualdades debe constituir un objetivo político elemental y universal, porque el esfuerzo del trabajo debe evolucionar del sufrimiento al bienestar.

Aunque la vida humana no se reduce al trabajo, la labor que una persona desempeña es su manifestación y su ser público más ostensibles. Además de que su trabajo revela la persona a la sociedad, revela a sí misma a la persona. La dedicación a un trabajo suele requerir de todas las capacidades humanas, desde las sensitivas y motoras propias de su cuerpo y manos en actividad, pasando por las facultades cognitivas de atención, razonamiento, memoria o inteligencia, las habilidades sociales de trato, persuasión o equidad, hasta las de la voluntad, que son las más esenciales. En efecto, el trabajo implica un esfuerzo múltiple y sostenido de la voluntad. A este rubro pertenece la elección prudente y certera de las acciones para mejorar en pericia y eficiencia, para conseguir metas de acuerdo con las circunstancias, para persistir frente a los escollos o fracasos o para redefinir el rumbo.

lienzo vocacion de san luis
El lienzo Vocación de San Luis Gonzaga de Giovanni Francesco Barbieri, Il Guercino (1630) ilustra el significado religioso de vocación como llamada de Dios a profesar una vida religiosa.

Vayamos ahora a los factores que condicionan la identidad laboral, un tema polémico entre la vocación tomada como motivación endógena y el destino como condicionante circunstancial, histórico y sociocultural, para defender que ambos son necesarios para el desarrollo del carácter. El término vocación (del latín vocatio: llamada) se aplicó originalmente al llamado de Dios para profesar una vida religiosa y otras actividades de servicio como la medicina o la abogacía. Actualmente indica la inclinación a realizar una actividad particular, sea en los oficios, las profesiones, las artes o las ciencias e implica tanto aptitud como gusto. Vocación suele indicar una orientación innata que predispone a la persona para ejercer una labor particular y se expresa como el impulso para entrenarse en las labores que le son peculiares, así como en la facilidad y el placer de ejercerlas. Es muy conocida la propuesta de Howard Gardner (1995) de ocho tipos de inteligencia que predisponen a labores y dedicaciones particulares: verbal-lingüística, lógico-matemática, visual-espacial, corporal-cenestésica, musical-rítmica, intrapersonal-introspectiva, interpersonal-social y naturalista.

inteligencia multiple
Diagrama de las inteligencias múltiples de Howard Gardner.

Ahora bien, además de una motivación natural, ocurre un reforzamiento por la práctica de tal manera que el aprendiz no sólo hace bien lo que le atrae, sino que le atrae lo que hace bien: la labor idónea tiene componentes de placer y de pericia que se van reforzando mutuamente en el desarrollo de la persona. Hemos revisado que, según la teoría del habitus de Bourdieu, la apropiación de esquemas de percepción, pensamiento, juicio y acción que los sujetos adoptan en su vida marcan de cierta manera su forma de ser y su actividad. Podría pensarse que estos hábitos eliminan la idea de vocación al imponer sobre el sujeto creencias, actitudes y comportamientos ya establecidos y ejercidos en la cultura, pero sucede que el sujeto elige en mayor o menor medida tomar ciertos hábitos y, dentro de sus restricciones, darles diferente curso de acuerdo con su carácter e iniciativa. Vocación y destino son factores complementarios en el desarrollo de la actividad humana y la identidad laboral.

Al formular la metáfora o el mito de la bellota, el fruto del encino cuyo destino es convertirse en un espléndido ejemplar de la especie, el psicólogo junguiano James Hillman subrayó que la vocación provee a la vida humana de misión e imperativo. Argumenta Hillman que hay algo más que biología y medio ambiente en el que se ubica la persona para definir su destino: una impronta o arquetipo que determina la forma en que se desarrolla hasta producir un individuo único. Esta interpretación platónica de los arquetipos de Jung no me convence pues supone la existencia de fuerzas o entidades organizadas y organizadoras, pero me parece que llama la atención sobre un aspecto crucial de la autoconciencia y el yo que intento revalorar en estos escritos. La metáfora de la bellota puede interpretarse en su sentido más patente de la siguiente manera: el resultante de la interacción entre los factores genético-biológicos y los ambientales-culturales constituye un proceso emergente, un ser cambiante que constituye la autoconciencia que la persona identifica como “yo”.

James Hillman
El psicólogo junguiano James Hillman y su libro sobre la vocación, el carácter y los arquetipos como forjadores del trayecto laboral.

Ofrezco un argumento para fortalecer esta idea invocando la autorreflexión retrospectiva que se hace al evaluar la vida. Las personas inquisitivas suelen buscar referencias culturales, históricas o arquetípicas de la ocupación que tienen o han tenido y de esa manera encuentran sentido a su carrera, actividad o vocación, más allá de constituir un trabajo y un modo de vida. Muchas personas ancianas relatan metafóricamente su vida como un camino que, a pesar de los accidentes, desvíos, fracasos y obstáculos, a la postre define un sendero que confiere propósito a su existencia y de esta manera conforma esa intangible pero vigorosa entelequia que denominan su ser. La palabra propósito en esta última frase no evoca un papel predestinado, sino un camino elegido y recorrido por un agente con deliberación, persistencia y objetivo. Así, al reconsiderar su existencia, las personas sienten que han cumplido un destino y adquieren un sentido personal de provecho y dignidad. La palabra propósito cristaliza el sentido que la persona imprime a su existencia aprovechando sus talentos y las circunstancias en la que le ha tocado vivir para alcanzar objetivos que ha definido y ajustado a lo largo de su trayecto. De esta manera, el ser o el self viene a coincidir con ese trayecto en curso y la relevancia del proyecto de vida se manifiesta en aquellos sucesos que se graban en la memoria como momentos cruciales y marcas indelebles que van definiendo el camino. Decía Borges: “Al fin he descubierto/ la recóndita clave de mis años.”

simbolos de vida
Símbolos del trayecto de vida. El unalome oriental a la izquierda representa un camino sinuoso y ascendente, y a la derecha el laberinto como símbolo occidental de una trayectoria difícil.

