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¿Es “Sí por México” la alternativa ciudadana que requiere nuestro país?

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El pasado 20 de octubre se hizo el lanzamiento oficial de “Sí por México” y ahora la pregunta que surge: ¿es ésta una opción real ciudadana para involucrarse en política?

No es sorpresa para nadie decir que todos los partidos políticos mexicanos están muy desacreditados, y de igual forma lo están casi todos los políticos y creo que hay razones de sobra para poder afirmar lo anterior.

Algún día, siendo Secretario de Pesca, Pedro Ojeda Paullada, trabajé con él en la STPS, en la campaña de Miguel de la Madrid y luego en Pesca, le pregunté que cómo le había hecho para ser tan exitoso y haber ocupado puestos tan importantes en la administración pública y su respuesta fue “comiendo mucha mierda”. Cuando renuncié al puesto de Director de Personal de la Secretaría para irme a trabajar a Servicios Condumex, me agradeció los servicios y me hizo un comentario en nuestra corta pero profunda charla, “¿no te gustó la mierda verdad?”. Y le dije que efectivamente no me había gustado nada.

Y la historia viene al caso porque conozco a mucha gente –yo mismo– que estamos interesados en política, nos gusta y nos gustaría ser mucho más activos, pero el precio que hay que pagar –al menos ahora– es muy alto para muchos de nosotros.

La opción de “Sí por México” en este sentido resulta, al menos en el papel, muy atractiva. Los partidos políticos saben que tienen que sumar a la sociedad civil organizada o no a sus filas para lograr mejorar su imagen y otras cosas, y los ciudadanos que queremos un México MUCHO mejor para TODOS, sabemos que la única manera para lograr esto es desde las instituciones formalmente establecidas.

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Imagen: In Pin.

Yo estoy convencido que, desde las ONG, las OSC, las fundaciones, las IAP y demás, se pueden hacer grandes cambios en el país, pero eso no va a evitar muchas cosas que tienen que cambiar desde las entrañas del sistema político mexicano que es profundamente corporativo.

La propuesta de “Sí por México” me parece clara, positiva y muy propositiva, por ello dedico este artículo para presentarla y que cada uno de nosotros decida, en consciencia, hacer lo que mejor le convenga y tenga al menos elementos objetivos para opinar sobre ella.

A partir de ahora abro comillas y sólo transcribo lo que dice “Sí por México” en su página:


¿Qué quiere SÍ por México? Nuestra misión es romper los muros que separan a la ciudadanía de lo político para colocar en el centro de la discusión pública las grandes causas de la ciudadanía, lograr que los políticos trabajen para las causas de los ciudadanos:

1. Sí a una democracia plena;
2. Sí a la seguridad, acceso a la justicia y combate a la corrupción;
3. Sí a una nueva economía incluyente que disminuya la pobreza y la desigualdad;
4. Sí a la salud y educación universal con calidad;
5. Sí a la igualdad sustantiva y al combate a la violencia contra las mujeres;
6. Sí a un medio ambiente sano y sustentable.

¿Cómo vamos a lograr nuestro cometido?

1. Proponiendo una agenda progresista para ganar un futuro de justicia y prosperidad para todos.
2. Invitando a la ciudadanía y a las organizaciones sociales a enriquecer y asumir esa propuesta ciudadana.
3. Presentando esa oferta a los partidos políticos, los únicos órganos permitidos por la ley para postular candidatos, para que la adopten y la hagan propia.
4. Exigiendo a los partidos que abran espacios amplios en la contienda del 2021 a ciudadanas y ciudadanos independientes no partidistas y se comprometan con la democratización, transparencia y verdadera representación.
5. Promoviendo una participación ciudadana amplia, informada y proactiva a lo largo de todo el proceso electoral.
6. Abatiendo el abstencionismo el día de la elección.
7. Impulsando el voto a favor de los candidatos ciudadanos y de los partidos que asuman la oferta vanguardista.
8. Orientando el voto a favor de una mayoría ciudadana en la Cámara de Diputados con la finalidad de recuperar el equilibrio de poderes.
9. Defendiendo el voto libre, la autonomía, eficacia, transparencia e imparcialidad de las autoridades encargadas de organizar y calificar los comicios.
10. Logrando que cada ciudadano se convierta en un motor de movilización a través de la defensa de las ideas y propuestas de esta gran fuerza opositora democrática, libertaria y plural.

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Imagen: Hanna Barczyk.
¿Cómo piensan lograrlo? ¿Cuál es su agenda?

La ciudadanía está obligada a romper los muros que el gobierno y los partidos políticos han puesto porque somos quienes históricamente nos hemos quedado fuera de las decisiones públicas. Eso debe terminar ahora y para siempre.

Lo queremos hacer primero diciendo que SÍ: vamos a proponer una gran agenda nacional por el SÍ. Vamos a ponernos de acuerdo todos en lo que SÍ queremos para México. Ya basta de polarización, ya basta de debates estériles, basta de políticos peleándose con otros políticos. Cuando nos pongamos a trabajar juntos por el SÍ, todos los NO van a desaparecer.

Segundo, construyendo una nueva mayoría en torno al SÍ. Vamos a promover las propuestas del SÍ en cada rincón del país y vamos a sumar a todas las organizaciones y personas que SÍ estén dispuestas a trabajar por México donde todos tienen un lugar. Con ello, vamos a demostrarle al gobierno y a los partidos políticos que SÍ somos la diferencia entre ganar o perder unas elecciones. Que SÍ necesitan de nosotras y nosotros, ya que su deber es trabajar para los ciudadanos.