Al asentar estos pensamientos sobre la identidad laboral, me ha inundado y guiado el recuerdo de mi padre, Luis Díaz González, emigrante gallego, carnicero en México durante 50 años y hombre de notable voluntad, quien enseñó a propios y extraños que, al final de una senda laboriosa, previsora y honrada, el trabajo desemboca en dignidad, serenidad y contento.


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Identidad política: clase, ideología, concientización

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Junto con los ingredientes que hemos revisado de sexo y género, raza y color, pueblo y cultura, la identidad de clase y la ideología política conforman el lugar, tanto objetivo como subjetivo, que un sujeto tiene y desempeña en su nicho social. La conciencia de clase ha sido tema de análisis y debate en las ciencias sociales y económicas a partir de la obra de Karl Marx, quien a mediados del siglo XIX propuso que, si bien la explotación era un hecho manifiesto de la sociedad capitalista, los trabajadores no siempre tienen conciencia de ser utilizados de esa manera y es necesario que se les exponga esa realidad y la adquieran por experiencia. Planteó que una creciente conciencia de clase sería condición necesaria no sólo para conquistar salarios y prestaciones justas y dignas como fruto de su labor, sino para revolucionar la sociedad y eventualmente eliminar las clases sociales.

Con frecuencia la discusión académica se ha centrado en temas teóricos, por ejemplo si la propiedad privada es algo natural o social, si la explotación ocurrió en los países comunistas, o si la situación económica ha cambiado de tal manera que ya no es vigente el concepto de clase social. Es verdad que desde mediados del siglo pasado el desarrollo de la empresa y el comercio en el planeta ha dado lugar a múltiples roles, como los gerenciales, los administrativos, los promotores o las diferentes calificaciones y capacidades de los trabajadores. El complejo sistema económico y laboral moderno rebasa las clases sociales identificadas en su momento como proletariado, burguesía o clase media. Ahora bien, las prerrogativas, las obligaciones y la conciencia laboral en las sociedades actuales mantienen una estratificación social, aunque más diversa y diferenciada. La jerarquización se hace muy patente en la deplorable desproporción económica entre pobres y ricos que se ha acentuado desde finales del siglo pasado a raíz de la hegemonía neoliberal y la globalización.

modelos identidad politica
Dos modelos piramidales de clases sociales. Izquierda: modelo de las clases sociales en la Colombia del Siglo XIX (tomado de Colopedia). Derecha: modelo de tres niveles (tomado de José Luis Trujillo).

Si bien en este último contexto se planteó que la noción de clase social estaba superada, las personas siguen aplicando la noción de clases jerárquicas y estratificadas para describir la sociedad en la que viven y para ubicarse en esa estructura. Esto se ha comprobado empíricamente en sociedades tan democráticas como la inglesa o tan igualitarias como la danesa. La remuneración y la situación económica siguen siendo los criterios para establecer la ordenación jerárquica de la sociedad, suplementados con cotejos del nivel educativo, nivel de vida y perfil ocupacional. De esta forma, además de entender la conciencia de clase como una situación colectiva de rangos y estratos, es necesario considerarla como un atributo subjetivo propio de la autoconciencia. Esto es así porque cada persona, al discernir su trabajo, forma de vida y situación económica en referencia a la organización de la sociedad se piensa y se establece como integrante de cierta clase y con ello adopta ciertas creencias, sentimientos y deseos. Esta noción personal y subjetiva difícilmente puede llegar a ser exacta en referencia al rol que la persona juega en la cadena laboral, los medios de producción, o la estructura social, pero está sujeta a una creciente concientización lo cual tiene un efecto importante en su liberación y su autorrealización, como lo analizó el pedagogo brasileño Paulo Freire. En la filosofía educativa de Freire, el potencial para ser libre en un entorno de dominación apunta a descubrir e implementar alternativas mediante la concientización: el proceso de toma de conciencia que el sujeto experimenta en su aprendizaje sobre el mundo y los obstáculos que enfrenta.

Freire
Portada del libro “Concientización” de Paulo Freire y retrato de este autor y pedagogo brasileño (tomado de Art Station).

Durante su aprendizaje, desarrollo y experiencia laboral y social, las personas se plantean objetivos o metas para mejorar su situación, optimizar sus habilidades y conseguir mayor seguridad y satisfacción. Desgraciadamente, entre las diversas naciones y clases sociales es muy desigual la posibilidad de elegir e implementar una forma de ganarse una vida digna y satisfactoria al ejercer una labor grata, apropiada y eficiente en términos de habilidad, creatividad y retribución. Además de mejorar la oportunidad de lograr este objetivo, se plantea como deseable que todo sujeto activo y pensante pueda percibir y categorizar la sociedad en la que vive y su papel en ella en términos de justicia y de ética.

El conjunto de creencias y las acciones que toma una persona en referencia a las clases sociales constituye un nodo crucial de su orientación política y su identidad personal. La identidad política más conocida y reiterada se definió desde la Revolución Francesa como la posición ideológica que un individuo considera tener en una línea continua que va de izquierda a derecha con un centro figurado. Durante más de un siglo la izquierda se definió como el sector liberal, progresista y socialista que defendía la revolución o la reforma para producir una sociedad más justa, y la derecha por el sector conservador, tradicional y capitalista de quienes favorecían una separación de clases como necesaria para la economía y el funcionamiento social. A raíz del colapso del socialismo real en 1989, los conceptos de izquierda y derecha han sufrido una revaloración que no ha llegado a decantarse en una redefinición clara.

identidad politica
Representación típica en una línea horizontal continua de la izquierda, la derecha y el centro del espectro político (tomada de Blog Salmón).