Tercero, vamos a abordar a los partidos políticos con nuestra propuesta. Vamos a exigirles que se comprometan con nuestra agenda de cara a las próximas elecciones y una vez que ganen quienes tengan que ganar, vamos a ser vigilantes de que SÍ cumplan con sus acuerdos. No vamos a esperar pasivos a que vengan a pedir nuestro voto, vamos a ser activos para que vengan a rendir cuentas y se ganen nuestro respaldo con un SÍ.

¿Por qué surge este colectivo?
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Imagen: Metro Latam.

Todo inicia en el momento que asumimos que el cambio que queremos está en nuestras manos. Ya debimos haber aprendido la lección. No basta con la alternancia política. Lo vivimos ya con los últimos tres expresidentes y hoy estamos viendo la misma película. Han pasado dos años y lejos de unirnos en torno al mismo proyecto, la vieja política sigue atrapada hablando del pasado, hablando del no: de lo que no nos gusta, de lo que no queremos que se repita y de lo que no funciona. Esto tiene que cambiar de inmediato; los efectos económicos y sociales de la pandemia nos exigen unidad. Para salir adelante, tenemos que hacerlo unidos, poniendo lo mejor de cada uno de nosotros.

¿Está en contra de Morena?

No, estamos en contra del paternalismo político. Esta iniciativa exige y convoca a todos los partidos políticos. Estamos aquí para derribar los muros que dividen a la política de la ciudadanía. Estamos aquí para impulsar la unidad nacional en torno al SÍ.

¿Es un movimiento en contra del gobierno?

Somos un movimiento a favor de México. Es una iniciativa ciudadana que exige que los gobernantes a nivel federal, estatal y municipal, emanados de cualquier partido político trabajen para todos.


Cierro comillas y los invito a la reflexión pausada, a decidir de qué lado quieren estar en la historia del México que estamos viviendo, en la de ser observadores o ser activos partícipes de la transformación del México que SÍ podemos y debemos ser.


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Cuentas pendientes

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¿Cuántas cuentas por cobrar tiene usted? y más importante aún, ¿cuántas deudas pendientes tiene? Probablemente, si lo evalúa desde el punto de vista financiero, no le costará demasiado llegar una cifra concreta. Sin embargo, si ampliamos la definición y vamos más allá de lo meramente monetario, las cosas pueden sorprenderle.

Las deudas son obligaciones contraídas con y por instituciones o personas. El espectro de éstas es diverso, yendo desde criterios meramente económicos hasta ámbitos morales y afectivos. Podemos deber dinero, pero también sueños, expectativas, esperanzas, ilusiones, promesas, compromisos y hasta tiempo. Se nos adeuda, pero también adeudamos. Podemos estar en falta con entidades económicas, al igual que con personas conocidas, amigos, familiares, pareja e hijos. 

El Estado adeuda a sus ciudadanos cuando no es capaz de responder a las soluciones que políticos, burócratas y funcionarios públicos prometen en cada campaña electoral o en la formulación de esperanzas de una modernización del Estado que ayude a contar con mejores servicios de salud o educación de calidad. La empresa privada adeuda a los consumidores cuando la oferta publicitaria es engañosa o incompleta. 

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Imagen: Philip Lindeman.

Nos debemos a nosotros mismos mayor responsabilidad al asumir una tarea que nos entusiasma, pero que no dimensionamos en su verdadera magnitud, para posteriormente, buscar todo tipo de salidas para abandonarla. Comenzamos a incumplir nuestra lista de intenciones de año nuevo en cuanto abrimos los ojos el primero de enero. Tenemos una larga lista de obligaciones con nuestro cuerpo: kilos que bajar, ejercicio que hacer y horas por dormir.

La lista es larga; el viaje que nos prometimos hacer, las redes sociales que íbamos a cerrar, la relación de pareja malsana que queremos terminar desde hace tanto tiempo, dejar de fumar, dedicarle más tiempo al ocio, darnos permiso para “perder el tiempo” y gozar más la vida. Y así como el inventario de cuentas pendientes es vasto, son proporcionales también las justificaciones de los incumplimientos. 

Cada frustración, cada decepción con otros y con nosotros mismo engrosa, con dolor y hasta rabia, la lista de cuentas por cobrar, con, además, reproche y culpa. ¿Qué hacer entonces?, ¿indultar e indultarnos?, ¿“hacer la pérdida” y seguir con nuestras vidas para volver a endeudarnos?, ¿condonar lo que se nos debe y volver a confiar?

Cuando vivíamos en tiempos más nítidos, más sencillos de definir, con bordes morales más predecibles, las cuentas por cobrar o por pagar eran más fáciles de delimitar y asumir. Las personales eran perdonadas, convenientemente, de cuando en cuando; el mismo Oskar Schindler bien lo decía “lo que todos necesitamos es un buen médico, un cura comprensivo y un contador listo”. Las deudas sociales, gubernamentales o empresariales, las asumía el sistema con absoluciones apropiadamente elaboradas en base a supuestos políticos, actos de la naturaleza o designios divinos. Borrón y cuenta nueva, era una norma tácita que balanceaba deudas y acreencias a todo nivel.

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Imagen: James Heimer.

Pero las cosas ya no son lo que eran, y está bien que así sea. Hoy la inmediatez, las redes sociales y el mayor poder de los consumidores –sean estos de bienes materiales, servicios o incluso afectos– no dejan espacio para respuestas generalistas o cortoplacistas. La demanda de justicia y reparación alcanza nuevos significantes, la tarea, por lo tanto, no es sencilla. Ya no se trata de ofertar y luego ofrecer disculpas sin mayor explicación. Sociedades e individuos no se conforman con discursos o justificaciones que echan mano a la explicación de la explicación de lo ocurrido. No, hoy los deudores esperan compensaciones y soluciones concretas. 