A pesar de los cambios y variaciones en el significado de los términos, creo que aún se puede mantener que la izquierda favorece el progreso y las reformas hacia una mayor igualdad social y económica en un estado que garantice el bienestar de la mayoría y en beneficio particular de los más desfavorecidos. Por su parte, la derecha apoya la autoridad, el orden y el reforzamiento de las tradiciones, instituciones y condiciones que garanticen la libre empresa, la ganancia y la generación irrestricta de capital. Es posible que la distinción más básica sea la tendencia para acercar, difuminar o desaparecer las jerarquías de clase como peculiar de la izquierda, a la cual se opone la tendencia para consolidar la existencia y las funciones de clases dominantes peculiar de la derecha. Esta bipartición no es del todo coherente, pues se encuentran posiciones autoritarias, libertarias o nacionalistas en los dos extremos del espectro. Más aún, lo que se entiende por conservador, liberal, radical, socialista, burgués, demócrata y otros términos ha variado en diferentes épocas y lugares. Además de la línea horizontal de izquierda a derecha se ha plantado otra variable que cursa del autoritarismo al libertarianismo y que se coloca a 90 grados sobre la anterior para conformar una cartografía dos dimensiones y cuatro cuadrantes para representar el territorio ideológico de manera más completa.

espectro politico
Gráfica del espectro político en dos dimensiones, con un eje socioeconómico horizontal de izquierda a derecha y un eje sociocultural vertical de autoritarismo a libertarianismo. Los cuatro cuadrantes restantes del cruce ortogonal (a 90º) de estos ejes se dibujan en colores supuestamente representativos de cada ideología política. Modelo basado en las propuestas del psicólogo británico Hans Eysenck (1956) (tomado de Wikipedia).

En la actualidad la investigación científica sobre la identidad política concibe que la afinidad ideológica surge por la confluencia de factores “ascendentes” (a partir de los subsistemas psicobiológicos) de tipo genético, fisiológico, motivacional o moral, con acomodos “descendentes” (a partir del suprasistema social) de enseñanza, indoctrinación, información histórica y política. Hay también influencias “horizontales” que provienen del diálogo y la aprobación o repudio de personas contemporáneas. Phillip Hammack de la Universidad de California ha propuesto un modelo tripartita de la identidad política que integra aspectos cognitivos, sociales y culturales en un marco múltiple poniendo el foco del análisis en los contenidos, la estructura y los procesos. Define la identidad como la ideología estructurada en el proceso discursivo y manifestada en una narrativa personal que se construye y reconstruye en el curso de la vida a través de las interacciones y las prácticas sociales.


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De los colores. El rojo y su significado. 3ª Parte

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Intensas han estado las conversaciones en rojo a partir de la primera entrega de la historia de este color. Después de tan enrojecido panorama te preguntaba en el artículo anterior si el rojo es un color que te agrada. Lo has pensado, has considerado ¿en qué parte de las emociones te resuena? ¿A qué ideas o conceptos te refiere? Ferrari, Coca-Cola o Christian Louboutin, KFC y McDonald’s, entre otras, utilizan el rojo como un color identitario de sus marcas. Ver un fondo rojo con una M amarilla encima o las suelas de los zapatos de la marca antes mencionada son asociadas a antojos, recuerdos familiares o estatus, es decir, emanan un significado que es registrado a nivel inconsciente y generan respuestas preconscientes en los individuos. Ese es el poder del rojo.

Al color rojo se le ha hecho sin duda mala fama, se le asocia con la sangre, destacando su vinculación con hechos violentos. En los periódicos impresos del siglo XX se solía tener una sección que se denominaba “la nota roja” en la que se reporteaba y escribía sobre los delitos cometidos y que, por su notoriedad llegaban a la prensa. Con el tiempo, la nota roja dejó de ser una sección en los diarios para instalarse tanto en diarios “especializados” en este tipo de notas, como en los titulares actuales de los noticieros. Es pan de cada día escuchar en televisión o radio sobre baños de sangre acontecidos en el mundo como primera nota de los informativos, y como segunda y tercera y así sucesivamente. Es una tristeza ver esa significación del rojo porque este color puede estar asociado también a tantas cosas que, desde antes, desde entonces, ahora y en el futuro se vinculan a la vida, al amor, a la pasión y al disfrute.

rojo significado
Imagen: El economista.

En la naturaleza frutos y flores tienen este atractivo color y alegran nuestra vida y los sabores que degustamos. Jitomates, sandías, manzanas, fresas, cerezas y moras de distintos tipos se mueven en la paleta de los rojos generando atracción a la vista para estimular nuestras papilas gustativas. Su roja representación está asociada a frutos con elevados contenidos de vitamina C y/o de potasio en el caso del jitomate, que nutren nuestro sistema inmune generando placer al consumirlas. De esta manera, la naturaleza nos ofrece mecanismos de sobrevivencia al atraer nuestra atención de manera instintiva hacia estos alimentos.

Otra forma en la que la naturaleza nos apoya para sobrevivir utilizando el rojo en su expresión es al teñir en estos tonos algunas sustancias que pueden ser venenosas para la especie. Así, hay hongos silvestres que crecen en ambientes boscosos que tienen un atractivo color rojo que ha servido para que aprendamos a distinguirlos y saber que no pueden formar parte de nuestra dieta por su contenido dañino. Todos los hemos visto, estos honguitos hermosos de roja cabeza con punteado en blanco —que resultan emblemáticos en las ilustraciones de cuentos o de caricaturas—, en la vida real tienen ese brillante colorido para que los seres vivos podamos distinguir el letrero de alerta que presentan y que es tan útil para nuestra sobrevivencia.

Además de estos significados que provienen de la biología, hay otros que han sido adjudicados a través de la cultura. Por ejemplo, la estacionalidad de ciertas plantas ha servido para generar un vínculo con temporadas y celebraciones específicas. Las tradicionales nochebuenas o poinsettias que habitualmente simbolizan la Navidad son, originalmente de un vibrante color, Hoy en día, a base de hibridaciones de las semillas y plantas de esta especie, podemos encontrar nochebuenas “blancas” —que en realidad tienen un peculiar y ligero tono amarillo claro—, o unas de color rosa encendido casi fucsia, incluso otras de un extraño color salmón. Todas estas modificaciones y manipulaciones a la genética de las plantas han venido a brindar variedad a la oferta de flores de nochebuena, sin desplazar el color rojo de la representación de la Navidad en la imagen.

nochebuena
Imagen: Wattpad.