Benjamín Franklin decía que lo único seguro en la vida eran “death and taxes” (la muerte y los impuestos), hoy habría que agregar deudas. Lo único seguro en la vida son la muerte, los impuestos y que debemos, nos deben y nos debemos. Entonces, nos es mala idea tomarnos más en serio lo que prometemos y dudar, razonablemente, de las ofertas que se nos hacen; acotar las ilusiones y andar más livianos de deudas y expectativas frustradas. 


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Las tandas y la economía familiar

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En la realidad mexicana existe un sinfín de mecanismos que demuestran cómo los mexicanos sabemos y podemos organizarnos de manera eficiente para el manejo de nuestro dinero. La necesidad de tener un recurso suficiente para cubrir necesidades específicas, desde el pago de luz, agua o gastos no tan indispensables como ahorrar para un viaje o vacaciones, pero ¿cómo se organizan estos mecanismos denominados “tandas”?

Es muy sencillo, están basados en cuatro principios universales: confianza, compromiso, libertad y respeto, que permiten que el objetivo se lleve a cabo para todos los que integran este esquema.

organizar tandas
Imagen: Alberto Montt.

Si nuestras autoridades entendieran que basar el actuar en principios tan elementales como universales es lo que da resultado, la realidad sería otra. Trabajar con nuestros vecinos, y conciudadanos de manera tan eficaz como ya lo hacen ellos mismos, no es algo que esté lejos de nuestro alcance; pero comencemos por el respeto de aceptar que la comunidad es mayor de edad, que sabe cómo quiere organizarse, que no pide mecanismos de cómo hacer las cosas; simple y sencillamente que se respete lo que esta determina y se den facilidades para los mismos.

Tener confianza en que somos capaces de autodeterminarnos; que somos una sociedad organizada y con ánimo de participación. Lo que no tenemos son vías de comunicación con las propias autoridades.

Respetar la libertad y mecanismos en el manejo de nuestro propio dinero; ya que esa obligación de bancarización no ha sido la más afortunada por ser un mecanismo más de control que de impulso.

Si las autoridades tuvieran el mismo compromiso, que muestran los organizadores y participantes de los mecanismos de ahorro conocidos como tandas, sería viable que las cosas mejoraran. Todos sabemos que los problemas no se resuelven de inmediato, pero sí en un tiempo prudente y con cierto orden; el obstáculo ha sido que las autoridades faltan a su compromiso casi de inmediato, con lo que minan toda organización comunitaria.

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Imagen: Perico Pastor.

Al ver cómo la comunidad siempre está por encima de las autoridades, deberíamos reflexionar: ¿por qué las autoridades no lo ven?, o quizá falta que entendamos que es obligación de la participación ciudadana hacérselos ver. En ese sentido, la clave radica en otro valor universal: confianza. La regla del juego se basa justo en este valor y es claro que no tenemos confianza en nuestras autoridades. Aquí es donde debería comenzar todo: debemos seleccionar a nuestras autoridades con los mismos valores universales, como cuando decidimos entrar en una tanda. Que quien coordine sea capaz de comunicarse y estar en contacto con su comunidad, pero sobre todo, que la comunidad tenga plena seguridad que administrará y tomará decisiones basadas en los mismos principios, que tan vigentes se vuelven ahora.

Por lo mismo, es imperante entender que la sociedad, pueblo o comunidad debe reflejar su valor y actuar en la toma de decisiones al momento de elegir autoridades. Hacer una tanda, un mecanismo muy usado en nuestra sociedad, es tan simple cuando se cuenta con esos valores universales. Por ello, no deberíamos estar tan polarizados y seleccionar mejor a quienes nos gobiernan; ponernos de acuerdo con conocimiento; no dejemos que nos manipulen y engañen tan burdamente. Hagamos comunidad y así dijere mi compadre: ¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?

Tanta ciudadanía cuanto sea posible, tanto gobierno cuanto sea necesario.


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Y ahora qué sigue para México

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El tráfico de las calles ya es el mismo, salvo porque las escuelas siguen cerradas y varias oficinas mantienen una ocupación moderada. Se percibe que regresamos a una nueva realidad, pero bajo muchas de las costumbres y malos hábitos de siempre.

¿Qué viene para nosotros en los próximos meses? ¿Habremos aprendido algo de esta pandemia o la olvidaremos tan pronto como lleguen las fiestas de diciembre o antes?

Confío en que no, aunque la interrogante sobre qué nos traerá el futuro inmediato se mantiene y debemos estar preparados para tomar medidas que aminoren el impacto de este año complejo que seguirán afectándonos durante mucho tiempo más.

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Imagen: El Cronista.

Arranca octubre y es indispensable vacunarse contra la influenza, otra enfermedad letal que cobra la vida de más de 28 mil personas al año, y que se va a juntar con esta nueva cepa de coronavirus que ya se acerca a los 80 mil fallecimientos, lamentables cada uno de ellos.

Cualquier argumento para no vacunarse para la temporada de influenza carece de sustento científico y de evidencia. No es un asunto de que a uno le “caiga mal” la vacuna o que tenga miedo de contraer la enfermedad, todo lo contrario, en el último tramo del año resultará vital para superar esta emergencia sanitaria y económica. Es decir, casi con la misma urgencia, vacunémonos, de paso, en contra de rumores, mensajes y supuestas afirmaciones que son solo noticias falsas.

La siguiente medida en lo inmediato es continuar con las previsiones de higiene, sana distancia y resguardo. Todavía no hemos librado la pandemia, no fue una experiencia difícil, es aún un periodo crítico y necesitamos colaborar socialmente para que el primer semestre de 2021 no sea el de un rebrote que resultaría catastrófico en más de un sentido.

A pesar de que los indicadores económicos señalan que la mayoría de los mexicanos fuimos prudentes con nuestros gastos, hay que insistir en la prudencia, el apoyo a los pequeños negocios cercanos y a limitar las deudas de cualquier tipo, al tiempo que ahorramos.

Podemos debatir semanas enteras sobre el crecimiento perdido y las consecuencias del frenón económico que inició en marzo, sin embargo, la realidad es que no veremos mejores momentos si no modificamos nuestra manera de interactuar con los pocos o muchos recursos que tengamos disponibles.

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Imagen: IADB.

Evitar gastos innecesarios y enfocarnos en garantizar las condiciones de bienestar mínimas para nuestras familias y para nosotros es lo que hará que resurjamos como país después de esta pandemia inédita en un siglo.

Como entraremos a un periodo electoral, y también electorero, es nuestra obligación unirnos en comunidad, construir tejido social y estar pendientes de las promesas, a evaluación de resultados y las propuestas que nos harán para obtener nuestro voto en unas elecciones que se anticipan muy complejas.

Los cambios reales sólo se logran desde la ciudadanía y esa idea debe ir acompañada de diálogo, tolerancia e intercambio de propuestas, no de protestas. En México cabemos todos y quienes afirman lo contrario nutren, o se nutren, de la falsa polarización que asegura que no podemos ponernos de acuerdo.

Nada más equivocado. Aquí podemos convivir con puntos de vista distintos, pero no tienen ninguna relación con los acuerdos fundamentales que necesita un país para progresar: salud, educación, seguridad, paz, Estado de Derecho, oportunidades de desarrollo y atención a todos los segmentos de la población, desde nuestros adultos mayores, hasta los jóvenes, niñas y niños.

Lo demás se vuelve parte de la politiquería que aleja a los que se supone trabajan para los ciudadanos y nos crea una apatía para participar como una sola sociedad, junta en lo fundamental y abierta para llegar a consensos.

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Imagen: Eulogia Merle.

Éste es el momento crítico para intentar lograrlo y dudo que haya muchos hacia adelante. Ésta es una oportunidad también única de enfocarnos en lo primordial y dejar a un lado los intereses creados y la grilla que todo lo empaña.

Hagamos el esfuerzo en la salud y en la construcción social de un equilibrio nacional para eliminar lo que no nos sirve y empezar a seguir conductas que nos favorezcan en lo colectivo, en lo familiar y en lo individual.

Y no bajemos la guardia. No es la hora. Faltan meses, muchos, para cantar victoria sobre este nuevo virus, sin olvidar que vivir en este planeta representa estar preparados para la siguiente crisis, sea sanitaria, medioambiental o provocada por nuestro desmedido orgullo, que a veces nos hace creer que somos dueños de un mundo que, cada vez con mayor frecuencia, nos pide humildad y respeto.


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Vituperios de una sociedad covidiana

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La grieta

El término es argentino y se refiere a la grieta que hay en la sociedad, para entender mejor este concepto recomiendo la lectura del capítulo “La grieta” del libro La conquista del sentido común de Saul Feldman, y del cual me permito copiar: La generación de odio hacia el “enemigo único”, señalado como responsable de los disensos, es su objetivo. La idea no es nueva, el término sí es nuevo. En Argentina el peronismo es un concepto que es odiado por amplios sectores de la sociedad, pero las leyes sociales de Perón nunca fueron anuladas por ningún gobierno. El término “grieta” comenzó, según el libro, en el año 2013 por la oposición y los medios de comunicación masivos contrarios al gobierno.

En Colombia también hay una grieta, y en este caso la propaganda proviene de los gobiernos y los medios de comunicación masivos favorables al gobierno. La izquierda, la guerrilla, es el enemigo único, y por eso los focos de poder que siempre tuvieron el gobierno en el país se opusieron al proceso de paz. Los demás criminales, la corrupción, e inclusive la pandemia, son factores que aparentemente hay que convivir con ellos. No dudo que el libro de Feldman también se puede aplicar aquí. La realidad de Colombia es distinta a la realidad de Argentina y creo, sin disponer de datos, que para ser pobre, mejor es serlo en Argentina. A diferencia de Argentina y Colombia, Israel no tiene una grieta, tiene muchas grietas. A veces pienso que esa cantidad de grietas ha permitido el desarrollo del país.

Derecha-izquierda, árabes-judíos, religiosos-laicos, askenazíes-sefaradíes. Todo eso puede convivir en un país “democrático” que se maneja sin Constitución. El actual primer ministro ha logrado durante más de 20 años, utilizando su calidad de orador, manipular a todo el mundo, logrando tener apoyo de fuentes que por naturaleza deberían estar en su contra.

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Saul Feldman, sociólogo Argentino (Imagen: Tiempo AR).
La economía

La crisis económica emergente de la pandemia aún no se siente demasiado. Seguramente hay varios factores como la aceptación de que estamos en una guerra y hay que ajustarse a la situación; la impresión, casi sin límites, de dinero, por parte de los gobiernos, causará daños en el futuro y no sabemos qué sector los deberá cubrir. Los datos que se publican sobre la desocupación son impresionantes, pero tampoco es claro qué sector de la población está desempleada. Qué lugar ocupan los trabajadores informales en esas tasas. Nunca fui fanático de las estadísticas oficiales, aunque sí se pueden tomar en cuenta como indicadores. Los datos de consumo, por ejemplo, basados en tablas preparadas en el pasado, han perdido valor en este año. En una encuesta que me realizaron sobre mi ingreso económico, manifesté que no se afectó porque mi pensión se acreditó puntualmente en la cuenta bancaria, pero mi egreso se redujo sustancialmente ya que no gasto en combustible, ni en restaurantes, aparte de que hace tres meses estoy a dieta y no tengo gastos en turismo.