Uno de los significados que en la cultura se ha dado al rojo, en extensión al anuncio de riesgo que pueden representar en algunas plantas, (por cierto, las nochebuenas resultan ser tóxicas para nuestras mascotas) es la connotación de peligro. Así es que, en la práctica de la medicina intrahospitalaria, los envases de color rojo se utilizan para desechos contaminantes y que pueden poner en riesgo la salud. Se usa la intensidad de este color como distintivo para destacar la posible cercanía con alguna sustancia que resulte dañina para nuestro bienestar. Otro ejemplo es el de los semáforos o señales de advertencia. Al verlos uno reacciona inmediatamente, deteniéndose por completo hasta que cambie de color o ver que todo está bien y pueda uno seguir adelante.

Ahora quisiera hacer una reflexión que, a pesar de las apariencias de trivialidad que puede tener, no lo es tanto. ¿Cuál es la carga inicial que tiene para ti el rojo? ¿Lo asocias a buena salud, amor y pasión o te conecta con una sensación de riesgo, peligro y despierta tu estado de alerta? ¿Hay para ti un equilibrio en los mensajes del rojo? El valor del rojo a futuro está enmarcado en una visión cultural y personal en el que tú pones la carga presente y futura. Entonces qué, ¿te gusta? ¿Puedes ver los detalles de rojo en tu vida y llenarte de alegría? ¿Te espanta? ¿Te apasiona? ¿Llevas el rojo en el corazón?


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Masculino/femenino: identidad sexual, género social

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Una de la identidades más patentes y primordiales en la mayoría de los seres humanos es su sexo, el conjunto de características biológicas de su cuerpo que les confiere la certidumbre de ser hombre o mujer. Los elementos biológicos involucrados en la identidad sexual incluyen cromosomas, formas de expresión genética, niveles de hormonas sexuales, anatomía de los genitales y características sexuales secundarias. Si bien estos factores tienen fundamentos definidos, el sexo genético, el gonadal, el genital, el hormonal, el psicológico y el comportamental tienen variaciones propias y no siempre coinciden en su conjunto.

cerebro masculino y  femenino
La profesora emérita de neurociencia cognitiva del Aston Brain Centre, Gina Rippon, y su libro sobre la cuestionable noción de un cerebro masculino y otro femenino.

Cada una de estas variables y funciones tiene una relación estrecha con el cerebro y se conocen pequeñas diferencias anatómicas entre los cerebros de hombres y mujeres, en especial de algunos núcleos del hipotálamo involucrados en el control hormonal. Varias diferencias mayores reportadas entre el cerebro masculino y femenino han sido corregidas o no se han corroborado. En general el cerebro humano tiene diferencias de grado y no de tipo entre sexos, “razas,” etnias o personalidades. Un tema interesante se refiere al peso del cerebro, que es un poco mayor en los hombres (ca 1,400 gramos) que en las mujeres (ca 1,250 gramos), incluso si se corrige por el peso corporal. Ahora bien, esto de ninguna manera permite concluir que los hombres son más inteligentes que las mujeres; de hecho se puede llegar a una conclusión distinta pues, con un cerebro 10% más ligero, las mujeres ostentan en general las mismas capacidades cognitivas que los hombres, lo que se puede interpretar como un cerebro más eficiente.

La mayoría de las personas se definen como “mujer” o como “hombre” en coherencia con el hecho contundente de tener vagina o pene y esta identidad conlleva una percepción muy diferente a lo largo de la vida de su sitio y papel en la sociedad. En efecto: hombres y mujeres usan diferentes fuentes de información y estrategias cognitivas para resolver problemas y para conducirse tanto en público como en privado. Es decir: de acuerdo con su identidad sexual, los individuos asumen catálogos de conductas, actitudes, creencias y expectativas que se consideran pertenecientes a cada género y propias de un rol social.

masculino y femenino
Las diferencias anatómicas, mentales y sociales, reales y atribuidas, entre el hombre y la mujer han sido frecuentemente expresadas en las artes, como es el caso de “Adán y Eva”, lienzo de Tiziano pintado entre 1485 y 1490 y depositado en el Museo de Prado (tomado de Wikipedia).

A pesar de la prevalente categoría binaria de “hombre” y “mujer”, está surgiendo la necesidad de definir de manera más específica y concreta las alternativas con las que las personas deciden su sexo o su género. Esto ocurre en particular por la lidia política de personas homosexuales y transexuales, de tal manera que conviene ir más allá de las categorías dicotómicas para evaluar la identidad sexual de un ser humano. Al examinar los casos individuales de acuerdo con las múltiples variables que condicionan la identidad sexual, se pueden emplear nociones más certeras y menos estereotipadas. Más aún: no es raro que las personas introspectivas y autocríticas descubran que pueden poseer o desarrollar actitudes, emociones o formas de pensar que tradicionalmente se ubican como propias del “sexo opuesto”. 

marcha gay
Foto tomada el 17 de mayo de 2019 en Cartagena, Colombia, durante la manifestación del Día Internacional Contra la Discriminación por Orientación Sexual (tomada de Wikimedia).

En las últimas décadas se ha acumulado información científica sobre diferencias entre hombres y mujeres en multitud de tareas, estrategias y capacidades cognitivas. Algunas diferencias son imputables a características físicas del cuerpo (por ejemplo, los varones suelen ser más fuertes y las mujeres más flexibles), pero han llamado más la atención las diferencias de orden cognitivo y afectivo, pues, enfrentados a ciertas pruebas y tareas, hombres y mujeres suelen usar estrategias y habilidades diferentes. Está bien establecido que en algunas pruebas o tareas las mujeres tienen un desempeño mejor y los hombres en otras. Por ejemplo, ellas utilizan señales objetivas para orientarse en un lugar desconocido, en tanto ellos suelen usar un mapeo de puntos cardinales. Pero sucede que tanto unas como otros pueden entrenar las habilidades y compensar las diferencias para alcanzar niveles comparables de ejecución y eficiencia. El hecho de que en diferentes pruebas las mujeres ejecuten múltiples tareas y acciones creativas de manera tan eficiente como los varones, lo cual era de esperarse, muestra que es posible llegar a similares resultados utilizando diferentes métodos y procesos. 

La distinción que se ha venido dando entre “sexo” y “género” es útil en muchos contextos para discernir los factores biológicos propios del primer término y los culturales del segundo. Sin embargo, la distinción no es tajante, pues no sólo las características biológicas instigan la identidad sexual psicológica y social, sino que el rol ejercido como mujer o como hombre influyen y modulan la función cerebral y endocrina. Las categorías de “sexo” y “género” no son plenamente separables entre sí, ni distinguen a dos grupos de personas, hombres y mujeres, pues los ingredientes genéticos, biológicos, cerebrales, cognitivos, conductuales y sociales conforman una unidad funcional que corresponde a la identidad sexual.

Francoise Heritier
El libro Masculino/Femenino. El pensamiento de la diferencia de Françoise Héritier, antropóloga del College de France y sucesora de Lévi-Strauss. A la derecha, la autora fallecida en 2017.

La antropóloga estructuralista Françoise Héritier ha reflexionado largamente sobre los fundamentos cognitivos de la dominación masculina en prácticamente todas las sociedades humanas y propone que se relaciona a una oposición asumida de dos sexos, por la cual lo masculino y lo femenino se conciben de manera binaria y esto implica una carga, sea negativa o positiva, de valoración simbólica. La dualidad implícita de “sexo opuesto” y su acepción de “contrario” puede tener diversas derivaciones. Una correlación muy negativa ha sido la dominación masculina y androcéntrica asentada sobre una jerarquía supuesta de privilegios considerada “natural” en las sociedades más diversas y que tiene su manifestación más generalizada en el machismo y más pavorosa en el feminicidio. Si bien esta supremacía ha empezado a revertir con muchas dificultades desde la década de 1960, queda mucho por recapacitar y rectificar para alcanzar una igualdad aceptable.

Una derivación positiva de la oposición binaria es la idea de que los dos sexos tienen capacidades suplementarias, de tal manera que la relación de pareja puede suponer una asociación ventajosa para ambas partes. Desde luego que esta noción ha surgido repetidamente, por ejemplo, en la noción del amor románico, y ha llevado a afirmar a la relación de pareja y al matrimonio heterosexual como el único vínculo posible entre dos personas para formar hogar y familia. También esta suposición ha sido confrontada con éxito creciente a partir de los años sesenta, aunque en general se ha salvaguardado y aún fortalecido la importancia y la necesidad del amor (o esta es mi esperanza).

La división de labores fue seguramente útil y aún necesaria en las sociedades de cazadores-recolectores y en las sociedades agrícolas donde hombres y mujeres llevaban a cabo trabajos disímiles para asegurar entrambos una subsistencia que sería aún más difícil en solitario. Las sociedades urbanas tienen ahora otras opciones para que las personas se asocien de diversas maneras y solventar una existencia que presenta demandas muy distintas a las que enfrentaron sus ancestros. Esto implica un reto formidable que no se limita a la lucha social y política por la igualdad de condiciones, derechos, dividendos y dignidades para todas las personas, sino requiere un desarrollo de la conciencia de cada quien en referencia a la identidad sexual, tanto la propia como la ajena.


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Rol social y auto-constructo: ¿hace el hábito al monje?

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Al inicio de su libro sobre la psicología de la posesión, Philippe Rochat dice:

…la psicología humana, a diferencia de cualquier otra psicología animal, es esencialmente autoconsciente, una psicología por la cual los sujetos reflexionan y elaboran sobre su propio valor y lugar en el mundo, particularmente en el mundo social.

Si bien Rochat supone que la autoconciencia es en buena medida una construcción reflexiva del sitio e importancia que ocupa el sujeto en la sociedad, desde la segunda mitad del siglo XX surgieron varias teorías que otorgan al rol social una dimensión aún más extensa al integrar los aspectos corporal, conductual y el nicho público. Estas teorías cuestionan que la agencia (la capacidad de cada quien para actuar sobre el mundo) se explique únicamente en términos de reflexión y de decisiones pensadas y conscientes, pues muchas rutinas propias de un rol social son incorporadas por los sujetos. Uso el término incorporación en un sentido más literal que metafórico, pues el comportamiento social y sus causas psicológicas muchas veces se deben a cambios y modulaciones que se efectúan orgánicamente en la expresión corporal. Esto plantea que una parte indeterminada de la identidad personal y de la noción que tienen de sí mismos los individuos está dada por factores sociales y culturales asumidos y actuados. Algunas aportaciones de las ciencias sociales sobre este tema han sido particularmente incisivas y refiero someramente a tres de ellas que parecen indispensables: el rol actuado, el habitus y el auto-constructo.

auto constructo
“La presentación de la persona en la vida cotidiana” de Erving Goffman, sociólogo y escritor, considerado como el padre de la microsociología.

Con base en estudios pioneros de las interacciones cara a cara en grupos pequeños, el sociólogo canadiense Erving Goffman propuso en 1952 que las personas adoptan y representan roles ante los demás. Muy de acuerdo con la noción de que las personas son actores o comediantes en el teatro del mundo –surgida con Shakespeare y Calderón de la Barca– la metáfora dramática supone un escenario público donde los individuos actúan sus papeles y un backstage tras bambalinas en el que se comportan de maneras privadas. Deriva de esta idea que, para representar los roles que asumen, las personas adoptan y esgrimen las máscaras, prendas, mímicas, voces y actitudes que ya vienen prescritas para cada papel. Ahora bien, si las personas actúan roles, surge una duda inquietante sobre la identidad: ¿hay un self o un yo genuino o verdadero detrás de esas actuaciones, o todo es simulacro? Goffman es tajante: el self o el yo es el conjunto de máscaras utilizadas por el sujeto. Antes de abordar esta disyuntiva, veamos otras dos teorías de las ciencias sociales y humanas que complementan la incómoda idea de las personas como actores de cara a un público.