El trabajo en casa se impondrá por mucho tiempo, la telemedicina es otra de las nuevas costumbres, las ventas por internet se incrementarán sustancialmente y sin duda el pasear por los centros comerciales o las calles, que se caracterizan por tener comercios, se reducirá. Las empresas aéreas y el turismo tendrán otra cara. Es de estimar que tendrán una lenta recuperación.

Eso provocará grandes cambios en la macroeconomía. Las Bolsas de Valores han tenido este mes un retroceso con relación a la trepada acumulada hasta fin de agosto. Pensaba que no se sabría quiénes estaban detrás de los movimientos. En mi nota del pasado 31 de marzo publiqué:

Frente a los trabajadores tenemos el capital y sigo sin entender por qué no suspendieron la compra-venta de acciones y bonos en las Bolsas de Valores. La constante baja de los Valores, las banderas rojas, han despertado pánico y ante esto hay desbandada general. Las pérdidas de muchos son enormes. Pero esa mercadería alguien la compró. Nunca sabremos quién fue, pero no dudemos, los que compraron serán de los grandes beneficiarios de esta guerra. ¿Alguno cree que los bancos saldrán perjudicados?

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Imagen: GettyImages.

En los meses de trepada regresaron los que vendieron en marzo y se incorporaron nuevos, y es de estimar que nuevamente saldrán perjudicados. Softbank, una empresa japonesa, es uno de los grandes jugadores en el tema de las inversiones en acciones y opciones de compra. Seguramente hay varios millonarios que hicieron mucho dinero con estos movimientos financieros. El público no llega a comprender porque realmente no le cuentan todo, que los fondos de pensiones, por ejemplo, también tienen sus inversiones en las Bolsas de Valores y son usualmente los que pierden.

Se habla de recuperación de la economía, de reinventarse y sinceramente espero que eso ocurra. Me pregunto si la sociedad de consumo que tuvimos hasta ahora será el futuro. Realmente no sabemos qué pasará. La creación de protocolos de bioseguridad –como los denominan pomposamente–, a veces parecen pesados y fuera de lugar, cuando muchas personas aún se oponen a utilizar el cubrebocas y no es claro cómo los sancionan.

Los políticos

En una nota publicada a fines de abril me referí a ellos: ¿Son realmente ellos quienes deben conducir esta lucha? No estoy convencido. En general y, por naturaleza, están acosados por la oposición, atemorizados por el éxito del mandatario, y temen perder las próximas elecciones

Los tres países que menciono se caracterizan por tener líderes de distintas características personales y no es seguro que tengan un carisma arrollador que conduzca a todo el pueblo o la inmensa mayoría.

Argentina: una nota de la BBC explica un poco quién es Fernández y su experiencia como jefe de gabinete le da un poco de crédito. Pero sin duda fue puesto como candidato por Cristina Fernández de Kirshner, que es la vicepresidenta y seguramente tiene qué decir en las decisiones del gobierno. De esa nota publicada copio: No aspiro a ser un gran presidente, aspiro a ser un presidente de una gran Argentina. Eso lo expresó antes del COVID-19. ¿Qué será después?

Colombia: El presidente Duque tiene aún menos experiencia que Fernández. No tiene experiencia alguna en sus 13 años en Estados Unidos como asesor en el BID ni como asesor en el Ministerio de Economía del presidente Santos. Su meteórica carrera que lo llevó a presidente, se la debe al expresidente Uribe que es en Colombia el equivalente a Perón en la Argentina.

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Iván Duque Márquez, presidente de Colombia (Imagen: Las2orillas).

La falta de carisma explica por qué ambos presidentes optaron por el confinamiento largo, de los más largos registrados y, sin embargo, las críticas que se les hacen son legítimas, pues el daño a la economía, sin haber evitado enfermos y muertos, es al fin y al cabo mas preocupante que el virus mismo; que si bien tiene alto nivel de contagio, no es el más mortal, ni es el más agresivo de todos. Para la mayoría de los que se enferman no deja de parecer una gripe.

Israel: Netanyahu es el más experto de los mandatarios mencionados, pero está muy ocupado con los juicios por corrupción en los que está envuelto y eso no le permite asumir las riendas por la necesidad de cuidar la coalición que los sostiene y, por eso, se estima que Israel tiene ahora una gran cantidad de enfermos después de haber pasado muy exitosamente la primera etapa.

Pongo el énfasis en los mandatarios porque todos los demás personajes que están relacionados con la atención o la guerra contra el COVID-19 no manifiestan, sinceramente, sus opiniones.

El futuro

Saber el futuro es un tema eterno, casi como desear quedarnos jóvenes. No sé exactamente cómo se filtró esa pregunta en el cuestionario de las enfermeras que tomaban la muestra de sangre para determinar si tengo o no COVID-19. Nuestro departamento (Atlántico) tiene el 5% de la población del país y llegó a tener el 35% de los muertos. En estos seis meses cambió mucho mi forma de pensar y no es que tenga algo muy claro, porque la edad es la edad y sobre ella poco puedo disponer salvo cuidarme razonablemente.

De todas maneras, estoy convencido de que al final, más que verdades, habrá muchos mitos. Para finalizar, haciendo remembranza de la gran autoridad del explorador Amandry, cuando “convenció a casi todos los historiadores clasicistas y arqueólogos (excepto a los griegos) de que las tradiciones antiguas escritas por Plutarco, Diodoro y otros escritores eran un mito, o una confusión, o un fraude deliberado”, yo opto por quedarme con la idea del “fraude deliberado”; recordemos que hay muchos portavoces, intereses y manipulación de por medio.