Pierre Bourdieu auto constructo
Pierre Bourdieu y caricatura del habitus como un titiritero que maneja la conducta de la persona, títere de su rol social (tomado de Constructivismo Estructuralista).

El influyente sociólogo francés Pierre Bourdieu utilizó la noción aristotélica de habitus como el ejercicio y la regulación de la conducta humana dictados por las instancias y usanzas sociales en las que los sujetos están insertos. A través de asumir ciertas disposiciones o actitudes, estas configuraciones históricas y culturales constituyen esquemas “generativos” por su capacidad de conformar en los sujetos conductas tan específicas como posturas, acciones, movimientos o gestos y, desde luego, formas peculiares de expresión verbal. Son modos de actuar que se asumen sin que el sujeto tenga una clara conciencia de haberlos incorporado y constituyen una forma de conocimiento tácito o disposición interiorizada que resulta al asumir las reglas de actuación que se esperan de ciertos roles, sexos, clases sociales, ocupaciones o profesiones. De manera gráfica Bourdieu afirmaba que el habitus es la sociedad inscrita en el cuerpo, en el organismo biológico. Establece entonces un campo de fuerzas entre agentes e instituciones que luchan por dominar y legitimar sus posiciones, recursos y capitales, tanto tangibles como ideológicos, para mayor beneficio de sus integrantes. Es así que el habitus condiciona mucho de lo que individuos y clases sociales van a sentir como necesario y que plasman en su consumo. La propuesta constituye una teoría de la práctica según la cual las acciones individuales no siempre están mediadas o explicadas por el lenguaje, sino suelen ser reglas del juego que se mimetizan y perpetúan mediante prácticas sociales.

Sadiya Akram y Anthony Hogan de la Universidad de Canberra consideran que la reflexión consciente no necesariamente está contrapuesta al habitus de Bourdieu, sino que pude ocurrir en un marco de acciones rutinarias asumidas de acuerdo con el rol, pero atenidas a una evaluación crítica, lo cual permite la agencia y abre oportunidades de cambio. Esta disyuntiva de hasta dónde llegar en determinado papel o práctica, suele ser causa de ansiedad, pues coloca al individuo en el predicamento de aceptar el status quo por acomodarse mejor a sus intereses, o bien, desechar las conductas rutinarias y esperadas. Durante una estancia de investigación en la UNAM, el sociólogo de la educación Andreas Pöllmann también subrayó una mediación entre la reflexividad y el habitus en los procesos de realización de capital intercultural y su potencial ejercicio en la educación.

Social Self
Auto-constructo (self-construal) como ser independiente (arriba) o interdependiente (abajo) de prójimos cercanos –madre, padre, hermanos, compañeros de trabajo, amigos– (tomado de: PPT-The Social Self).

Finalmente, refiero que Hazel Markus y Shinobu Kitayama propusieron en 1991 la noción de auto-constructo (traducción literal del selfconstrual en inglés) para significar la manera como uno se ve y se piensa a sí mismo en relación con los otros. Al analizar las maneras en la que este yo social influye en la motivación, la emoción y la cognición, los autores afirman que las personas difieren en la manera como se conciben en relación a los demás, por ejemplo, como seres únicos y autónomos en las culturas europeas y sus derivadas americanas, o como elementos dependientes e integrantes de su comunidad y cultura, como ocurre en Asia oriental. Varios estudios relacionados a esta propuesta han mostrado que los humanos adultos valoran sus propias capacidades y personalidades mejor y consideran sus defectos menores que los de personas con perfiles y logros comparables a los suyos. Este fenómeno, denominado como “efecto arriba del promedio”, se ha demostrado en diversos ámbitos y culturas.

nota
El sociólogo de la educación Andreas Pöllmann (2016) subrayó los procesos de realización de capital intercultural y su potencial aplicación en la educación. El artículo fue ilustrado con este árbol de la vida de la artesanía mexicana como ejemplo de capital intercultural (imagen tomada de Research Gate).

Según la perspectiva que se adopte, las disposiciones internas que constituyen el habitus y la actuación en público pueden ser tomadas como algo intrínseco o extrínseco al self o a la autoconciencia del sujeto. Si se prefiere una definición del ser o del self como el conjunto de conductas que expresa un individuo en el medio social, el habitus sería la parte adquirida pero determinante de su autovaloración y su conducta. Si se toma una perspectiva endógena, la representación que el sujeto tiene de sí mismo puede revestirse de diversos hábitos para desempeñarse en sociedad. Parece posible elaborar una noción corporizada del self que admita las influencias tanto de elementos biológicos como sociales en un autoconstructo diverso, dinámico y adaptativo.

El dicho el hábito no hace al monje[1] niega que la apariencia defina a la persona y exhorta que no hay que dejarse engañar por lo que los otros manifiestan por sus atuendos, maneras y discursos. El refrán advierte que el sujeto puede mentir y que suele asumir apariencias y roles que ocultan su verdadero ser o sus intenciones, lo cual es claramente valioso. Hemos revisado ahora otra perspectiva: las personas asumen o incorporan hábitos y roles establecidos que en alguna medida definen quienes son, aunque esto depende del grado de autoconciencia crítica que hayan logrado.


Notas:
[1] Junto con otros refranes: “las apariencias engañan” o bien “la mona, aunque vista de seda, mona se queda”.


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¿Quién es quién? Identidades sociales fluidas y espinosas

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El tema de la identidad personal es vasto y tiene muchas facetas. En capítulos anteriores ya advertimos que el término identidad surge en referencia al propio cuerpo, a la situación del individuo en el mundo, la introspección, la agencia, el uso del término “yo” y otros pronombres, las posesiones, la sensación de ser la misma persona desde los primeros recuerdos hasta las experiencias más recientes, o al certificar que uno es alguien único entre los demás. En el capítulo sobre la alteridad encontramos que la sociedad y la cultura juegan un papel central en la individualidad e influyen directamente en la autoimagen y el comportamiento. Los sistemas cognitivos y afectivos de identidad y auto-reconocimiento personal no sólo constituyen fenómenos biológicos y subjetivos, sino que afectan de manera decisiva la vida social y son afectados por el lugar y el rol que desempeñan las personas en el seno de la familia, el trabajo, la institución o la cultura. Se trata de una identidad ampliada y extendida que se forja durante el crecimiento y la educación del sujeto en interacción con reglas, costumbres y requerimientos sociales.

identidad indio americano
Una fotografía como ésta evoca una serie tentativa de descriptores de identidad biosocial, por ejemplo, en este caso: hombre, maduro, indígena norteamericano, jefe de comunidad, chamán, etcétera.

En ésta y las próximas columnas trataré sobre la identidad social de la persona, el concepto de sí mismo que el individuo deriva por identificación y contraste en el colectivo de sus semejantes. En efecto: además de los procesos cognitivos que identifican al individuo para sí mismo como un ente psicobiológico único –el propio cuerpo, dinámico y consciente, que perdura mientras vive–, la identidad se establece socialmente en contraste con otros por diferencias observadas e incorporadas con base en creencias, ideas o tradiciones. El sujeto llega a “ser alguien” adoptando ciertos rasgos, rechazando otros y elaborando un constructo de sí que juega un papel importante y muchas veces rotundo en sus actitudes y conductas.

Cuando preguntan a una persona quién es, o busca en Wikipedia quién es quién, se retrata o encuentra descriptores de sexo, genealogía, raza, educación, profesión, nacionalidad, consecuciones, creencias o relaciones que, en su conjunto, constituyen su identidad social. Ahora bien, los conceptos con los que las personas se identifican constituyen categorías complejas y en muchas ocasiones escurridizas o problemáticas porque fundan y negocian sus identidades en forma de constructos surgidos de los fortuitos contextos históricos y culturales en los que les toca vivir. Sin embargo, a pesar de su variabilidad e incertidumbre, la identificación personal mediante estas categorías conceptuales tiene efectos notables y muchas veces contundentes sobre la autoestima, el bienestar psicológico o la adaptación social.

identidades
Portadas de los catálogos Who’s who 2020 y Quién es quién. Son listados de identidades biosociales.

La identidad definida en los términos mencionados es a la vez personal y social. Es personal porque el sujeto determina en alguna medida quién es y quién le gustaría ser, y es social porque decide esto en el contexto público al conocer, recoger, adoptar e incorporar actitudes, modelos o costumbres que le ofrece o le atribuye la sociedad vigente. Si bien la persona adquiere identidad a lo largo de su crecimiento y desarrollo, es en la adolescencia cuando busca y establece con mayor ímpetu quién es y quién quiere llegar a ser. Ahora bien, lejos de constituir una entidad homogénea y consolidada, la identidad es un crisol de identidades, donde algunas son nucleares y otras subsidiarias. No se trata de entes cristalizados y estables, sino permutables, cambiantes y anulables, pues la persona adopta, afina y desecha identidades a lo largo de su vida, como sucede con la conversión o la decepción religiosa o política.

Miquel Rodrigo y Pilar Medina proponen que, en vista de que uno se reinterpreta a lo largo de su vida, la “fluidez identitaria” es crucial, pues una identidad inmutable no permite la adaptación y una demasiado voluble o indecisa desorganiza la voluntad, la agencia y el comportamiento. En el mismo artículo, estos autores catalanes rescatan un pasaje relevante en el libro de aventuras Capitán de mar y guerra de Patrick O’Brian publicado en 1969:

“¿Identidad?””, preguntó Jack sirviéndose tranquilamente más café. “¿Acaso la identidad no es algo con lo que uno nace?”. “La identidad a que yo me refiero es algo variable que existe entre el hombre y el resto del universo, un punto medio entre el concepto que éste tiene de sí mismo y el que tienen los demás de él, pues influyen el uno sobre el otro constantemente. Se trata de un flujo recíproco, señor. La identidad de que le hablo no es algo absoluto…”.

El arte de vivir implica saber y decidir el grado de transformación y consolidación posibles o necesarios para la mayor satisfacción y el mejor desempeño de la persona.

identidad vineta
Viñeta del poeta León Felipe, autor de “Romero solo”: “Ser en la vida romero,/ romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos/…/ ligero, siempre ligero” (imagen tomada de Iñaki Anasagasti).

El definir cierta identidad y que ésta sea reconocida por los demás proporciona al sujeto un anclaje de arraigo y pertenencia que cumple cuando menos dos cometidos psicológicos fundamentales. Por un lado, aporta orden a la existencia, tanto sobre las acciones presentes como los objetivos futuros, y por otro, neutraliza o aplaca el miedo ancestral a la exclusión, la soledad y el aislamiento. Estos dos factores están fuertemente ligados. La identidad creada o asumida da sentido a la vida porque responde, así sea provisionalmente, a preguntas existenciales del tipo ¿quién soy?, ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿a dónde pertenezco? Las repuestas a estas preguntas, así sean parciales o transitorias, parecen dar al sujeto una pertenencia y colocarlo en un sitio de su mundo y su tiempo. Sin embargo, se trata de un lugar problemático en referencia a la libertad, porque el individuo asume o acata normas y conductas, aunque no necesariamente las apruebe en su totalidad. Al definir su identidad social, el individuo acepta una mayor o menor limitación de su libertad porque pende sobre su cabeza la amenaza de la exclusión, del desarraigo y el aislamiento.