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El año que cambió al mundo y será recordado por siempre

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Este 2020 será sin duda un año que recordará toda la humanidad, y pasará a la historia ya que como si hubiera sido sacado de la mejor novela futurista, escrita por una mente brillante, jamás pensamos ni podemos dar crédito lo que pasó, pasa y pasará. Quién se hubiera imaginado ver al mundo, casi toda su población, recluida en sus casas para evitar la propagación del COVID-19. Algunos habrán logrado convivir sanamente, en armonía, pero cuántos no habrán caído en la agresión intrafamiliar, depresión, trastornos emocionales y mentales, mismos que en ocasiones llevaron o motivaron a intentar o a quitarse la vida. Algunas familias se habrán reencontrado, desde luego, pero otras más, por desgracia, se habrán fracturado, ya que la convivencia no se dio y sólo acentuó la inminente separación y terminación de ese núcleo familiar.

Las empresas (las que pudieron) se vieron obligadas a mandar a su personal a sus casas y recurrieron al home office, dando crecimiento y obligando a muchas industrias a adaptarse a ese nuevo modo de vida, es decir, empezaron a utilizarse plataformas para el uso de video conferencias y seguir con el trabajo de oficina, pero ahora desde casa, saliendo al mercado un buen número de estas plataformas que ayudaron a continuar con la operación de varias industrias, empresas, etcétera.

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Imagen: Ale Giorgini.

También hubo un crecimiento en las plataformas de entrega a domicilio ya fuera de comida preparada –para los restaurantes que se negaron a cerrar definitivamente y encontraron esta forma de, cuando menos, conservar parte de sus empleados y fuentes de trabajo –, así como la suma de supermercados que te llevaban los víveres hasta la puerta de tu casa; y qué decir de las farmacias, también lo lograron, evitando con esto exponerse fuera de la casa, con excepción de los bancos, sólo en este caso sí fue necesario salir con las debidas precauciones y consideraciones.

Pudimos ser testigos de ver las calles prácticamente vacías, sólo con los pocos trabajadores que viven al día porque de alguna forma tenían que llevar el alimento a sus familias. No todos fueron tan afortunados de conservar su fuente de ingresos, mucha gente fue despedida, varias empresas cerraron definitivamente, y con ello, sus empleados se quedaron sin trabajo, lo que representa un gran reto para los gobiernos en la creación de fuentes de empleo lo más pronto posible.

Es un hecho que lo que afectó a la mayoría, benefició a una minoría, recordando que, en toda crisis, se abren posibilidades, oportunidades y hay que tomarlas y aprovecharlas.

Posterior al levantamiento de la cuarentena –la cual desde luego afectó a más de uno–, la gente empezó a salir y se les vio con caretas, cubrebocas, “los ordenados y obedientes”, guardando la distancia con los demás para evitar un posible contagio de algo “desconocido” (claro, estoy hablando de los países de primer mundo, no del nuestro). Hasta ese momento no importa cómo apareció, si fue creado, impulsado, etc., no, lo más importante es que mantuvo a la gran mayoría viviendo con miedo, en la incertidumbre, y es lógico porque nadie sabía ni imaginaba qué pasaría el día de mañana.

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Imagen: Kasia Kozakiewicz.

Las economías se pararon, algunas otras, por desgracia, colapsaron. El daño económico será muy fuerte y nada exclusivo de algún país o región. Obviamente los que lograron manejar de mejor forma la pandemia del COVID-19, saldrán avante antes que otros, pero también habrá a quienes les cueste mayor tiempo la recuperación de su economía, con todo lo que esto conlleva, desempleo, caída de su PIB, hambrunas y tal vez por este tema, algún brote de un nuevo virus. La incógnita es grande y no se debe ni puede tratarse con indiferencia o indolencia, desde luego que no, en la medida de lo posible es necesario adelantarse al hecho. Es inminente el apoyo mundial y por parte de los gobiernos que permita la creación de empleos de forma rápida y eficaz, el personal desempleado es muy alto y de alguna forma tendrán que llevar lo indispensable a sus familias, dentro o fuera de la legalidad, esto es un tema muy importante y debe ser tratado con la atención y respeto indicado, evitando el crecimiento de la delincuencia.

Comentaba que la situación parece sacada de un perfecto guion futurista, pues es cierto, nadie pudo imaginar estar viviendo y conviviendo con personas con la cara semi-tapada, sin poder reconocerse, tratando de guardar un orden diferente, ya que prácticamente en todo el mundo se están tomando las medidas necesarias para evitar que vuelvan a aparecer nuevos brotes, es decir, la entrada a los supermercados, bancos, restaurantes, etc., se hace de forma adecuada, tantas personas entran que deben ser más o menos las mismas que salen, no sin antes de entrar, que el personal de seguridad te revise la temperatura corporal y te ofrezca gel antibacterial.

En el caso de los pocos restaurantes que ya operan, es lo mismo, te ves rodeado de mesas vacías y todo el personal con su cubrebocas y algunos con careta. En este punto no sé si con tan pocos comensales sea rentable la operación, pues si bien es cierto que en otros países hay apoyos a este tipo de negocios, en el nuestro no existe, de manera que ya se verá cuántos logran sobrevivir con tan poca afluencia.

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Imagen: Rachel Sawyer.

Dentro de las afectaciones, también se encuentran las líneas aéreas, ya que se detuvieron por completo los viajes y ahora que se están abriendo, vemos con curiosidad que los  pasajeros todos portaran su cubrebocas, incluso algunos caretas, pero el personal del aeropuerto, desde afanadores, guardias, etc., usan el cubrebocas protegiendo sólo la boca y no la nariz –esto por más que se ha publicado, difundido, nuestra gente no lo entiende y mucho menos respetar “su sana distancia”–.

Con todas estas medidas de seguridad da la impresión de estar en una película, todo mundo comportándose de una forma diferente, portando el cubrebocas, pero te da la impresión como si se estuvieran escondiendo de alguien o algo. Las medidas de sanitización implementadas por las líneas aérea son bastante adecuadas tanto para pasajeros, personal de la aerolínea, sobrecargos, pilotos, etc. 