Una parte importante y a veces crucial de la vida se debate en la definición de la identidad personal en el contexto de las restricciones que la sociedad le impone. Cuando una persona narra su vida destaca las interacciones –a veces en afinidad y otras en oposición– con personajes, instituciones, comunidades, costumbres o valores que configuran las escenas y experiencias que dan sentido a su autobiografía. Más aún: el panorama de la libertad individual versus la imposición social, marca una de las dimensiones fundamentales de la opción política, la que transcurre entre los extremos libertario y autoritario.

identidad
Portada de Identidad (Editorial Trotta, 2017) de la catedrática de ciencias políticas Montserrat Guibernau, donde se destaca la pertenencia como factor inherente a la identidad social. A la derecha, la autora.

Termino esta introducción a la identidad pública con una reflexión existencial. La identidad sexual, racial, étnica o profesional reviste elementos genuinos y placenteros de filiación, adhesión, orgullo, celebaración o cooperación. Desgraciadamente suele verse opacada, perturbada y muchas veces desquiciada por factores históricos y sociales ligados al poder, al rango y la discriminación que suelen desembocar en odio y violencia. Además de la indispensable lucha histórica para disminuir o paliar estos factores, cada invidividuo requiere solventar y neutralizar en su fuero interno los sesgos de machismo, racismo, desprecio de clase y otras formas de discriminación que no desaparecen por la adopción de una ideología igualitaria, pues están arraigados más allá de la racionalidad.

De esta manera la identidad constituye una dimensión o faceta de la autoconciencia y la existencia humana que penetra desde lo más personal e íntimo hasta lo más comunitario y político.


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Calidad de Vida y Psicología Positiva

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Mejorar nuestra calidad de vida, incrementar nuestra satisfacción por la vida es posible y está en nuestras manos. De ello conversan dos especialistas en el bienestar y nos comparten algunas recomendaciones desde la perspectiva de la Psicología Positiva.

Agradecemos a Marisela Ramos Rico, Coach en Psicología Positiva, que haya accedido a esta entrevista exclusiva para El Semanario Sin Límites, desde la Ciudad de Panamá, para responder a algunas preguntas fundamentales para todos nosotros.


Dime Marisela, ¿qué es esto de la psicología positiva?

—Antes que todo, muchas gracias Roberto por esta oportunidad de conectar con los lectores de tu columna “En Perspectiva”, de El Semanario Sin Límites. Me siento muy honrada. Respondiendo a tu pregunta, la psicología positiva se define como el estudio científico del óptimo funcionamiento humano. Su objetivo es descubrir y promover los factores que permiten a las personas prosperar.

¿Cuál es el origen y propuesta de la psicología positiva?

—La Psicología Positiva es fundada por el Dr. Martin Seligman, profesor de la Universidad de Pennsilvania, y su propuesta, en apretada síntesis, es ayudar al ser humano a encontrar una vida de prosperidad, florecimiento y plenitud. Recordemos que antes de la propuesta de Seligman, la psicología estaba orientada fundamentalmente a atender las enfermedades y trastornos de la mente, desde la depresión hasta la esquizofrenia. Así, el enfoque del Dr. Seligman se distingue en estar orientado en desarrollar las capacidades positivas de la mente, con un enfoque humanista; en lugar de atender y mitigar las patologías.

¿Cómo se llama el modelo de psicología positiva propuesto por el Dr. Seligman?

—El modelo se llama PERMA-V (por sus siglas en inglés) cuyos componentes son: Positividad, Relaciones Interpersonales, Significado, Logros y, posteriormente, Emiliya Zhivotovskaya del Flourishing Center de Nueva York, agregó Vitalidad, que es el cuidado físico.

perma v

Sumamente interesante lo que nos comentas Marisela. Verdaderamente provocador y esperanzador a la vez. Así que, ¿cuáles son las recomendaciones clave para los lectores de El Semanario Sin Límites para mejorar su calidad de vida?

—Con mucho gusto Roberto, las recomendaciones son:

1. Responsabilízate de tu propio bienestar. No le cedas el poder  de tu bienestar a nada ni a nadie.  Decídete a hacer lo necesario para tener una buena calidad de vida y a disfrutarla.
2. Observa tus pensamientos. Hay algo que se llama metacognición y es la capacidad de los seres humanos de oír nuestros pensamientos. Somos lo que pensamos. Cuando pensamos cosas negativas sobre nosotros mismos, nuestras circunstancias y el mundo que nos rodea, las atraemos. Cuando “escuches“ uno de esos pensamientos, cancélalo o cámbialo por tres positivos. Los pensamientos negativos tienen más fuerza, por eso tenemos que  contrarrestarlos.
3. Olvídate de dietas que tienen una connotación de escasez, esfuerzo, sacrificio. Piensa en amarte a ti y a tu cuerpo que te tiene que durar mucho. Enfócate en darle cosas saludables, muévete (actividad física), toma agua, duerme bien. Los kilos extras se van como consecuencia.
4. Y una recomendación de pilón: ¡AMA! Ámate a ti; ama a los que te rodean; a los seres vivos; a la naturaleza; a este mundo maravilloso que habitamos. El amor es el sentimiento de más alta energía y el que te conecta con tu espiritualidad y te acerca a tus sueños.

psicologia positiva
Ilustración: Sophie Pecqueux.

—¿Algún comentario final que quieras hacer, Marisela?

—Darte las gracias Roberto, por la oportunidad de compartir mi pasión con tus lectores. Me gustan mucho tus artículos, tus reflexiones y sobre todo tu compromiso por elevar la calidad de vida de los mexicanos.

EN PERSPECTIVA, agradecemos a Marisela Ramos Rico, Coach en Psicología Positiva, por sus valiosas recomendaciones. Destaco entre ellas, la necesidad de responsabilizarnos de nuestro propio bienestar, es algo que sin duda suscribe la Sociedad Mexicana de Estudios de Calidad de Vida.

Y ¿usted qué opina, estimado lector? ¿Está usted listo para hacerse responsable de su propio bienestar aplicando los hallazgos de la Psicología Positiva?


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