No hay duda de que el mundo cambió, las costumbres, en algunos países las leyes, ya que impusieron multa a quien no utilice el cubrebocas. Creo que esto no debería ser exclusivo de una zona del mundo, sino tendría que aplicarse para todos, ya que está en todos nosotros cuidar de todos –“yo te ayudo, tú me ayudas”–, para poder salir lo antes posible de este confinamiento, puesto que al menos en nuestro país, no hemos logrado el famoso aplanamiento de la curva de contagio y seguimos sugiriendo que si no hay necesidad de salir de casa, evitar hacerlo, sobre todo las personas de mayor riesgo, ya sea por edad, condición física, enfermedades previas, etc., sólo deseando y a la espera de que la famosa vacuna llegue a nuestro país lo antes posible, para evitar mayores sensibles defunciones, las cuales al día de hoy ya sobrepasan las 73,000 (en cifras oficiales). Pero tal pareciera que a nadie le importa, la situación ya la hemos empezado a ver de forma normal, qué pena por nosotros y más, por las autoridades, ¿no creen?

Si gustan, nos seguimos leyendo.


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No tengo pruebas, pero tampoco dudas

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El consumidor desencantado, el anarquista rebelde, la víctima de abusos de todo tipo, el conservador atemorizado con los cambios de los que es testigo, la feminista esperanzada con un nuevo orden social, el intelectual escéptico, el misógino militante, la joven vegana, el sujeto religioso que entiende que todo esto se trata de una “prueba de fe”, el político anunciando su voto que luego califica de error y pide disculpas, el empresario que piensa que siendo parte del tumulto será menos despreciado, el artista promocionando su última obra, rebeldes, proletarios, liberales, fascistas, antisemitas, comunistas, denunciantes de un Estado opresor, derechistas tratando de igualar abusos y horrores propios con los que ha cometido la izquierda a lo largo de la historia, humanistas llamando a la paz, francotiradores verbales de todo tipo, voyeristas y ecologistas varios; todos los transeúntes de las redes sociales sostienen sus discursos con lo que encuentran ahí. No hay nada más verídico que lo que es funcional al propio relato.

Si algo produce malestar qué mejor que validarlo y justificarlo. Y ¿dónde se encuentra la constatación “empírica” de lo que nos aqueja? En la plaza pública, desde luego. Instagram, Twitter, Facebook, la respuesta y el refuerzo a todas mis frustraciones, oprobios, maltratos e inconformidades las encuentro ahí. A mayor eco que tenga mi denuncia más certero creo a mi discurso. Otra cosa es que yo esté dispuesto a, en verdad, entender lo que me ha ocurrido, a contextualizarlo y a ver las distintas variables que convergen en mi malestar. Sin duda, “disparar a la bandada” es un antiguo recurso. “Todos los hombres son iguales”, “Todos los empresarios son abusadores”, “Los pobres lo son porque son flojos”. La generalización es un recurso mediocre que sólo da cuenta de la pobreza argumentativa y de la comodidad intelectual de quien la utiliza.

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Imagen: Lisk Feng.

El uso masivo de las RRSS ha producido un quiebre en la visibilización del malestar, en la lógica de la queja y en la búsqueda de la justicia. La precarización psicológica, debido a la inmediatez de la satisfacción de la demanda, entre muchas otras variables, ha provocado una búsqueda desenfrenada de respuestas inmediatas. Las redes sociales han frivolizado el malestar, instalando un discurso superficial, irreflexivo, cortoplacista y generalista. La denuncia como eslogan se ha instaurado, otorgándole combustible infinito a la frustración y transformándola en rabia colectiva, que se alimenta recursivamente en las plazas públicas de las redes sociales.

Históricamente, el malestar había sido una experiencia esencialmente individual, que se potenciaba en espacios comunitarios restringidos a unos pocos cientos de kilómetros alrededor del sujeto. Con la aparición de la prensa escrita, la radio, la televisión y la posterior masificación de las comunicaciones gracias a la aparición de internet, el mundo realmente se transformó en la aldea que McLuhan predijo. Por ejemplo, hoy si una experiencia frustrante en una escala de uno a diez es percibida en un grado seis o siete, el acceso al eco y a la validación empírica de la misma en las redes sociales la potencia de manera exponencial. La conciencia del malestar se hace mucho más tangible y, por lo tanto, la retroalimentación de éste resulta mucho más poderosa. La angustia se instala y así, rápidamente, pasamos de la habitación del malestar, a la UCI de la impotencia. La ira, entonces, ya no tiene sólo sus raíces en la experiencia personal; la percepción de estafa es colectiva. “Nos han engañado a todos.”

Los movimientos refundacionales declaran el fin de los privilegios, una suerte de utopía benévola de características anarquistas. Hay una posición profundamente infantil en todo esto. No lo decimos en forma peyorativa; como se sabe, el niño y el adolescente tienden a poner siempre la responsabilidad y la solución a sus problemas en el Otro. Una sociedad que no se toma en serio la política, no se toma en serio la vida.

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Imagen: Drew Shannon.

El ethos refundacional que acompaña a los movimientos sociales contrasistémicos en América Latina y en el mundo, exige equidad vertical y equidad horizontal. Estos conceptos, provenientes de la economía y el derecho, apuntan a la no discriminación, a la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley (equidad horizontal), y a la distribución económica justa mediante un tratamiento tributario diferente (equidad vertical) para asemejar las condiciones basales de los individuos.

Aunque lo anterior parezca una concepción democrática y justa, el problema radica en que, hoy por hoy, la masa demandante no comprende ni está dispuesta a hacer el camino para lograr aquello.

Resulta mucho más sencillo apelar a la consigna generalista (justicia, igualdad, dignidad), a denunciar a diestra y siniestra a sujetos e instituciones presuntamente culpables, antes que detenerse a pensar, diseñar y construir soluciones que se hagan cargo no sólo de los legítimos malestares individuales, de las injusticias sociales, y de los abusos reiterados, sino que también enfrenten los grandes desafíos que la humanidad tiene por delante: la pandemia por COVID-19, los efectos políticos y económicos derivados de la misma, la crisis climática, la robotización, entre otros. En la lógica discursiva: no tengo pruebas, ni tampoco dudas, subyace, no sólo una posición narcisista, sino que también, una peligrosa puerta hacia la intolerancia, el populismo y el fascismo. En ella todos somos culpables hasta que se pruebe lo contrario.

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Imagen: Behance.

Las redes sociales, la inmediatez y la superficialidad nos están impidiendo comprender la profunda transformación política, económica y cultural de estos días, el gran cambio de época del que somos protagonistas. Navegamos por un mar de precariedades políticas y económicas, donde también se han instalado profundas precariedades cívicas y psíquicas en nosotros. 

Sin duda, urge construir pronto una cartografía nueva, que nos permita enfrentar en forma propositiva y eficaz nuestros actuales tiempos convulsos y las enormes oportunidades que el magnífico siglo XXI nos ofrece.


P.D. Adaptación del capítulo, del mismo nombre, del libro “La revolución del malestar” del autor.


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Brutalidad policial: barbarie a neutralizar

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La sociedad es un manicomio cuyos guardianes
son los funcionarios de policía.
 August Strindberg.

A lo largo y ancho de nuestro continente y en diversas partes del mundo este 2020 se ha visto a leguas cómo los cuerpos policiales, llamados a proteger la integridad ciudadana, han transmutado del buen servicio para el que han sido instituidos –como lo es el de proteger a la ciudadanía de daños de cualquier índole–, hacia el mal servicio-a través de evidentes y virales imágenes que muestran agresiones de los agentes del orden en contra de la propia persona humana, lo cual va en contra de su propia naturaleza de trabajo; desde Estados Unidos, en varios episodios durante este año; Honduras, con la bestial carga contra manifestantes este 15 de septiembre en el día de la Independencia; y, últimamente, en Colombia, lo cual ha enfurecido y movilizado a muchísima gente en las calles.

Es evidente que la labor de los trabajadores de la seguridad ciudadana debe estar bajo constante fiscalización por entes externos constituidos por integrantes con distintas concepciones filosófico-ideológicas en torno al tema. Pero, que en medio del disenso se trabaje en pro de gestionar –desde la norma ética del enfoque basado en derechos– la dignidad humana a través de una lógica de respeto, observancia, investigación y escucha empática de lo acaecido en relación a fenómenos antidemocráticos y autodestructivos socialmente como estos que hemos venido observando por las personas que “amparadas” en la indumentaria policial “ceden”, se convierten en esclavos de los propios impulsos emocionales y relegan a un segundo plano la posibilidad de actuar bajo el imperio del raciocinio que evidentemente va en consonancia con la construcción de sociedades fraternas antepuestas a las confrontaciones innecesarias.

fuerza policial
Imagen: Marina Li.

Por otra parte, me parece que la integridad profesional policial tiene paralelismos con el reconocimiento social y estatal a esta labor, lo cual sin lugar a dudas tiene que ver con la promoción de dignos estándares de vida que “aligere su carga”, lo cual de acuerdo a la propia observancia empírica tiene que ver diversas tensiones, mismas que van desde las económicas, étnicas, ideológicas y comunitarias, hasta las propias interpretaciones que este cuerpo social hace sobre su labor y papel social.

Esto, a mi parecer, tiene que ver con saber identificar lo que yo podría llamar el “factor fuente”, es decir, aquél que motiva la acción inicial del agente del orden ante circunstancias particulares. Aquí ejemplificaría y me preguntaría: ¿Qué pensarían encargados de la seguridad pública de la ciudad tunecina de Sidi bouzid en el momento de la confiscación del puesto de frutas a Mohamed Bouazizi –que posteriormente le indujo a la autoinmolación que convulsionó y propició el inició de la Primavera Árabe? ¿Qué fuerzas oscuras oscilaban en torno a los uniformados mexicanos de Iguala en septiembre de 2014 que les impulso a detener y hacer desaparecer 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en esa porción geográfica de territorio norteamericano? ¿Por qué la letalidad policial en el caso del abogado colombiano Javier Ordoñez? ¿De dónde han venido las órdenes para que agentes de seguridad pública en Tegucigalpa, hayan estallado la violencia en torno a humildes vendedores de productos comerciales para “sobrevivir”?

En definitiva, es impostergable poner contrapesos de respuesta inmediata a cada unidad policial para evitar abusos de autoridades que después de todo no reciben la sanción que ameritan casos como los descritos.

brutalidad policia
Imagen: Juan Gaviria.

Posdata: La organización Amnistía Internacional enumera recomendaciones “clave” en torno al papel de la policía:

La facultad de la policía de recurrir al uso de la fuerza y de armas de fuego debe estar debidamente regulada por ley.
El principio de “protección de la vida” debe estar consagrado en la ley: sólo podrán utilizarse los medios letales para proteger contra una amenaza inminente de muerte o lesiones graves.
En caso de lesión o muerte causada por el uso policial de la fuerza, debe llevarse a cabo una investigación inmediata, exhaustiva, independiente e imparcial. Las personas responsables deben comparecer ante la justicia con todas las garantías procesales.
Durante las protestas, la policía debe atenerse a su obligación de facilitar las reuniones pacíficas, y el uso de la fuerza no debe ser su punto de partida.
Las personas detenidas tienen los mismos derechos que las demás en cuanto al uso de medios letales.


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